Fe esperanza y caridad, el camino que lleva a Cristo

El camino débil ante los hombres

Moroni enseña la secuencia de la fe.

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la fe es las cosas que se esperan y no se ven

En el Libro de Éter encontramos algunas enseñanzas de Moroni de gran valor sobre la fe esperanza y caridad.
En el capítulo 12 Moroni comienza hablando del profeta Éter y sus enseñanzas sobre la fe…“los que creen en Dios pueden tener la firme esperanza.” (4) siendo la esperanza algo inacabado sorprende la constitución firme que le asigna el profeta.  Éter señala que “esta esperanza viene por la fe”. Enseñaba a un pueblo inestable y les mostraba que la fe “proporciona un ancla a las almas de los hombres y los hace seguros y firmes” sin embargo los jarefitas estaban en permanentes guerras civiles.

Después de esta mención sobre Éter, Moroni toma la palabra y nos muestra su enseñanza sobre la fe. En los versículos del 6 al 9. Ahí crea en mi opinión, una maravilla digna de estudiarse con detenimiento. La forma de hacerlo me recuerda a la figura retórica del quiasmo.

6 A…la fe es las cosas que se esperan y no se ven.
7 B…fue por la fe que Cristo se manifestó
8 B…el se ha manifestado al mundo…
para que tengan esperanza en las cosas que no han visto
9 A…vosotros también podéis tener esperanza, si tan solo tenéis fe.

En estos versículos se menciona la fe y la esperanza como caras de una misma moneda, como vemos en AA. Fe y esperanza van unidas. Pero en el centro BB, sin Cristo no hay ni fe ni esperanza que puedan proporcionar un ancla a las almas de los hombres.

El ancla

Como enseña Pablo en Hebreos ” Jesús, el autor y consumador de la fe” (Hebreos 12:2). Consumador, del latín consummaresignifica la parte esencial, la culminación de algo, la totalidad.
El Salvador, usó esta misma palabra cuando completó la expiación “¡Consumado es! E inclinando la cabeza, entregó el espíritu.” (Juan 19:30) En ese sacrificio y su resurrección, nuestra fe y esperanza son justificadas. Sí, pueden ser el ancla que todos necesitamos.

Las turbulencias de nuestro tiempo

Moroni recuerda algunas palabras de su padre “…os suplico, hermanos, que busquéis diligentemente en la luz de Cristo, para que podáis discernir el bien del mal” (Moroni 7:19). No sólo el bien del mal sino la verdad del error. Ambas parejas de palabras están emparentadas y nos sumen a menudo en dudas y dilemas. ¿Qué hacer?

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no contendáis porque no veis

A veces veo algunas diferencias entre los santos en cuanto a puntos de doctrina o de temas candentes. Opiniones y puntos de vista diferentes y a veces contrarios. Son más frecuentes las diferencias al discernir la verdad del error que al distinguir entre el bien y el mal. Es normal en una iglesia que ha pasado de ser local a extenderse por el planeta en “poco” tiempo.
En el pasado, la iglesia creciente con su nuevo convenio topó con el gobierno de los Estados Unidos, se crearon conflictos. Fueron resueltos con una hábil maniobra del Señor en esa partida de ajedrez que se juega desde el principio. Pero esa maniobra no fue comprendida por algunos.

En el mundo hay un piso de cieno que a veces removemos con los pies, entonces enturbia el agua. Hace difícil una visión clara de nuestro entorno. Por eso Moroni nos aconseja “…no contendáis porque no veis, porque no recibís ningún testimonio sino hasta después de la prueba de vuestra fe” (Éter 12:6)

Como pueblo enfrentamos desafíos, ahora y en el pasado. Sin la revelación la iglesia dejaría de existir como criatura independiente. Pero es necesario que veamos nuestra debilidad en comprender algunas cuestiones para así ejercer la fe. La fe en lo que no vemos, es decir, en la respuesta a todas las cosas. Porque no tenemos todas las respuestas, no las vemos.

La fe de algunos

Moroni nos dice, interrumpiendo su compendio de Éter, fue por la fe que Cristo se manifestó a nuestros padres…” (7), esa manifestación se produjo, estando reunida una multitud, del `pueblo de Nefi en los alrededores del templo (3 Ne 1:11). Por lo que muchos se beneficiaron de la fe de algunos, tal como Moroni explica “fue indispensable que algunos tuvieran fe en él,” (7)
Y por esta fe de algunos en el pasado, “él se ha manifestado al mundo…para que tengan esperanza en las cosas que no han visto.” (8).

Ver nuestra debilidad

El señor le dice a Moroni “He aquí, mostraré a los gentiles su debilidad, y les mostraré que la fe, la esperanza y la caridad conducen a mí, la fuente de toda rectitud.” (Éter 12:28)…y yo diría que también de toda verdad. Pero no piense, estimado lector, que esta escritura es solo para los gentiles, es para todos.

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cuando escribimos, vemos nuestra debilidad

Es difícil detectar la debilidad, a menudo  la escondemos en afirmaciones basadas en… confirmadas por… publicadas para… Pero hay asuntos y problemas, escoja el lector el que más le afecte, de los que no sabemos su causa, su explicación ni sentido. Para mí de joven fue la evolución. Ahora tenemos otros frentes y problemas nuevos.
Sin embargo a veces, más que debilidad, veo afirmaciones rotundas. Posiciones encastilladas con poca profundidad. Veo una difícil marcha atrás o un ligero cambio de rumbo.

Moroni comparte algunas de sus debilidades.

“…y tú has hecho que no podamos escribir sino poco, a causa de la torpeza de nuestras manos. He aquí, no nos has hecho fuertes en escribir,…así que, cuando escribimos, vemos nuestra debilidad, y tropezamos por la manera de colocar nuestras palabras; y temo que los gentiles se burlen de nuestras palabras.” (24-25)

Y al reconocerlas, fue fortalecido “porque has visto tu debilidad, serás fortalecido” (37) Ver nuestra debilidad es imprescindible para tener fe y esperanza.

Nuestras debilidades

En nuestro caso, como santos, podemos tropezar al colocar con torpeza nuestras ideas y conclusiones. Pero si en lugar de acudir a la fuente de toda rectitud, preferimos “[rodearnos de centellas, andando a la luz de nuestro fuego y de las centellas que encendemos]” (Isaías 50:11) Entonces no seremos fortalecidos, porque en ese camino no hay fe, solo hay certeza, solo la esperanza de ser asistidos por la razón. Y ninguna misericordia para aquellos a los que daña el afilado borde de nuestras palabras.

Un caso de contienda

En una epístola de Mormón a su hijo Moroni, éste le comunica algunos de sus desvelos. En este caso acerca del bautismo de los niños pequeños.

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pregunté al Señor concerniente al asunto

En el momento que Mormón se informa de las disputas, dice a su hijo “inmediatamente después que hube sabido estas cosas de vosotros, pregunté al Señor concerniente al asunto.” (Moroni 8:7)
En ese momento del problema vemos tres posiciones.

  • Algunos de la iglesia “sabían” que había que bautizarlos
  • Otros de la iglesia “sabían” que no había que hacerlo.
  • Mormón no sabia la respuesta. Pero no contiende, sino que reconoce su debilidad, ya que no sabe y acude al Señor. Sin embargo, podemos pensar que  el asunto es religioso y que Mormón debería saber.

Al ser la fe un conocimiento imperfecto de las cosas, ella desecha la certeza como guía a favor de la esperanza.

La actividad de la iglesia nefita en contender en este asunto, aleja la fe y la esperanza. Olvida la caridad hacia los padres de los niños pequeñitos fallecidos sin el bautismo, aumentando su congoja y sufrimiento. Ellos, sin ver, contendían olvidaban que “la fe, la esperanza y la caridad conducen a mí, la fuente de toda rectitud.” y preferían la asistencia de la razón para contentar su propio ego.

Esa contención, sin duda, basada en sólidos argumentos y doctas opiniones, buscaba la certeza en un asunto dependiente de la misericordia, algo que ninguno de ellos mostraba. Pues esos difuntos pequeñitos se convirtieron en tema de debate y no del amor.
Al contrario que Mormón, quien lleno de fe y esperanza “[ama] a los niños pequeñitos con un amor perfecto” (17) mostrando de esa forma caridad hacia los niños y hacia sus padres.

El origen de la contienda

¿Dónde está el origen del pensamiento de los nefitas que contendían?
Mormón le dice a su hijo, referente a la contención de su pueblo

“…es una burla ante Dios, el negar las misericordias de Cristo y el poder de su Santo Espíritu, y el poner la confianza en obras muertas.” (Moroni 8:22)

Las obras muertas son aquellas que no siguen el camino de la fe y la esperanza, que no traen caridad a los que la realizan. Son aquellas que no están bajo el brazo de su misericordia y su poder de redención.
“Mi gracia es suficiente para los mansos” (26) pero si buscamos la razón en  contienda,  no usamos su gracia porque no es suficiente para imponer nuestro criterio. El camino leve de la fe y la esperanza no admite contención.

 

El camino de la fe y la esperanza

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basta mi gracia a todos los hombres

Éste es un camino de apariencia débil, frágil de constitución, pero contiene una corrección dulce y firme. Muchos preferimos con frecuencia un buen argumentario, una declaración impactante, que por supuesto, nos sea favorable. Pero el camino de la fe y la esperanza para enfrentar lo que no comprendemos, nos hace depender de su voluntad. Nos gustaría que su voluntad dependiera de la gravedad. De esa forma podríamos calcualrla, la certeza sería nuestra divisa. Pero sus caminos no son los nuestros.

La fe y la esperanza nos situan en el vesículo 7. Pero antes de llegar al 7 hay que recordar a Benjamín “¿de qué tenéis que jactaros?” (Mos. 2:24)
Antes de ser fortalecidos hemos de ver nuestra debilidad, o como nos recuerda Benjamin “No podéis decir que sois aun como el polvo de la tierra” (25) Y así imperfectos y torpes en colocar nuestras ideas, conseguimos su gracia si acudimos a él “Doy a los hombres debilidad para que sean humildes; y basta mi gracia a todos los hombres que se humillan ante mí” (27)

Y ya emprendido ese camino, la misericordia saldrá a luz en nuestras conversaciones, opiniones, en las redes sociales, en nuestros gestos, en nuestras casas. Ya  no habrá daño para los pobres de espíritu, para los que lloran, para los mansos, para los que tienen hambre de sed y justicia, para los de limpio corazón. No participaremos de ese género de contención que tanto daño hizo a los padres nefitas con sus pequeñitos fallecidos. Para que abunde la misericordia y no la contención.

De camino a Alhama

El miércoles pasado viajaba de camino a Alhama. Iba en mi vehículo y sentí tras de mi el rugido familiar de una hilera de motos. Me situé a la derecha para dejarles paso y así disfrutar de verlos pasar. Parecen una hermandad, con el cometido de anunciar una presencia que rompe la rutina anónima de las nuestras. Tronando a mi izquierda iban en fila, con disciplina. Abundaban las chaquetas de cuero, calaveras y barbas. Confieso que me hubiera gustado dar un paseo en una de esas motos tan llamativas.

Al final, cuando ya terminaba la caravana, paso una de moto tres ruedas con un silla de ruedas atada en la parte trasera. Detrás de ella iba un motorista cerrando la comitiva. Entonces me di cuenta, lo comprendí e hice esta fotografía.

Era algo extraño, alguien diferente que rompía la norma del grupo. Pero aprendí algo. Esa persona que no llegué a ver, que por circunstancias desconocidas perdió su movilidad, tuvo fe y esperanza en su mundo roto. Pero la caridad, o el amor, la aceptación la puso ese grupo. Turnándose velaban por la seguridad de su amigo. Juntos le ayudaban a bajar la silla y formar parte de ese camino que nunca es suficientemente largo para ellos.

Nosotros

¿Hacemos nosotros igual? escuchamos el consejo de Moroni “no contendáis porque no veis” y en la actualidad el Señor nos recuerda “Y si no tenéis fe, esperanza y caridad, no podréis hacer nada.” (DyC 18:19) Por eso el Salvador es la fuente de toda rectitud porque “la caridad es el amor puro de Cristo, y permanece para siempre” (7:47)
Y si el Salvador tiene caridad para con nosotros, es porque también tiene fe y esperanza en nosotros.

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