La restauración del evangelio y su geografía

La curvatura restauración

La restauración del evangelio

La restauración del evangelio y su geografía se hace visible con claridad en la casa de Israel. Ésta nace con Abraham, quien es semejante al Hijo. Y fue con Abraham con quien el padre hizo convenio de bendecir a “todas las familias de la tierra, sí, con las bendiciones del evangelio” (Abraham 2:11), un convenio que superaba en mucho los conocimientos que Abraham tenía a su disposición de las dimensiones y forma de la tierra. Adán profetizó sobre ellas (Moisés 5:10) , Enoc “desde Noé vio a todas las familias de la tierra” (Moisés 7:45) . Pero el convenio lo hizo con Abraham.

El planisferio de la salvación no nos muestra una geografía local del plan. La gran extensión de éste  nos invita a viajar por sus doctrinas y conocerlas. Su litoral es mucho mayor que el contorno de nuestras modestas opiniones y la altura de sus ordenanzas, más de lo que podamos ascender en esta vida.

Cuando decimos que sabemos que la iglesia es verdadera, deberíamos explorar los dominios circundantes de la casa de Israel, quien tiene los derechos de salvación para todo el planeta y sus habitantes. Siendo que, La iglesia de Jesucristo en estos días, está circunscrita en Israel, por herencia adopta la misión global de impartir las ordenanzas de esa casa.

La restauración del evangelio

Sin embargo puede que perdamos de vista la amplitud del trazado de esa gran circunferencia de salvación, si permitimos que nuestra geografía local dictamine el tamaño de la restauración.

Nuestro trayecto

A medida que nuestro trayecto como dispensación cruza los continentes, también lo hace encontrándose con nuevos tiempos y las condiciones diversas del alma de los hombres, que antes vistas como amenazantes, ahora  nos muestran la profundidad del océano y también de nuestra ignorancia.

Ese evangelio rígido y plano, herencia del pasado, se curva en nuestro sentido común para enseñarnos a amar antes que juzgar, a aceptar bajo nuestras pequeñas alas a aquellos que desechábamos como extraños.  Al ser está la primera y única dispensación que coincide en su geometría con la esfera terrestre, todos nosotros hemos de preparar nuestro corazón, para que tal como hizo Enoc, “[extender los brazos, y ensanchar nuestro corazón como la anchura de la eternidad]” (Moisés 7:41) 

Una oportunidad perdida

La exclusividad que sentía Judá, hacia si mismo, en Jerusalén, herencia de la antigua ley, hizo tropezar a los primeros santos en apreciar una verdadera geografía de la salvación. Cuando el Salvador les dice: ” También tengo otras ovejas que no son de este redil; a aquellas también debo traer, y oirán mi voz” (Juan 10:16) tuvieron la oportunidad de aumentar su comprensión, pero aplicaron su idea local del mundo, la del imperio romano.

 

La restauración del evangelio

El Salvador les aclara a los nefitas, su otro redil, refiriéndose a los judíos de Jerusalén “Y no me comprendieron, porque pensaron que eran los gentiles; porque no entendieron que, por medio de su predicación, los gentiles se convertirían. Ni me entendieron que dije que oirán mi voz; ni me comprendieron que los gentiles en ningún tiempo habrían de oír mi voz…” (3 Nefi 15:22-23)

La sutil rendija hacia un mayor conocimiento que abrió el Salvador en Juan 10, no pudo ser aprovechada por sus discípulos, una oportunidad perdida, ¿por qué motivo fue así?
Leemos cuando lo aclara a los nefitas “…por motivo de la obstinación y la incredulidad, no comprendieron mi palabra; por tanto, me mandó el Padre que no les dijese más tocante a esto.” (3 Nefi 15:18)

Obstinación viene del latín obstantio, su prefijo ob (en frente, en contra) stanare (estar de pie) nos sugiere una posición inamovible en contra de algo, una disposición a no reflexionar. La incredulidad de encontrar otras tierras desconocidas, para una mente conformada a un Mare Nostrum.

Juan de la Cosa

La restauración del evangelio

Me pregunto, si los judíos hubiesen tenido a su disposición el mapamundi de Juan de la Cosa, realizado en el 1500, en el Puerto de Santa Maria (Cadiz), ¿hubieran preguntado a Jesús quiénes eran y dónde estaba ese otro redil? A menudo todo sugiere que el conocimiento del evangelio se expande en la medida que lo hace el conocimiento del hombre. El Señor no solo habla al hombre sino a su tiempo, porque su rediles están en un espacio y en un tiempo. Y nos habla según nuestra capacidad, “estos mandamientos son míos, y se dieron a mis siervos en su debilidad, según su manera de hablar, para que alcanzasen entendimiento;” (DyC 1:24)

Nuestra oportunidad

La contemplación de todas las familias de la tierra inspiró a Enoc nuevas preguntas, preguntas de gran conocimiento, “Y aconteció que Enoc miró; y desde Noé vio a todas las familias de la tierra; y clamó al Señor, diciendo: ¿Cuándo vendrá el día del Señor? ¿Cuándo será derramada la sangre del Justo, a fin de que todos los que lloran sean santificados y tengan vida eterna?” (Moisés 7:45)
La restauración del evangelio Contemplar El Libro de Mormón en la restauración del evangelio, ensancha nuestra mente y nos hace más extensos en nuestra apreciación del amor de Dios, mostrándonos un redil al otro lado del océano. Este libro nos ha elevado a gran altura de nuestra cómoda geografía local de la salvación. Nos ha mostrado una nueva perspectiva y desde ella ver que el radio de la expiación abarca toda la tierra y nos confirma su convergencia en Cristo.

Hoy, puede que agobiados por lo que ocurre en nuestro alrededor. Sometidos a la voluntad del hombre, no encontremos lugar para una visión personal del evangelio pareja con el presente. Disponiendo de la mayor cantidad de escrituras de la historia y de todas las ordenanzas, quizás nos conformemos con solo un cuadrante de la esfera. La obstinación y la incredulidad no deberían aparecer como conductoras de nuestras preguntas.
A veces consideramos la restauración del evangelio como algo acabado, pero el Señor nos orienta diciendo “Si pides, recibirás revelación tras revelación, conocimiento sobre conocimiento, a fin de que conozcas los misterios y las cosas apacibles...” (DyC 42:61)

La restauración del evangelio

La gloria de esta dispensación

Fue necesario esperar a que el hombre cumpliese el mandato de que “llenen la tierra y la sojuzguen; y que tengan dominio sobre los peces del mar, sobre las aves del cielo y sobre toda cosa viviente que se mueve sobre la tierra.” (Abraham 4:26). Mandato realizado en su plenitud durante esta restauración con el dominio de las últimas regiones no pisadas por el hombre. Y tomando conciencia, desde el espacio visualmente, de nuestra condición común de humanidad. Como digo, fue necesario llegar a esta conciencia, para ser capaces de soportar, la gloria de esta dispensación, plenitud que ya está presente pero de la que quizás no seamos conscientes.

La falta de cuidado al considerar lo recibido hasta ahora. La falta de consideración nos pueden inclinar hacia la obstinación e incredulidad. Y teniendo ante nosotros los extensos continentes de lo apacible del reino por descubrir.
El único redil que existe, es la humanidad, el Israel disperso es toda ella. Esta dispensación tiene el reto de discernir (distinguir, cribar), conocer y hablar con las almas de los hombres. Un reto que ninguna otra dispensación ha experimentado en esta extensión, ese conocimiento el Señor “se le lo [manifiesta] en visión a muchos, pero enseguida lo [cierra] otra vez;” (DyC 76:47)

 La restauración del evangelio en un mundo pleno

La restauración del evangelioMoisés accedió a esa geografía necesaria para comprender el plan “y vio Moisés el mundo y sus confines, y todos los hijos de los hombres que son y que fueron creados, de lo cual grandemente se maravilló y se asombró.” (Moisés 1:8) . También a la geografía de sus habitantes “…vio a sus habitantes; y no hubo una sola alma que no viese; y pudo discernirlos por el Espíritu de Dios; y grande era su número, sí, incontables como las arenas sobre la playa del mar.” (Moisés 1:28) Moisés discernió a cada alma, y se dio cuenta que cada una de ellas está en el radio de acción de la expiación.

Ahora tenemos ante nosotros la tarea de integrar la plenitud del evangelio en la plenitud del mundo. Para eso hemos de tratar con las almas dispersas, algunas de ellas distintas a nuestro estrecho entender. Pero ahormados esta vez en la anchura de la restauración, podremos abarcar una mayor comprensión del mundo y sus habitantes.

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