La iglesia circunscrita

La iglesia circunscrita
La iglesia circunscrita

la iglesia circunscrita, este post está basado en un discurso en la reunión sacramental del domingo 8 de Mayo del 2016. Después de venir de unos días en el templo de Madrid, la idea de la importancia de la casa de Israel destacaba bastante en mis inquietudes.

Antes de Abraham

No conocemos muchos detalles de las tres primeras dispensaciones, pero sí sabemos que sus labores se centraban en la familia o población inmediata. Adán es un padre que vela por sus numerosos descendientes.
Desviados estos, el Señor llama a Enoc. “Enoc tenía veinticinco años de edad cuando fue ordenado por mano de Adán; y tenía sesenta y cinco años, y Adán lo bendijo” (DyC 107: 48).


Después fue llamado a presidir y dirigir una dispensación del evangelio porque “desde el día en que los creé, se han desviado, y me han negado y buscado sus propios consejos en las tinieblas; y en sus propias abominaciones han ideado el asesinato, y no han guardado los mandamientos que yo di a su padre Adán.” Moisés 6:28 El éxito de Enoc es patente cuando leemos “Y Enoc y todo su pueblo anduvieron con Dios, y él moró en medio de Sion; y aconteció que Sion no fue más, porque Dios la llevó a su propio seno, y desde entonces se extendió el dicho: Sion ha huido.” Moisés 7:69

Una vez trasladados Enoc y su pueblo, excepto Matusalén, fue llamado Noé para proclamar el arrepentimiento. Noé fue ordenado al sacerdocio “…tenía diez años de edad cuando fue ordenado por mano de Matusalén.” DyC 107:52, de tal forma que “…el Señor ordenó a Noé según su propio orden, y le mandó que saliese a declarar su evangelio a los hijos de los hombres, tal como fue dado a Enoc.” Moisés 8:19, sin embargo “no hicieron caso de sus palabras”
En ambos casos ellos son misioneros del evangelio, tratan de hacer volver al pueblo al Señor mediante el arrepentimiento. En estas dispensaciones el esquema de trabajo es el mismo que desde Adán. El radio de acción de su mensaje es la de su voz y su espacio el de su entorno.

Y así llegamos a Abraham. Encontramos en el libro de Abraham, una maravillosa y extensa presentación de sí mismo. No voy a extenderme en este libro, cuya pertenencia a La Perla de Gran Precio es de todo derecho y en todo sentido. El alto valor de este libro solo se puede apreciar a través de una lectura meditada. Es hermoso en su forma y profundo en doctrina.

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Abraham recibió el sacerdocio de manos de Melquisedec

Abraham recibe el sacerdocio del linaje de Noé a través de Melquisedec, “Y Abraham recibió el sacerdocio de manos de Melquisedec, que a su vez lo recibió por medio del linaje de sus padres, hasta Noé,” DyC 84:14. El sacerdocio era por linea paterna y Abraham tuvo que demostrar el suyo ante Melquisedec para ser ordenado.
Pero Abraham se presenta ante el más reconocido sumo sacerdote de su tiempo buscando algo aún mayor:
“…el derecho al cual yo debía ser ordenado, a fin de administrarlas; habiendo sido yo mismo seguidor de la rectitud, deseando también ser el poseedor de gran conocimiento, y ser un seguidor más fiel de la rectitud, y lograr un conocimiento mayor, y ser padre de muchas naciones, un príncipe de paz,” Abraham 1:2
Ya Abraham había sido llamado por Dios cuando fue ordenado y bien lo comunicó a Melquisedec o éste ya había sido advertido, todo indica que recibió algo más que el sacerdocio. Las llaves necesarias para una obra mayor.

El pacto con Abraham

            La dispensación de Abraham no sustituye a ninguna otra. Flota en su entorno, pero lo cambia todo. Está presente en todas las demás, incluida la nuestra. Su voz se escucha en todo el orbe y su ministerio abarca a este mundo y sus habitantes. A partir de Abraham, se vertebra la obra de Dios hasta el final de los tiempos. Como un gigantesco sistema vascular, alimenta cada faceta del evangelio desde esa época hasta nuestro presente y de aquí al futuro.
Uno de los cambios más importantes diseñado en este pacto es la pertenencia a su descendencia o a su sacerdocio.
“…y en ti (es decir, en tu sacerdocio) y en tu descendencia (es decir, tu sacerdocio), pues te prometo que en ti continuará este derecho, y en tu descendencia después de ti (es decir, la descendencia literal, o sea, la descendencia corporal) serán bendecidas todas las familias de la tierra, sí, con las bendiciones del evangelio, que son las bendiciones de salvación, sí, de vida eterna.” Abraham 2:11
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me tomaron por la fuerza para matarme a mí también

Leemos aquí que la descendencia de Abraham puede ser tanto por ordenación al sacerdocio (aceptar el evangelio) como por descendencia corporal. Pero aclara que de su descendencia corporal, vendrá el mesías con “las bendiciones de salvación, sí, de vida eterna
Su preparación, como presidente de su dispensación, comenzó en su juventud a semejanza de José Smith.

“Y sucedió que los sacerdotes me tomaron por la fuerza, a fin de matarme a mí también, como lo hicieron con aquellas vírgenes sobre este altar” Abraham 1:12. A su vez él mismo oficio como sacerdote para sacrificar a otro inocente, Isaac, su primogénito. Esos recuerdos de su infancia y el sostener un cuchillo hacia su hijo que yacía sobre la leña,  esos sentimientos opuestos, debieron templar su alma a un punto difícil de conseguir sin la mano de un herrero. En cierta forma supo lo que era estar debajo y arriba de algunas cosas “por lo que comprendió todas las cosas” DyC 88:6 que pertenecían al llamamiento que recibió.

La preparación de Abraham para ser una piedra de fundamento, fue intensa. Supo lo que era estar en el altar del sacrificio como víctima. Fue necesario fraguar a alguien así porque sobre él tomaría fundamento la institución más importante de la tierra. La casa de Israel.

La casa de Israel

El señor cambio el nombre de Abram “Y no se llamará más tu nombre Abram, sino que será tu nombre Abraham, porque te he puesto por padre de muchas naciones.” Génesis 17:5 y confirmó sobre Jacob, quien luchó contra un ángel, este mismo convenio haciendo lo mismo, “Y le dijo Dios: Tu nombre es Jacob; no te llamarás más Jacob, sino que Israel será tu nombre; y llamó su nombre Israel.” Génesis 35:10

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Israel será tu nombre

Israel significa en hebreo, “el que reinará con Dios” siendo esto muy significativo, pues ya sugiere una herencia futura.
En Jeremías leemos cómo Jehová habla de esta casa “¿No podré yo hacer de vosotros como este alfarero, oh casa de Israel?, dice Jehová. He aquí que como el barro en la mano del alfarero, así sois vosotros en mi mano, oh casa de Israel” Jeremías 18:6,
No hubo antes un precedente como éste. El Señor se dirije a su pueblo como alguien con nombre. Crea a Israel como interlocutor. Es el círculo donde esta contenido su pueblo. Es el nombre de su nación, antes incluso de tener tierra.

 

La casa de Israel es la institución más antigua de la tierra. No hay una nación viva con o sin territorio más antigua que ella. El relato de su constitución, sus creencias y su identidad han sobrevivido a todo, incluso al tiempo. La casa de Israel ha estado presente desde Abraham hasta el presente. A veces como nación, a veces en el desierto, otras dispersa. Pero hoy restaurada, en todo su esplendor. Con toda su fuerza.
El Libro de Mormón nos habla de ella, de cómo atravesó las aguas. De cómo el pacto de Abraham y las leyes de Moisés, con la esperanza de Cristo arraigaron en esas tierras. No me extiendo en esto, me remito a lo publicado en las entradas anteriores, “La alegoría del olivo I y II”

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El libro de Mormón

Zenós compara a Israel con un olivo cultivado en Jacob 5. Pero tiene cuidado en destacar que la verdadera fuerza está en la raíz del olivo, “Y hago esto para que quizá sus raíces se fortalezcan a causa de su buena calidad;” Jacob 5:59

La casa de Israel es una institución poderosa y sin embargo puede estar oculta en ciertos momentos. La raíz está bajo la tierra, aparentemente inexistente. Y sin embargo late todo su potencial a la espera de una mano sabia que sepa aprovechar su fuerza.
Esa casa está diseñada para proveer los convenios y ordenanzas de Abraham a todas aquellas personas que sean admitidas en Israel. Aquellos en contacto con la raíz, aumentan en un conocimiento que sólo esta casa puede dispensar. Es algo maravilloso ver cómo ese fruto del olivo termina transformando la oscuridad de fuera en luz y verdad. La ménora como símbolo del destino final del fruto es asombroso.
No hay otro pacto por encima del de Abraham que nos incumba. Estamos contenidos en él.

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Círculo eterno

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       La restauración, está contenida en la casa de Israel. La restauración es una labor en la viña del Señor, donde está su olivo, sus ramas naturales y aquellas silvestres traídas a su raíz.
       Suponer que esta dispensación del evangelio, que José Smith inicio, es algo separado, como un paso distinto al anterior, no es exacto.
       A veces las representaciones gráficas forman una especie de alfabeto y con el tiempo dan el significado a la idea que intentan transmitir. Siempre he visto las dispensaciones de la primera a la sexta dibujadas en una linea. Adán, Enoc, Noé, Abraham… etc. Esta inocente línea recta, ocasiona una pérdida de sustancia al enseñar sobre Abraham y la casa de Israel. Y esto sugiere una posición incorrecta de nuestra dispensación en nuestra mente.
Normalmente usamos la línea recta para representar los sucesos en el tiempo, izquierda pasado, derecha presente. Sin embargo los convenios de Abraham e Israel nunca han pasado. Por eso abogo por las lineas curvas y los círculos. Nunca me he topado con una recta en el evangelio, todo en el son giros eternos y esferas. Tampoco hay lineas rectas en el Universo, todo es curvo. Incluso la luz se curva en el espacio.

     “Escuchad la voz del Señor vuestro Dios, el Alfa y la Omega, el principio y el fin, cuya vía es un giro eterno, el mismo hoy que ayer y para siempre.” DyC 35:1

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cuya vía es un giro eterno

Para tener una ubicación correcta como santos de los últimos días, hemos de despojarnos de nuestra obsesión por catalogarlo todo en función del tiempo. Cosa muy natural en nuestra cultura, ya que el tiempo es el cociente por excelencia en todas nuestras actividades y juicios. Pero el tiempo no es el divisor del evangelio, es un componente más y valga la redundancia, de vida temporal.

      La casa de Israel es ajena al tiempo. Para entender nuestra situación como santos de los últimos días, hemos de leer en Jacob 5 y darnos cuenta que servimos a la casa de Israel y en la causa de Sión. Somos los últimos obreros.
     Gráficamente deberíamos dibujar esta última dispensación del evangelio, dentro de una círculo mayor. Deberíamos hacer un esfuerzo y situar las verdades recibidas, dentro del círculo mayor de la casa de Israel. De esa forma comprendemos mejor que nos pertenecen todas las promesas de Abraham, su fundador. Que estamos incluidos y pertenecemos a su familia, que heredamos sus propiedades. Que la expansión de esta casa, cuya primera línea ya esta exaltada, provee a sus integrantes un mayor horizonte en el futuro y un giro eterno en sus planes.
     Y sobre todo nos provee del gran honor de ser llamados a liderar algún día nuestro propio horizonte con el anillo en nuestro dedo de la casa de Israel.

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