martes, diciembre 6, 2022
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Oh escuchadme amigos míos!

Oh escuchadme amigos míos. Hace muchos años, tantos como veinte, conocí a dos niños, eran primos. Una vez una mañana de verano se dijeron uno al otro algo como esto:

«Debemos ser un ejemplo para nuestros primos y hacer las cosas bien para que nos vean y ellos hagan lo mismo»

Esos dos primosTendrían diez u once años. Después hicieron cada uno una misión y siguieron con sus estudios y trabajos en la ruta de la vida.
A veces creo que cada escena en la vida es un cuadro en el gran museo del Universo. Aunque el evangelio solicita perseverar hasta el fin, no obstante, cada gota del rio alimenta las plantas de su orilla, a cada paso el arroyito da vida sin calcular si le faltará para llegar al mar.
Esos dos muchachos de once años, vivificaron mi esperanza y la de otros muchos. No está bien olvidar el agua fresca que tomamos en nuestra mano un día de Sol, solo porque ya se fue de nuestra vista hacia el horizonte.

Oh escuchadme amigos míos, seamos agradecidos por el agua pasada de los ríos.

Me dirijo a vosotros mis amigos

Conocí a Agustín (nombre ficticio) en Sevilla antes de bautizarme en 1976. El me instruyó en lo básico de la iglesia. Para mí era un referente y le tenía gran aprecio. Un día vino a mi casa con Meri (nombre ficticio), nos regalaron y dedicaron un libro «Elementos de la Historia de la Iglesia» Lo leí con sumo interés y fue una de mis fortalezas en un tiempo difícil. Para mí fue algo increíble que ellos se tomaran el interés de venir a mi casa a darnos ese regalo. Ellos simplemente mostraron su amor y nos animaron a que fuésemos fieles en el evangelio.Oh escuchadme amigos míos
Agustín dejó la iglesia poco a poco hasta que supe en la misión que ya no asistía. Eso me dolió bastante, no entendía por qué y puedo decir que hasta me enfadé con él. Sin embargo atesoro esa escena donde los dos sonrientes se sientan en el salón de mi casa y nos entregan el libro.
Ese momento, aunque pertenece al pasado, no ha desaparecido porque lo recuerdo y lo atesoro. Cuando «el tiempo [deje]de ser» (DyC 88:110) todo ello será presente en la gran escena futura. Y nosotros con la memoria y la emoción conservada participaremos en el gran hoy donde ni un solo cabello se perderá.

La vida de cada persona es un urna sagrada. Solo desvela su cincelado más íntimo ante su Creador, ni siquiera el que la porta conoce todos sus rincones. Él nos conoce mucho antes de que naciéramos. 
Me dirijo a vosotros mis amigos, los que os fuisteis de Israel, no obstante a su casa pertenecéis.

Oh escuchadme amigos míos! no olvidemos a nuestros amigos

Un brisa sutil en la memoria

Yo venía de un catolicismo moderado. Iba a misa de vez en cuando y leí la biblia de pasta a pasta por primera vez con catorce años.
Cuando me bauticé escuchaba con frecuencia «Yo sé…yo sé» sin embargo yo venía del «Yo creo» Esa Iglesia con nombre tan extraño la habitaban gente singular. Me atrajo su atmósfera, que además de los gases conocidos contenia eternidad.

Alli en Alvarez Quintero
Capilla en 1976 en Alvarez Quintero de Sevilla

La sensación era nueva, extraña y estaba localizada tanto en aquel edificio de Alvarez Quintero en Sevilla como con los misioneros en casa, ya que ellos la portaban. Era la misma atmosfera con aquel elemento de eternidad añadido, nuevo y extraño. Sé lo que digo y tu tambien Agustín y Meri, solo había que sentarse en aquella capilla y guardar silencio un instante, simular que estábamos distraidos… y allí estaba, rodeándonos, respirándola ¿os acordais? Atravesaba Sevilla con mi bicicleta solo para ir allí y sentirlo.
Esas primeras impresiones que velan el alma son inolvidables. La sensación era la de un empellón de brisa eterna. Hay que ser leales a la memoria, aquello existía y yo lo sabía. Era una brisa que venia de detras del velo, una brisa que soplaba… sí en el alma.
Oh escuchadme amigos míos!

Hay que trazar con compás y regla el testimonio de la memoria, en la hoja limpia y blanca de la verdad, hay que ser leales al pasado para caminar sin engaño en el presente. Para que cuando el tiempo deje de ser, el presente de la memoria no nos acuse de olvidarlo.

Mi primer llamamiento

Al poco tiempo me llamaron como Pte. de la AMM. Yo no sabía qué era eso, pero Agustín tú te encargaste de enseñarme. Me esforcé, pero solo gané la crítica y la enemistad de algunos miembros que consideraban que yo no era un candidato apropiado para el cargo (y tenían razón, créanme)

Con quince años, era aun algo tierno y me sentí fatal por no dominar el «mormonismo» de ese tiempo como hacían aquellos expertos, me sentía torpe e incompetente.
Pruebas en la iglesia, desplantes los tuve entonces y después. También yo, seguramente los he provocado, como leemos en Salmos:

«¿Quién puede discernir sus propios errores? Líbrame de los que me son ocultos.» (Sal. 19:12)

El Señor me cuido tiernamente durante mucho tiempo esperando la ocasión donde me centrara en lo que realmente importa, en Él. Pero yo no era consciente de tal cosa, yo creía en un Dios que habitaba en una Iglesia. Solo me he dado cuenta al final de la verdad, con la perspectiva gradual que da el tiempo. Se necesita el espacio-tiempo para construirla y eso se provee con generosidad en el plan de salvación.

Oh escuchadme amigos míos!Pero me costó, tuve que desbrozar los intereses naturales que me acompañan como el de la importancia personal o el de justificarme. Aun lucho con eso, no crean, pero ahora los identifico con facilidad, aunque se camuflen en las diversas situaciones. Ya no soy capaz de engañarme como antes, sin embargo me trato con cierta condescendía, a menudo me sonrio de mis defectos aunque otras veces me exasperan.
Con el hombre natural, ese inquilino de renta fija, es mejor llegar a una entente de no agresión porque va a acompañarnos toda la vida.
Lamento decir que en ocasiones participo en el plan de salvación, como secretario en el comité de «La oposición en todas las cosas», soy muy eficaz. Cuando me doy cuenta, pido el relevo y vuelvo en mí para empezar de nuevo.

Oh escuchadme amigos míos!! es mejor no resistirse y ser humildes aunque seamos obligados a ello.

De espaldas al cielo

En una ocasión cogí mi bicicleta y me fui al campo un domingo temprano por la mañana. Era maestro de la clase de electos, se suponía que era yo quien debía persuadir a los investigadores a venir a la Iglesia. Sin embargo, esa mañana la clase peligraba, el maestro decidía tumbado sobre una roca mirando a las nubes, si ir a la Iglesia o seguir en la escuela de Hatha Yoga donde asistía desde hacia años.Oh escuchadme amigos míos!
En ese momento, esas dos opciones eran de igual nivel para mí, ¿pueden creerlo?
Sin embargo esa escena de mi vida estaba mal planteada. En realidad estaba escogiendo entre mi Padre Celestial y Serge Raymond de la Ferrier, fundador de la escuela de Yoga. Estaba situando al mismo nivel de importancia a los dos. Yo no lo sabia, pero mi Padre Celestial sí y no me fulminó.

Aun así, fui amorosamente soportado y llevado con paciencia por un Dios compasivo. Esa mañana decidí seguir «sufriendo» y dar mi clase en la Escuela Dominical que tenia Dios en su Iglesia. Llegué justo a la hora y recompuesto.

De cara a las nubes

De cara a las nubes y de espaldas al cielo seguí en su iglesia, que es como muchas veces le abandonamos.

Tomé la misma decisión en otros asuntos que me atormentaban, contrariando a amigos, familia, ofensas, razones y a veces deseos. Mi testimonio no era impresionante. Fui sostenido por su providencia de maneras no evidentes entonces. Pero al perseverar obstinadamente, he tenido tiempo de realizar un trazado de la perspectiva de mi vida y ver su amoroso cuidado. Cuidado asombroso y totalmente inmerecido.
No, no tengo nada de qué jactarme.
El me ha rescatado de situaciones peligrosas, donde estuve en contra de su consejo. Me ha librado de mis torpezas de tal forma que me asombra. Sé que somos sus hijos, pero hubo una ocasión que me sonrojó decepcionarle.

Oh escuchadme amigos míos!! daos tiempo para ver su mano en vuestra vida, su trazado es amplio.

El yugo ligero

He sentido la mayor parte de mi vida como miembro, que hay un abismo entre lo que la Iglesia espera de mí y lo que hago. Pocas veces he podido acercar esas dos líneas. El reproche interno que puede producir eso es penoso de soportar. Pero el esfuerzo de llenar esa medida de excelencia sugerida es agotador. Nada de lo que hagamos es suficiente porque siempre hay tareas y deberes pendientes.
Entonces la iglesia se convierte en un yugo pesado de llevar.

Oh no olvideis amigos míos!Sin embargo Él es sobre todo un Padre no un jefe de servicios. Podemos mostrarle cariño y buscarlo, aunque seamos imperfectos o algo peor.
De niño yo buscaba a mi abuelo Manuel para estar con él no para enseñarle mis buenas notas, nunca fui a mostrarle un diez (no recuerdo si tuve alguna vez un diez)
Los padres y abuelos de este mundo se dejan querer por sus hijos o nietos. Algunos de ellos pueden ser un desastre, pero se dejan querer por ellos y aquellos que son listos y disciplinados quizás se ofendan por esa manipulación sentimental. Pero ¿quién va a quererlos si no? Todos necesitamos un respiro donde alguien se deleite con nosotros.
El plan de salvación es experto en enseñarnos a todos el duro precio de vivir. Pero ¿quíen enseñara el amor del abuelo o de la madre?

Cuando visitaba a mi abuelo Manuel me sentia libre de decir, preguntar y reir. La familia no era una carga con él.
Oh escuchadme amigos míos.
Muchos se fueron de la Iglesia pero antes se fueron de Dios. Y solo les quedó un yugo difícil de llevar.
El nos escuchará, como nuestro papá o nuestro abuelo. Se sonrie de nuestras simplezas, se deleita en que lo busquemos y hasta creo haberle escuchado reir. Acaso es mejor nuestro abuelo que Él.

El Padre pródigo

A veces creemos que nuestros errores nos impiden buscarlo en oración. Pero olvidamos las colinas de los padres y madres de hijos pródigos, son innumerables y forman cordilleras. Todos esos padres cumplen a la perfección el llamamiento de esperar y amar, fueron llamados desde antes de la fundación del mundo para eso. Comparten esa tarea con el Padre Celestial que tambien espera allá en el monte de los cielos.
Allí los esperan a éstos que han gastado con prodigalidad el tiempo concedido en lo frívolo del mundo.
El hermano del hijo pródigo, ofendido, confundía al padre con la hacienda y los becerros gordos. A veces nosotros confundimos al Padre Celestial con su Iglesia. Pero nuestra relacion con Él es mucho más antigua que su Iglesia. Y la del hijo pródigo preeminente a los becerros y manadas de su padre.Oh escuchadme amigos míos!

Cuando el hijo pródigo volvio a casa en busca de alimento y protección, no buscaba a su padre. El se veía indigno de ello, pero al menos comería caliente.

«¡Cuántos jornaleros en casa de mi padre tienen abundancia de pan, y yo aquí perezco de hambre!» (Lucas 15:17)

Empezamos el camino para ser humildes siendo obligados a serlo. No importa nuestros motivos, no importa ni siquiera si somos sinceros. Él Padre conoce todos los granos de mostaza del mundo, incluso el nuestro. Sabe el valor de un pequeño destello en medio del vacio del Cosmos porque tuvo que llamar a la luz desde la profunda oscuridad.

«Entonces, se levantó y fue a su padre. Y cuando aún estaba lejos, lo vio su padre y fue movido a misericordia, y corrió, y se echó sobre su cuello y le besó.» (20)

Oh escuchadme amigos míos!

El Salvador no describe ese movimiento en ambas partes sino solo en la del Padre. Fue «movido a misericordia», eso es lo que encontraremos al acudir a Él. «Y corrio», así de pronta será su respuesta. Y se echará «en nuestro cuello», por donde circula la vida intensa y el vigor de nuestra alma.
Cuando alguien abandona la Iglesia, cree que ha hecho lo mayor, que ha tomado la decisión suprema. Pero se equivoca, atrás dejó su anillo de ciudadanía en Israel. Olvida la túnica de sus ordenanzas, hiladas con el amor de su Madre Celestial para abrigralo en el mundo triste y solitario… para que mi niño no pase frio.

Oh no olvideis amigos míos!Olvida como sus padres celestiales lo lavaron en el agua bautismal para estar limpito y fresquito en casa. Con el mismo amor que yo lavaba a mis hijos en aquella bañera de la casa de su infancia cantando «los patitos en el agua». Que paz verlos relucientes y tranquilos, oliendo a jabon y colonia.
Ellos nos quieren así, nuestros padres en el cielo.

Ahora Nati y yo y vosotros…conservamos nuestra casa familiar, como refugio y herencia para ellos. Un pequeño reino trabajado durante años.
La hacienda del Padre Celestial trabajada durante muchos giros eternos…¿no la queremos?

Oh escuchadme amigos míos. A pesar de toda decisión que tomeis no lo olvideis a Él, orad en secreto, ¡Él disdfruta tanto de esos momentos!

Obligados a ser humilde

Siendo un padre joven yo también quise construir un reino. Mis socios y yo fundamos Telebase S.L. Durante 4 años trabajamos en servicios de diseño Web y como nodo de conexión a la red a nivel nacional, éramos buenos, vaya que si. Todo marchaba bien hasta que nuestro mejor cliente nos hizo una oferta de compra. Realmente era una oferta hostil no dio muchas opciones. No obstante resultó lucrativa y salí muy feliz de la operación.

Nati y yo nos reunimos para planear el uso de ese dinero. Como era nuestra costumbre apartamos el diezmo. Así lo hicimos y no hubo más que hablar. Pero en mi interior habia un malestar mudo, no expresado.
Oh escuchadme amigos míos!Nunca lo habia experimentado, pero aquella era una cantidad importante. Me sentí mal por sentirme así, crei que el mandamiento del diezmo era algo superado en mi caracter, pero me equivocaba. Pensaba, ya que iba a obedecer ¿por qué no hacerlo con alegria o satisfacción? Yo lo intentaba pero no funcionaba. Habia encontrado mi naturaleza.

Si no hubiese estado en la iglesia, no me conocería tan bien. Yo pensaba que era una persona generosa hasta que conocí mis límites. El mandamiento tiro de mí como la necesidad del hijo pródigo, me arrastro la necesidad de obedecer y ser humilde a la fuerza. No no tengo nada de que jactarme.
Sin la Iglesia, Dios lo tendría más dificil para educarnos. Tengo la certeza absoluta que si no hubiera sido miembro nunca habría empleado el 10%  de la venta de mis acciones en obras humanitarias.
Tan compasivo es Él que siempre nos espera en esa colina a que aprendamos a volver.

Oh escuchadme amigos míos!! En la iglesia encontrareis gente imperfecta pero sin ella no podemos perfeccionarnos.

¿Por qué estoy diciendo estas cosas?

Hace unos días Nati y yo hablábamos de parientes y amigos que dejaron el evangelio. Compartíamos el dolor por su alejamiento de la Casa de Israel. Ella me dijo que podría hablar con alguno de ellos, sin embargo en esta ocasión, me es más facil escribir que hablar. Prefiero que me escuchen en su mente, llegar a su interior a través de sus ojos y que allí pongan voz a mis palabras.

Oh escuchadme amigos míos!Mi Padre Celestial me ha llevado estos años, me ha sostenido incluso en contra de mis obstinaciones. Algunas intervenciones han sido milagrosas, para decir ¡Madre mía!
Ha intervenido personalmente cuando estaba a punto de ceder ante mi inquilino natural, sin Él yo no tendría nada, sería una caña seca en el barro.
Sin embargo la mayoria de milagros solo son visibles trazando una perspectiva. Para que te des cuenta y puedas maravillarte como yo, has de darle tiempo. El habla despacio cuando obra sobre tí, lo hace en gran longitud de onda. Por eso puede ser invisible o inaudible en corto.
En la iglesia nos sostenemos unos a otros, nos probamos a ver de qué estamos hechos. Es una gran ayuda para observarnos de cerca, nos damos tiempo para volver a casa.

Aquella roca

A medida que cumplo años, quedan más patentes mis errores y defectos. No me gusta el precio (cumplir años) pero gracias a eso uno se consuela en ser mayor si a cambio se recoge ese fruto de conocimiento. Ese adolescente de mi interior reacio a desaparecer, que me pone en aprietos con un sentido del humor extraño, lo observo con afecto. Él fue quien me trajo hasta aquí desde aquella roca donde me recostaba trastabillando en la mente los problemas.
Oh escuchadme amigos míos, algo que aprendí hace mucho y me lo enseñó Benjamín:

«Y ahora bien, en primer lugar, él os ha creado y os ha concedido vuestras vidas, por lo que le sois deudores.
Y en segundo lugar, él requiere que hagáis lo que os ha mandado; y si lo hacéis, él os bendice inmediatamente; y por tanto, os ha pagado. Y aún le sois deudores; y lo sois y lo seréis para siempre jamás; así pues, ¿de qué tenéis que jactaros?» (Mosiah 2:23-24)

Creo que mis Padres del cielo solo advierten un pequeño rizado en el océano de la humanidad, pero conocen cada ondulación por su nombre. Nos aman, pero ¿acaso no sería mejor que se complacieran de vez en cuando en sinceras y alegres oraciones?

 

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