lunes, enero 26, 2026
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Los Salmos y el templo en la restauración

David se alimenta de la presencia del Señor en su Templo y esta verdea su vida con palabras vivas.

En Los Salmos y el Templo recopilo todos los salmos que mencionan la Casa del Señor.
La lectura de Salmos ha sido tardía en mi vida. He necesitado el paso del tiempo para que atempere mi natural inquietud. Creo que Salmos solo se puede apreciar cuando se han experimentado algunas facetas de la vida que solo da la edad.

Emular el lenguaje de David requiere el alma cercana a su Dios, el que le salva de sus enemigos. Al introducirnos en sus palabras creamos un reverso, a partir de ellas llegamos a su corazón, sentimos como él sentía.
A veces cuesta conectar con sus palabras. David es un hombre de guerra y con enemigos. Todos sus salmos muestran un mundo amenazado por los reinos que lo rodean. Incluso los suyos traman contra él. Es un reflejo del Mesías y sus padecimientos.

Nosotros, personas en tiempos de paz, podemos identificar esos enemigos en nuestra alma, asediada por los dardos del adversario y por las potencias de las tinieblas. De esa forma conectamos con el sentir de sus palabras.

Me propongo en este artículo no escribir sino mostrar la presencia del Templo en los salmos. Difícil realizar comentarios sobre ellos, renuncio a hacerlos. Solo expondré algunas impresiones que recibo al leerlos. No ilustraré el texto con imágenes, deseo que toda su atención del lector se centre en las palabras del rey David.

Como olivo verde

David se alimenta de la presencia del Señor en su Templo y esta verdea su vida con palabras vivas. Estas palabras pueden embellecer nuestra memoria como el friso de un palacio.

Los Salmos y el templo

Dignidad de los que van al Templo

Estos dos Salmos me hacen reflexionar en la entrevista para el Templo. Pero esa entrevista debería ser una meditación frecuente para nosotros. Ya decía David «¿Quién puede discernir sus propios errores? Líbrame de los que me son ocultos.» Prestar atención a nuestros hechos es vivir con reverencia el tiempo que Él nos da.

Al meditar en este Salmo descubro que al decir «honra a los que temen a Jehova» me tengo que cuidar de criticar a los ungidos por Él y a los que le temen. Cuando dice «el que no da su dinero con usura» tengo que evitar dar seguimiento al gasto de mis ofrendas juzgando si el Obispo las emplea según mi juicio. Al leer «habla verdad en su corazón» me recuerda que no debo justificarme en mis errores ni al arrodillarme orar una mentira.
«El que no ha elevado su alma a la vanidad»…quién está libre de un momento de exaltación propia.
Hemos de cuidar nuestra alma como el jardinero que revisa sus geranios para evitar la palomilla.

Los Salmos y el templo

Clamando hacia Él

El Templo era la presencia más clara de Jehová en Israel. El Templo para nosotros es la culminación de sus bendiciones en Sión pero también de su presencia. Toda su casa es un lugar santo. Las abluciones y sacrificios ya los hemos hecho antes de entrar. Los doce panes de la proposición los estamos recogiendo de toda la tierra y su sustento lo recibimos diariamente de su espíritu. La luz del candelabro es el Espíritu Santo que nos alumbra.
Elevar las manos hacia el Templo es clamar a Dios.

Los atrios del Templo representan la preparación anterior a su presencia. Cumplir los votos delante del pueblo es reconciliar tu integridad con el prójimo. El salvador lo explica de forma nueva.

Esos atrios están en nuestra alma.

Los Salmos y el templo

La adoración

Cuando me preguntan al final de la entrevista, ¿es usted digno de entrar en el templo? nunca sé qué contestar. La verdad es que si entro en su casa es «por la abundancia de su misericordia»

Aunque no menciona el Templo, cuando leí «en la hermosura de su santidad» me sobrecogió una sensación de estar leyendo la inscripción que tienen todos los templos en su entrada.

Cuando escuchaba a mi madre cantar en la cocina o en otras tareas, todo el universo estaba en orden. Yo sentía paz y alegría. Ella tocaba su arpa y en su voz había algo parecido a la adoración. Cuando pase el velo, espero escucharla y sentir que todo va bien.

Los Salmos y el templo

La hermosura de su casa

No sé ni qué decir. Produce emoción. Las palabras de David te salpican no puedes evitar mojarte. «Contemplar la hermosura de Jehová» ¿Puede haber un mejor resumen de nuestra visita al Templo?
Temo que a veces, al centrarnos solo en la actividad de su interior, pasamos por alto el deleite, el tacto y la hermosura de sus ordenanzas. A veces nos vestimos pero no dejamos que el espíritu peine nuestros pensamientos con su brisa.

Recuerdo en la misión que lei DyC 93:1 a José María Rivero Sola, recientemente fallecido. En ese versículo, el Señor nos invita a ver su faz. Cuando lo leí, José María me miró y dijo «Yo voy a verlo» pero lo dijo con tal convicción y fe que me sacudió el alma. No se lo comenté pero lo guardé dentro de mí. Sí, vamos al Templo a ver su faz.

Sí, y uno de sus afluentes nos llega a las rodillas si buscamos su faz.

No soy muy hábil en la orientación espacial, siempre necesito asistencia para llegar al Templo. Pero cuando veo asomar su torre a través de los árboles, es la escena más parecida a volver a Casa.

Cómo podemos ser saciados, de qué hambre. De la primera de todas, cuando fuimos echados de Edén, de su presencia. Esa hambre oculta y persistente que se esconde en todas las demás.

Los Salmos y el templo

David se siente golondrina al fijar su lugar de reposo en el Templo, al igual que golondrinas y gorriones hacen nidos en sus atrios. Por eso su morada es amable y hospitalaria.
La invitación es para nosotros también. Pero nosotros, como occidentales, somos menos simbólicos, menos figurativos. Incidimos más en objetivos, acciones y resultados.
Corremos el riesgo llevar al Templo solo la obra por nuestros antepasados. Y en verdad si esto hacemos, cumplimos perfectamente.

Sin embargo «habitar su casa continuamente» invita a hacer nidos en sus atrios.
No he encontrado una palabra en español para expresar lo que quiero decir. Así que escribo un neologismo: «corazonar» que aquí significa anidar el corazón en nuestra relación con el Templo, tal como hacía David.

¿Qué ofrenda llevamos nosotros al Templo? ¿Un cordero blanco sin mancha? Sí, la de un corazón quebrantado y un espíritu contrito. Como sacerdotes de nuestra propia alma, quebrantamos la osamenta de nuestro hombre natural sobre el altar del arrepentimiento. Solo así podemos encontrar «la hermosura de la santidad»
Cuando miro fuera, todo este lenguaje que uso es de muy débil apariencia, tanto retumba el mundo.

Los Salmos y el templo

Ayuda desde el santuario

Podemos hacer de nuestra asistencia al Templo no solo un servicio sino una ofrenda. Ofrenda viene del latín offerre que significa «llevar o presentar hacia» Participar con una ofrenda es llevar nuestro servicio como oración aceptable. Nos presentamos ante Él, limpios, para hacer su obra. Eso requiere que la primera ofrenda del día sea nuestra atención. Mientras en el mundo nuestra atención es objeto de secuestro en el Templo la ofrendamos solo a Él.

Las alas es el poder del águila para remontarse en las alturas y para cazar la presa. También para proteger a sus polluelos, para dar sombra. Para mí todas estas cosas se resumen en las alas de su investidura, que se extienden para protegernos y darnos poder para remontarnos. «Estaré seguro bajo la cubierta de tus alas»

Paseando por los jardines del Templo, sentado en un banco junto al olivo recito en mi mente mirando a su fachada, «Estaré seguro bajo la cubierta de tus alas» y dejar que ese pensamiento se asiente en el entorno. Tratar de escuchar el zumbido de su aleteo.
Me dijeron recientemente que uso un lenguaje poético. No es verdad, uso el lenguaje.

Los Salmos y el templo

Pensemos: ¿acaso no hace eso su poder en el Templo? Defiende a huérfanos y viudas vivos y muertos dándoles el sustento en la esperanza de su poder. Enlaza a los solitarios a sus familiares fallecidos, los hace habitar en el vínculo de la promesa como a Abraham. Saca a los cautivos de las prisiones.
Restaura la memoria hacia padres y familiares. Sana el remordimiento del olvido entre vivos y muertos mediante la ofrenda de reconciliación de sus ordenanzas. Redime a quien no tuvo una palabra en el final de un ser querido, da la oportunidad de cerrar viejas heridas en «vuestros lugares santísimos en donde recibís conversaciones» DyC 124:39

Los Salmos y el templo

Sí, a los santos para hacer su obra y vencer al mundo.

Me recuerda que el Templo nos sitúa en la corriente del Espíritu, sopla por sus estancias como una brisa.
Me liberé hace tiempo de la espera de una revelación de tambores y trompetas. Una que fuera digna de escribirse o relatarse como epopeya. Voy aprendiendo que la austeridad no es pobreza. La frugalidad nos libera de esperas infructuosas. La sobriedad permite al espíritu alimentarnos como hace con los pajarillos.

Más que buena vista, necesitamos buen oído interno. Muchas veces vemos la revelación mirando atrás y no delante.
Dar gracias en el Templo por las florecillas de su entrada nos prepara para recibir el rocío del cielo que las hace crecer.
Andar en la mansedumbre de su espíritu no es ir solicitando columnas de luz.

Los Salmos y el templo

El vientre de la restauración

El Templo es el vientre de la restauración, de él salieron las llaves y de él fluyen las mayores bendiciones. Su construcción previene la destrucción. DyC 110:15

Gracias a David, hijo de Isaí, de la tribu de Judá.

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