Nuestra vida igual que el espacio donde vivimos es curva. La fe un motor de curvatura, nos ayuda a navegar en el desafiante camino hacia el horizonte.
Cuando miramos lejos, el horizonte esconde los detalles porque la tierra al curvarse los oculta con su geometría. Así también vemos un día a nuestros seres queridos partir de este mundo, los perdemos de vista como el mástil de un barco que se aleja en la distancia. Unos dicen que dejan de existir, los santos decimos que continúan su viaje porque no creemos en los mundos planos.
Hay quienes creen que la tierra es plana. Si la tierra fuera plana nuestra vista desde una montaña, con una atmósfera limpia, no tendría límites. Podríamos ver hasta donde la vida o la atmósfera lo permitiera, esto nos dejaría impresionados. La diferencia de panorama mostraría un mundo nuevo, inabarcable. El horizonte estaría mucho más lejos sería una línea recta no curva, el mundo tendría una apariencia mucho más grande. La perspectiva sería por tamaño pero no se ocultaría a la vista.
He incluido cuatro imágenes de un mundo plano, observarlas en alta resolución impresiona un poco.
Pues aunque sea difícil de creer, el mundo cree que la vida es plana, lo que no puede verse no existe porque de lo contrario sería visible desde la montaña. Creen que la geometría de nuestra existencia nos permite extender la vista y abarcar con ella lo que hay y lo que no hay. Como mucho consienten en comprender algo o no, pero sin duda rigen sus esperanzas a lo que pueden abarcar la vista en esa geometría mental plana.
Una vida muy curvada
Cuando Nati y yo nos casamos no teníamos nada. Yo ni siquiera un trabajo estable. Ella perdió el suyo al poco tiempo y no teníamos plan C (el B era yo).
Un día estando enfermo con fiebre, tuvo que decidir entre comprar alimentos o fármacos. De pronto el mundo adquirió máxima curvatura y no podíamos ver un horizonte ni de tres días.
En esa situación estás en contacto con la verdadera geometría del mundo y la fe es el meridiano y la esperanza su paralelo. Siempre las tuvimos y en ellas nos fuimos a vivir a Almería, donde prosperamos y tuvimos nuestra familia.
En el mundo plano de hoy, el matrimonio es un horizonte lejano. Nadie se arriesga sin tener muy claro su curso y su orografía. Todo se construye y se compra antes que la toma de decisión en un deseo legítimo de «planificar» el terreno. Todos tememos a los abismos que se abren repentinamente tragando planes, ilusiones y una vida tranquila.
Pero la vida es curva y esconde el futuro con su línea de horizonte. Por eso los compromisos de hoy ya no son hasta la muerte sino mientras flotemos.
Días atrás hablábamos con unos amigos sobre la tendencia que existe, en Europa y sobre todo en España, en el descenso de la natalidad. Ellos culpaban a los gobiernos por no dar suficientes ayudas económicas para tener hijos.
Cuando Nati se quedó embarazada, nuestras circunstancias eran muy difíciles, todos nuestros planes fallaron. Éramos como pajarillos que ni siembran ni siegan. Fui alborozado a una cabina de teléfono a dar la noticia a mi familia. Al recibir la respuesta me sentí confuso, salí de la cabina cabizbajo sin entender nada. En ese tiempo yo era tan simple como el cajón de un armario. Sin embargo, poco a poco me di cuenta que nos tuvieron por irresponsables.

Sin el evangelio, habríamos pospuesto nuestro matrimonio. Pero teníamos más esperanza y fe que miedo. No sabíamos lo que habría después de nuestro horizonte, pero eso era algo familiar en nuestra vida. No nos asustaba el mundo curvo.
Muchos años después la esposa de un familiar cercano se quedo embarazada. Su situación económica era apurada. Ellos no me parecían responsables con su decisión.
Ahí estaba yo, mostrando ser una persona muy sensata pero incoherente. Me acordé de mi juventud y de nuestra alegría e inmediatamente me arrepentí. Sí, entonces conocí a mi sobrina Ainhoa y me convertí en su fan. El mundo la necesitaba a ella y no a mis opiniones sensatas.
Me estaba transformando en un terraplanista de la fe y exigía un aplanamiento de la vida, que nada se hiciera sin un conocimiento perfecto del terreno. Eso llevado al extremo nos inmoviliza en una superficie de acción cada vez menor. El alma se asfixia en el temor del NON PLUS ULTRA.
Tal mentalidad jamás habría podido llevar a cabo la expiación, ya que el Salvador fue un pionero en el océano inexplorado de la redención.
Así, mientras el James Web mide la curvatura del Universo nosotros la reducimos en el nuestro, hasta creer que un mundo plano nos hará ver con claridad y sentirnos más seguros.
Al conversar con nuestros amigos, les dije que el problema de que no nazcan niños no está en lo que se ve, el dinero o las ayudas sino en lo que no se ve, la fe, la esperanza y la caridad. Estas son dimensiones curvas.
Los viajes espaciales
Actualmente, para la construcción de naves espaciales y sus propulsores no se necesita un concepto del espacio curvo como la relatividad muestra.
Los cohetes modernos se basan en las leyes de Newton, la misma mecánica que los cohetes de feria, pero claro a una escala mucho mayor y más sofisticada.
Esto nos indica que no dominamos el espacio sino que navegamos en él. La mecánica de los motores espaciales se basa en el principio de acción reacción, una ley que Newton descubrió en 1687. Esta ley se mueve como pez en el agua en el concepto del espacio que se conocía en el siglo XVII.

No es necesario un conocimiento profundo de la realidad. Con la que conocía Newton hemos salido del sistema solar gracias a la Voyager 2. Pero con esa mecánica no podemos llegar a las estrellas. Es imposible, es una mecánica de vuelo corto, planetaria como mucho. Y créanme en el sistema solar, no hay rincones agradables como para anhelar una mudanza. La idea de ir a Marte de excursión está bien, otra cosa es decir a nuestros hijos que es nuestra herencia para ellos.
El motor de curvatura
En 1994 Miguel Alcuberre (1964) físico teórico mexicano, publica la métrica de Alcuberre. Es una solución a las ecuaciones de Einstein que permite viajes estelares superando la velocidad de la luz.
La originalidad de la idea radica en que la nave no se mueve sino que «surfea» en una ola espacio temporal dentro de una burbuja plana.

Imagine que esta en el mar, y quiere avanzar braceando en su tabla de surf, bueno así es como viajamos en el espacio ahora, impulsándonos mediante la eyección de gases por la tobera del motor y recibiendo un empuje de sentido contario y proporcional a la velocidad de escape de los gases.
Pues bien esta teoría, crearía una ola en el espacio-tiempo y usted solo tendría que situarse en su cresta para avanzar. En realidad quien se mueve es la ola, usted solo cabalga en ella. Nuestra tabla sería una nave dentro de una burbuja plana, donde no hay efectos relativistas. Si mira la imagen detrás de nuestra tabla o nave hay un aplanamiento del espacio y delante una contracción. El aplanamiento empuja la nave hacia la contracción a velocidad superlumínica.
Ya se está invirtiendo en esta idea y numerosos equipos trabajan solucionando sus problemas teóricos y de ingeniería, no obstante su factura es a muy largo plazo.
¿Le parece un prólogo demasiado extenso estimado lector? Continúe un poco más, merece la pena. Además esto se pone interesante porque hay una conexión con la fe y la vida. Pongamos un ejemplo más.
Un barquito de jabón

Al colocar un poco de jabón en la parte trasera del barquito, saldrá disparado hacia delante. Sin embargo lo que cambia no es el barquito sino el agua. La tensión superficial en la parte trasera disminuye y en la delantera se mantiene. Eso crea un empuje hacia delante bastante fuerte. Tenemos la tecnología (jabón) para modificar el espacio (agua)
El motor de curvatura modifica el espacio-tiempo y es éste el que impulsa la nave hacia las estrellas. Eso si es dominar el espacio mediante un conocimiento más profundo.
La curvatura de la fe

Cuando vemos el plan de salvación dibujado en un papel, lo vemos plano. En la misión lo tenia recortado en figuras plastificadas. Me encantaba extenderlo sobre la mesa de nuestros investigadores. Cuando después de la charla salía a la calle, todo se curvaba y no podía ver ninguna de las figuras excepto un presente desafiante. Ni siquiera sabíamos si la próxima cita saldría bien o fallaría.
Cuando mi hija Alma era pequeña, al salir para el trabajo lloraba desconsoladamente. Al cerrar la puerta de casa, mientras bajaba las escaleras, seguía llorando. Cuando yo estaba en casa, todo su mundo estaba a su vista, cuando me iba se curvaba y yo me perdía en su pequeño horizonte.
Con el tiempo Alma aprendió que los padres que desaparecían tras la puerta, regresaban y algunas veces con golosinas. Ella aprendió a tener fe, a mantener la esperanza sin la vista, entendió que el mundo era curvo y escondía a los papas durante un tiempo.
Pensar que podemos vivir sin fe, es engañarnos. No es una cuestión de creencias, la fe es un componente de nuestra mente para vivir en este espacio tiempo. Sin fe no podemos tratar razonablemente con el mundo, porque el mundo es curvo y la razón abarca un espacio limitado, en apariencia plano.
La cultura plana
Cuanto más retrocedemos en el tiempo más variedad hay de culturas y gustos. A medida que avanzamos en el tiempo desaparecen.
Hubo un momento en la historia que el Señor tuvo que intervenir
«Vamos, edifiquémonos una ciudad y una torre cuya cúspide llegue al cielo; y hagámonos un nombre, no sea que seamos esparcidos sobre la faz de toda la tierra.»
Génesis.11:4
Esa declaración sugiere que llegar al cielo implica tecnología y un solo nombre, una sola forma de pensar, una cultura. Es la primera globalización de la que tenemos noticia.
El Señor la desbarató, era demasiado peligrosa. La globalización consigue que la humanidad que vive en una esfera tenga una cultura plana, desligada de la geometría de nuestro planeta y nuestra mente.
He aquí el pueblo es uno, y todos estos tienen un solo lenguaje; y han comenzado a edificar, y ahora nada los hará desistir de lo que han pensado hacer.
Génesis 11:6


Un inciso
Una sola cultura, un solo modo de ver las cosas, un solo relato es la planitud de la vida cuyo centro era Babel.
Así como la continuidad de la vida se sustenta en la variedad infinita de sus especies, su plan de salvación necesita diversidad de naciones. Sin embargo el nos mandó predicar su evangelio para la conversión de toda nación. ¿Por qué dispersar para luego congregar? Su plan continúa en el latido del Cosmos y sus movimientos.
El plan que conocemos es el máximo conocimiento que hemos recibido, pero no deja de ser una hoja de olivo en el inmenso bosque de su creación.
Como decíamos antes del inciso, el Señor no permitió que los descendientes de Noe, atentaran contra la curvatura de la fe. Las consecuencias de haberlo logrado serían las enseñadas por Lehi
«…si todas las cosas [fuesen] un solo conjunto…un solo cuerpo, habría de permanecer como muerto…»
2 Nefi 2:11
Las naciones y sus lenguas proveen el movimiento en los mecanismos de la historia.
El nuevo mundo plano
Estamos viviendo un momento crucial en la historia del mundo. Por primera vez desde Babel, tenemos la capacidad del recogimiento de Israel en Sión y del recogimiento del mundo en Babel. En ambas empresas utilizamos los mismos ladrillos, la tecnología, pero para hacer cosas muy diferentes.
La influencia de los algoritmos ha llegado a convertirse en una fuerza cultural por si misma (Kyle Chayka) En nuestros días no se está confundiendo el lenguaje sino que se están reduciendo los significados y como consecuencia disminuyendo el vocabulario. Los contenidos culturales cada vez se parecen más, la música, la comida, la literatura incluso la ropa se distribuyen mediante sugerencias generadas automáticamente. Nos evitan así el incordio de usar el albedrío.
La gratuidad de los contenidos en las redes no es tal. Acceder a esos contenidos requiere que estos se plieguen a los algoritmos de búsqueda y posicionamiento. Tal como comenta Kyle en su libro Mundofiltro, la distribución va conformando el contenido, una conclusión más refinada que la célebre frase de McLuhan.

Los algoritmos y la IA conforman un inmenso rastrillo que va aplanando la cultura de donde procedemos y la va reduciendo a la llanura intelectual donde nos asentamos.
Y aconteció que, cuando salieron de oriente, hallaron una llanura en la tierra de Sinar y se asentaron allí.
Génesis 11_2
Los grandes poderes con sus redes, están nivelando nuestra cultura, es decir aplanando el espíritu humano para hacerlo manejable. La fe es un obstáculo porque no pueden operar con ella pero si desprestigiarla.
La fe un motor de curvatura
En la sección 1 de DyC expone uno de los motivos de la restauración.
…para que también la fe aumente en la tierra;
DyC 1:21
La fe se parece a creer algo que no vemos. Todo lo contrario a un mundo plano, aceptar solo lo visible. En este sentido la fe en Dios y en su plan para nosotros, conforma una malla resistente a los esfuerzos de aplanar la realidad. La energía contenida en el pliegue natural de la fe es lo que nos impulsa como santos hacia el futuro.
Si no hubiese fe en la tierra, el ser humano no tendría la fuerza de vencer la apariencia de las cosas. Colón no habría enfrentado los temores del mundo plano y descubrir uno nuevo.
Os digo que pronto les hará justicia. Pero cuando venga el Hijo del Hombre, ¿hallará fe en la tierra?
Lucas 18:8
Para desentrañar el espacio y dominarlo fue necesario abandonar el bonito y familiar espacio plano de Newton y adoptar el extraño y antinatural espacio-tiempo curvo de Einstein. Para dominar éste hay que desechar los familiares motores a reacción basados en las leyes de Newton y empezar a estudiar la extraña solución de Alcuberre. A medida que profundizamos en la naturaleza nos familiarizamos con lo que no se ve a simple vista, con lo curvo y lo oculto. Y darnos cuenta como Moisés después de hablar con Dios
«…por el espacio de muchas horas Moisés no pudo recobrar su fuerza natural según el hombre, y se dijo a sí mismo: Por esta causa, ahora sé que el hombre no es nada, cosa que yo nunca me había imaginado.»
Moisés 1:10
La fe un motor de curvatura, educa a nuestra mente para aceptar cosas invisibles sin que ésta se fracture. Nuestro fundamento, que es Cristo, nos ayudó con su vida y su resurrección a confiar en un reino de los cielos que ha de venir. Pero necesita que haya fe en la tierra el día en que
… habrá silencio en el cielo por espacio de media hora; e inmediatamente después se
DyC 88:95
desplegará el velo del cielo, como un rollo que se desenvuelve después de haber sido arrollado, y la faz del Señor será descubierta.

La fe en la tierra y en especial la de los que preparan su venida, es un vector de fuerza para conseguir un gran milagro, desplegar el velo del cielo. Nosotros no somos sujetos pasivos sobre los que actúa su venida sino sujetos que actúan para ésta ocurra. Aportando la fe como motor de curvatura, capaz de alterar el espacio para éste se despliegue como un rollo.
La fe es un componente del sistema espacio-tiempo. Nuestra mente, nuestra alma son actores en el Universo, sino para establecer órbitas sí para, como la sal, aportar el elemento definitivo en la balanza de lo que ocurra. Somos un elemento exótico en el cosmos, pero vital para crear la espuma de sus aguas al golpear las rocas.
Como un grano de mostaza

Al igual que esa materia exótica, a la que apela Alcuberre, es necesaria para deformar el espacio-tiempo, la fe es necesaria para cambiar la realidad. No es solo un acto de nuestra voluntad sino el empleo de «filamentos» que llenan la inmensidad del espacio, que pueden hacer que una montaña se precipite al mar o devolver la vista a un ciego. Sin la fe el mundo se aplana y su geometría se empobrece.
De no estar la fe presente no se manifiesta la verdadera realidad.
«Y no hizo allí muchas obras maravillosas a causa de la incredulidad de ellos.»
Lucas 13:58
La fe es la especia que solo se puede adquirir en el segundo estado y podemos portarla con nosotros allá donde vayamos después. Sin ella no se consigue la ignición de la divinidad. Con la fe nos separamos de una etapa natural quemada, hacia espacios más abiertos.
Los únicos que se movían en el sueño de Lehi eran los que se dirigían al árbol de la vida. Se movían por la fe en términos absolutos. Todos los demás lo hacían en relación al espacio del rio, del edificio o en movimientos perdidos en el vacío, es decir el reposo.
La guerra y sus estrategias
Para mí está muy claro que lo que sucede hoy, es una extensión de la guerra de los cielos en el segundo estado. La afinidad de movimientos es semejante a la que hubo allí. El «no se perderá ni uno» de Lucifer es semejante al «hagámonos un nombre» todos iguales y a la vista de Babel.
Sin embargo el plan de salvación no esta hecho para el humano-promedio. No esta ejecutado por un algoritmo que busca la tendencia. Ese plan se diseñó para salvarnos uno a uno, cada uno con nuestro nombre y nuestra vida. No calcula la media estadística de nuestros pecados sino se aplica a cada persona y sus circunstancias. No hay manera de aplanar eso, es imposible. Solo una expiación infinita para todo el género humano e infinitesimal para cada uno de ellos, puede lograrlo.

La fe que se ejerce, la esperanza y la caridad las vemos como actitudes o virtudes. Pero son fuerzas independientes que lo modifican todo, cada una tiene un campo asociado. Para que Cristo vuelva es necesario desplegar el velo del cielo, es necesario que, en esta parte, existan las suficientes personas asociadas al campo de la fe, la esperanza y la caridad para horadar la parte que nos toca. En cierta forma necesitaremos un día, como pueblo, decir al monte de lo razonable que se precipite al mar.
» no lo podemos ver; pero cuando nuestros cuerpos sean purificados, veremos que todo es materia.»
DyC 131:8
Para multiplicar panes y peces, al menos hace falta un pez y un pan. La estrategia del adversario para evitar el cumplimiento de los tiempos, es precisamente que no los haya, que no sea posible cumplir las condiciones de su venida, unas son visibles y otras no.
Para eso nada mejor que no haya fe suficiente en el mundo. De esa forma viviremos en el mundo plano de Sinar, aquel donde todo se ve, nada se cree. Todo se sabe, nada está oculto. Todos a salvo, no hace falta un redentor.
Todos en la llanura de Sinar, esclavizados alegremente, junto a 5.000 amigos desconocidos, llevando cada uno nuestro albedrío envuelto en redes de arcilla y brea, todos bajo un solo nombre, Babel.
Sobre nosotros planeando un águila y en sus garras un algoritmo peinando nuestras cabezas, para que ninguna resalte. Todos iguales y todos salvos.
Y en la torre, que nos da nombre, se lee, «Perded toda esperanza no escapareis ni uno.»





Gracias Encarna, seguiremos en verano con dos trabajos en mente. Buen verano a ti también
Estaré pendiente.
Impresionante, como siempre.. Gracias David, por todas tus acertadas reflexiones. Me encanta leer tus artículos… varias veces
Buen verano!