El concilio de los cielos, propuesta de Aribel

Estamos en el concilio de los cielos. Están presentes los seres densos, personas exaltadas de ciclos anteriores de creación. Asisten los líderes de Kólob de las veinticuatro casas. El gran Gnolaum y su familia presiden el concilio. En esta primera parte Aribel (Lucifer) tomará la palabra para exponer su plan.
(Extracto del capítulo 14 de Los palacios de Kolob)

El concilio de los cielos

El concilio de los cielos
Miles de densos

Una tercera vez fuimos despertados por la potencia de las trompas, que esta vez recibieron el esfuerzo de miles de densos, que expelieron, a todo lo que daban sus cuerpos exaltados, el aire de Kólob a través de sus bocas. Supe más tarde que disfrutaban al hacerlo, compitiendo entre ellos. El sonido hizo vibrar al mismo suelo y esta vez se consiguió la resonancia en la misma masa del auditorio, siendo este mismo quien empezó a vibrar al compás  de las trompas.

En el centro del círculo de nuestras madres, rodeadas de sus consejos, rodeados a su vez del círculo Madán y a su vez circundados por lo más selecto de la representación de las veinticuatro casas, convergieron de nuevo las traslúcidas ondas del sonido de miles de trompas y allí rodeado de los consejeros del Norte, Sur, Este y Oeste,  estaba el Gran Gnolaum.

Y una vez más, como en aquel regalo que nuestra madre Jana nos hizo a Abiola y a mí, no puedo penetrar esa esfera de luz que en mi memoria se muestra inaccesible. Y sin embargo recuerdo que había en ese lugar central un rostro familiar y querido. Un rostro en el que me recreaba. El rostro de mi padre, cuyas facciones se niegan a acudir a mi llamada. He intentado muchas veces componer el aspecto de aquél que estaba ese día en el centro del auditorio pero he fracasado siempre llegando a esta conclusión: que es el único aspecto de mi recuerdo que ha sido velado de forma intencionada.

Acudid

Una vez que todo estuvo preparado, el consejero del Norte dio paso al comienzo del concilio.

¡Acudid! ¡Acudid! Todos los habitantes de Kólob. El gran concilio comienza. El más grande nos preside y su voluntad será la ley que gobierne nuestro mundo. Ante él se detiene el oscuro océano, y las estrellas se inclinan en adoración por el que porta el cetro.

Después del protocolo que fijaba en nuestra mente la trascendencia de lo que estaba ocurriendo, el consejero del Norte ordenó los acontecimientos de la cuarta era de forma sucinta y acabó planteando la cuestión que nos reunía.

— Se nos presentan en éste día dos planes para la ida de los hijos a los lugares densos. Una, la planteada por las casas y que todos conocéis, se basa en las premisas enseñadas desde vuestra infancia o el libre albedrío como eje, la otra ofrecida por Aribel basada en el enfoque como eje es decir la obediencia a la ley sin otra opción.

Ahora pasaremos a escuchar a nuestros proponentes. Primeramente escucharemos a Aribel, hijo de Camí–Olea, uno de los cien primeros. Maestro de todos los oficios, embajador en el Gran cúmulo, príncipe Madán, Escrutador de los misterios de Kólob–Isem e hijo predilecto por derecho propio.

Llegada de Aribel

Esa primera frase del consejero del Norte, despertó la sorpresa de todos. Y el pavor de muchos. Estaba claro en sus palabras que había alguien que representaría el plan de las casas. Muchos guardaban la esperanza de que nadie se presentara para el plan de las casas al que muchos calificaban de “la locura del grano”, pero había alguien y eso debió de sembrar el desconcierto en las filas del movimiento de salvación. Sin embargo ni un murmullo se elevó en el auditorio, ante la presencia del gran Gnolaum.

El círculo Madán se abrió hacia el Sur del auditorio, dejando una cuña de un cuarto. Las madres y sus consejos se colocaron rodeando al lugar donde estaba nuestro padre, a derecha e izquierda. Los consejeros, a un escalón más abajo  frente al lugar donde los dos planes se expondrían.

Su entrada

El concilio de los cielos
Daba la impresión de suficiencia

Aribel entró en el centro del auditorio acompañado de Minión y Primabel, con sus vestiduras ceremoniales y todos sus emblemas. Majestuoso y a la vez sencillo. Pero no me recordaba la primera impresión que tuve de él porque ahora estaba ante la majestad de mis padres y eso eclipsaba cualquier otra apariencia. Deberían de ser sus argumentos lo que estableciera su posición.

Dejando a sus acompañantes atrás, caminó sin prisa, con semblante sereno. Daba la impresión de suficiencia y no parecía afectado por la noticia de un oponente en el lado opuesto. Creo que era algo que él ya había asumido como un hecho de última hora. El linaje del Gran Gnolaum no había llegado hasta allí improvisando en las situaciones graves. Cualquiera que hubiese pensado con calma, habría llegado a esa conclusión. La reserva en el nombre del redentor había sido clave para cernir a los habitantes de Kólob, para ver el temple de su alma y la lealtad a las casas. Aún así todos estaban a tiempo de orientar su decisión hacia donde quisieran.

Heme aquí

Aribel llegó al lugar previsto desde donde hablaría, se inclinó con reverencia hacia la presencia de los padres y al incorporarse, cogió con su mano izquierda el borde de su manto, a la altura del pecho.

El concilio de los cielos
Soy Aribel, tu hijo e hijo de la reina Camí–Olea

— Heme aquí,  Soy Aribel, tu hijo e hijo de la reina Camí–Olea, sea honrado siempre su nombre en los reinos y mundos de Olea. Desde el principio antes que se poblasen los desiertos espacios de Kólob conté con tu dirección y sabiduría y bajo tu consejo llevé a cabo los trabajos del comienzo, representado en el consejo de estirpes, en el centro del gran cúmulo,  a nuestro linaje. Por largo tiempo, alejado de mi casa, añoré tu compañía, y aunque rodeado de otros gloriosos cetros, nunca estuvo tu nombre vedado de la honra que merece.

Llegada la hora del regreso y establecida tu fama más allá de toda distancia, me dispuse, con los pocos de tus hijos, que pisábamos esta sagrada tierra, para establecer la cuarta era de tu glorioso creación, que en su giro eterno llena de vida e inteligencia el oscuro vacío de fuera.

Ahora vengo presto, como en otras ocasiones, ante un nuevo reto,  el más  Salvar las obras de tus manos, traerlas de vuelta de los lugares densos. Traerlas victoriosas tal como lo eres tú de todo reto.

No se perderá ni uno

Así como en multitud de ocasiones, oh Gran Gnolaum, escucha mi ofrecimiento. Pues si en el pasado fui útil no es menos mi afán por serlo ahora. Envíame a los lugares densos como hijo engendrado de tu misma estirpe, como tu unigénito en los lugares densos. Y tal como ha sido mi lealtad hasta ahora lo será en el futuro. Redimiré a todo el género humano, no se perderá ni una sola alma de tu incontable descendencia.

El concilio de los cielos
Los innumerables que no regresaran

Es por este deseo, por el de aumentar tu gloría más si cabe, que presento una forma de hacerlo y para ella pongo ante ti mi plan. Hacer de la obediencia a tus leyes la principal premisa del mundo que se creó para que estos puedan morar.

Gran Gnolaum, tu ojo penetra todo lugar y tiempo. Sabes de los innumerables que no regresaran. Aquellos que contamos desde el principio con alegría y gozo cuando sus ojos brillantes emergían del misterio de tu santuario. Aquellos que fueron poblando con sus miradas nuevas y pasos inquietos los desiertos parajes de Kólob. Ellos que portaban las promesas de llenar la oscuridad con nuevas luces. Estos que cuidamos bajo tu dirección, como hermanos mayores.

A estos, todos, traeré de regreso. Dame pues tu linaje corporal, e iré a los sitios densos y los traeré de vuelta. Concédeme tu poder sobre el oscuro y aceptará la propuesta que le presente. Confíame la honra que te manifiestan las inteligencias de todas las obras de tus manos. Te la devolveré extendida más allá del consejo de estirpes. De modo que tu nombre sea la luz de todo linaje. Se convertirá tu ley en una obediencia segura y será la vía de tus hijos en los lugares densos tan certera como el periplo de los mundos a través del espacio.

Preguntas desde el Este

Una vez que acabó de presentar su plan se inclinó ante aquellos que escrutaban sus palabras como nuevas aves, nunca antes vistas en Kólob.

El consejero del Este se adelantó y tomó la palabra.

— ¿Entiendes, Aribel, que tu propuesta afecta al diseño de las premisas? Desde antes que se fundase la morada de las veinticuatro puntas, antes de que el primer arco fuese iluminado por Kokaubean, ya esas premisas fueron propuestas en el consejo de estirpes. Se aprobaron porque es de esa forma en que la inteligencia asciende hasta la exaltación. Ahora tú vienes a cambiarlo todo, ofreciendo la seguridad de una salvación completa, pero ¿qué ocurre con el libre albedrio? Adónde la relegas, ¿a un mero extensor de la existencia? ¿te has preguntado qué consecuencias tendría?

El embajador

El concilio de los cielos
Si he pensado mucho, consejero

Una vez terminó regresó a su lugar. Aribel mantenía una apariencia de calma retadora, una seguridad en sí mismo y en su destino casi desafiante.

— Estimado consejero del Este. Durante mi estancia como embajador en el gran cúmulo pude ver mundos y linajes de lo más variado. Mundos que se regían por premisas variables en el tiempo. Ejes de valores reversibles según el sector del espacio en que viajaban esos lentos mundos donde una vida duraba lo que una revolución.

He visto el lento ascenso de linajes de inteligencias planas, donde sólo había un eje en el que transitar, porque no había percepción de nada que no fuese lo único. Recuerdo el linaje Rendrop–Alam, tan complejo su sistema de salvación como reducido el número de los que lo conseguían. He visto linajes expansivos de logros sencillos y dominios parcelados en la inmensidad del espacio, sujetos a vasallaje por la eternidad.

Si he pensado mucho, consejero, y he llegado a esta conclusión. Si tan variados son los planes, si hay tanta variedad como linajes, por qué no hemos de mejorar el nuestro y así poder alcanzar mayor número de hijos de vuelta de los lugares densos.
El oscuro baña muchas playas con sus aguas y está acostumbrado a la variedad de premisas. Con todas negocia el ascenso de la inteligencia por los caminos extraños que proponen los linajes y en esta variedad está su interés en seguir el pacto.

El giro del albedrío

Acto seguido, un miembro del círculo Madán se adelantó hasta el lugar desde donde se hablaba.

—No has contestado a la pregunta que te ha hecho el consejero del Este ¿qué será del libre albedrío?

El concilio de los cielos
no se perderá ninguno

No parecía que iban a renunciar a una postura clara en cuanto a este punto y Aribel se preparó para atacar el nudo de la cuestión.

—Un giro de los ejes de un cuarto, no hará desaparecer el libre albedrío de la vida de los hombres. Simplemente le marcará un límite en su actuación, podrán elegir en muchos aspectos de la existencia en los lugares densos. Será una vida rica en matices. Y también será segura en el cumplimiento de las leyes, porque no podrán concebir la desobediencia a éstas. No tendrán la capacidad de sospechar algo distinto a lo justo. Por lo demás su vida no se diferenciara de la fomentada con las premisas actuales. Podrán imaginar, crear, vivir, aprender, experimentar. Y lo harán en la seguridad de volver después de haber completado su aprendizaje en el dominio de los elementos. No se perderá ninguno.

Más tarde, reflexionando,  me di cuenta que miles de millones escuchaban esa frase “no se perderá ninguno”, comprendí que esas muchedumbres como granos de las playas, ansiaban esa frase, la escuchaban con ansia y alivio. Aribel lanzaba su proclama desde el mismo centro, ante la presencia del más grande. A los oídos de todos.

—Ya veo Aribel – terminó por decir el miembro del círculo Madán –  nunca vi a nadie, hasta ahora, aconsejar al Padre de cómo dirigir su linaje. Lo que no entiendes es que cada linaje tiene un curso trazado en el tiempo y su giro es un giro eterno.

Mis propuestas

— He aconsejado – respondió Aribel- y he propuesto a este consejo y ante el mismo Gran Gnolaum muchos aspectos nuevos en nuestro arco. Muchos han sido aceptados y otros no. No veo por qué he de dejar de trabajar para esta era. Siempre lo he estado haciendo.

El consejero del Norte se adelantó y con eso se cerraba la propuesta de Aribel con una última pregunta que sería formulada por él mismo.

—¿Qué pretendes al pedir el poder del Padre sobre el oscuro? ¿por qué necesitas ser su hijo unigénito en los lugares densos? ¿no te parece esto último un exceso en tu plan?

El guardián

El concilio de los cielos
Las madres asistían imperturbables

Aribel se mostró aliviado al poder contestar a la pregunta. Las madres asistían imperturbables ante la presentación, ellas semejaban a veinticuatro torres inconmovibles, de una majestad imposible de describir. Dentro de esa esfera de luz que nunca puedo penetrar imaginaba al Gran Gnolaum escuchando paciente todo lo que se hablaba.

—Consejero del Norte, y todos los que me escucháis. El plan basado en un redentor, también incluye el adquirir un linaje directo del Padre en los lugares densos. Sí ya sé que la redención no se podría lograr sin este punto. En el plan de salvación que veis, es necesario presentar al oscuro océano las nuevas premisas a través de alguien denso y nadie está preparado para eso como lo estoy yo…

A mi memoria vino en ese momento que quizás fuera esa la razón del rechazo del oscuro a nuestras premisas alteradas. Quizás por eso Primabel no considerase un fracaso nuestro intento y sí un paso hacia delante.

… yo sería el guardián, el que velaría por la consecución del fin. No puedo hacer esto desde un cuerpo mortal, solo es posible desde un cuerpo denso de linaje directo del Gran Gnolaum. Pido el mismo privilegio que se otorga en el plan de redención. Necesito la colaboración de las inteligencias existentes, aquellas que viven en sus esferas actuales, y sólo con el honor del padre puedo llevar a cabo esta salvación completa.

Una vez que acabe, entregaré las obras de sus manos en perfecto estado para su exaltación. No se perderá ni una.

El defensor de las casas

El consejero del Norte, hizo una señal con su mano y sonaron las trompas rituales. Aquellas que daban por terminada las palabras de Aribel y daban paso al siguiente proponente, esta vez,  del plan de redención de las casas.

El concilio de los cielos
El consejero del Norte, hizo una señal con su mano

La expectación era máxima, nadie sabía la identidad de quien defendería el plan de las casas. Aunque se mencionaban cien nombres, la misma cantidad hacía desconfiar de todos.

Caminando despacio y como si soportara una gran carga en sus hombros, hizo acto de presencia. Vestía con la túnica básica de Kólob, ceñida con un cinturón rojo. Sobre ella una sencilla sobretúnica blanca. No le conocía al principio, pero al momento de ver sus facciones más de cerca, pude nombrarle en mi mente con sorpresa.
Era Yahavhe, uno de los primeros. De los más antiguos, un poco más joven que Aribel, pero uno de los cien primeros. El orden en sus nacimientos no era del dominio general y se guardaba en secreto para no distorsionar el valor de las propuestas.

Nadie pudo evitar una exclamación reprimida al verlo llegar y pararse ante las madres. Ante el Gran Gnolaum. De forma tan sencilla que casi podría achacarse a un error el motivo de estar allí.
El consejero del Sur se adelantó y tomó la palabra.

—Escucharemos ahora a Yahavhe hijo de Libel–Toban, uno de los cien primeros, Escultor de premisas, maestro de todos los oficios, Oficiante de la cúpula Norte, Maestro escrutador de las tres direcciones e hijo predilecto por derecho propio.

 

Proyecto Los palacios de Kólob

7 Comments

  1. uau, estoy asombrado de la calidad de redacción y del contenido de la historia por poco y digo que es así como pasó en realidad jaja un saludo enorme Hermano David (Y)

  2. !!!!!Me he quedado a medias, como cuando ves una película y se corta en lo más apasionante y te dicen …continuara¡¡¡¡
    Que bonito¡¡¡que claro todo cuando comparas, eres un maestro de la palabra.
    El Concilio de los cielos…
    Escribirlas más sobre este tema?
    Felicidades¡¡¡

  3. MUY INTERESANTE EL TEMA CONCILIOS DE LOS CIELOS, PROPUESTA DE ARIBEL… TRATARE DE MEMORIZAR LOS NOMBRES DE TODOS LOS QUE PARTRICIPARON EN ESTE CONCILIO Y CONOCER CUAL FUE EL PROPOSITO DE ESTAR PRESENTE,,,

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