En recuerdo de José María Rivero Sola, patriarca y sellador en el Templo de Madrid, fallecido el 8 de Abril de 2025.
Honor a su memoria.
El Templo y su poder transformador, es un esfuerzo en concretar algunas impresiones acerca de nuestra relación con la Casa del Señor. Me centro en el efecto en nuestra alma y carácter que produce nuestra relación con el Templo.
Al estar presentes ante la investidura del templo y sus ordenanzas, en cierta forma lo estamos ante un Cosmos que no llegamos a entender del todo. Es la misma situación que tenemos en la vida.
El conocimiento natural requiere el uso de nuestros sentidos para estudiar los fenómenos y sus causas. Sin embargo, el Salvador diciendo a Pilatos «Mi reino no es de este mundo» Jn. 18:36, nos indica que la naturaleza de Su Casa no pertenece ni al mundo donde vivía Pilatos ni al nuestro. Por lo tanto requiere usar la ciencia y el lenguaje de Su Casa. Sugiere la construcción de un ser nuevo en nosotros para el entendimiento de un entorno nuevo.

La palabra Cosmos la entendemos como Universo pero en realidad viene del griego κόσμος (kosmos) que significa «orden» su antónimo es χάος (cháos), «caos, vacío, abismo». Los griegos ya intuyeron estos dos conceptos.
Utilizo la palabra Cosmos en relación con el Templo porque el Templo representa el orden en nuestra existencia frente al caos de un mundo que no atribuye sentido a nuestra vida. Al relativizar el concepto de verdad, cualquier coordenada es tan válida como otra. Sin embargo en el templo encontramos un curso definido que nos lleva a la vida eterna.
La conversión
La conversión personal al Cosmos del Templo requiere un cambio en el régimen de nuestro pensamiento hacia lo solemne y sagrado. Templo viene del latín «templum» la raíz tem es separación, un espacio sagrado separado del mundo. La erudición y la madurez en esa senda se nota más en el silencio que en el hablar. Esa reserva no es solo por lo sagrado sino por lo intraducible.
La naturaleza de esa conversión se aprecia mejor cuando no estamos en el Templo.
La utilidad de una ventana reside en su vacío, ya que a través del vacío, entra la luz en la casa, Tao. En el vacío de la no asistencia enmarcamos la luz y conocimiento que recibimos en la Casa del Señor.
Si solo asistimos para realizar ordenanzas, es un bien que hacemos y no quedará sin galardón. Pero la conversión al pensamiento del Templo, la adopción de su lenguaje y símbolos como modelo de nuestro ser, harán que en el vacío de la no asistencia, se distinga cómo su luz alumbra nuestra vida. Por eso es una Casa de instrucción aun después de salir de ella.
El templo y la inmensidad
En el templo tratamos con lo innumerable, vamos a recoger con nuestra mano agua del océano o empezamos a contar las estrellas como Abraham. Tomamos conciencia de nuestra nulidad ante la descomunal tarea de redimir a los muertos. Si no meditamos y somos conscientes de las proporciones del entorno y su tarea no podemos orientarnos cabalmente ni en el Templo ni fuera de éste. Los números naturales (N) no sirven para orientarnos dentro.

Siendo que en nuestra vida cotidiana tratamos con geografías locales y tiempos limitados, en el templo somos guiados a hacerlo con el infinito y su eternidad.
Si no conseguimos esta disposición a tratar con sus ordenanzas, será difícil percibir el conocimiento circunscrito en ellas. Por eso el consejo del Señor
Escuchad estas palabras. He aquí, soy Jesucristo, el Salvador del mundo. Atesorad estas cosas en vuestro corazón, y reposen en vuestra mente las solemnidades de la eternidad.
DyC 43:34
Asamblea solemne
En el Templo somos invitados a formar parte de ese Cosmos solemne. La palabra solemne significa tanto grave, majestuoso e imponente como también protocolario y ceremonial (RAE)
Las ordenanzas del templo discurren dentro de una ceremonia o protocolo. Esos ornamentos simbólicos de su investidura, nos visten adecuadamente para asistir al banquete de bodas. Ese simbolismo fortalece al alma, afirmando sus bóvedas que contienen lo solemne de su arquitectura. El Templo nos repara.
Sin su investidura, vivimos el mundo en piel viva. El adversario se esfuerza en «despojar al hombre de la luz y la verdad» 93:39. Incluso el lenguaje recibe la erosión permanente de lo vulgar disminuyendo la protección frente a los remolinos de mentiras. En el Templo cuidamos el lenguaje emulando al susurro del Espíritu.
Si cuando vamos al templo, solo cambiamos de indumentaria pero sin reposo ni solemnidad de pensamiento, lo más probable es que no atesoremos nada.

Nos preparamos para adorar en el Templo cuando templamos nuestro carácter y lenguaje. De esa forma somos vecinos de su explanada, habitantes de sus estancias y criaturas de su atmósfera.
No hay lugar más semejante al Templo, que amaneciendo, el suave ascenso a una montaña en un día de lluvia fina. Cuanto más infrecuente son esos momentos solitarios, que Cristo frecuentaba, más alejamos el alma de lo grave, solemne y majestuoso. El templo es el bosque del Señor.
El trabajo corporal
En el Templo, el cuerpo se convierte en nuestro maestro. El movimiento de éste por sus estancias dibuja una escritura en el tiempo. Ser conscientes de los movimientos de nuestro cuerpo y sus gestos en las ordenanzas, nos proporciona una lectura en el lienzo de sus salones. Esta actividad de conciencia corporal, nos sitúa en la observación de la investidura casi en tercera persona. Práctica empleada por el Señor en las escrituras.
Esta nueva perspectiva, nos ayuda a orbitar correctamente en el giro de las ordenanzas. Entendemos así que, no solo aprendemos intelectualmente sino corporalmente.
El diseño de la investidura del templo me recuerda al sueño de Lehi. Para entender ambos es vital la posición y el movimiento en la escena, solamente ese aspecto nos revela mucho de los que ocurre en cada lugar o sala.
Por ejemplo hay tres movimientos principales en el sueño de Lehi y todos hacia el Norte. Hay otros en el templo y todos hacia arriba. Estos detalles solo son visibles si consideramos a nuestros cuerpos y su observación como elementos importantes para el conocimiento.
Otro ejemplo lo encontramos en la visita de Jesucristo en Zarahemla. Su cuerpo fue clave en la conversión de sus habitantes. Su desplazamiento de arriba a abajo y viceversa no es casual. En sí mismo, ese movimiento, primero genera una muestra de la condescendencia de Dios 1 Nefi 11, tal como el fruto del árbol baja hacia quien lo procura. Y después hacia arriba, siembra la fe y esperanza en un nuevo encuentro. Ambos comienzan y terminan elevando la vista al cielo.
Si recordáramos el anhelo que tuvimos en la vida premortal por tener un cuerpo, ahora prestaríamos más atención a su actividad en La Casa del Señor. No recuerdo otro lugar donde su movimiento adquiere tanto protagonismo.
Sus delicados pastos
Este es un trabajo interno, privado de toda ostentación e imposible de compartir. Por lo tanto, cerrada la puerta, nuestro único testigo es el Padre Celestial. Quizás no se aprecie solemnidad en el carácter o un rostro reflexivo. Sin embargo el rumor del río interior nos asegura nunca tener sed ante el calor del día.
Entenderemos con otra claridad las palabras de David
En lugares de delicados pastos me hará descansar; junto a aguas de reposo me pastoreará.
Salmos 23
Confortará mi alma; me guiará por sendas de justicia por amor de su nombre.
Los delicados pastos y las aguas de reposo no son símbolos de nuestro tiempo. De hecho delicado y reposo son palabras desterradas de nuestro entorno.
Pero el rey David es un hombre del Templo. En igual medida aquellos que memorizaban o cantaban sus palabras se unían a su estela.
La escena del Salmo 23, que presenta a Jehová como nuestro pastor, no se encuentra fuera sino en nuestra alma. David la reproduce en la suya a pesar de contratiempos y pruebas.
«Mas yo estoy como olivo verde en la casa de Dios; en la misericordia de Dios confío eternamente y para siempre.»
Salmos 52:8

En el mundo el espacio se contrae y como consecuencia el tiempo arde, igual que en las estrellas. Este cambio de era no es como las demás, es una mutación profunda en todos los aspectos y nadie sabe el final. Hoy se realiza el recogimiento de Israel y al mismo tiempo, el recogimiento de las potestades de las tinieblas en un solo cuerpo.
Como dice Bauman en su último ensayo Retropía.
"El futuro ha pasado a ser un escenario de pesadillas: el terror a perder el trabajo y el estatus social asociado a este, el terror a que nos confisquen el hogar y el resto de nuestros bienes y enseres, el terror a contemplar impotentes cómo nuestros hijos caen sin remedio por la espiral descendente de la pérdida de bienestar y prestigio”.

Los santos podemos aspirar a un pensamiento diferente si nos asociamos al templo y sus delicados pastos. En el Templo miramos al pasado y al futuro sin experimentar el terror del que habla Bauman. La persona del templo edifica en Cristo.
Aunque no podemos escapar del dolor, sí podemos practicar su desprendimiento al observar la amplia perspectiva que nos da la investidura del Templo. Al meditar con frecuencia en sus estancias e instrucción tocamos el diapasón del cielo y con eso afinamos nuestro pensamiento y decimos como el salmista.
«Porque mejor es un día en tus atrios que mil fuera de ellos. Escogería antes estar a la puerta de la casa de mi Dios que habitar en las moradas de la maldad.»
Salmos 84:10
La conmoción de nuestra era
Tengo como actividad diaria leer la prensa en varios medios. Calibro diariamente la situación del mundo y nuestro país en relación a la restauración. Más que una actividad de análisis sesudo es de sensaciones.
Considero que el término nación está muy presente en las escrituras, el Señor lo acepta como parte de su pensamiento y de sus planes al referirse al mundo. Las naciones son contenedores de significado, por lo tanto el estudio de la actualidad forma parte del de las escrituras.

Últimamente esa actividad me produce ansiedad y preocupación creciente, pero es necesario sufrirla si quieres estudiar las escrituras en banda ancha.
Eso hacía cuando oraba como misionero en Torrejón de Ardoz. Con la ventana abierta oraba y escuchaba el ruido de la calle. Ambas realidades eran simultáneas, cualquier separación era forzada.
«… así que Nefi se había arrodillado en esta torre que estaba en su jardín, la cual también se hallaba cerca de la puerta del jardín que daba al camino real.»
Helamán 7:10
Nefi necesita sentir la realidad para orar con fundamento. Cuando la gente que pasaba por el camino se percató, él tenía las respuestas.
Experimento diariamente la transición de las noticias al estudio de las escrituras. A veces no es fácil cambiar de piñón, pero hay que hacerlo si queremos atravesar todos los terrenos.
Un hecho singular
Hace unos días reflexionaba sobre las guerras y desastres en proporción a la población en la historia. Llegué a la conclusión de que no había una diferencia significativa de su número y gravedad en relación a la población. Por lo tanto las profecías de su segunda venida podrían tener la misma actualidad en el siglo X que en el XXI.
Pero de repente un pensamiento impactó mi atención con estas palabras.
"Pero nunca ha habido más de doscientos templos en la tierra"

Me dí cuenta que la obra del templo, no solo cobra importancia creciente entre los santos sino que modula nuestra comprensión de la historia contemporánea.
En términos históricos, nunca se ha realizado una obra de tal naturaleza y a tal escala en el mundo. Si la separamos de nuestro credo, si desvinculamos esa actividad en los templos de la fe que la acompaña, sigue siendo un trabajo colosal y único en términos absolutos. Sirve tanto a los creyentes como a los incrédulos. Es de impacto general.
Los recogimientos
Es solo, en estos últimos días, que el adversario ha conseguido poder para marcar la frente y manos de la humanidad.
Y hacía que a todos, a pequeños y a grandes, a ricos y a pobres, a libres y a esclavos, se les pusiese una marca en la mano derecha o en la frente;
Apocalipsis 13:16
La tecnología y el conocimiento es vital para la restauración y el recogimiento de Israel. No podemos realizar el cometido de esta dispensación sin la tecnologia actual. Por ejemplo nuestra capacidad de realizar actos/registros/conservación, se acerca a la de los cielos. Nuestro crecimiento en ver en muchos lugares a la vez y conocer se va pareciendo a lo que narran las escrituras. La obra por los muertos está asistida por la IA.
Las espadas flamígeras que giran alrededor del árbol de la vida, al final la ciencia encontrará la manera y el momento para sortearlas. A no ser que alguien lo impida por segunda vez.
Pero esa tecnología, que se acerca a pasos agigantados al árbol de la vida, necesita las llaves del sacerdocio para ser embridada y controlada por principios correctos. Nuestra capacidad se acerca a la soberanía de lo divino, no hay que extrañarse. Mi certeza no está en mi fe en la ciencia sino en saber que somos sus hijos aunque no lo recordemos.
Movimientos globales
El mundo y su sabiduría realiza un recogimiento vertiginoso alrededor de su torre, donde la IA relincha y corcovea.
El recogimiento de Israel, se realiza aceleradamente alrededor de las estacas y los templos de Jesucristo, donde la IA es una sirviente bajo las llaves del sacerdocio.
De forma paralela, se está produciendo una polarización entre las naciones que defienden la libertad y la prevalencia de la ley frente a las que derivan hacia el autoritarismo.
La consagración de la mediocridad como virtud política refleja la decadencia de la ciudadanía al no cuidar de sus libertades, como aquella tercera parte que abdicó. Los términos de estos movimientos globales son cada vez más semejantes a los que originaron la guerra en los cielos. Guerra que impidió el acceso al poder de los rebeldes.
Por eso la mentira ha pasado de ser algo abstracto a encarnarse electrónicamente en redes neuronales. Es lo más parecido a un cuerpo que podrá conseguir el padre de las mentiras.
El Templo y su poder transformador
El templo y su poder transformador, encarna el mayor acercamiento que podemos tener en este mundo al reino de los cielos. Por eso sus maneras y su sociedad nos muestran cómo vivir y pensar de una forma más elevada. Detrás del templo está la civilización de los cielos filtrándose en sus ordenanzas. Los santos que se vinculan a su obra, no solo realizan ordenanzas por sus ancestros sino que se impregnan con una forma de ser y pensar distinta al mundo.

Atesorad estas cosas en vuestro corazón, y reposen en vuestra mente las solemnidades de la eternidad.
DyC 43:34
A medida que crece la conmoción en el exterior, los santos necesitamos la serenidad y estabilidad que proporciona el servicio y aprendizaje en sus estancias. La construcción acelerada de templos que estamos viendo responde a varias razones y una de ellas es la necesidad de lugares de recogimiento para el alma.
Asociados a los cielos
El investigador sénior del CIDOB, Eduard Soler i Lecha habla de las alianzas líquidas de nuestro tiempo. Inspirado en Bauman traslada a las naciones aquello que debilita al individuo. Los bloques de naciones inspiradas en ideales comunes de libertad y seguridad van desapareciendo sustituidos por acuerdos temporales meramente transaccionales.
Sin embargo en el templo, nos asociamos a la nación de los cielos, a un reino al que nos vinculamos por juramento y convenio
…juramento y convenio de mi Padre, que él no puede quebrantar, ni tampoco puede ser traspasado.
DyC 84:40

Al obrar en esa atmósfera, nos educamos en la ciudadanía celestial y su pensamiento. En su manera de hablar y tratarnos unos a otros. A la vez en su orden y sus leyes. En la extensión de nuestros intereses más lejos de lo que vemos. Claramente en el crecimiento de nuestro afecto más allá de parientes inmediatos. En el control de nuestra conducta y emociones a fin de sujetarnos a algo mayor que nosotros.
Al estudio y comprensión de la investidura muy semejante a la censura que el Universo tiene en sí mismo. Vemos la gloria de su Casa, semejante a las de los lirios porque no ha sido tejida por manos humanas.
Fortalece nuestros lazos dándonos estabilidad y templanza, cuando el mundo sufre orfandad con ansiedad y sin normas.
Esa educación que adquirimos es de una naturaleza especial, es por condensación tal como enseña DyC 121
…entonces tu confianza se fortalecerá en la presencia de Dios; y la doctrina del sacerdocio destilará sobre tu alma como rocío del cielo.
DyC 121:45

