La espada y los querubines puede ser un buen título para una novela de ficción. Siempre he sido un aficionado a este género. Películas y novelas me atraen desde mi adolescencia. El primer libro que leí de pasta a pasta fue «De la tierra a la Luna» de Julio Verne. Un dia estaba en mi casa sentado y mi padre lo puso delante de mis ojos sin decir palabra, creo que no supo el efecto que tendría.
Necesito extenderme en la introducción. ¿Por qué? porque la realidad tiene su genealogía. Necesitamos remontarnos a su origen para entender mejor las escrituras. Las escrituras responden a nuestras inquietudes más profundas pero confrontan al mundo en sus respuestas. Por tanto hemos de conocer toda la escena y sus actores.
Un modelado oculto
La ciencia ficción ha modelado nuestra forma de esperar el futuro, nos ha condicionado con una confianza creciente, en que los logros de la ciencia harán realidad las imágenes de sus pantallas y los relatos de sus novelas.
Ha llegado a ser la mitología de nuestra época. Un especie de relato consentido, en el que cedemos nuestro tacto de la realidad por el paisaje brumoso que nos muestra. Muchos no conocen a Newton, Hubble o Lemaître pero creen en el multiverso. Esta ficción, en apariencia inocua, crea un substrato en nuestra mente que nos condiciona a confiar ciegamente en la ciencia como único factor decisivo para configurar el futuro.
No obstante, la mayor incógnita de la humanidad no son los viajes espaciales. Es el uso de la IA y las tecnologías que se apegan a nosotros mismos cambiando nuestra percepción de lo que somos. El cine y la literatura son proyecciones de nuestros anhelos y naturaleza dando un relato incierto del futuro y nuestro papel en el.
La espada y los querubines vigilan hoy para evitar que toquemos aquello que puede destruirnos como hijos de Dios. Evitan que tomemos senderos extraños hacia el árbol de la vida.
El futuro
Yo vi en 1975 con 14 años «2001 una Odisea espacial» (1968) película dirigida por Stanley Kubrick basada en la novela de Arthur Clarke, que leí después. Era una película espiritual, casi mística con una música exquisita. En esa obra maestra, el ser humano a través de la tecnología, toca la trascendencia y la divinidad. El futuro para el año 2001 era brillante, humano, pacífico y deseable.

En 1983, vi «Blade runner» (1982) dirigida por Ridley Scott y basada en la novela «¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?» de Philip K. Dick. Quedé fascinado y a la vez preocupado. El futuro presentado para el año 2019, era decadente, lleno de basura, personas explotadas pero de forma simultánea una tecnología avanzada que nos lleva a las estrellas, más allá de Orión. A la existencia de robots casi humanos que buscaban la inmortalidad.
Esos robots, llamados replicantes, tomaron conciencia de sí mismos y se negaban a morir. Philip K. Dick traslada la cuestión de nuestra identidad a los replicantes.

Toda la ficción nos sitúa en un futuro avanzado, incluso estelar, pero con la misma naturaleza y problemas del presente. Proyectamos en el futuro lo que somos ahora, pero con otras vestimentas.
Ante esto, el relato de las escrituras parece salir de otra ficción, esta vez religiosa. No obstante la coherencia de la restauración, el futuro predicho tiene una correlación con miles de años proféticos. El futuro plasmado en sus palabras tiene una consistencia que es digna de considerar para el no creyente. Solo basándose en su congruencia sería motivo de un estudio serio por parte de cualquier investigador sincero.
El presente
Ahora en 2025, las predicciones de esas ficciones, insisto obras maestras, divergen de la realidad en gran manera. Quizás el pesimismo de Philip K. Dick, esté más cerca de nuestro presente. Pero hay una gran diferencia entre el vaticinio que durante décadas tuvimos del futuro y nuestra realidad.
El gran interrogante, no está en lo que hay en las estrellas, el desafío no está en llegar a ellas. La gran carga, de la que no nos desprendemos y arrastramos, es la pregunta ¿Quiénes somos?
La búsqueda que Philp K. Dick atribuyó a los replicantes, es la que tenemos nosotros de nosotros mismos. Ahora hacemos esa pregunta a una inteligencia artificial, ¿Eres alguien?
Ante esta epopeya de la humanidad leemos en la Perla de Gran Precio
«Y Dios habló a Moisés, diciendo: He aquí, soy el Señor Dios Omnipotente, y Sin Fin es mi nombre; porque soy sin principio de días ni fin de años; ¿y no es esto sin fin?»
Moisés 1:3
No hay dudas de su identidad, y esa certeza la traslada a Moisés y a nosotros.
Y tengo una obra para ti, Moisés, hijo mío; y tú eres a semejanza de mi Unigénito
Moisés 1:7
El árbol de la vida
Cuando Adán y Eva comieron del fruto del árbol del conocimiento se produjo un cambio en sus cuerpos. Fue diferente al de los tres nefitas 3 Nefi 28:38, pero del mismo orden. Un cambio semejante a la maduración de un niño que va tomando conciencia de lo bueno y lo malo. Sin los cambios corporales no se abren ventanas para los espíritus de los hombres.
El siguiente fruto era el del árbol de la vida. No era visible para Adán aunque estuviese en el jardín. Pero una vez caído y mortal, era sabio, por lo que ese fruto adquirió visibilidad a sus ojos. De ahí la urgente protección con la espada y los querubines para que no lo obtuviese.

Adán y Eva no debian, aunque pudiesen, conseguir la inmortalidad. Si la hubieran obtenido entonces o la adquiriesen ahora, serían inmortales pero desgraciados y separados de la presencia de Dios. Es decir sabios, inmortales pero limitados, desdichados y sujetos a Satanás o la miseria. Si, estimado lector, si solo obtenemos el conocimiento y la inmortalidad, conviviremos con la miseria, no se confunda con la pobreza.
El Padre, al expulsarlos del jardín, los encamina mediante la redención de su Hijo, hacia ese mismo árbol de la vida por un camino diferente. En él, Adán no puede obtener el fruto sino mediante la salvación de Cristo. El encuentro con el Salvador y su expiación, no el fruto del conocimiento, es lo que cambiará el cuerpo de Adán y Eva para poder soportar la presencia de Dios.
Una simetría
No creo que el Señor permita que toquemos las ramas del árbol de la vida, ya no sus raíces. La urgencia en apartarnos de ese árbol, no fue un hecho puntual, es mantenida en el tiempo. Se corresponde con el apresuramientos en estos días de la restauración con la intervención de la espada y los querubines.
Puede haber una simetría entre los movimientos erráticos del mundo hacia el árbol de la vida y el apresuramiento coherente de la restauración hacía el mismo lugar. Puede que la acción de los querubines sean las visitas en las primeras etapas de la restauración, por ángeles enviados. Moroni y otros ángeles están, no solo solo revelando la verdad, sino guardando el acceso a lo prohibido.
Las aspiraciones en Edén
Arthur Clarke nos muestra una inmortalidad libre de penas y dolores, la aurora de la divinidad de un hombre evolucionado. Philip K. Dick la de un Adán cerca de obtener la ansiada inmortalidad de los replicantes, pero con las taras, injusticias y padecimientos de las oscuras épocas del pasado.
En el deseo de Clarke y la realidad de Dick vemos nuestro presente. Ambas aspiraciones y realidades se encuentran en Edén y en el plan de salvación. El deseo de volver a Edén como adultos con conocimiento después del encuentro con la divinidad representada un monolito que orbita Júpiter, pero siendo librados de la muerte como aquellos replicantes ansiaban.

Con esto quiero decir, que todo lo que subyace en el relato mítico de nuestro siglo, que es la ciencia ficción, revela lo profundo del alma. Tras esas naves estelares que surcan el universo, en esas ciudades plateadas, en otras oscuras y sucias. Siempre hay un Adán y Eva, extendiendo su brazo en busca del árbol, en busca de sí mismos. Cuanto más cerca están, más vemos la intervención de la espada y los querubines en esta última dispensación. Pero tras la tramoya y los escenarios del mundo, sigue el mismo ansia del alma con otras ropas pero el mismo cántico.
El camino, la espada y los querubines.
La razón de proteger el fruto del árbol de la vida se observa en esta escritura.
«Y yo, Dios el Señor, dije a mi Unigénito: He aquí, el hombre ha llegado a ser como uno de nosotros,conociendo el bien y el mal; y ahora, no sea que extienda su mano y tome también del árbol de la vida, y coma y viva para siempre,»
Moisés 4:28
De todas las criaturas de Edén, solo nosotros fuimos tentados. Nos dice que ese camino directo a la inmortalidad está prohibido. Pero la posibilidad existe. La escena no es de ayer es de ahora, por lo tanto, está por identificar cuál es el camino qué es la espada y dónde están los querubines. Esos elementos no son del pasado sino de aquí y ahora.
«De modo que expulsé al hombre, y coloqué al oriente del Jardín de Edén querubines y una espada encendida, la cual daba vueltas por todos lados, para guardar el camino del árbol de la vida.»
Moisés 4:31

Guardar el camino al árbol de la vida, no es destruirlo sigue siendo transitable. Si atisbamos la espada y los querubines para guardarlo, es que podemos transitarlo. Si los encontramos es que podemos seguir el camino hasta el árbol. Los querubines son la última barrera en la obtención del fruto, son la constatación de una voluntad decidida a que no lleguemos. Es decir cuando algo se protege con tres barreras de seguridad, es que es posible conseguirlo pero no conveniente.
Si nuestra civilización encuentra ese camino a pesar de los obstáculos, es que está madura para el final de sus tiempos. Está saliendo del plan de salvación y adoptando el plan de Satanás, cuerpos inmortales caídos. Esta madura para la siega.
La restauración, su senda y sus ángeles forman parte de esta escena.
La espada y los querubines
En mi opinión, la espada flamígera que guarda el camino, representa la destrucción de cualquier humanidad que encuentre la inmortalidad. Para sortear ese obstáculo tienes que coger esa espada por su filo no por su empuñadura ya que no la tenemos nosotros. Algunas heridas pueden ser éstas.
- Si no morimos ¿Qué intensidad tendrán nuestros deseos? ¿Suficiente para el esfuerzo y el sacrificio?
- Nuestros afectos y sentimientos están limitados a una vida pero si no hay límite ¿se diluirán en un océano temporal?
¿Cambiará nuestra vida emocional? ¿afectará a la familia, cuando nuestros hijos sean hermanos, luego amigos y al final extraños?
¿Pensamos que si introducimos esa oruga inmortal en nuestro interior, nuestro ecosistema emocional seguirá siendo sostenible? - Al pensar en esa montaña temporal sobre nosotros ¿lo consideraremos una oportunidad o una carga?
- ¿Qué haremos con la reproducción de nuestra raza? ya se ha respondido, colonizaremos otros planetas, pero entonces ¿llevaremos a esos planetas las preguntas de arriba y algunas más?
- ¿Cómo será una economía basada en una población sin relevo generacional?
- ¿Se mineralizará el pensamiento humano al cristalizar sobre los mismos y la misma forma de pensar por los siglos?
- ¿Seguiremos formando parte de un mundo de cuya naturaleza y mortalidad hemos salido?
- ¿Tendremos el vigor de antaño para superar retos o desafíos inesperados?
- ¿Será la inmortalidad un derecho para todos, sin distinción? ¿será optativa? ¿generará una nueva aristocracia al igual que el antiguo derecho romano de ciudadanía?
- ¿Seguirán los grandes relatos religiosos proporcionando guía y dirección a miles de millones? si no es así ¿lo hará la ciencia? ¿con que relato del mundo?
- ¿Qué psicología tiene una mente sin fin?
- ¿Cómo gestionará la memoria un pasado interminable y que concluiremos? Quizás parecen preguntas ridículas. Pero elimine la muerte y surgirán muchas más.
- ¿Somos tan ilusos para pensar que todas estas preguntas las contestara la ciencia?
La protección pasiva
La espada flamígera y el camino se debaten en nuestra mente y decisiones. Da vueltas por todos lados guardando el camino, como estas cuestiones que planteo, cercan la intención de vivir para siempre en un estado caído.
Nos destinamos a la extinción si nos acercamos demasiado. La defensa de ese árbol está en la fragilidad de nuestra naturaleza. Ésta no es compatible con la obtención de esa condición inmortal. No se puede echar vino nuevo en odres viejos.
Nuestro estado caído hace que empuñemos ese conocimiento por su filo no por su empuñadura. Ese conocimiento es el enchufe de la pared que conecta con poderes que no podemos soportar en nuestra condición por eso vigilan para que los niños no toquen.
Sin embargo añoramos Edén. En cada una de nuestras células hay un murmullo que clama por volver.
Todos proyectan nuestra vuelta a la dicha y la vida eterna en el futuro. En el futuro sabremos, seremos, llegaremos.
Sin embargo podemos viajar en el espacio, horadarlo…pero no podemos cambiar el espacio. Podemos vivir más, mejor y más cómodos… pero la vida es la textura dada a nuestra existencia. La confección de mejores vidas no cambia sus prendas.
Por eso, la espada y los querubines están prestos a intervenir de forma activa llegado el caso.
El plan de Dios
Trataba en 2018 de las posibles variaciones en las decisiones de Adán y Eva en el jardín. Las combinaciones de tres factores, conocimiento (0) vida (1) y mandamiento (2) son muy complejas. Aplicando la fórmula de variaciones con repetición VRnm= mn nos da un resultado de 27 posibles combinaciones en el jardín con los árboles y el mandamiento. Incluir un factor más como Lucifer eleva las variaciones a 256. Se van elevando las opciones a medida que consideramos otros factores.
No creo que el Padre Celestial tuviese sólo un plan, más bien creo que tenía muchos caminos para llegar a su plan. Sólo había una solución para nuestra salvación, todas pasaban por Cristo.
Los campos de fuerza en el Universo son eternos, no han sido creados ni hechos ni lo pueden ser. El campo de la redención del Salvador llena el Universo como los demás. Solo hay que interactuar con él.
A estos el Señor instruyó, y les dio poder para levantarse, después que él resucitara de los muertos, y entrar en el reino de su Padre, y ser coronados allí con inmortalidad y vida eterna,
DyC 138:51
Un despliegue continuo
El evangelio en la restauración se despliega continuamente. Nos muestra un futuro sorprendente que nadie ha imaginado todavía. Algunas veces los santos se dejan deslumbrar por la ficción de la ciencia, cuando en nuestra doctrina tenemos la semilla de algo portentoso, algo que poco a poco se desvelará.
«Porque yo, el Señor, reino en los cielos y entre las huestes de la tierra; y en el día en que yo integre mis joyas, todos los hombres sabrán qué es lo que declara el poder de Dios.»
DyC 60:4

Integrar significa volver a reunir en su perfecta forma los elementos dispersos de un objeto. El Señor está acelerando su integración de todas sus dispensaciones en una.
Según el informe Freedom in the World 2025 de Freedom House, 2024 marcó el 19º año consecutivo de retroceso en las libertades políticas y civiles.
El adversario también está integrando sus joyas. La naturaleza caída del mundo, que está patente en los acontecimientos actuales, maneja tecnologías que se acercan muy rápidamente al árbol de la vida.
La torre de Babel se va haciendo a sí misma y recoge a los suyos y no para que la habiten sino para que la adoren.


Gracias hno por este y todos sus artículos.
Gracias a ti Belinda por visitar Teáncum
Excelente reflexión
Gracia Santiago, un placer trabajar contigo en el canal Profundizando en la Sagradas Escrituras