El alma y el dolor de sus contracturas en la restauración

Con frecuencia el Señor presenta a su palabra como una espada que “…es viva y poderosa, más cortante que una espada de dos filos, que penetra hasta partir las coyunturas y los tuétanos, el alma y el espíritu…” (DyC 33:1). En esta imagen su palabra actúa tanto en nuestro cuerpo como en el alma y el dolor de sus contracturas.
Igualmente, el plan de salvación lo experimentamos en el cuerpo, herido por la enfermedad o en el alma traspasada por la congoja. Y es que, básicamente, nuestro estado es probatorio. El Evangelio supone el bálsamo para paliar esta fricción permanente con el mundo. Y lo hace cuidando el cuerpo y sanando el alma.

El alma y el dolor de sus contracturas
traspasados de profundas heridas

Jacob, alguien experimentado en el dolor desde su infancia, nos habla de “…muchos corazones, traspasados de profundas heridas.” (Jacob 2:35) no obstante,  nos previene de que el “orgullo de [nuestros corazones destruya nuestras] almas!”. Ese complejo sistema de “coyunturas y tuétanos” de nuestro cuerpo es tan difícil de entender, como a veces, el origen del dolor del alma “porque la aflicción no sale del polvo, ni el sufrimiento brota de la tierra.”  (Job 5:6)

Por alguna razón misteriosa consideramos al dolor como una interrupción de nuestra vida. No aceptamos su turbulencia como parte del camino. El sufrimiento nos parece una posición innatural de nuestras coyunturas  y el abatimiento un orden extraño de nuestras emociones. Entonces queremos volver a Edén.
De allí salimos sin el alma cultivada. Éramos recolectores, al igual que las criaturas que lo poblaban. Nuestra relación con la tierra era infantil. La caída supuso una gran contractura en nuestra alma. El dolor nos acompaña desde entonces y nos recuerda la carga muscular y mental que supone el tratar a diario con el mundo y su estado caído. El esfuerzo de sostenernos, cuando todo el Universo conspira para nuestra destrucción, es a veces agotador.

Abraham frente a la contradicción

El alma y sus contracturas
ahora actuaba como un sacerdote de Elkénah

El orden patriarcal en la familia de Abraham estaba intensificado en Isaac, al ser el único hijo del convenio.  Toda la fe y la esperanza estaban en él.
Al recibir el mandamiento “Toma ahora a tu hijo, tu único, Isaac, a quien amas, y vete a tierra de Moriah y ofrécelo allí en holocausto sobre uno de los montes que yo te diré.” (Génesis 22:1) hace que todas las fibras en el alma de Abraham, se someten a un cambio en su trenzado. A sus ojos es la gran contradicción. Un alineamiento con un trazado desconocido y doloroso. Una dirección contraria a los movimientos articulares de su alma en la rectitud.

No hay una contractura anterior en el alma de Abraham. Todo su cuerpo y su alma está formado a imagen de la ley de Jehová. ¿Por qué esta prueba dolorosa y contradictoria a la dirección seguida?
En el momento de alzar el cuchillo para degollar a Isaac, quizás recordó un episodio de su juventud con un sacerdote de faraón.
“Y al levantar sus manos contra mí para sacrificarme y quitarme la vida, he aquí, elevé mi voz al Señor mi Dios, y el Señor escuchó y oyó, y me llenó con la visión del Todopoderoso, y el ángel de su presencia se puso a mi lado e inmediatamente soltó mis ligaduras;” (Abraham 1:15)
El que buscaba “ser padre de muchas naciones, un príncipe de paz” (2) ahora actuaba como un sacerdote de Elkénah, en su mano un cuchillo semejante y bajo él, un joven inocente, su viva imagen.

Moriah, Julio de 1843

El alma y sus contracturas
el gran juego de ajedrez contra el adversario.

El matrimonio plural, fue la gran torsión en el alma de los santos. Aquellos del siglo IXX, que tal como Abraham, correspondían con sus conductas a los mandamientos de Dios, sacrificaron el orden matrimonial y la paz que conocían.
Hablando con mis alumnos en la clase de instituto, era evidente cierta perplejidad, más acentuada en las jóvenes al estudiar la sección 132.
Tanto en el siglo IXX, como ahora, ese orden del matrimonio no corresponde al mundo donde vivimos. No encaja en nuestra forma de sociedad y no obedece a algún motivo o necesidad visible. Para aquellos santos, a primera vista, aquello era algo tan inmoral como sacrificar a un hijo.

Ahora, estimado lector, antes que considere mis palabras inapropiadas y hostiles, me gustaría aclarar algo. Lo mismo que dije a mis alumnos en clase.
La corrección política (esa abominable iglesia) nos enseña a realizar una maniobra de esquiva mental ante la realidad que no entendemos o nos molesta. Pero tomar nuestra cruz, significa enfrentar lo incomprensible  de forma perpendicular.

Los Santos a veces pensamos que el evangelio no es suficientemente fuerte como para soportar nuestras contundentes dudas. Y en vez de ofrendarlas en oración y estudio, las ocultamos como ofrendas imperfectas. Nos sentimos culpables por tener dudas, casi nos convencemos a nosotros mismos de que no existen.
Pero tomar nuestra cruz es cargar con lo que sabemos y con lo que no. Aceptar lo comprensible y lo incomprensible. El matrimonio plural es uno de nuestros Moriah. En este monte todos sacrificamos la lógica, el sentido común y nuestra pertenencia a la generación de nuestro siglo. Pero no olvidemos algo, esa etapa de nuestra historia no fue un error, Wilford Woodroff no rectificó, sino que adoptó la estrategia del Señor en el gran juego de ajedrez contra el adversario.

Algunas consideraciones

El alma y el dolor de sus contracturas
¿Cómo puede el hombre nacer siendo viejo?

En el inicio de cada dispensación se requiere una extensión en las articulaciones del alma hacia nuevos movimientos. Abraham tuvo que aprender que Dios no es un sujeto de derecho sino fuente de derecho. Moisés tuvo que enseñar a una nación de esclavos a ser hombres libres. El Salvador nos llevó a la salvación por su misericordia y no por la ley. A los primeros cristianos se les hizo muy difícil extender sus brazos hacia los gentiles y usar sus coyunturas hacia un abrazo de hermandad. Aceptar a un Israel extendido por el mundo los sometía a una dolorosa extensión de su mentalidad, a ser desasistidos por una razón local, incapaz de afrontar un desafío universal.
En todas las dispensaciones se requiere descoyuntar la forma de ser. Al igual que el sacerdote lo hacía con la ofrenda en el altar. No podemos alcanzar la estatura de Cristo sin cambiar nuestra forma.

¿Qué ocurre con los Santos de los Últimos Días?
La plenitud del evangelio requiere una plenitud de movimientos. Algunos de ellos son nuevos y  dolorosos. En ese sentido los cuerpos y mentes de esta dispensación son vivificados por la luz de la plenitud. Y eso trae a veces paisajes extraños e incomprensibles.

Cuando Jesús habla con Nicodemo acerca de que debemos nacer de nuevo, Nicodemo hace dos preguntas.
” ¿Cómo puede el hombre nacer siendo viejo? ¿Acaso puede entrar por segunda vez en el vientre de su madre y nacer?” (Juan 3:4)
Si meditamos en ellas, la primera surge de su alma y la segunda de su mente. La estructura de la primera pregunta denota una duda sincera y prometedora. Puede llevarle a presagiar otra forma de nacimiento. A diferencia, la segunda pregunta, está generada por una mente judía de su tiempo. Improvisa respuestas y sigue un cauce literal “conforme a la manera de las cosas de los judíos” (2 Nefi 25:5) el enunciado de esa pregunta va abriendo el surco de su respuesta en dirección a un gran piedra.

La restauración y sus torsiones

En esta escena con Nicodemo, vemos el desafío del Salvador. Desentumecer las agarrotadas articulaciones de una mentalidad limitada por la rigidez de los escribas.

En nuestro caso, los santos partimos de sociedades avanzadas, pero culturalmente desarticuladas. Cualquier propuesta de enlace o convenio es puesta bajo sospecha, como limitación de movimientos en lo personal. Como ciudadano español y europeo veo que la tendencia al individualismo es creciente. Pocas parejas se casan y el número de hijos desciende en picado.

El alma y el dolor de sus contracturas
su plenitud no pertenecen a nuestro espacio

El nuevo y sempiterno convenio del matrimonio, cuya faceta del matrimonio plural, es una parte y no el todo,  entra en contradicción con la corriente de nuestro siglo. Los santos, como habitantes de éste siglo, a veces tendemos a hacer las preguntas de Nicodemo. A abordar el asunto desde una mentalidad occidental avanzada.
Desde ahí, efectivamente, el nuevo convenio es un anacronismo. Sin embargo, la restauración y su plenitud no pertenecen a nuestro espacio ni a su tiempo pues “… se instituyó para la plenitud de [su] gloria;” (DyC 132:6). Por esa razón nuestros esquemas mentales, que son afectados en algún grado, por la ideología de género y otras tendencias actuales, no pueden interpretar la restauración correctamente.
Por decirlo como Nefi “conforme a la manera de las cosas de los occidentales”  Abraham sería un maltratador y Moisés un dictador.

Sin embargo la restauración nos lleva a un entorno distinto. No hay referentes en nuestro mundo, no nos sirve la óptica del presente. De ahí la respuesta del Salvador a Nicodemo:
“Si os he dicho cosas terrenales y no creéis, ¿cómo creeréis si os digo las celestiales?” (Juan 3:12) El mundo quiere que el reino de los cielos se convierta en una república democrática. Pero su evangelio llama a todos a ser reyes y reinas, sacerdotes y sacerdotisas. Un orden antiguo de gobierno.

El evangelio apasionante

De joven me atemorizaba pensar en la evolución. Consideraba  mis dudas acerca de nuestro origen divino, bien formadas. Observaba a mi fe perfectamente asediada por los hechos. También me sentía perplejo al observar a un supuesto Edén de la mano de ideologías prestigiosas, contrarias al evangelio. Ninguna escapatoria. Tenía la compañía de un dolor soportable, pero permanente en un lugar, ahí dentro de mí. Sí, yo era así, en eso y en otras cosas.

El alma y el dolor de sus contracturas
las vías digitales para extender el recogimiento

Dar a la razón lo que es de ella y a Dios lo que es de Dios es una postura con tensegridad. La restauración aprovecha el impulso de la razón para conseguir los  objetivos del evangelio que administra. La tecnologia en general y la informática o la I.A. en particular forman parte de los mecanismos del recogimiento de Israel.
Al dar a Cesar lo que es del Cesar, los primeros cristianos usaron las calzadas romanas para difundir las buenas nuevas. Nosotros usamos las vías digitales para extender el recogimiento. Por lo tanto como iglesia y como santos de los últimos días no podemos abrir nuestras manos para los logros del mundo y cerrar los oídos para las personas que lo habitan.
Escandalizarse, por tanto, no debería estar en el repertorio de nuestras actitudes y sí la de comprender, invitar y una  condescendencia bien entendida.
Tal como decía Jung ”

“Cualquier árbol que quiere tocar el cielo necesita tener raíces tan profundas hasta el punto de tocar a los infiernos”. Carl Jung, 

También Lehi enseñaba “porque es preciso que haya una oposición en todas las cosas. ” (2 Nefi 2:11) Por tanto la plenitud del evangelio ha de tener frente la plenitud del adversario. Los santos hemos de enfrentar el hecho de casi tocar con nuestras raíces los potentes argumentos del gran edificio.

El alma y el dolor de sus contracturas

El alma y el dolor de sus contracturas
ensanchar nuestro] corazón

Esta postura, inevitablemente nos mostrará el alma y el dolor de sus contracturas. Participando como iglesia en el mundo “que con tanto trabajo [también] hemos edificado con nuestras propias manos” (Alma 32;5) sin embargo a menudo sentimos que somos “echados de las sinagogas a causa de la pobreza de [nuestras] ropas.” (2)
Es por eso que hemos de aceptar el desafío que representa “[ensanchar nuestro] corazón como la anchura de la eternidad” (Moisés 7:41) para así como Moisés [ver a sus habitantes; y que no haya una sola alma que no veamos; y discernirlas por el Espíritu de Dios] (Moisés 1:28) En esta nueva expansión del recogimiento, así como en la antigüedad, contactamos  a la plenitud del  mundo y sus habitantes.

Ahora, situados en la cresta de esta  dispensación, llegaremos en la plenitud del Evangelio a la plenitud de las tribus perdidas de Israel. Exploraremos las almas de todos los hombres y las “perplejidades de las naciones”
Pero antes hemos de experimentar el dolor de abandonar nuestra forma  anterior y sus preguntas mal formadas por la estatura de Cristo. Quien siendo puro comía y bebía con pecadores sin escandalizarse.
Ese es el dolor sagrado del que no esquiva el altar y ofrece su mente y el corazón. Sin saber con seguridad si el cuchillo bajará o no.

Asterión

Asterión
Asterión

Thomas Moore, un terapeuta del alma, nos comenta un episodio de la mitología griega.

“Los griegos contaban la historia del minotauro, el hombre con cabeza de toro que comía carne humana y vivía en el centro del laberinto. A pesar de ser una bestia amenazadora, su nombre era Asterión, que significa estrella. Con frecuencia pienso en esta paradoja mientras estoy junto a alguien con lágrimas en los ojos, que busca enfrentarse con una muerte, un divorcio o una depresión. Lo que se agita en el centro mismo de su ser es una bestia, pero es también la estrella de su naturaleza más intima. Tenemos que cuidar con suma reverencia de este sufrimiento, de modo que el miedo y la cólera que nos provoca la bestia no nos hagan perder de vista a la estrella”
Thomas Moore, El cuidado del Alma.

El antiguo minotauro en el centro del laberinto de cada santo, esconde en su interior la estrella.

 

 

 

Be the first to comment

Leave a Reply

Tu dirección de correo no será publicada.


*