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Palabras para reinas y sacerdotisas en asedio

Me dispongo a expresar palabras del sacerdocio para la mujer, que habita hoy en un campo de contienda en sus significados.
Cualquier materia o espacio que queramos comprender, antes hemos de tener las palabras que lo haga posible. Puede ser palabras, notas musicales, signos matemáticos o fórmulas quimicas. Sin el lenguaje es imposible comprender el mundo
Hace unos meses lei un comentario de Jose Maria Oliveira acerca de la mujer. Lo escribió en un post de Facebook que no logro encontrar. Tuve la impresion de escribir algunas palabras para nuestras reinas y sacerdotisas en asedio. Esto es lo que decía Oliveira

«Toda mujer tiene un ángel en su interior y desea que alguien lo descubra»

Desde que lo leí me sentí impresionado porque descubrió un espacio nuevo para mí. Esas sencillas palabras me revelaron algo nuevo que ya sabía, pero nunca las habia observado en el  nuboso firmamento de este mundo. Despertó en mí fuerzas atractivas hacia ideas familiares que ahora se esconden como herramientas antiguas.
Yo estoy influido en estos días por un espacio social y político como muchos de ustedes. Este espacio curvo rodea a la mujer de derechos, ideologías y nuevas leyes. Todo esto envuelto en un vocabulario tremendista, que en mi opinion, protege de tal forma a la mujer que cerca su naturaleza. La convierte en un proyecto inacabado de la historia, la salva a cambio de que acepte este lenguaje que no atiende a su realidad y constriñe su radio órbital en la vida.

reinas y sacerdotisasCuando leo «Toda mujer tiene un ángel en su interior» me sugiere lo no aparente, el misterio y la maravilla. Un ángel es hermoso, inesperado, mágico, único. «Y desea que alguien lo descubra» Su naturaleza es íntima no es pública, hay una censura natural de lo que realmente es ella y que aguarda a ser descubierta. Muy semejante a la censura cósmica. El Universo se envuelve en el misterio, en no ser percibido sino con esfuerzo, se esconde de la simple mirada, es pudoroso en mostrar su naturaleza. El Universo y la mujer comparten palabras en el gran y profundo espacio. Sin embargo en este pequeño mundo no hay ninguna de estas palabras para ella.

El ángel de su interior

Ese ángel del que habla el hermano Oliveira, se gestó en su infancia. Yo he conocido a las mujeres de la infancia, mi hermana Virginia y mi hija Alma. Ese genio interior se gestaba en los juegos infantiles, entre juguetes y mimos, entre cocinitas. Ahora hablar de todo esto es ofensivo y mal visto. Pero yo quiero pronunciar las palabras del sacerdocio para esos espacios vacios de nuestro mundo. Ocuparlos de nuevo con mi lenguaje y como dice Job

«Escuchadme, y hablaré yo, y que me venga después lo que venga.» (Job 13:13)

reinas y sacerdotisasEsos juegos infantiles tejian los sentimientos de la vida, la ternura, el amor, el cuidado por otros, el mantenimiento de la vida. Mi hija Alma muchas veces me alimentó con sus diminutos platos y tazas de su cocinita, todo delicioso. Sin embargo, de pequeño, yo no jugaba a dar bendiciones de sacerdocio ni a ministrar a los indefensos sino matar con mis pistolas y mi espada. El cambio en mi naturaleza ha sido adquirido en mi familia y en la práctica del evangelio. Mi ordenanza se realizó por la imposición de otras manos no las mías. Ellas, a diferencia, ejercitan esa naturaleza sin imposición sino con fluidez natural.

Ese ángel que toda mujer tiene en su interior, florece en ellas y toma forma corporal lo que antes era solo un juego. Y desea que alguien se asome con cuidado a sus ojos y recoja en los suyos la ternura de su infancia, sus esperanzas y anhelos.

El sacerdocio oculto

Cada mujer es una sacerdotisa de la vida, ordenada corporalmente con un poder sagrado solo un escalon por debajo de la Madre Celestial. No necesita ser llamada por profecia e imposición de manos porque ya vienen con un sacerdocio innombrado al nacer. Su constitucion divina la hacen espiritual por naturaleza y son por lo general pacificadoras y protectoras.
En el sueño de Lehi, Lehi llama a su familia en alta voz desde el árbol, ejerciendo de forma visible su sacerdocio, su acción es lineal y manifiesta.

La actividad del hombre-sacerdote no tiene una continuidad en el tiempo. Lehi recuerda a su familia cuando come del fruto, no es su actividad de una persistencia constante. Su atención a su familia no es circular sino punto a punto. Su atención es captada por el edificio, árbol, sendero, barra… su mirada va de allí para acá; porque explora.

reinas y sacerdotisasSaríah, la mujer retiene en su atención la visión perfecta del entorno familiar y lo juzga todo en función de esa membrana invisible que rodea a su familia. Su atención es circular porque este es su mundo, no pierde de vista a ninguno de ellos. Incluso Lamán y Lemuel andaban por allí pero Sariah se asegura que estén lejos del río.
El lazo que la une a su familia es más intenso, porque parte de su interior, han nacido de ella misma. Al igual que su cuerpo, lo evidente de su naturaleza está en ese ángel interior que es invisible a la vista. Su papel en el evangelio, tiene un componente oculto mayor que el del hombre, pero más persistente y profundo.

Si no conociéramos a Dios ellas ocuparian el lugar de nuestra adoración y a través de ellas presentiriamos el cielo. Encontramos las ocho bienaventuranzas facilmente en ellas.

Palabras para ellas

Estas son mis palabras del sacerdocio reservadas para la mujer. Y en especial para aquellas que han sido ungidas para ser reinas y sacerdotisas del más alto Dios. No obstante, nuestras propias palabras de adoración hacia ellas, no deberían esperar a tiempos venideros sino que deberían empezar ya, porque ellas ya ejercen de sacerdotisas de la vida y su conservación. En ese oficio enseñan a los varones lo que significa perseverar hasta el fin y magnificar un llamamiento. El llamamiento de tener un hijo, ellas lo elevan al de ser madre para siempre según el orden de su sacerdocio.

Reinas y sacerdotisas en asedio

No hay mayor afrenta para el destructor que ellas. Ellas representan el plan de salvación en su mayor expresión. A través de su desinteres, de su sacrificio y desde su ángel interior, recibimos los cuerpos físicos. Se requiere una constitución especial para cumplir esta parte del plan. El destructoir nunca tendrá una madre que lo envuelva en pañales, que lo bese y acaricie. Nunca tendrá a nadie dispuesto a dar su vida por él.
Él nunca tendrá una madre en Belén.

Por eso la mujer a menudo recibe violencia por ternura, palabras hirientes por sentimientos delicados. Ellas tienen en su interior los hilos de la vida y bordan desde temprano para el futuro hogar con colores que no vemos porque tienen en sus ojos un iris celestial.
El destructor lo sabe y demuestra celo formidable en destejer esa investidura natural que las envuelve, en desgarrar su angel interior con la violencia de las nuevas palabras. Esas palabras de oscuro origen, están envueltas en agradadable apariencia. Pero su interior es acerado y sin compasión. Se convierten en cuchillos para su propio cuerpo.

El destructor desprecia el camino del corazón, el que une a la madre y al hijo mucho antes de que se toquen, antes de ser concebido. Cuando el niño habita en sus pensamientos y en los de nadie más, solo en ellas. Por eso la esperanza en este mundo es mujer como ellas.

Esto aprendí

La mujer de mi vida me enseñó esto. Pero tardé en aprenderlo, podría haber sido  más sabio solo observando su ministerio oculto. Como el Salvador, ella multiplicaba los panes y peces que yo traía a casa y los convertía en un hogar, un lugar de seguridad y recogimiento. Ella encontraba el dracma perdido y apartaba la cizaña de la puerta de nuestra casa.

Ellas son el misterio cotidiano, que por estar ante nuestros ojos pasa desapercibido. El hombre debería ser pulido por la suave creencia de ellas. El Señor no permite que tengamos su Espíritu si antes no tenemos el suyo de nuestra parte.

Ellas no tienen por qué aspirar a otra naturaleza que la suya, una naturaleza que se confunde en la intrincada trama de la creación.

Los tiempos sin esperanza

A medida que el mundo deja de apreciar su ministerio oculto, decrece la esperanza. Ellas, que son la vida, sufren el menosprecio del mundo hacia su angel interior. El tiempo en su telar se acorta y voces le urgen desde la planta baja de su domus para que se entregue a otros afanes.
Hay una apostasía más profunda que la conocida por todos. La pérdida de la mujer como tal. El enconado esfuerzo en la igualdad en todo orden para así borrar cualquier indicio de los cielos. Si la perdemos a ella, perdemos a la madre y a la esposa. Perdemos a la intuición, la paz y seguridad, la estabilidad…a su angel interior. Abandonamos el camino del corazón y comenzaremos, como ya empiezo a ver, a preguntarle.

«Estos son mis panes y peces, ¿Dónde están los tuyos?»

Es la pregunta torpe de alguien que solo ve en ella la imagen especular de un varon de distinto sexo. Es la desecación de las antiguas palabras que ahora nos traen el nuevo reino de la pobreza del alma moderna.

En estos dias, el tiempo en su telar se acorta y voces le urgen desde la planta baja de su domus para que abandone su naturaleza y se entregue a otros afanes. Pero ella espera a un Ulises que sea sabio y sepa usar el arco de su sacerdocio en defensa de su casa.
Ningún reino vale lo que su hogar, esto aprendio el hombre
errante.

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3 COMENTARIOS

  1. Muy buena reflexión sobre ellas, me parece hermoso todo lo que dice. Lástima que muchas mujeres de hoy en día con tanta confusión y con el movimiento feminista, aclaro, no feminismo que es defender su bienestar y pide los mismos derechos que el hombre. Las feministas, es el otro extremo al machista, la que destruye. Ellas mismas se degradan, apoyan el aborto, desprecia al hombre e incluso formenta el lesbianismo. En la iglesia sin ánimo de criticar o buscar contención, existen hermanas que son dadas a ser feministas, por eso hay tantas solteras. Espero que la iglesia aconseje o corrija tales comportamientos al igual que hace con los hombres. Un saludo.

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