Las escrituras electrónicas y las planchas de oro

Las escrituras  que tenemos hoy , han experimentado la revolución tecnológica de nuestro tiempo. Ahora podemos leerlas en internet, en nuestro teléfono o en una tablet. ¿Cómo afecta eso a su estudio? Si se han hecho esta pregunta alguna vez, entonces ustedes y yo estamos sentados en la misma piedra.

Desubicación del conocimiento

Las escrituras electrónicas
Los dos mundos unidos

La lectura, desde la invención de la imprenta,  hasta hace unos años,  estaba relacionada con sensaciones físicas. Simplemente el hecho de referirnos a la Biblia o al Libro de Mormón viene a nuestra mente un determinado peso y volumen. Las ideas adquiridas tenían unas coordenadas espaciales. Es decir, asociamos un pasaje dentro de un volumen de hojas de papel, en cierto margen a cierta altura.
Muchas veces recordamos textos o citas por su posición en la hoja y si está a la derecha o a la izquierda del libro. Sin darnos cuenta, relacionamos los versículos con una posición en el espacio. Esto facilita a la memoria el encontrar un texto determinado dentro de un volumen.

Nuestros dedos al recorrer la superficie de papel, se detienen al final en el lugar buscado y golpeamos con el índice varias veces en el objetivo. Lo encontré. El libro representa la encarnación de una idea en este mundo, el libro es el cuerpo físico de las palabras. Los dos mundos unidos, a semejanza de nosotros, en un lugar de la historia.

La lectura electrónica

La lectura electrónica, desubica el conocimiento de nuestro espacio y lo lleva a uno inexistente o virtual. Elimina la sensación de solidez de su origen. Las planchas de oro, sustituidas por hojas de papel desaparecen. Nuestro tacto, el que usaron los testigos para palpar las planchas, no es ya necesario. La vista está ahora sobre una pantalla electrónica.

las escrituras electrónicas
lo difícil que es grabar nuestras palabras sobre planchas

A mi modo de ver,  el uso exclusivo de soportes electrónicos, empobrece la experiencia de la lectura de las escrituras. Le quita grosor como práctica y adelgaza su efecto en nuestros sentidos.
¿Qué percepción  tendrán las generaciones futuras de las planchas de oro si todo el rastro que tienen con ellas se limita a percibirlas a través de cristal líquido?
Virtualizarlo todo tiene el riesgo de hacernos perder contacto con los soportes originales, con la historia, con sus personajes, con sus impresiones pasadas, sus relatos y emociones.
Podemos imaginar  las dificultades de Jacob cuando nos dice

…yo, Jacob, había ministrado mucho a mi pueblo de palabra (y no puedo escribir sino muy pocas de mis palabras por lo difícil que es grabar nuestras palabras sobre planchas), y sabemos que lo que escribamos sobre planchas debe permanecer;” (Jacob 4:1),

Los matices

Estos matices serán difíciles de entender para una generación cada vez más alejadas de la escritura manual y de la letra impresa.
Siempre he creído que deberíamos leer El Libro de Mormón a la velocidad de un punzón sobre una plancha metálica, porque a esa velocidad procesaba Nefi sus palabras. Por tanto, la energía e intención de cada una, estaba mucho más concentrada que un texto de un e-mail o un SMS. Pero entiendo que esta pretensión es poco práctica, porque entre otras cosas no sabemos a qué velocidad se grababan los caracteres del egipcio reformado. Y de seguro nuestros jóvenes se desplazan por las palabras, como sus dedos por el teclado de un Smartphone.

La percepción de las escrituras

las escrituras electrónicas
temo que los gentiles se burlen de nuestras palabras

Trasladar un texto de esta naturaleza a un soporte tan veloz e impersonal como una pantalla TFT, puede modificar nuestra percepción,  hasta encaminarla por los senderos del tratamiento de texto moderno. Es decir bloques de conceptos que se pueden copiar, cortar y pegar. Para las generaciones que vienen con una formación casi exclusivamente digital, esto puede ocasionar una hemorragia de sustancia espiritual en sus vidas.

Moroni nos habla claramente de su lucha con el lenguaje y el soporte que usaba.

…cuando escribimos, vemos nuestra debilidad, y tropezamos por la manera de colocar nuestras palabras; y temo que los gentiles se burlen de nuestras palabras.” (Éter 12:25)

Esta especie de autocrítica de Moroni pasa desapercibida. Pero podemos notar que era consciente de la influencia del soporte en la comprensión de las escrituras. Sin embargo, nosotros, no somos conscientes de la influencia del soporte electrónico en esa misma tarea de comprensión. Nos hemos entregado entusiasta y dócilmente a cambios, que de no ser revisados, nos pueden afectar. Pensar que no existen es una ingenuidad.

Es revelador que alguien tan experimentado como Moroni, reconozca la debilidad de su escritura. Sin embargo el Señor le manifiesta que su “gracia es suficiente para los mansos, para que no saquen provecho de vuestra debilidad” (26) Es del reconocimiento de su debilidad en escribir que a Moroni se le promete la gracia de su lectura futura.

Somos nosotros, los que necesitamos ahora, reconocer los tropezaderos de la forma moderna de leer las escrituras, para que siga esa gracia fortaleciendo a los mansos. Es a lo que nos disponemos ahora, analizar nuestro nuevo soporte.

Las escrituras electrónicas

Cuando avanzamos en la lectura impresa, requiere un esfuerzo, el dejar páginas atrás sin la debida lectura. Es una pequeña traición al libro que tenemos delante. Porque vemos pasar ante nosotros hojas, que podemos imaginar como planchas de oro y que no leemos. Sentimos que estamos fallando.

Las escrituras electrónicas
Su personalidad ha sido moldeada a través de los siglos.

Cuando llegamos a 2 Nefi, hay una especie de deber moral de leer a Isaías. Aun cuando sea “difícil comprender, porque no [sabemos] concerniente a la manera de profetizar entre los judíos” (2 Nefi 25:1). Aunque seamos nosotros los que tropecemos en sus palabras, trastabillando por ellas, salimos más tarde a una tierra más acogedora como Jacob.
Cuando me bauticé y leía el Libro de Mormón, al llegar a 2 Nefi 12, se me planteaba un dilema. Saltar hasta el 25 o leerlo todos los capítulos de Isaías. Era difícil porque estábamos el libro y yo. Cada hoja era una demanda y pasarlas en blanco un acto de renuncia y…traición al noble oficio de la lectura. Es una situación casi contractual. Un libro demanda nuestra presencia en cada página, de lo contrario se rompe el acuerdo. Su personalidad ha sido moldeada a través de los siglos.

Un cambio contractual

Las escrituras electrónicas
sin debilidad ni tropiezo

Sin embargo en  la lectura electrónica sólo está el scroll a nuestra derecha. No muestra el volumen total del contenido. Solo el de un capítulo. Es muy fácil mover el dedo y los procesadores de un núcleo informático harán que se deslicen las palabras ante nosotros con velocidad,  sin debilidad ni tropiezo. Es difícil suponer que esas palabras tengan ocasión para susurrar desde el polvo.
Las escrituras en formato electrónico eliminan el  tacto de las hojas a nuestros dedos, al oído de escuchar el crujir del papel y al olfato de oler el cuero viejo de su portada.

Con las de papel, envejecemos con ellas y vemos en sus arrugas las nuestras. Hay una especie de lealtad hacia ellas, aun cuando sus hojas se desprendan no queremos desprendernos de ellas.  Valoramos su sabiduría por encima de su aspecto, asumiendo en su deterioro el nuestro. Reconociendo en ellas los momentos compartidos, porque nuestro volumen personal de escrituras con el tiempo, asume una identidad especial, establecemos un vínculo emocional.
Si en alguna conferencia las hemos dejado en un despacho, dejamos a las noventa y nueve y las buscamos hasta hallarlas. No son una descarga de una red de datos, para alguien habituado a ellas son de gran valor.

La competencia

La aplicación web de lectura, siendo en nuestro móvil, un icono más, compite en igualdad de condiciones con otras por captar nuestra atención. La posibilidad de hacer clik en ella, está rodeada de cincuenta opciones más. Pierde por tanto, su antigua presencia en el paisaje cotidiano. Sea este la mesa del salón, nuestra mesita de noche o la mochila del trabajo.
Con esto quiero decir que los cambios digitales se transmiten a la vida real de formas casi invisibles, pero a la larga contundentes.
Sin embargo, las cualidades de la lectura electrónica son innegables cuando se busca la eficacia en la búsqueda de información, portabilidad en una vida ajetreada, compartir con gran número de personas a un tiempo y en destinos distintos. Tener el Libro de Mormón en un teléfono móvil, nos puede ayudar a leerlo casi en cualquier situación. Pero desalojar al papel totalmente, es un error.

Inmediatez

Las escrituras electrónicas
A recitar más que a meditar

El uso único de las escrituras electrónicas, puede convertir la sabiduría que tienen en información. Es el precio de la tecnología.
El conocimiento de las escrituras es de naturaleza agrícola. Los procesos de adquisición de conocimiento son lentos y cíclicos como Zenos  enseña en Jacob 5. No existe la inmediatez en las escrituras. El Señor de la viña esperaba largo tiempo. El conocimiento de sacerdocio desciende como roció del cielo. Enós salía a cazar para deliberar en ellas. Nefi se sentaba y reflexionaba.

El pasar a un formato “industrial” nos obliga a pagar un peaje y a aceptar una cara, oculta en un principio. La tecnología aplicada  las escrituras invita a extraer más que cosechar.  A transportar más que a atesorar. A recitar más que a meditar. Los procesos son rápidos, no son humanos, son electrónicos no agrícolas. Invitan, estas tecnologías, a considerar a las escrituras como supermercados de enseñanzas más que como el árbol cuyo fruto es deseable para hacer a uno feliz. No hay cosecha, hay almacenamiento y transporte.

Aunque quizás lo parezca (y lo parece), no tengo la intención de combatir la tecnología. Entre otras cosas porque sería equivocado e inútil. Recuerdo que uno de los primeros trabajos que hice en diseño web, fue digitalizar el Libro de Mormón y llevarlo a una página web. Veía en las escrituras un clavo para usar con mi martillo. Actualmente dispongo de ellas en mi teléfono móvil. Realmente puedo leer casi en cada lugar.  Me da más oportunidades de leerlas y poder buscar lo que quiero sin emplear mucho tiempo en ello.

Una estrategia

Las escrituras electrónicas
Las tecnologías no negocian con nosotros

Sin embargo lo que sí creo necesario es comprender las consecuencias de los cambios en un asunto tan vital como es este. No podemos alterar los usos y costumbres en una de las piedras fundamentales de nuestra espiritualidad y del nuevo conocimiento recibido, sin considerar cuidadosamente las consecuencias y cuál debe ser nuestra estrategia.

   No podemos ni debemos evitar las nuevas tecnologías, no podemos huir. Debemos tratar con ellas. Debemos leer las escrituras en papel para meditarlas, pero podemos llevarlas en nuestro teléfono como una posibilidad más de tenerlas con nosotros. De que estén presentes en cualquier situación.
Debemos negociarlo todo con las tecnologías. Porque estas no se suman a nuestra vida. Las tecnologías no negocian con nosotros, porque ellas tienen en su sustancia el cambiarlo todo. Son reactivas, son catalizadoras. Son extrañas e impredecibles. No enseñan sus cartas.
No podemos aceptar el plan de salvación y optar por lo virtual, como única opción. De lo contrario podíamos habernos quedado allí, como bytes espirituales y haber descargado un archivo de probación.net.

La tecnología y el evangelio

Como muestra, internet ha cambiado la práctica de la historia familiar. La ha convertido en algo accesible para todos nosotros a cualquier edad o situación. Este puede ser un ejemplo de cómo una tecnología ha sido hábilmente adaptada a un objetivo humano no técnico. Y ese objetivo, volver el corazón, no sólo ha permanecido original a las llaves con que se abrió al mundo, sino que ha crecido en el corazón de millones.

Las escrituras electrónicas
La Iglesia ha sabido negociar con mucha habilidad

Pero ese perfecto acoplamiento y asimilación ha sido posible gracias a un fuerte componente religioso, a una extensa cultura anterior en la indagación de la memoria de nuestros antepasados.  Ha sido posible conservar la pureza de nuestros objetivos ante el embate de internet porque ha habido una generación de miembros a caballo entre la tipografía y el byte, que ha sabido entenderse con ambos soportes. Y ha conseguido poner bridas a lo que está transformándolo todo. La Iglesia ha sabido negociar con mucha habilidad en este campo tan vital para los planes preparatorios. ¿Lo haremos nosotros en nuestra vida personal?

Nuestro presente

Sin embargo observo con preocupación,  cómo nuestros jóvenes, llevan solamente sus Smartphone a las reuniones, a las conferencias e incluso a seminario. Esto me da a entender que en casa también. Los maestros y maestras luchan contra esta práctica y observo ya en algunos adultos el abandono del libro por la tablet.

Deberíamos reflexionar sobre las tradiciones correctas de nuestros antepasados, que podrían convivir perfectamente con las novedades de nuestro tiempo. Y una tradición que deberíamos velar por su conservación es que el estudio personal de las escrituras,  no la preparación de un discurso o clase, me refiero al estudio privado y personal. Éste deberíamos hacerlo en las nuestras, en nuestras planchas de papel.
El Nefi moderno no tiene que jugarse la herencia y su vida para obtener las planchas. Porque está rodeado de copias en todos los formatos imaginables.
Pero ha a de ser muy cuidadoso para no confundir el precio de tenerlas con el valor que representan.

2 Comments

  1. Hola David , soy Jorge. Me sigue sorprendiendo tu capacidad de análisis en todos estos temas religiosos. Este sobre las Escrituras electrónicas me parece perfecto. Abrazo.

Deja un comentario