Los toros de Basán

El Salmo 22 es mesiánico. En el conocemos el alma del Salvador cuando se enfrenta a la expiación. David nos describe muchos aspectos que pasamos por alto. Los toros de Basan representan un misterio escondido al que podemos acceder si lo escudriñamos.
Basán es una tierra de ganados. En tiempos bíblicos, esta región era famosa por su ganadería y sus robles. Es una meseta regada por las aguas del monte Hermón y por eso tiene buenos pastos para la ganadería. Los toros de Basán eran símbolos de fuerza y prosperidad.

«Comeréis carne de fuertes y beberéis sangre de príncipes de la tierra; de carneros, de corderos, y de machos cabríos, y de toros, engordados todos en Basán.» (Ezequiel 39:18)

Los toros de Basán
Región de Basán en la actualidad

En el Salmo 22 se mencionan a los toros de Basán. Este Salmo de David es de carácter mesiánico. David se superpone con el mesías, hablando por su boca profetiza de forma maravillosa acontecimientos de la vida del Salvador. Me propongo en este artículo que me acompañe, estimado lector o lectora, en la contemplación de de la profecía y su forma y profundizar en la figura de los toros de Basán.

Salmo 22:1-8

«Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?¿Por qué estás tan lejos de mi salvación y de las palabras de mi clamor?» (Salmos 22:1)

La primera parte son las palabras que pronuncio el Salvador en la cruz y que registran Mateo y Marcos.

Los toros de Basán
Despreciado del pueblo

Todo el conocimiento del Salvador de su estado de gloria anterior y la comprensión de su misión, no fue suficiente para apagar sus emociones y ser razonable. Se estaba quejando a su Padre. Aunque no pronuncia en la cruz las siguientes palabras del versículo 1, «¿Por qué estás tan lejos de mi salvación y de las palabras de mi clamor?» creo que es correcto situar al Salvador en la estela de ese Salmo. Se sentía solo y David nos relata con detalle desde el pasado, lo que ocurre en el alma del Mesías durante la expiación.

«En ti confiaron nuestros padres; confiaron, y tú los libraste. Clamaron a ti y fueron librados; confiaron en ti y no fueron avergonzados. Mas yo soy gusano y no hombre, oprobio de los hombres, y despreciado del pueblo.» (4-6)

David (el Salvador) habla como un rey acosado. Su condición real no lo libra de enemigos internos. Toda su gloria y sus victorias no son capaces de acallar a sus oponentes. A pesar de su clamor, su Padre no lo libra como hizo con otros. Se siente despreciado del pueblo.

«Todos los que me ven me escarnecen; hacen muecas con los labios, menean la cabeza, diciendo: Se encomienda a Jehová; que él lo rescate; sálvele, puesto que en él se complacía.» (7-8)

Se cumplen estas palabras cuando los sacerdotes, ante Jesus crucificado, le decían a los escribas «A otros salvó, pero a sí mismo no puede salvarse.» (Marcos 15:31)
Esa sensación descrita por David en el Salmo 42 puede describir parte de la expiación.

«Y a Dios, mi roca, diré: ¿Por qué te has olvidado de mí?¿Por qué andaré yo de duelo por la opresión del enemigo? Con quebranto en mis huesos, mis enemigos me afrentan, diciéndome cada día: ¿Dónde está tu Dios?» (9-10)

La segunda lectura

¿Dónde esta tu Dios?

Puede que parezca poco reverente de mi parte adjudicar todas las emociones descritas en el Salmo 22 y 42 al Salvador. Pero si meditamos, lo engrandecen. El mismo declaró «…padecimiento que hizo que yo, Dios, el mayor de todos, temblara a causa del dolor y sangrara por cada poro y padeciera, tanto en el cuerpo como en el espíritu, y deseara no tener que beber la amarga copa y desmayar.» (DyC 19:18)

Cuando el Salvador se lanzó a la expiación, al momento de saltar sufrió un fuerte e inesperado viento de costado. Tuvo que maniobrar sobre la marcha para mantener el rumbo de su alma. Entre otras cosas, se enfrento a las ventiscas emocionales y de oscuridad de todo hombre sobre la tierra en un grado inimaginable.

Aceptar las escrituras como son, nos lleva a entender las emociones y desafíos en el alma del Salvador. Al decir ¿Por qué te has olvidado de mi? me recuerda a Job, quien era libre de expresar ante Jehová lo que había en su alma. Sus amigos, Elifaz, Bildad y Zofar se escandalizan al escucharlo. Entendían que si Job hubiera sido recto, no viviría con la desgracia, la soledad, el abatimiento o la queja. Estas emociones siempre las acompañan el ruido de los consejos vanos.

Los Santos de los Últimos Días vivimos en la cultura de la responsabilidad. Aceptamos ciegamente que todo depende de nuestra fe y decisiones. Que todo lo que nos ocurre es consecuencia de lo que hacemos o no. Y, amigos míos, créanme, así lo pienso yo, es mi convicción. Sin embargo sospecho que estoy equivocado.
Si caminando una noche al fresco, viésemos a un extraño, expresar el Salmo 22, ¿Qué pensaríamos de él?

Salmos 22:9-11

Pero tú eres el que me sacó del vientre, el que me hizo confiar desde que estaba a los pechos de mi madre. A ti fui encomendado desde la matriz; desde el vientre de mi madre, tú eres mi Dios.
No te alejes de mí, porque la angustia está cerca, y no hay quien ayude. (9-11)

Desde su tierna infancia tiene una relación con su Padre, no era huérfano. Aprendió a confiar siempre en su Padre. Pero ahora viene la angustia, en Getsemaní. Se acerca la esfera oscura de la copa, a medida que se acerca su alma se angustia y no hay quien ayude está solo.
¿Cómo se sintió el Padre al escucharle decir esto? No te alejes de mí

Los toros de Basán

Ahora, él ya está en el jardín, sus amigos dormitan a tiro de piedra y la angustia llega.

«Me han rodeado muchos toros; fuertes toros de Basán me han cercado. Abrieron sobre mí su boca, como león rapaz y rugiente.» (12-13)

Los toros de Basán
Abrieron sobre mí su boca, como león rapaz y rugiente

Qué o quienes son esos toros. Fuertes, poderosos. Lo han cercado y abren su boca como leones.
Son los portadores de la amarga copa. Son los aliados del Padre, los demandantes de justicia. Vienen a cobrar su presa como leones pero amenazan con sus cuernos como toros. Estas dos naturalezas distintas se unen en una sola demanda, su alma y su vida. Una la del león amenaza con devorar el alma y la otra, la de los toros, de traspasar el cuerpo.
El Salvador en esa noche no temía por su vida, David lo dice con estas palabras.

«Sálvame de la boca del león. De los cuernos de los toros salvajes me has rescatado.» (21)

Porque sabía que tenia el poder sobre la vida y la muerte. Podía librarse aunque fuese traspasado en sus manos, pies y en su costado. Ese poder sobre los cuernos de los toros de Basán se aclara en Juan.

«Por eso me ama el Padre, porque yo pongo mi vida, para volverla a tomar. Nadie me la quita, sino que yo la pongo de mí mismo. Tengo poder para ponerla, y tengo poder para volverla a tomar. Este mandamiento recibí de mi Padre.» (Juan 10:17-18)

Pero no tenia la certeza de terminar la amarga copa. Él «…no [comprendía] el fin, la anchura, la altura, la profundidad ni la miseria de ello» (DyC 76:48) hasta que empezó a beber. Esa noche la boca del león se abrió de par en par. El sabía qué era eso cuando lo relato al Profeta mientras este se hallaba preso en la cárcel de Liberty «… y sobre todo, si las puertas mismas del infierno se abren de par en par para tragarte»

Sálvame de la boca del león

Temía por su alma, porque no sabía si sería devorado por el león de la justicia. Porque ahora, el cordero sin mancha, las tomaba de la humanidad como propias, era de justicia ser tragado por esos toros de Basán. Conocía una aproximación sobre el precio pero no tendría una idea cabal hasta estar frente a ellos. Ni siquiera el Padre pudo prepararlo emocionalmente para esa prueba. Creo que el Padre tenía fe en su Hijo, pero no un conocimiento perfecto.

Conocía una aproximación sobre el precio

Esa noche recibió la cara oscura de los aliados del Padre, la justicia de los cielos. Él, que creció en el dominio y obediencia de esas inteligencias eternas. Seres y fuerzas que [no fueron creados ni hechos, ni tampoco lo puede ser.] (DyC 93:29) No pudo menos que desear «no tener que beber la amarga copa y desmayar.» (DyC 19:18)
David describe los sentimientos del Salvador

«Derramado soy como el agua, y todos mis huesos se descoyuntan; mi corazón es como cera, derritiéndose en medio de mis entrañas. Como un tiesto se ha secado mi vigor, y mi lengua se pegó a mi paladar; y me has puesto en el polvo de la muerte.» (14-15)

Es el hijo de David, no solo por linaje sino por las tormentas del alma. David diferencia entre los toros en Getsemaní y quienes horadan sus manos y pies al día siguiente.

«Porque perros me han rodeado; me ha cercado cuadrilla de malignos; horadaron mis manos y mis pies. Contar puedo todos mis huesos; ellos me miran y me observan. Repartieron entre sí mis vestidos, y sobre mi ropa echaron suertes.» (16-18)

Esa noche en Getsemaní, no lo cercan los perros, sería al día siguiente. Fuertes toros de Basán me han cercado. No era una prueba, no habría otros intentos, no había salida. Esta cercado a vida o muerte.

Los toros de Basán, los demandantes

Esos toros, o lo que es lo mismo, los demandantes de la justicia de los cielos, las inteligencias y fuerzas aliadas del Padre, no eran hijos de Dios, ni criaturas de sus manos. No fueron creados ni hechos. Asignarles una entidad como «demandantes» lo uso como artificio del lenguaje, necesario para manipular la idea en nuestra mente.

Los toros son salvajes, tienen cuernos para atravesar y bocas de león rapaz para devorar. No se someten a voluntad humana ni divina, de hecho les es indiferente si el que está delante es el Hijo de Dios vestido del rojo de nuestros pecados. Pastan en Basán desde antes de existir los linajes y las estrellas. Obedecen a leyes del cielo que rigen antes que Elohim y sus creaciones, de hecho «…la obra de [su] justicia no podía ser destruida; de ser así, Dios dejaría de ser Dios.» (Alma 42:13)

Los toros de Basán
el pastor de las llanuras eternas

El reino de Elohim encajaba a la perfección con los engranajes de los cielos. Elohim era el pastor de las llanuras eternas de Basán, su vara y cayado conocían los parajes del poder de la eternidad y sus habitantes. Bajo su guía se multiplicaban las inteligencias y las estrellas como rebaños brillantes. Él también era el pastor para innumerables criaturas y el guía aceptado por los indómitos e increados ejércitos de los cielos. Para ellos…

«[Elohim] es mi pastor; nada me faltará. En lugares de delicados pastos me hará descansar; junto a aguas de reposo me pastoreará. Confortará mi alma; me guiará por sendas de justicia por amor de su nombre.» (Salmo 23)

En los vacíos inhóspitos de la materia sin organizar ellos llamaron a la luz y todos vieron que brillaba y era buena. Florecieron los mundos y sus criaturas y la proverbial frialdad de los espacios vacíos con sus cuernos de justicia inmisericorde, se atempero con una luz que brillaba desde el seno de la eternidad. Se manifestó la vida allí donde solo había oscuridad. Todos maravillados lo honran. Sí, su honra es su poder, (Moisés 4:1)

Para los toros de Basán, la caída fue arena en los engranajes.

La sed de Israel

Por qué salimos de tu presencia

En el Éxodo de Israel por el desierto podemos ver un símil de la caída y la salida del jardín. El pueblo le recrimina a Moisés «¿Por qué nos hiciste subir de Egipto para matarnos de sed a nosotros, y a nuestros hijos y a nuestros ganados?» (Ex 17:3)
En cierta forma el ser humano podría decir ¿Por qué salimos de tu presencia para morir en este Universo hostil que nos rodea, que abre su boca de león rapaz para devorarnos con la muerte?

Después de Edén, el hombre está solo ante la justicia del Universo y sus arenas. Es un explorador perdido en un desierto, está exento de misericordia y sometido a la implacable ley de las arenas. Al igual que aquellos israelitas no se quejaban del desierto sino de la geografía del plan de salvación de Jehová. Ahora no obstante nadie se alza para señalar la crueldad de los desiertos, pero, al contrario que Job, si achacamos despropósito a Dios y su geografía de salvación (Job 1:22)

La sed de Israel, que deambula en un desierto se calma en Meriba mediante lo increíble. «Entonces alzó Moisés su mano y golpeó la peña con su vara dos veces. Y brotó mucha agua, y bebieron la congregación y sus bestias.» (Núm. 20:11)
Volver  a su presencia para saciar la sed del alma, requiere una delicada diplomacia con las naciones de los cielos, ante los toros de Basán. Se necesita de una excepción para nosotros que contraviene a la justicia de las arenas de los cielos. Algo mucho más difícil que sacar agua de una piedra.

El Universo inteligente

De las arenas inhóspitas de los cielos

Esos cuernos que deberían atravesarnos lo hacen con su cuerpo. Esas bocas de león como puertas del infierno en forma de cruz, que deberían cerrase tras nosotros, son sacadas de sus pilares

«y a la medianoche se levantó, y tomando las puertas de la ciudad con sus dos pilares y su cerrojo, se las echó al hombro, y se fue y las subió a la cumbre del monte que está delante de Hebrón.» (Jue. 16:3)

El Universo, que hasta entonces orbitaba en círculos perfectos, consideró una nueva masa que conmovió toda su arquitectura. Un nuevo interviniente que saco agua, de donde nadie imagino que hubiera. De las arenas inhóspitas de los cielos. Esos mismos toros de Basán se vieron superados por lo que ocurrió esa noche.

«…el propósito de este último sacrificio poner en efecto las entrañas de misericordia, que sobrepujan a la justicia y proveen a los hombres la manera de tener fe para arrepentimiento. Y así la misericordia satisface las exigencias de la justicia, y ciñe a los hombres con brazos de seguridad» (Alma 34:15)

El agua del pozo en Sicar, Samaria, la que el mundo no tiene, brotó esa noche de una peña de origen inmemorial.

1 Comment

  1. Me ha encanta el artículo David. Me ha ayudado a sentir más vívidamente el peso de la expiación de nuestro Señor y Salvador. La realidad de esos preparativos para con nosotros y una profunda admiración por haberlos acabado. Gracias sean dadas a Dios por la dádiva incomparable de Su Hijo divino.

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