El cierre del arco. Entrevista con Carolo (2)

Segunda parte de la entrevista con Carolo, el cierre del arco. Para entender este relato es necesario leer el anterior.
Estamos en la vida premortal. Kozam un hijo de la madre Jana tiene la oportunidad de conocer a un perceptivo sin forma, Carolo.
Un perceptivo sin forma es un hijo del Gran Gnolaum, que por su especial naturaleza, renuncia voluntariamente a adquirir un cuerpo físico. Se convierte así en un explorador y embajador del linaje del Padre ante otros linajes. Tiene la misión de recabar conocimiento y experiencia de mundos inalcanzables solo accesibles a los de su condición.

En esta parte de la entrevista con el perceptivo sin forma, se debate el cierre del arco de la cuarta era. El final de nuestra estancia en Kolob y la preparación del concilio de los cielos. Se debaten las premisas, esto es, las condiciones de nuestra vida en la tierra. De las tres premisas, una de ellas, el libre albedrio, genera gran debate.

 

El cierre del arco

Calandro se levantó y pidió la palabra. Partal asintió lentamente. Todos estábamos sumergidos en las imágenes que surgían de la intervención de Carolo y esto confería un retraimiento en nosotros, como si él nos describiera un profundo abismo invisible ante nuestra vista.

El cierre del arco
Algunos como Lucifer y Aribel

—Carolo, tenemos en este momento un gran debate acerca de las premisas. Algunos como Lucifer y Aribel ponen en cuestión su validez en los lugares densos. ¿qué piensas tú de todo esto?

Carolo miró fijamente a Partal. Intentando encontrar un acuerdo en sus miradas. Después de lo que nos pareció demasiado tiempo contesto a la pregunta.

—El cierre de cada arco es el final de una era. El comienzo de un reto. El reto de sobrevivir. Es así con todas las criaturas que existen y existirán. No es aún este debate una batalla, pero siempre hemos de estar preparados por si esta acontece.

Intervine y esta vez lo hice tranquilamente con la seguridad que recibiría mi ración de verdad. Como aquel que se interroga mirándose en el fondo de un lago.

—¿Qué batalla? ¿quién vendrá a oponerse a las casas? Eso es imposible.

Carolo, me miro y perforó lo que quedaba de mi coraza.

La tormenta venidera

—¿Quién promueve la batalla en nuestra alma? No necesitamos a nadie, nuestras tormentas surgen en nuestro interior. Cada uno posee su propio clima. Y por doquier encuentro a personas que se debaten en el interior de ellos mismos. Así ocurre en cada era. Cada una de ellas tiene su propia tormenta. Tenéis que estar preparados para la vuestra y esta se avecina. Todos podéis presentirlo…

El cierre del arco
Cada uno posee su propio clima

En ese instante miró a Partal, encontrando sintonía en su mirada

—No les estoy diciendo nada nuevo, Partal.

—Y tú Carolo – pregunté –– ¿qué harás, en qué lugar estarás en la tormenta?

Partal ya no se inmutaba, entendía que si bien se habían traspasado ciertos límites, también era cierto que el momento que vivíamos permitía ciertas licencias.

—Yo soy un perceptivo sin forma. Mi destino está sellado. Serviré al gran Gnolaum. No pretendo nada más porque no concibo mejor destino para mí que realizar sus mandatos allá donde me envíe. Nací para tomar esta decisión y os aseguro que nunca me he arrepentido.

No pude evitar la ironía en mis palabras. Porque yo también nací para decir ciertas cosas

—Ya veo– conteste– eres muy afortunado Carolo, por estar libre de estas contingencias climatológicas.

Partal intervino para dar la palabra a Celem, dejando la ironía de mi comentario a un lado. Reconozco que me sentí mal por haberme dejado llevar por un sentimiento de impotencia. Ahí estaba alguien ajeno a todo, a salvo de todo. Dejando ver su virtud, la de acceder a experiencias inalcanzables para nosotros. Y avisándonos de tempestades próximas. Solo eso faltaba para sumar a la incertidumbre de nuestra partida, la posibilidad de que esta fuera entre lamentos y condenas.

Los mundos habitados

La tarde pasó de pregunta en pregunta, todas eso sí, muy ajustadas a protocolo.  Narró la increíble experiencia de los habitantes de Lisam. Ellos irían a un mundo desde donde podrían divisar los contornos del sitio de donde provenían, de su primer estado. Tendrían la capacidad de ver el fulgor que emana de los lugares densos de donde partieron. Sin embargo eso no aumentaría sus posibilidades de regresar con éxito porque la constante presencia de esa vista los haría ciegos a esa visión.

El cierre del arco
es el anhelo de lo eterno..

Al parecer el dominio de los elementos era una constante estaría grabado indeleblemente en nuestra alma. También en Lisam, y por ello sus habitantes descubrirían algún día que para llegar a ese fulgor, no sería suficiente con dominar la gravedad y el espacio.

Carolo dejo muy claro que es el anhelo de lo eterno, de la búsqueda de la felicidad lo que concibe en cada mundo el progreso del conocimiento.

Nos explicó cómo la gravedad determina en gran parte el desarrollo de la civilización. Mundos con una gravedad alta, generan vidas de luchas, caracteres fuertemente territoriales, de difícil salida hacia otras etapas; vidas ligadas a la tierra y sin embargo en estos lugares el fruto de esta era de difícil obtención.

En sus sociedades el concepto de autoridad estaba muy desarrollado y la jerarquía de sus instituciones eran tan fuertes como la tierra que pisaban. Mundos de poca masa y débil atracción albergaban a sociedades por lo general muy avanzadas en conocimiento pero de pobreza espiritual y emocional. Eso no implicaba que no existieran todos los aspectos que nos eran familiares, sino que destacaban unos u otros dependiendo del lugar.

Pero todos debían ser habitados, pues en todos el crecimiento de la inteligencia era posible y en todos se podía adquirir la experiencia y conocimiento necesario para… bien eso era lo que siempre se dejaba a un lado. Para volver y adquirir el tercer estado. Nuestra meta más querida, el sueño que todo habitante de Kólob anhelaba. Excepto los perceptivos sin forma. Ellos habían renunciado con una especie de voto espontaneo. A todos nos asombraba el arrobo con que emprendían esa etapa que se nos presentaba misteriosa y ajena a nuestros intereses.

El tercer estado

El cierre del arco
Seríamos lanzados a los lugares densos como huevos de tortuga

El tercer estado era la obtención de un cuerpo denso en condiciones de libertad y conocimientos sin fin. Era tener la vida que ellos tenían, heredar el estado que tenían nuestros padres. Algo tan familiar para nosotros, que no nos dábamos cuenta del precio a pagar.

 

Seríamos lanzados a los lugares densos como huevos de tortuga y poco a poco, miles de millones de nosotros intentaríamos volver al lugar de donde salimos, adivinar en qué dirección se encontraba ese oscuro mar. Se nos prometió una guía invisible pero efectiva. También sabíamos que existirían depredadores, oposición, pero no sabíamos de dónde saldría esa extraña colaboración en toda esta historia. La incertidumbre se cernía constantemente sobre nosotros y solo había ayuda en la confianza en las premisas. Algo en lo que yo no encontraba mucho consuelo.

 

Nos despedimos de Partal y de nuestro visitante. Cuando me disponía a salir de aquel lugar Partal me pidió que me quedase. Carolo quería hablar a solas conmigo. Me sentí amedrantado por mi actitud crítica hacia alguien que realmente no merecía ningún comentario o pregunta hostil como yo las había hecho y pensé en que iba a recibir una llamada de atención.

Entrevista con Carolo

El cierre del arco
No ser amenazado por nada

Carolo me esperaba en los jardines anexos al lugar de reunión. Me daba la espalda y parecía mirar hacia el palacio de Silam. Esperé a pocos pasos de él a que reparara en mi presencia.

—¿Sabes que se siente al perder la forma humana?

No supe qué contestar, no esperaba esa pregunta. Creo que mi silencio hablaba por sí mismo.

—Veras, no consideres que quiero examinarte… tómalo como una excusa para charlar. No sabes qué reconfortante es hacerlo después de estar fuera de casa tanto tiempo… perder la forma es algo así como no tener que defenderte de nada. No ser amenazado por nada y también que nadie repara en ti como elemento en ninguna contienda.

—De qué contienda hablas. Podemos diferir en ver las cosas de formas distintas, eso en Kólob es normal. Yo no diría que eso es una contienda.

El oscuro océano de la inteligencia

Carolo se volvió hacia mí. Su mirada era neutra, yo no podía intuir cuál era el estado de ánimo de ese ser peculiar. Ajeno a toda ironía.

—El oscuro océano de la inteligencia es goloso con lo suyo. Ha existido siempre, aún antes que el Gran Gnolaum. Su avaricia solo es superada por su afán de percibir, de cosechar y sólo puede hacerlo a través de los linajes. No lo interpretes como que es malvado. Eso son juicios humanos y el no lo es. Alzar a la inteligencia desde la oscuridad a la luz es la labor de nuestros padres y en eso te aseguro que la pericia y sabiduría del nuestro no es superada por nadie…

Carolo hablaba pausadamente y aunque yo había escuchado eso mismo muchas veces, hasta ese momento no supe de la veracidad de las palabras. El hablaba con un conocimiento directo y eso le otorgaba un aura certera.

La contienda

El cierre del arco
¿Dónde está la contienda?

—..¿Dónde está la contienda?… te lo dije hace un momento. Dentro de nosotros. Tenemos miedo a caer de nuevo en ese lugar oscuro, a perder todo lo que hemos adquirido y entregarlo de nuevo a esa avara oscuridad, a eso que muchos lo llaman muerte. Y no entendemos – y llevó su mano al pecho no a la cabeza –  que ya no podremos volver allí sin dejar de ser lo que somos, pues somos linaje del más grande.

Sin embargo caer de nuestro segundo estado, en los lugares densos, supondría no volver con honor. No haber superado la prueba. Ahora se avecina el final de la era, la partida. No hay parto sin lucha. El final del arco siempre es el comienzo del viaje a los lugares densos. En esa transición siempre ha habido una contienda y esta, la nuestra, será formidable.

A esas alturas de la conversación y sin Partal con nosotros, me sentía libre de preguntar cualquier cosa.

—¿Ocurre lo mismo en linajes exteriores?

Se volvió de nuevo de espaldas a mí y bajo su cabeza. Guardó silencio y entendí que calibraba lo que iba a responderme. Yo estaba teniendo una oportunidad que nadie que yo supiera había tenido y eso me hacía sentir como irreal como si fuese un momento imaginado.

El encargo de Jana

—Dime una cosa antes… ¿te encargó algo nuestra madre Jana antes de salir de su Casa?

La pregunta me asombró. Por dos detalles, dijo nuestra madre y por otra parte creía que solo yo Abiola y Corina lo sabíamos. Y no me imaginaba que alguna de ellas hubiera tenido la ocasión de comunicarlo a Carolo.

—Si, lo hizo

El cierre del arco
Ella te conoce mejor que tú mismo

—¿Qué fue?

—Me pidió que hiciera una flor para ella.

—Bien, amigo mío. Una cosa es segura. Tú no serás un perceptivo sin forma. Tu madre te ha atado con un vínculo. Ella te conoce mucho mejor que tú mismo. Por lo tanto formarás parte de lo que aquí va a acontecer. Sin embargo Misón tiene razón, no podrás volver a tu escuela, ya no

Le volví a preguntar algo impaciente. Aunque sabía que eso no iba a afectarle.

—¿Y eso me impide saber qué ocurre en los linajes exteriores?

El se volvió bruscamente y por primera vez en esa tarde vi una emoción en su rostro.

—No entiendes. Eso no te lo impide, eso te protege de saberlo. No puedes dar más pasos en esa dirección y yo no voy a ayudarte en eso. Sin embargo te diré algo. Tu forma es humana pero eres distinto a todos. He encontrado a muy pocos como tú. Estáis a medio camino entre todas las partes, camináis por los bordes y preferís las laderas a las planicies. Sois exploradores de los caminos intransitados, pero aún así pertenecéis a vuestro mundo. Estáis con los demás pero siempre os sentís extranjeros, no pertenecientes a ningún lugar. Sois de pocos afectos, pero intensos. Jana sabía esto y dejó que salieses, pero no que rompieses el vínculo.

Nuestro valor

El me conocía. A medida que hablaba iba encajando cada suceso de mi alma en su lugar, recomponiendo un rompecabezas que hasta ahora había sido un paisaje caótico. Aún así, ese conocimiento de mi naturaleza, que ahora se revelaba de forma nítida, nunca evitó que mi clima interno sufriera los ciclos que le son naturales. Siempre me he mantenido en esos lugares poco transitados y solitarios y no por obligación a un ideario sino porque mi propia naturaleza me conducía a ellos.

Sabía que el tiempo se acababa y que quizás no volviese a tener la oportunidad de una nueva cita con Carolo. Y volví a preguntarle una cosa más.

—¿Por qué será una contienda formidable?

Carolo sonrió, incluso sus párpados inferiores se levantaron. Casi, pensé, iba a acabar en una risa. Pero no fue a más.

—No os conocéis. No sabéis vuestro valor. Yo puedo establecer cierto juicio porque he visto muchos mundos y sus habitantes.

Me miro de forma tierna, me hizo sentir incómodo. Como si fuese un hermano pequeño preguntando si volverá a salir Kokaubean al día siguiente.

El Gran Gnolaum

—… hay clanes de linajes, el Gran Gnolaum pertenece a uno de los más renombrados.  En ninguno de ellos sus habitantes han alcanzado la altura que aquí. Este lugar es peculiar entre todos, no es el centro, pero sí es especial. Porque en ninguno de ellos se luchará tan vivamente en el cierre de un arco.

El cierre del arco
Fundadores de vuestro propio linaje.

El plan de vuestras premisas, no os destina, una vez vueltos con honor,  a ser vasallos del más alto y grande, no está diseñado para heredar regiones de un linaje, para ser príncipes o gobernadores sobre dominios que pertenezcan al tercer estado. Vosotros no estáis destinados a eso, sino a ser  fundadores de vuestro propio linaje.
Y para eso, amigo mío, hay que pagar un precio muy alto. Hay que arriesgar y ser valiente. Os han preparado para ello, pero aún así, no habrá un comienzo fácil porque el miedo se apoderará de muchos. Porque este plan, se despliega lentamente en el eje de la esperanza. Y la esperanza es una novedad en todas las creaciones de todos los clanes. Es la increíble aportación de nuestro Padre.

Carolo me miraba con sus ojos como llamas. Casi notaba mi cuerpo traspasado por ellas.

—… creo, amigo mío, que tu destino está fijado, no voy a cambiarlo por hablarte así… Es necesario que aprendáis a enfrentaros a lo incierto, a lo desconocido. Si no enfrentáis el riesgo de ir a los lugares densos sin totales garantías… no seréis dignos ni capaces de hacerlo en la oscuridad para cantar vuestra propia canción y dar inicio a vuestro linaje. Porque en ambos lugares y en esos momentos os hará falta la misma esperanza para enfrentaros a esos desafíos. Así es la divinidad, un logro permanente. No es sustancia sino estado, al que se llega por una larga y estrecha senda.

El día  en que vuestro arco se cierre, muchos ojos estarán puestos aquí, porque lo que aquí ocurra será fundamento de experiencia para los exteriores. Nadie se atrevió a tanto, porque nadie es tan sabio y grande como nuestro padre y su familia. ¡Cuánto lo quiero! ¡Cuánto lo admiro! El conocimiento es una fuente de poder y creo que ya te he dicho bastante.

Carolo me extendió su mano derecha. Un gesto inusual en alguien como él. Yo la estreché y el puso su mano izquierda sobre ambas.

La despedida

El cierre del arco
No se le podía retener ni con preguntas ni con ironías

Entonces me miró y sentí por un momento la ausencia de ego y lo liviano de su alma. Era ligero como una pluma y entendí que no había nada en su persona que necesitara defensa ni sostén. Y entendí casi al borde de la risa que no se podía atacar u ofender a alguien carente de estructura humana.

Él había abandonado el lastre de nuestra forma, se colaba por las rendijas del espacio como una abeja entre las flores. Como el agua entre los dedos o el viento entre las hojas. No se le podía retener ni con preguntas ni con ironías. Ni con afectos ni con las cuestiones que solo afectaban a los cuerpos pesados como nosotros. El tiempo para el eran nubes pasajeras que cruzaban y en las que su mirada se posaba cabalgando ligera y veloz.

Me di cuenta que acudía a nuestra compañía para no perder el recuerdo de su forma, para no olvidar el recuerdo de su voz. Porque ese hilo fino y alargado era el vínculo que le hacía no perderse de forma definitiva en la vasta expansión de la eternidad.

Caminé en silencio mientras volvía de regreso a la escuela de los encajes. Suponía que Corina estaría allí comentando con los demás algún detalle de lo escuchado esa tarde. No prestaba atención a lo que me rodeaba, sin darme cuenta no sucumbí a los encantos y sugerencias de las criaturas que bullían ante mí,  por primera vez desde que residía en Silam. Y casi pasé sin darme cuenta junto a Corina. Ella me esperaba sentada en la hierba, tirando piedrecitas al rio.

Proyecto Los palacios de Kólob

 

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