La torre de Nimrod y el COVID-19 una semejanza

La torre de Nimrod
son las 9.28

Me encuentro escribiendo frente a la ventana de mi despacho, desde donde veo llover. Hoy es Sábado 21 de Marzo del año de nuestro Señor 2020, son las 9.28. Es el día 7 del estado de alarma en España y la curva de infectados por el Covid 19 no para de crecer. Es por eso que voy a escribir sobre la torre de Nimrod o torre de Babel.
Identificar en el presente los designios divinos o el final de las eras es una tarea que nunca me he propuesto. Por dos razones, porque desconozco los tiempos del Señor y porque la lectura de sus hechos, excede mi capacidad. Sin embargo, las escrituras ayudan a entender el presente. Porque llevan enrollada en su interior la antigua hélice de nuestra naturaleza.

¡Oh naciones de la tierra!

No soy estudioso de la semiótica, ni podría decir que aficionado. Sin embargo una cualidad de las escrituras accesible a todos, es despertar profundas conexiones de significados entre el presente y el pasado, proporcionar símbolos que todos podemos percibir. No profundizo en la cualidad científica de sus relatos, eso es labor de los eruditos. Pero es innegable que transmiten un mensaje humano, no solo el hecho histórico (debate ajeno a teancum), sino que transmiten la realidad humana y divina con sus controversias y paradojas.

El capítulo 10 de Génesis, aunque es anterior al 11, no va en sincronía, relata sucesos posteriores a la torre de Nimrod.  Leemos en Génesis

«Estos fueron los hijos de Sem por sus familias, por sus lenguas, en sus tierras, en sus naciones.» (Gen 10:31)

por sus familias, por sus lenguas, en sus tierras

En esta secuencia de palabras, se resume la arquitectura del mundo. Familias, lenguas, tierras y como concepto moderno de convivencia, la palabra nación. Nación es el último eslabón de esas tres palabras de origen increado. Nadie inventó la familia, ni su lengua ni la tierra. Surgen misteriosamente de la biología, de la arcilla del mundo. Sin embargo nación es una construcción consciente, humana. Y aun así se engarza en la naturaleza, identificándose con los tres eslabones anteriores, familia, lengua y tierra.

El Señor incluye esta palabra entre las suyas, otorgándole entidad, reconociéndola como representante de los hombres.

¡Escuchad, oh naciones de la tierra, y oíd las palabras del Dios que os hizo! (DyC 43:23)

Y su mensaje  «¡Oh vosotras, naciones de la tierra, cuántas veces os hubiera juntado como la gallina junta a sus polluelos debajo de sus alas, mas no quisisteis!» (24)
Esta es la primera mención a una globalización que encontramos en la historia. Sin embargo hubo antes una intervención clara de Jehová para impedirlo, quizás el primer intento del que se tiene noticia.

Nimrod un cazador delante del Señor

La torre de Nimrod
poderoso cazador delante de Jehová,

Nimrod era hijo de Cus quien era hijo de Cam, hijo de Noe. A Nimrod se le llama «poderoso cazador delante de Jehová,» (Gen 10:9) Sabemos que Nimrod  también «comenzó a ser poderoso en la tierra» (8) delante de los hombres.
Se le atribuye a Nimrod la autoría de una torre en su reino, Babel.
En ese tiempo « Tenía entonces toda la tierra una sola lengua y unas mismas palabras.» (Gen 11:1) Podemos reconocer esa misma cualidad en nuestro presente. Usamos unas mismas palabras, para describir al ser humano, su origen, sus valores, lo justo, el bien. Y lo aceptamos como un don del progreso. Yo también lo hago y a veces con entusiasmo, pero reconozco que mi posición se sustenta en el oleaje y no en un rumbo que yo haya decidido.

«Y aconteció que, cuando salieron de oriente, hallaron una llanura en la tierra de Sinar y se asentaron allí.» (2)

Salir del oriente es salir del origen, de Edén. Salir de nuestra infancia como humanos y enfrentar una llanura donde extendernos. Por eso «hagámonos un nombre, no sea que seamos esparcidos sobre la faz de toda la tierra.» (4) Es adquirir un nombre propio, no el diminutivo infantil sino el conseguido por nuestro brazo, el de la carne. Así como Nimrod tenia el suyo como cazador delante de Jehová.

El nuevo nombre

Y se dijeron los unos a los otros: Vamos, hagamos ladrillo y cozámoslo con fuego. Y les sirvió el ladrillo en lugar de piedra, y el asfalto en lugar de mezcla…Vamos, edifiquémonos una ciudad y una torre cuya cúspide llegue al cielo; y hagámonos un nombre, no sea que seamos esparcidos sobre la faz de toda la tierra.(3)

¿Por qué no solo una ciudad, por qué una torre? Porque la torre de Nimrod es su nombre, su identidad y señala al cielo. La torre crece en la ciudad y consume sus recursos y a cambio ordena el pensamiento de sus moradores al igual que ellos ordenan los ladrillos y el asfalto. La torre es la que junta bajo sus alas a sus ciudadanos, colma sus anhelos así como ellos ocupan Sinar. Ya el nombre conseguido no es el paterno sino son los hombres de Babel no los de Jehová.

La torre de Nimrod

La torre de Nimrod
Es la entelequia del futuro, el no lugar

Nuestro sistema global para mercados, para la información y ocio, se va convirtiendo poco a poco en nuestra torre. Esa red global va siendo cada vez más una red neuronal para las naciones. Su intención es llegar hasta el cielo, es decir; no sabemos. Es la entelequia del futuro, el no lugar. Nuestra tarea no es escoger la dirección sino poner ladrillos y asfalto. Es la misma impresión que da el edificio grande y espacioso del sueño de Lehi,  pero a la inversa. La torre de Nimrod carece de un final y el edificio espacioso de un principio.
«…Hagámonos un nombre» hoy día, es decir un sustantivo que nos defina así como nuestro nombre de pila, sería aceptar el cobijo bajo la sombra de Babel, sus palabras únicas para todos, en vez de buscar las alas de Jehová.

Nuestra Babel es un cortex cultural, la interfaz por la que percibimos el mundo. Música, cine, política, diversión, tecnología, objetos, bloques de frases globales. La mitología del futuro, ese relato que no admite paso atrás y que nos coloca en las estrellas. En mi infancia ya existía y ahora yo debería desplazarme vistiendo un traje plateado en un vehículo volador sobre una ciudad pulida y brillante. Sin enfermedades ni guerras y pleno de felicidad. Es una torre que va al cielo.
Todo esto forma parte de la torre de Nimrod en la moderna llanura de Sinar. Esa llanura que hemos encontrado al salir de los siglos pasados desde nuestro oriente de piedra y mezcla al occidente del ciberespacio de ladrillo y asfalto.

He aquí el pueblo es uno

He aquí el pueblo es uno, y todos estos tienen un solo lenguaje; y han comenzado a edificar, y ahora nada los hará desistir de lo que han pensado hacer. (6)

¿Por qué esto representa para el Señor un problema? Ciertamente si no somos uno no somos suyos. Luego por qué confundió el lenguaje y rompió el milagro de la unidad en Babel.
Creo que lo hizo, no por su unidad, sino porque nada les haría desistir de lo que iban a hacer. Eso me hace volver al presente.  Nuestra historia va perdiendo la dirección humana dada por las ambiciones de reyes, las disputas dinásticas, territoriales, ideológicas. Todas van cediendo ante esa gran torre que se construye en Sinar. Nuestra torre  lleva su dirección y nadie sabe cuál es porque está en el futuro, el no lugar que llega hasta el cielo. El mundo esta construido por los hombres del futuro no por los hombres de Jehova.

Tria nómina

La nación forma parte de nuestro nombre, aunque no lo usemos. En la antigua Roma se identificaba a una persona por la tria nómina.  Tres nombres; praenomen o nombre de pila, nomen el clan o tribu a la que pertenecía y el cognomen la familia directa dentro del clan. Esto situaba claramente a un individuo en el espacio presente y en el pasado.

Roma globalizó el mediterráneo

Roma que globalizó el mediterráneo esto es, el universo, partía de una clara identidad romana. Cuando quiso unificar el mundo tenia las alas romanas dispuestas y el concepto de ciudadanía romana, que se expandió a todo el imperio poco a poco. No fue un «hagámonos un nombre» ellos ya lo tenían.
Frente a sus costas, el imperio Cartaginés, al norte de África, basaba su expansión en el comercio no en su identidad de nación. El choque entre Roma y Cartago tenía una ventaja a favor de Roma. El concepto de Estado y nación muy superior al mercantilismo cartaginés. El senado de Roma era de patriotas, el cartaginés de comerciantes. Para Roma la guerra era cuestión de Estado para Cartago de beneficios y eso destruyó a Anibal frente a Escipión.

La globalización de Babel, su unidad era impostada, no se basaba en una tria nómina larvada en el alma sino en una torre de ladrillos mercantiles construida fuera.

Cuando el Señor diseñó Israel, lo hizo con doce naciones o tribus no con una. El ya calculaba la dispersión mucho antes de su constitución. Las naciones son su laboratorio, son semejantes a las naciones de los cielos y las de los muertos.

Confundamos allí su lengua,

amontonar esfuerzos hacia el cielo

El Señor actúa claramente contra la intención de Babel. Es una unidad alrededor «de lo que han pensado hacer» no de lo que son, quieren [hacerse] un nombre, sin tomar el nombre interior, el de nación de Jehová sobre ellos. Es una unidad semejante a la globalización presente, unidad para movimiento de capitales y mercancías, pero todavía no para el gobierno de la ciudadanía y sus problemas, como la pandemia que padecemos. Están en dirección contraria a una unión alrededor de una identidad profunda como es la que da el evangelio o la nación. Por eso surgen movimientos nacionalistas parasitarios ofreciendo una identidad impostada.
La globalización que busca el Señor parte del interior del alma hacia el prójimo. La que se busca en Babel es la de amontonar esfuerzos hacia el cielo.

Desde mi ventana puedo ver la confusión entre las naciones. El Covid 19 es una pandemia ocasionada por un virus que ha viajado en un planeta con «una sola lengua y unas mismas palabras». Las fronteras que nos legaron nuestros antepasados, reconocidas como naciones por el Señor, han sido vitales, necesarias para ir recuperando el control de la situación.
Cuando hace unos meses considerábamos que «[ser]esparcidos sobre la faz de toda la tierra.» o lo que es lo mismo, «por [nuestras] familias, por [nuestras] lenguas, en [nuestras] tierras, en [nuestras] naciones.» era una realidad regresiva, sobrepasada por la economía global, por la sociedad de la información, ahora respiramos aliviados porque al menos tenemos fronteras.

La fragilidad

Este virus nos ha enseñado cuan frágil puede ser una torre que se alza al cielo o un edificio que parece alzarse en el aire. Cuando el Señor dice «…cuántas veces os hubiera juntado como la gallina junta a sus polluelos debajo de sus alas, mas no quisisteis!» nos está mostrando que solo bajo sus alas, esto es su poder para salvar, pueden congregarse las naciones.
Su globalización lo primero que hace es darnos un nombre. El rey Benjamín, ese hombre sabio, conocía la importancia de un sustantivo para sostener cualquier construcción.

Y además, daré a los de este pueblo un nombre, para que de ese modo se destaquen sobre todos los pueblos que el Señor Dios ha traído de la tierra de Jerusalén; (Mosíah 1:11)

Un planeta de monocultivo

Pero la globalización de nuestro mundo, no comienza por darnos un nombre sino por deshidratarlo, desecar su significado realzando al individuo y erosionando lentamente su nomen y cognomen. La desaparición de fronteras, la movilidad y el desarraigo nos erradica de [nuestras] familias, de [nuestras] lenguas, de [nuestras] tierras, de [nuestras] naciones.

El problema de las grandes extensiones de monocultivos son las plagas

Hemos visto en la gestión de esta crisis; a naciones que tienen unidos sus mercados y su moneda. Sin embargo la ciudadanía ha recibido una ayuda desigual, ni siquiera coordinada entre gobiernos. Han dejado a naciones debilitadas en sus capacidades frente a una amenaza global.  Solo hay que ver la disparidad de infectados y muertes entre las naciones que se suponen que pertenecen a una comunidad. Alemania y España, por ejemplo, con parecido numero de infectados, tienen numero de fallecidos dispares. La razón es la prevención de un diagnóstico temprano, diferentes estrategias.

El problema de las grandes extensiones de monocultivos son las plagas. Cuando hay distintas especies de plantas, esa variedad sirve de cortafuegos. De lo contrario las plagas lo devoran todo, porque cada espiga «tiene una sola lengua (especie) y unas mismas palabras(ADN).»  En nuestro caso el miedo al desplome de la economía, que es la razón de ser de la unión europea, nos han convertido en una Babel, donde dijimos «vamos, edifiquémonos una ciudad y una torre cuya cúspide llegue al cielo» Ese miedo ha ralentizado la reacción, sobre todo en Italia y España, países de identidades debilitadas. Esas curvas en el gráficos muestran una clara «confusión de lenguas» semejante a la de Babel. Eso ha convertido el planeta en una gigantesca extensión de un monocultivo, los hombres de Babel, bajo su torre.

Bajo las alas del Salvador

La torre de Nimrod
La globalización del Señor es la casa de Israel,

No abogo aquí por la antiglobalización, de hecho el índice de pobreza nunca ha bajado tanto como ahora. Es más la globalización ha favorecido el recogimiento de Israel

Y convertiré en camino todos mis montes, y mis calzadas serán elevadas. He aquí, estos vendrán de lejos; y, he aquí, otros del norte y del occidente, y estos de la tierra de Sinim. (Isaías 49:11-12)

Roma las hizo de cemento, nosotros elevadas calzadas de información del norte y del occidente.
Lo que declaro es que el Señor en su sabiduría constituyó a las naciones como células de la humanidad. No podemos romper sus membranas sin exponernos a patógenos extraños.
La globalización del Señor es la casa de Israel, es la nación interior de los santos. Y el nombre de su Rey el que hemos tomado sobre nosotros. Allá donde estemos estamos en su reino. Hay más unidad como santos en un ayuno  a causa de una catástrofe que en la identidad europea frente a una crisis.

Quién podía pensar que un virus podría doblegar semejante poder, un reino como el nuestro, de tan gran altura y de tan grandes logros. Pero es fácil ahora distinguir que una torre hacia el cielo no es lugar para personas mortales y que un edificio espacioso, sin fundamento, por necesidad caerá.

Desde teancum, acompañando en estos momentos difíciles, con esperanza y ánimo.

7 Comments

  1. Hermano que gusto leerlo que nuestro PADRE CELESTIAL lo bendiga y continúe brindándonos sus escritos y su compañía. Deseamos que esté usted muy bien con cariño Ángel y Ana

    • Gracias Miguel, aquí estamos de nuevo, termine ya el trabajo principal para la confejas. Si eres de Cáceres en España, pues estoy deseando pasar unas vacaciones allí con mi mujer. Tienen fama sus balnearios y su gastronomía. En cuanto podamos pasaremos allí un tiempo. Buena tierra la tuya

  2. Graciad, Teancum. Te escribo desde Chile. Si, el dictador cayó, pero despues llegaron amenazas aun mas destructoras: el libre mercado a ultranza mato nuestros sueños y nos dejo condenados al materialismo. Quizas esta plaga mortal nos ayude a volver a la unidad basica y tan diversa que es lo contrario a la torre de Nimrod: las familias y su amor eterno.

    • El libre mercado? el libra de mormon nos dice como el libre mercado es reflejo de sus bendiciones. Donde hay menos pobreza. Sin embargo, lo expresado por el pte Benson es una realidad de los que se aprovechan de este Sistema para abusar, en otras palabras habló de aquellos capitalistas que hacen trampa.

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