En una conversación reciente sobre la participación en el templo, alguien cercano a él me comentaba de las dificultades que encuentran algunos miembros de la iglesia en su servicio en él. Al ser una casa de instrucción, muchos sienten que es una instrucción hostil para sus capacidades. Esto favorece una asistencia resignada. Como me comentaba, participan en las ordenanzas vicarias y mientras que se abstienen de entender o ejercer la adoración en el templo.
Esto que describo no es fruto de una mala actitud, más bien un desfallecimiento del ánimo en la aspiración a una mayor comprensión. No obstante, todos los que asisten al templo somos bienvenidos y se nos agradece el esfuerzo que hacemos desde el lugar donde estemos.
Me planteo reflexionar sobre qué aspectos de nuestro discipulado pueden ayudarnos a que la experiencia en el templo sea más edificante.
Una casa de oración
A veces nos centramos demasiado en el significado de la investidura, cuando esto debería ser el final de nuestras intenciones. Esta posición frontal en la obtención de respuestas es una extensión de nuestra forma de pensar en el mundo, buscamos la solución, la respuesta, el resultado…ya. Sin embargo, siendo este afán legítimo, lo es en menor medida de otros aspectos que pasamos por alto.
Organizaos; preparad todo lo que fuere necesario; y estableced una casa, sí, una casa de oración, una casa de ayuno, una casa de fe, una casa de instrucción, una casa de gloria, una casa de orden, una casa de Dios;
DyC 88:119

En este versículo se mencionan muchas cualidades de su casa, pero no solemos incidir en ellas. Estamos demasiado centrados en comprender y no en orar, ayunar, tener fe, ver su gloria, impregnarnos de su orden y ser instruidos por Él. La elección de nuestras prioridades no es tan importante como el orden de ellas.
La adoración en el templo
Adoración es una palabra que viene del latín adoratio, ad nos indica hacia y oratio hablar o rogar, nos dirigimos hacia Dios con reverencia. Reverencia viene de reverentia o temor respetuoso. La partícula re refuerza el significado hacia un respeto profundo.
Unir estas dos palabras exige un profundo cambio de actitud y preparación antes de ir al templo. Tengo la impresión que esto representa uno de los mayores obstáculos cuando buscamos respuestas forzadas.

La adoración es un concepto borroso en nuestra cultura. La igualamos a un deseo intenso, admiración, alabanza, idolatría o el profundo amor de un hijo por su madre. Quizás esto último sea lo más parecido, por eso Él nos dio madres y el adversario desea quitarlas.
En mi opinión, por lo que he visto y por experiencia propia, la única manera de avanzar en nuestras etapas de aprendizaje en su casa, es mediante la adoración.
Al principio de nuestra experiencia, la atención está en lo que se hace en el templo, después en su significado. Entonces se producen bifurcaciones en las prioridades. Algunos se centran en la realización de ordenanzas por sus antepasados, en la actividad. Otros buscan respuestas a sus desafíos o sufrimientos. Algunos asisten y obedeciendo, colaboran en las ordenanzas sin implicarse mucho más. Y en verdad todo pertenece al templo y nadie se equivoca en estas acciones. Gracias a todas estas actitudes se realiza su obra, así que todas ellas son de agradecer. Pero la adoración en el templo las contiene a todas, si entendemos qué es la adoración, estaremos en la senda de la revelación.
La fiesta de bodas
Cuando asistimos a una boda vestimos nuestras mejores ropas. Con ello mostramos respeto a los padres y alegría con los novios porque en su decisión se confirma nuestro acierto. Participamos en su dicha porque ellos representan la renovación del mundo y en ello va también nuestra esperanza.

El templo representa la fiesta de bodas del cordero. El Padre de la casa nos obsequia con selectos manjares. Ir vestidos de bodas requiere un corazón quebrantado y el espíritu contrito, porque su banquete es la expresión de su poder. No puedes erguir tu cerviz, más bien ser humilde y bajarla.
También podemos asistir a una boda solo a comer, observando la calidad de los platos y los fallos en el servicio. A nadie hacemos mal con eso, solo a nosotros mismos al no aprovechar todo lo que nos ofrece el ser admitidos.
Como santos de los últimos días, podemos descubrir todo lo preparado en el convite de su casa si acudimos a ella vestidos adecuadamente y con los presentes correctos. Entiéndase la limpieza del alma y la actitud correcta.
Sí, apareceré a mis siervos y les hablaré con mi propia voz, si mi pueblo guarda mis mandamientos y no profana esta santa casa.
DyC 110:4
La profanación de su casa
La palabra profanación viene del latín profanare. Pro a la vista, delante o fuera de y fanum, templo. Lo que viene a decir «poner fuera del templo lo que es sagrado» y su equivalente «poner en el templo lo que es mundano»
En la escala de fineza que los santos usamos en el templo, lo profano referido a lo burdo o grosero, no tiene cabida. Más bien conservamos pensamientos y actitudes no reprochables pero disonantes con la santidad del templo. Para abreviar, disonante significa que «suena en desacuerdo»
La Iglesia se cuida de la santidad del templo al pedir una recomendación. Pero podemos ser disonantes con su casa tal como un violín que desafina en una orquesta.

Tal como la revelación se manifiesta en un susurro o un ardor en el pecho, nuestra actitud en el templo está en el entorno de la armonía o la disonancia. El riesgo que tenemos es que al no afinar nuestra pureza, actitud y preparación, estemos en disonancia con su casa. Afinar estos aspectos, requiere meditación, estudio y una mente capaz de ejecutar pensamientos aceptables, de acordes reverentes. Esto es parte de la adoración en el templo.
Una ofrenda aceptable
Quizás piense el lector que todo esto suena demasiado afectado. Sin embargo creo que la única senda de crecimiento en el templo, pasa por un quebrantamiento de nuestras expectativas naturales de comprensión, hacia una actitud de oración, obediencia y reverencia, en definitiva de adoración.
Este trabajo interior no se realiza en el autobús o en los días previos al viaje. Es una decisión suave y silenciosa que no se comparte, sino que se ora y medita. Llega a ser una ofrenda cuando renunciamos al modo natural de entrar en su casa y escoger el modo espiritual de hacerlo.
Porque he aquí, he aceptado esta casa, y mi nombre estará aquí; y me manifestaré a mi pueblo en misericordia en esta casa.
DyC 110:7

No tenemos por qué liberar a nuestros ancestros de la oscuridad sin recoger algo para nosotros mismos. Quizás este artículo esté de más para muchos, pero sé que algunos sufren al escuchar comentarios maravillosos sobre las bendiciones del templo, mientras en ellos escasea el denario pactado con el Señor de la viña.
A veces esos testimonios se perciben como muescas en el marco de una puerta por donde pasamos. Siempre nuestra estatura debajo de ellas.
La atención
La atención a sus ordenanzas y a todo lo que ocurre en nuestro interior, es una ofrenda valiosa. Es difícil prestar atención cuando ya sabemos lo qué va a ocurrir, por eso entramos en modo rutina. La rutina nos insensibiliza de la realidad. La rutina nos ahorra el esfuerzo de atender. Pero en el templo es una falta de reverencia.
Por tanto, oh vosotros que os embarcáis en el servicio de Dios, mirad que le sirváis con todo vuestro corazón, alma, mente y fuerza, para que aparezcáis sin culpa ante Dios en el último día.
DyC 4:2

El mundo busca nuestra atención de forma permanente, la transforma en dinero. En el templo la atención se transforma en conocimiento y fortaleza.
Es difícil mantenerla pues hemos venido del mundo donde la atención, sedienta de novedades, tiene a su disposición catálogos infinitos de música, imágenes, películas, noticias etc. Al entrar en el templo ya sabemos que va a ocurrir y nuestra atención tiende a relajarse. Pero presentarnos ante Él, ofreciendo nuestra atención, es parte de la adoración en el templo.
El tesoro escondido
Además, el reino de los cielos es semejante a un tesoro escondido en un campo, el cual un hombre halla y lo esconde de nuevo; y lleno de gozo por ello, va y vende todo lo que tiene y compra aquel campo.
Mateo 13:44
El Señor extrae sus enseñanzas de la atención que presta a la creación, a las obras de su Padre. El no piensa en la manera de «ya lo he visto» sino «qué me enseña lo que veo» unos sembradores, una viuda que pierde una moneda, alguien que encuentra un tesoro en el campo.
Si en el servicio en el templo pensamos «ya lo hice» «ya lo vi» «ya lo sé» etc. estamos cerrando la vista y el oído al rumor de su casa. El Salvador lo veía todo de nuevo, incluso las espigas del campo, los lirios o los pajarillos del cielo.
Prestar atención a lo que vemos o hacemos en su casa, es una renuncia a nuestro saber en espera del suyo.

La investidura del templo no es un sistema de conocimiento, sino un ecosistema. Vivificadas por el espíritu las ordenanzas crean ciclos de conocimiento que son interdependientes, creando vida en nuestro interior y llevando vida eterna para nuestros muertos. Es un entorno vivo muy diferente al de fuera, por eso hay que estar atentos con los seis sentidos.
Al transitar por su paisaje, si lo hacemos rutinariamente, perdemos el canto de los pájaros y el sonido de los grillos, es decir perdemos el canto del espíritu y su soplo a través de las estancias.
Si salimos al campo, la naturaleza es reverente y pacifica a todo aquel que la escucha. Mantener la reverencia dentro y fuera de nosotros es vital para escuchar.
Este aspecto que comento es parte de la adoración en el templo.
Integrar nuestras joyas
Encontramos la frase «integrar mis joyas» en Malaquías 3:17, DyC 60:4 y DyC 101:3
Y serán especial tesoro para mí, ha dicho Jehová de los ejércitos, en el día en que yo integre mis joyas; y los perdonaré, como el hombre que perdona a su hijo que le sirve.
Malaquías 3:17
Integrar mis joyas es engarzarlas en un conjunto mayor, como una corona. En ese sentido somos la gloria de Dios, El nos ha tallado para que podamos brillar en su gloria. En DyC 101:3-4 vemos ese proceso
..no obstante, los poseeré y serán míos el día en que yo venga para integrar mis joyas.
DyC 101:3-4
Por tanto, es preciso que sean disciplinados y probados, así como Abraham, a quien se le mandó ofrecer a su único hijo.

La adoración en el templo incluye ser íntegros de propósito. Presentarnos ante él de forma completa. A veces nuestra preparación se limita a nuestras tarjetas de ordenanzas, alimentos para el camino y procurar no enfadarnos con las tensiones que todo viaje genera. Vamos a presentarnos ante el mismo Jehová.
Tres veces al año se presentará todo varón tuyo delante de Jehová el Señor, Dios de Israel.
Éxodo 34:23
Integrar nuestras joyas, en nuestra preparación, incluye recapitular nuestra vida, hacer balance, ver nuestras debilidades, dar gracias, pedir perdón, arrepentirnos. Orar anunciándole nuestra visita, lo importante que es para nosotros.
Por mucho que nos esforcemos siempre seremos piedras opacas e imperfectas. Siempre necesitaremos el toque de su dedo en el monte de Shelim.
Esta actitud es parte de la adoración en el templo.


Gracias Mario. Una sola palabra en una oración es más que suficiente par sentir el apoyo de mis amigos. Espero haberte sido de ayuda. Un abrazo.
Felicitaciones por tan noble y sagrado llamamiento. Esperaremos para seguir aprendiendo. Gracias por su dedicación y su generosidad. Oramos por uds.