El alfa y la omega o el padecimiento sin fin sección 19

Estoy debajo de un granado del que esperamos fruto hace más de seis años. Fue un regalo  de nuestros  amigos  Bartolomé e Inés. Quise cortarlo varias veces, pero pensaba «quizás el próximo año». Ahora tenemos granadas como la que ven en la imagen. Espero que maduren y podamos probarlas, aunque su aspecto actual no invita todavía a eso.

Acercarnos a las escrituras es algo parecido. Acudimos a ellas vez tras vez esperando encontrar los frutos que guardan. A veces si y otras esquiva nuestro deseo. Nos hace esperar.

El alfa y la omega
quizás el próximo año

Cuando lo podaba, buscaba la forma de un árbol ornamental, de jardín. Dejaba las ramas más fuertes buscando la forma decidida en mi mente. Este año no lo hice, perdí el interés y ha sido cuando esta dando frutos. Mi excesivo interés en su crecimiento no consiguió nada. Cuando lo deje entonces me dio. Parece que hemos empezado a conocernos.

Tengo que esforzarme cuando estudio las escrituras. Tengo que desprenderme de la forma de pensar de afuera. A veces es difícil, no lo consigo y entonces solo puedo leerlas. Las escrituras requieren lo mismo que entrar al templo. Y el fruto no siempre viene cuando queremos. Pero cuando ocurre, te sientes rico, nada te satisface más en el mundo. Es un logro inigualable, conforman tu tesoro personal.

Cuando buscamos en ellas algo ornamental, no lo hallamos. Si queremos que adopten nuestra forma o vana ambición nos esquivan. Cuando apresurados, les urgimos a que nos digan algo nos dejan con mirada indiferente.
Al igual que con el granado solo podemos acercarnos y cuando ocurra maravillarnos y dar gracias.

«El viento sopla por donde quiere, y oyes su sonido; pero no sabes de dónde viene ni a dónde va; así es todo aquel que es nacido del Espíritu.» (Juan 3:8)

El redentor

«Yo soy el Alfa y la Omega, Cristo el Señor; sí, soy él, el principio y el fin, el Redentor del mundo.
Habiendo ejecutado y cumplido la voluntad de aquel de quien soy, a saber, el Padre, tocante a mí —habiéndolo hecho para sujetar a mí todas las cosas»

El alfa y la omega o el padecimiento sin fin
conocerlas a ellas es acercarnos a él

Una forma de adoración es estudiar sus palabras, porque él las escoge de entre muchas. Cada una es una huella de sus pasos, por eso conocerlas a ellas es acercarnos a él. No me extenderé en el poder y elegancia de estos dos versículos. El lector podrá reconocerlo al pasear en ellos.
El versículo 1, con sus cinco frases se asemeja a las coplas de Jorge Manrique (ABCAB) casi toma la forma de un quiasmo, donde reafirma en su parte central «sí yo soy él» Jehová el poderoso. Su identidad es el centro de la afirmación.

Usando la palabra Redentor nos enseña mucho. Esta palabra viene del latín redemptor (rescatador). La raiz del verbo es redimere (rescatar, recobrar algo vendido o empeñado) El prefijo red nos indica volver hacia atrás en el verbo emere (tomar, obtener, comprar) Esta palabra nos muestra alguien que rescata algo o alguien perdido obteniendo o volviendo a comprar.
Hay una partícula en esa palabra importante: tor. Es un sufijo de agente, realzando que ejecuta la acción de la redención. Por lo tanto al terminar ese versículo 1 con la palabra Redentor y no redención, el Salvador declara que «sí yo soy él». Y bajo su luz también vemos la sombra de esas palabras: «No, no hay otro».

El ejecutor y escogido

Nunca he visto a nadie hablar de sí mismo con tanta naturalidad, pero con semejante poder y dominio del lenguaje.

El alfa y la omega o el padecimiento sin fin
Habiendo ejecutado y cumplido

En el versículo 2 nos encontramos toda la intención de sus palabras al decir «Habiendo ejecutado y cumplido…» Esto va en armonía con la palabra Redentor (tor) y su carácter de agente de la redención del versículo anterior.
Quizás el lector piense que es excesivo llegar hasta este punto de detalle en la lectura, sin embargo más adelante veremos la cuidadosa elección que hace con sus palabras. Con toda la intención resalta que es él quien llevo a cabo nuestra redención.

En contraste a estas palabras de poder ejecutivo resalta a continuación la fuente de donde procede «la voluntad de aquel de quien soy, a saber, el Padre» (2) Da la sensación al leer esto  que la elección hecha por el Padre obedece a dos razones: la necesidad de un Salvador, pero también a un plan personal, que no solo lo define su relación con nosotros como Redentor, sino a su intimidad con el Padre como hijo.
El siempre habla de su Padre, nos sugiere lo excelente que es contar con su amistad. Conocerlos a ellos dos, contar con su aprobación, su vecindad…podría ser nuestro deseo secreto. Podría ser nuestro granado cultivado en el lugar oculto. Tan solo la idea de ser admitido en un círculo familiar de tal calidad. de tenerlos por amigos,  nos acerca un poco más a ellos.

Sin fin

El alfa y la omega
porque yo, Dios, soy sin fin

A partir del versículo 4 da comienzo a lo infinito «porque yo, Dios, soy sin fin.»
En los versículos 6 y 7, el Señor nos muestra la importancia que da a las palabras. Habla del castigo.
«Sin embargo, no está escrito que no tendrá fin este tormento, sino que está escrito tormento sin fin…» (6) las dos negaciones consecutivas generan algo de confusión. Entonces él declara en el 7

«Además, está escrito condenación eterna; de modo que es más explícito que otras Escrituras, a fin de que obre en el corazón de los hijos de los hombres, enteramente para la gloria de mi nombre.»

El nombre condenación y el adjetivo eterna no necesitan los adverbios de negación ni la preposición sin anteriores. El afila su espada, por eso aclara que «es más explícito que otras Escrituras» ¿con que intención? «a fin de que obre en el corazón de los hijos de los hombres»
De modo que sus palabras no solo enseñan, sino que obran en el corazón para la gloria de su nombre que es el de Redentor del mundo. Por eso consigue que su «palabra  [sea] viva y poderosa, más cortante que una espada de dos filos…por consiguiente, presta atención a mi palabra.» (DyC 12:2) Esto es, tanto a su espíritu semántico como a su cuerpo gramatical.

Los estamentos

Hasta el versículo 13 hay una clara intención en que entendamos que él es sin fin. Por lo tanto todo aquel que se acerque o que se aleje de su influencia ha de entender que la posición escogida será sin fin. Los estamentos de los mundos venideros son cerrados. Hay ministración entre ellos pero no promoción ni ascenso.
Al parecer esta vida determina un segmento de nuestro desarrollo espiritual y físico sin posible reparación o réplica en el futuro. El futuro de cada cual depende de su constitución y no tanto de sus preferencia o deseos. En esa ocasión venidera, una vez que la misericordia y la justicia se congracien en nuestro caso, la resultante será estar dotados o no.

El alfa y la omega o el padecimiento sin fin

«así que, te mando que te arrepientas; arrepiéntete, no sea que te hiera con la vara de mi boca, y con mi enojo, y con mi ira, y sean tus padecimientos dolorosos; cuán dolorosos no lo sabes; cuán intensos no lo sabes; sí, cuán difíciles de aguantar no lo sabes.» (15)

cuán difíciles de aguantar no lo sabes

El estudio y la medición del dolor  considera su intensidad, frecuencia, discapacidad producida e influencia en el reposo. Al valorar estos parámetros las clínicas del dolor pueden establecer un tratamiento para el paciente.
El señor en la sección 19 comenta algunos aspectos de su padecimiento. La palabra padecer viene del latín pati (sufrir, soportar y tolerar) con el sufijo mentun ( indica el proceso en el tiempo que expresa el verbo) Por lo tanto el Señor sufre no solo un dolor sino su extensión en el tiempo, un padecimiento. En el versículo 15 vemos sus características

  • Cuan dolorosos no lo sabes
    Vemos su extensión, su masa podríamos decir
  • cuán intensos no lo sabes
    La cantidad de dolor por unidad de tiempo
  • cuán difíciles de aguantar no lo sabes
    Y aquí el tercer factor, aguantar es sostener una carga y su intensidad, durante un tiempo dado.

Casi está describiendo un espacio tiempo dentro del alma.

El efecto del dolor

De forma sorprendente, la descripción de la sección 19 se adelanta siglos al estudio científico del dolor.
Lorimer Moseley de University of South Australia, es un científico del dolor, con experiencia en fisioterapia, neurociencia y psicofisiología. Nos detalla algo de su investigación :

«Pero lo que es notable es que el problema (dolor) afecta el espacio alrededor del cuerpo, así como el propio cuerpo»

«La similitud potencial entre nuestros hallazgos y la distorsión espacio-tiempo predicha por la teoría de la relatividad es definitivamente intrigante»

“Obviamente, aquí no se distorsiona el espacio externo, sino la capacidad del cerebro para representar ese espacio dentro de su circuito neuronal. Este hallazgo abre un área completamente nueva de investigación sobre la forma en que el cerebro nos permite interactuar con el mundo y cómo esto puede ser interrumpido en el dolor crónico». (Chronic pain distorts sufferers’ sense of space and time)

La flecha del tiempo en Getsemaní

El alfa y la omega o el padecimiento sin fin
volver a un orden mediante el arrepentimiento

Hay una simetría psicológica del espacio y el tiempo en nuestra mente. La percepción del espacio-tiempo por nuestra mente sufre distorsiones a causa del dolor semejantes a las producidas en el espacio-tiempo por una masa. Esta idea novedosa  nos ayuda a atisbar el padecimiento del Salvador.
El sentido de la flecha del tiempo es del pasado hacia el futuro, el mismo que la entropía del Universo. Esta ley de la termodinámica, dice que todo tiende al máximo desorden. Podemos observarlo en nuestros hogares, por mucho que nos esforcemos el desorden parece venir solo. Es necesario un esfuerzo permanente.

Sin embargo en la expiación se abrió una vía para que el desorden de las almas y sus actos en el pasado y el futuro puedan, en contra de la entropía volver a un orden mediante el arrepentimiento.
No hay científicamente una razón para no revertir el sentido de la flecha del tiempo. Pero eso se hizo por primera vez en Getsemaní, no se ha conseguido aun en un laboratorio.

El tiempo y el espacio en Getsemaní

De acuerdo con Moseley, y aun con nuestra propia experiencia, el dolor altera la percepción del espacio circundante al que lo sufre y también altera su percepción del tiempo.
El Señor al comienzo de la sección 19 abunda en la idea de sin fin. El es sin fin, el redentor. A continuación describe la experiencia de un sufrimiento para alguien de naturaleza eterna. Un dolor extenso, intenso y difícil de aguantar. Hasta el punto de que

«hizo que [él], Dios, el mayor de todos, temblara a causa del dolor y sangrara por cada poro y padeciera, tanto en el cuerpo como en el espíritu, y deseara no tener que beber la amarga copa y desmayar» (18)

El padecimiento fue permanente en todas estas horas, pero hubo picos de dolor como en Getsemaní. Estos son los sucesos de manera aproximada.

  • Jueves 20:00 La ultima cena
  • Jueves 21:00 Oración en Getsemaní
  • Jueves 23:00 Beso de Judas y arresto
  • Viernes 01:00 En casa de Anás
  • Viernes 02:00 Ante Caifas
  • Viernes 05:00 En el Sanedrín
  • Viernes 06:00 Ante Pilatos
  • Viernes 07:00 Enviado a Herodes
  • Viernes 08:00 Devuelto a Pilatos, condenado y azotado
  • Viernes 09:00 Camino al Gólgota
  • Viernes 12:00 Crucifixión
  • Viernes 15:00 Jesús expira en la cruz

Un observador externo

Porque no experimentamos ese dolor

Para poder catalogar el grado de dolor de una persona a veces se necesita un observador externo. En este caso Juan como testigo ocular nos narra el transcurso del padecimiento de Cristo durante 19 horas. Nosotros al leer, realizamos una copia en nuestra mente de este relato. Pero no alteramos nuestro espacio y tiempo. Porque no experimentamos ese dolor.

La relatividad general nos muestra que la geometría del espacio se deforma cuando hay una masa. Su geometría pasa de ser plana a ser curva. La deformación es mayor cuanto mayor sea la masa. Asimismo, el tiempo, íntimamente unido al espacio, se ralentiza cuanto mayor sea la gravitación, es decir la deformación del espacio producida por la masa. Esto es tan real que los satélites del sistema GPS, tienen en cuenta este efecto relativista.
Nuestra mente se ha creado en este universo y responde en su interior de manera semejante al lugar donde habita, hay una superposición entre ambos. De ahí que, como se infiere de Moseley, el tiempo y el espacio no son el mismo para Juan, el observador, que para Jesús el Redentor.

Igual que no podemos entender el misterio de la eternidad tampoco el de su dolor y padecimiento. Son de la misma naturaleza y usan el mismo lenguaje.

No fueron 19 horas.

Al contactar Jesús con esa masa oscura que se acercaba

Hay un desequilibrio entre la humanidad y la justicia enorme. Una diferencia de potencial entre ambos polos  extraña para una creación ordenada. Una disrupción brusca del orden por la excepción humana, ante los atónitos ojos de las estrellas. Un desequilibrio negado para cualquier otro participante de la creación.
Esa demanda debería ser equilibrada en el universo interior de un humano. No en el lenguaje de los átomos o en las fulguraciones de las estrellas o en los movimientos de los atormentados chorros de energía de los Quasar.
Tendría que traducirse en dolor humano, un tipo de conocimiento especial, capaz de compensar a la justicia y el orden que existe al otro lado del alma.

Al contactar Jesús con esa masa oscura que se acercaba lentamente,  declaró: «Mi alma está muy triste, hasta la muerte;» (Mat. 26:38) Paulatinamente esa copa curvó el espacio de su alma, hasta detener su tiempo. Hasta que «deseara no tener que beber la amarga copa y desmayar». Y eso lo dijo «…el Alfa y la Omega, Cristo el Señor; sí, el principio y el fin, el Redentor del mundo.» 

Fue trasladado a un lugar donde nunca estuvo, para el que no estaba emocionalmente preparado. Solo su cuerpo herencia de su Padre, lo mantuvo en algunos instantes. El tampoco sabía cuan dolorosos, intensos y difíciles de aguantar iba a a ser su padecimiento.
Fue el momento de la justicia de los espacios vacíos, de  lo que no fue creado ni puede serlo, de las eternidades y sus habitantes. A solas con ella y sin la gloria de su Padre. Lo soportó todo hasta vencer a la entropía y el tiempo.
El perforó la realidad mental y la del cosmos. Sujeto a sí mismo leyes indómitas hasta ese momento. Leyes imposibles de curvar, él las puso bajo su dominio. Entonces empezó a sujetar a él todas las cosas

El buen samaritano

«Un hombre descendía de Jerusalén a Jericó y cayó en manos de ladrones, los cuales le despojaron; e hiriéndole, se fueron, dejándole medio muerto.»

un samaritano que iba de camino

Descendemos de la morada del Padre en la Jerusalen celestial a Jericó, la Tierra. Aquí en nuestro estado caído, estamos sitiados por el adversario. Sin esperanza, despojados de toda gloria en un mundo predador donde somos heridos.

Mas un samaritano que iba de camino llegó cerca de él y, al verle, fue movido a misericordia; y acercándose, vendó sus heridas, echándoles aceite y vino; y poniéndole sobre su propia cabalgadura, le llevó al mesón y cuidó de él.

Es nuestro Salvador, nos curó y nos llevó en su cabalgadura. Usó su condición noble de realeza divina en nuestro beneficio. Es él mismo quien nos atiende en nuestras heridas, no hay nadie interpuesto.

Cuídamelo; y todo lo que gastes de más, yo te lo pagaré cuando vuelva.

Decía Séneca en su carta de consolación a Helvia «el dolor es omnipotente con los desgraciados.»

Pero él, descabalgo de la gloria que tenía junto al Padre,  pago a la justicia por nuestra vida, no solo por el pasado sino por el futuro. Tiene el poder de vencer el tiempo, el espacio y la entropía por causa nuestra «Habiendo ejecutado y cumplido la voluntad de aquel de quien soy, a saber, el Padre, tocante a el…habiéndolo hecho para sujetar a mí todas las cosas, reteniendo todo poder…»(3)

2 Comments

  1. Que hermoso y que triste el saber que Jesucristo sufrió tanto por permitirnos ser salvos y volver a la presencia de mi PADRE CELESTIAL gracias por ampliar mis vision

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