La parábola de los reinos, DyC 88

El contorno de la parábola de los reinos y la sección 88 me recuerda a una costa. Hay zonas rocosas y calas solitarias. Sería imposible resumir sus formas porque no obedecen a la geometría de nuestra vida, donde todo está medido y situado para nuestro uso. Puedo medir mi habitación, o la longitud de mi calle. Pero ¿puedo calcular el contorno del Cabo de Gata?

la parábola de los reinos
Cabo de Gata

Pensará el lector que divago, pero no es esa mi intención. Necesito hablarle de algunas ideas necesarias para tratar lo que nos trae. Permítame un paseo antes de afrontarlas.

Un paseo

El contorno de nuestra vida está urbanizado. Todo es medible, desde nuestras casa a nuestro barrio. Es previsible que a la vuelta de esa esquina, siga una acera. Y frente a ella continúe la calle con sus edificios. Por lo tanto nuestro mundo se resume en una geometría simple y comprensiva. Incluso los parques públicos, tienen sus calles rectas y plazoletas. Sometemos a la naturaleza, que es caótica; al previsible urbanismo del cartabón y la escuadra.

También en la literatura, nos movemos por argumentos enrevesados, pero humanos y familiares. En el fondo también responden a un orden que captamos mientras leemos.
Pero si el lector decide pasear por una de las playas solitarias de cualquier lugar, se dará cuenta de algo. Es incapaz de predecir o suponer lo que hay detrás de aquél arrecife, o de ese promontorio. Se sorprenderá del hallazgo de lugares solemnes, insospechados y sorprendentes. De paisajes inesperados.

El contorno de la sección 88

Con las escrituras, pasa igual. Doctrinas y Convenios contiene el lenguaje más cercano a los cielos que podemos encontrar. No está asfaltado por nuestra forma de pensar. Sus contornos no obedecen a un pensamiento “urbanizado” y por eso en ocasiones nos parece que andamos en terrenos escarpados.

la parábola de los reinos
Terrenos escarpados

Si al leer las escrituras, vemos líneas rectas, encuadres de ideas bien situados. Si encontramos un plano preciso del asunto…es que no estamos en ellas. Estamos tratando de organizarlas a nuestra forma de entender el mundo.
Y eso está prohibido, no se puede urbanizar, hay una ley de costas («BOE» núm. 181, de 29/07/1988)

Desde esta prevención, considero que no hay una sola forma de entenderlas. Y a esta altura del scroll a su derecha, nos disponemos a entrar en la parábola de los reinos.

La sección 88 se recibió en tres etapas los días 27 y 28 de Diciembre de 1832 y 3 de enero de 1833. A vista de pájaro se distinguen cinco áreas, pero solo me detendré en dos. La primera de ellas.

la parábola de los reinos

Mirar con atención

No , no voy a “explicar” esos apartados. Porque, de verdad, yo le aprecio a usted. Pero sí le pido que observe algo en esa lista anterior. Mire con atención. ¿Acaso no observa seis salientes y dos calas? En 1318 palabras el Señor habla de seis asuntos diferentes y reposa en dos ideas suaves y planas. Pero si vamos a cada saliente podremos ampliar el detalle en promontorios, bahías, cabos hasta hacer un trabajo tan colosal como improductivo.
No podemos contra los granos de las arenas del mar. Las escrituras pertenecen a ese orden, al orden de sus creaciones, a lo incontenible.
El lo sabe y por eso en el versículo 46, vemos su condescendencia cuando pregunta.

“¿A qué compararé estos reinos para que comprendais?”

Sí, necesitamos comprender, que él nos guíe en ese paisaje extraño de las escrituras.

La parábola de los reinos

La parábola de los reinos
la luz del semblante de su señor

¿Quiénes son estos reinos? lo podemos ver desde aquí, la Luna, la Tierra, el Sol.
El reino de las estrellas. Menciona en el (61) “…compararé todos estos reinos y sus habitantes a esta parábola, cada reino en su hora y en su tiempo y su sazón” sugiriendo con esto, un plan para las estrellas. Pues “el hombre que ha visto a cualquiera o al menor de ellos, ha visto a Dios obrando en su majestad y poder.” (47) siendo “cualquiera o el menor de ellos” una indicación de en cualquier escala que miremos. Por lo tanto llegado el tiempo de la sazón, “…la luz del semblante de su señor” (56) es para todo reino incluso para aquellos que creemos inertes.

El reino de los planetas. La tierra como uno de ellos será santificada, “porque cumple la medida de su creación” (25)
El reino de los hombres. También a nosotros se nos nombra. Porque al igual que éstos que “se dan luz unos a otros”, nosotros alumbramos también “nos damos luz unos a otros” (44) y ciertamente “en nuestros tiempos y estaciones” Por lo tanto la parábola nos incluye como reino, quizás pequeño, pero con vivificado entendimiento (11).

A cualquiera o el menor de ellos

Hasta qué escala podemos seguir con esos reinos mencionados en la primera región de la sección 88. Dígalo usted estimado lector, pero antes piense que “no hay espacio en el cual no haya reino” (37) sí a cualquiera o el menor de ellos.
Sí, aun con los lirios del campo, “que ni aun Salomón con toda su gloria se vistió como uno de ellos” (Mt.6:29). También en su reino, ellos y las abejas “se dan luz unos a otros en sus tiempos y estaciones”, igual que las estrellas lo hacen entre sí. Y si enfocamos nuestra atención en el reino menor de las abejas, aprendemos de la “sociabilidad que existe entre [ellas] aquí…” (DyC 130:2)

Si usted se empeña en describir o medir 100 metros de acantilado, en cada espacio, en cualquiera o el menor de ellos, encontrará un reino. y “a todos se ha dado una ley” (36)

Cavando en los reinos.

“He aquí, compararé estos reinos a un hombre que tiene un campo, y envió a sus siervos a cavar en él.” (51)

la parábola de los reinos
Un hombre tenía un campo
Observamos que se repite esta escena doce veces. “Y dijo al primero: Ve y trabaja en el campo, y en la primera hora vendré a ti, y verás el gozo de mi semblante.” (52)
La imagen de un hombre que tiene un campo y lo administra con sus siervos se repite con demasiada frecuencia en las escrituras. No podemos tomarlo a la ligera. Al hacer equivalente estos reinos descritos al principio, con el campo, nos está diciendo que la obra del Padre se realiza en todos los órdenes, incluso en 100 metros de acantilado.

Pero ese campo es anterior a su dueño. Él introduce sus manos en la tierra de los elementos desorganizados. Y siembra la semilla de la luz y la verdad, que “no fue creada ni hecha, ni tampoco lo puede ser.(DyC 93:29) El sembrador de estrellas salió a sembrar hace mucho tiempo y crea la vasta expansión de su gloria, allá, donde hay materia sin organizar.

Cavando en las estrellas.

“Las estrellas también dan su luz, a medida que ruedan sobre sus alas en su gloria, en medio del poder de Dios” (45)

La parábola de los reinos
ruedan sobre sus alas
Dan su luz al obedecer el evangelio de la génesis estelar, predicado por los dioses de eternidad en eternidad. Al decir, “ruedan sobre sus alas”, el Señor adjudica esta propiedad con una intención.  En la sección 77 se pregunta por el significado de los ojos y las alas de los seres vivientes que Juan vio en los cielos. En cuanto a las alas, el Señor responde “…y sus alas representan el poder para moverse, para obrar, etc.” (DyC 77:4)

Para conseguir una estrella a partir del polvo estelar, y que ésta se mueva y obre, hay que cavar mucho y hacerlo bien. Y el “vigilar aquellas cosas que habían ordenado hasta que obedezcan” (Abraham 4:18), bien merecido está para esos siervos de la parábola “alegrarse con la luz del semblante de su señor” (56)

Rodar con sus alas (o las nuestras), en medio del poder de Dios, me sugiere no solo un movimiento de traslación a través de la Vía Láctea. También otro rectilíneo ante el poder de Dios. Porque ciertamente todos nos movemos en círculos con nuestras alas en el espacio en medio del poder del Sol. Pero también rodamos en línea recta a través del tiempo, en el gran plan de salvación.

Cavando en las dispensaciones.

Cada dispensación es un campo donde cavar. También las naciones y pueblos de la tierra reciben la voz del amo del campo: “¡Escuchad, oh naciones de la tierra, y oíd las palabras del Dios que os hizo!” (DyC 1:23) y reciben a veces su voz en la “de los truenos y la de los relámpagos y la de las tempestades; y por la voz de terremotos y de fuertes granizadas…” (DyC 43:25). Porque las naciones son tierra dura de labrar, porque no escuchan los consejos fácilmente y caen en “guerras y perplejidades” (79). En cada una de ellas sus siervos “meten su hoz con su fuerza” (DyC 4:4) y no obstante “atesoran para sí”

la parábola de los reinos
aguas polvorientas

Así como las nebulosas de polvo estelar son un criadero de estrellas, porque “[el Espíritu de los Dioses cubre la faz de sus aguas polvorientas]” (Abraham 4:2). De la misma forma, también su espíritu obra sobre la faz de las naciones. Haciendo de sus dispensaciones, que obran sobre la faz de ellas, un criadero de futuros seres exaltados. Siendo la proporción de éxito entre el polvo estelar y los hombres parecida. Ya que muchos granos de polvo son llamados, pero pocos llegar a brillar. Por tanto la misión de “llenar la inmensidad del espacio,” (12) comienza con la fe en un grano de polvo.

Cavando en nuestra alma

Y esa labor agrícola en la gran viña llega a nuestra alma. Ahí se produce el milagro de la fe. En nuestro interior notamos el poder del reino cuando “la voz suave y apacible que a través de todas las cosas susurra y penetra, y a menudo hace estremecer [nuestros] huesos mientras se manifiesta…” (DyC 85:6) Y cual si fuese un reino, la faz de nuestra alma es cubierta por “la luz que existe en todas las cosas, que da vida a todas las cosas, que es la ley por la cual se gobiernan todas las cosas” (13) El Señor trabaja en su campo en todas las escalas y todas las horas.

El litoral de los reinos

La parábola de los reinos
que las meditéis en vuestro corazón
Acercarnos a la parábola del los reinos en la sección 88:51-61, requiere contemplar los versículos del 1 al 69. Están en un mismo litoral de esta sección, pero pasan desapercibidos si intentamos urbanizarlos o medirlos.
Para centrarnos en el olfato hay que apagar la vista. Para escudriñar las escrituras tenemos que pensar como ellas. Y eso es difícil para una mente confiada en una geometría razonable.

En la parábola de los reinos, de hecho en la sección 88, no hay un contorno predecible, no hay un resultado final. Las perspectivas son ilimitadas. Porque su geometría es fractal, es decir contiene una clave que genera un mundo nuevo. Si un mundo nuevo. A cualquier distancia que observemos las escrituras, siempre hay un reino y sus leyes. Estrellas, planetas, dispensaciones, personas, incluso peces en vasijas que viajan hacia un plan misterioso.

Podemos desgranar cada versículo, cada frase y encontraremos un reino nuevo, si un reino nuevo. Son fractales del poder de Dios. La parábola de los reinos muestra autosimilitud a cualquier escala y en cada una de ellas recibe la visita del señor y permanece con él toda aquella hora. 

La invitación

Al finalizar la parábola de los reinos, el Señor nos invita “de cierto os digo, mis amigos, os dejo estas palabras para que las meditéis en vuestro corazón…” y en ese acercamiento humilde, que es la meditación, sin ánimo de conquista. Permitiendo que en el pequeño campo de nuestra mente crezcan especies desconocidas. Entonces escuchar…

“el hombre que ha visto a cualquiera o al menor de ellos, ha visto a Dios obrando en su majestad y poder.” (47)

Próximo artículo
En el próximo artículo “Las magnitudes del evangelio y los santos” nos acercaremos al desafío que suponen las cantidades en la restauración. Sobre todo en esta dispensación donde nuestra manera de afrontar sus magnitudes es muy importante

Be the first to comment

Deja un comentario