Las escrituras y Nefi, un modelo de progreso

Siempre he imaginado a Nefi como un joven inquieto a quien gustaba gastar bromas disfrazándose. Debió practicar antes esa habilidad, quizás imitando a su hermano Lamán o a su pariente Labán. Creo que él no sabía lo útil que iba a resultarle eso en un futuro.

Las escrituras y Nefi

Las palabras de su padre despertaron en él grandes deseos de saber y no gran rechazo, mostrando asi un espíritu inquisitivo y curioso.

Las escrituras y Nefi
Hizo caso a sus gestos y a su voz desde el árbol

Nefi vivió en una comunidad de no más de cien personas. Sin embargo no leemos en sus palabras añoranza por esa gran ciudad de Jerusalén con más de cien mil habitantes. ¿Qué compensó la pérdida de pertenecer a una ciudad como Jerusalén, cuyo templo era famoso en todo el orbe conocido? ¿Qué recibió a cambio de perder su herencia paterna? ¿Cómo pudo renunciar a un mundo rico en matices por un desierto lleno de probaciones?

Nefi se presenta como un hombre que busca el conocimiento de los misterios de Dios. Está decidido a seguir una ruta, en apariencia fruto de un padre visionario. (1 Nefi 5:2)

La primera relación de Nefi  con las escrituras fue a través de Lehi, lo podemos ver en 1 Nefi 2:16 “… y teniendo grandes deseos de conocer los misterios de Dios, clamé por tanto al Señor; y he aquí que él me visitó y enterneció mi corazón, de modo que creí todas las palabras que mi padre había hablado”.
En ese momento ellos no tenían las planchas de bronce  a su disposición, pero Nefi tenía a su padre. Estas eran sus escrituras. Hizo caso a sus gestos y a su voz desde el árbol. Se aproximó a sus palabras sin aferrarse a ninguna barra, ni sendero, sino solo por su ministración.

El modo judío

La visión de Nefi no estaba contaminada por el modo judío, era libre de movimientos. A diferencia de sus hermanos, Nefi tenia una linea visual directa hasta su padre.
Y en su caso este fue el resultado”…él me visitó y enterneció mi corazón, de modo que creí todas las palabras que mi padre había hablado”. Acercarse a su padre de esa manera, lo convertían en un candidato para acercarse a Isaías.

Un resultado tan personal y poco objetivo como ser enternecido, no es aceptable para aquel que busca pruebas, pero para Nefi fue el acceso a un mundo nuevo.

 

Las planchas menores

Las planchas menores, especialmente 1 y 2 Nefi,  fueron escritas mucho después de los hechos que narran. Pero aun así podemos ver claramente en los primeros capítulos a un Nefi, esencialmente hombre de acción: Conseguir las planchas, traer a Ismael y su familia, cazar, enfrentarse a sus hermanos mayores,  resistir atentados etc.

A partir de la recuperación de las planchas de bronce y de su lectura, Nefi descubre a su padre como profeta y a sí mismo como un buscador de misterios.  Afina sus deseos hasta el punto que, refiriéndose a Isaías”… mi alma se deleita en sus palabras”  (2 Nefi 11:2).
Con el tiempo pasa de ser enternecido por el espíritu a lograr “un conocimiento grande de la bondad y los misterios de Dios,” (1 Nefi 1:1)
¿Dónde se produce ese crecimiento desde la bondad hacia el conocimiento?

De la bondad al conocimiento

Las escrituras y Nefi
¿Dónde está nuestro logro?

Es en 1 Nefi 11:1, donde se relata en mi opinión, su gran salto, su despegue…”Pues sucedió que después que hube deseado conocer las cosas que mi padre había visto, y creyendo que el Señor podía hacérmelas saber, mientras estaba yo sentado reflexionando sobre esto…” a continuación de estas palabras, Nefi relata una visión maravillosa.

Hagamos un esfuerzo de imaginación y sentémonos  en el mismo lugar donde él estaba. Ahora imaginemos que en nuestro versículo 1 personal, no ocurre nada a partir de las palabras “sobre esto…”. Solo vamos a tener puntos suspensivos y que seguimos sentados reflexionando hasta cansarnos. Porque usted y yo quizás  podríamos haber sido unos honrados y excelentes incrédulos de nuestro siglo, pero aquí estamos,  sobre esto. No en una montaña extremadamente alta, sino más bien, en una vida extremadamente usual y común, ahí en el valle lejos de las cumbres de Shelem.
Bien pues, esta es la buena noticia para usted y para mí: ¡que hemos tenido éxito!, aun antes de un resultado y podríamos celebrar nuestros tres puntos suspensivos  junto con Nefi  y antes de que se acabe el versículo; dejar a Nefi con su visión.

Y usted, querido lector se preguntará: ¿Dónde está nuestro logro? Ya que hemos abandonado el versículo y la escena en sobre esto, nos hemos ido antes de la visión. Y  ésta será una pregunta correcta y lógica.
La respuesta es muy simple.

Nuestro éxito está en la forma de acercarnos al asunto.

El progreso de Nefi

Las escrituras y Nefi
Usa un método, que antes no tenía.

En el primer intento de Nefi de acceder a esta cuestión, la del conocimiento, solo hizo dos cosas, desear y pedir “grandes deseos… y clamé” (1Ne2:16). No digo que no sea eficaz, pero es un comienzo que despierta su confianza. Esa confianza le permite creer que el desafío de obtener las planchas es un mandamiento de Dios.
Cuando regresa con ellas y las examinan junto con su padre, leemos “…y los escudriñamos y descubrimos que eran deseables; sí, de gran valor para nosotros” (5:21).

La formación que adquiere en ese periodo de lectura y el testimonio de su padre,  le hacen pensar seriamente y lo preparan para recibir más. Pero antes, debe hacer las cosas  de forma distinta.

En un intento posterior descrito en el versículo 1 de 1Nefi 11, él desea (hasta ahí igual que antes) pero ahora cree que él puede conocerlas por sí mismo y para eso se sienta lo que requiere organizar su tiempo y alejarse del campamento, y reflexiona sobre asuntos ya leídos y estudiados.  En definitiva se toma la seriedad y el tiempo para adquirir conocimiento.  Y usa un método, que antes no tenía.
Es este esfuerzo y disposición lo que nos eleva de la simple lectura hacia las cumbres de Shelem. Es esto lo que nos hace relacionarnos con un medio sutil e invisible. Que puede sostenernos y deslizarnos en un espacio hasta ahora impensable.

 

Una historia cotidiana

Las escrituras y Nefi
Esas líneas eran como plumas en mi cabeza

Cuando tenía quince años leí el Libro de Mormón por primera vez en seis días. Recuerdo que en ese verano de Junio de 1976, no podía desprenderme de ese libro. Realmente enterneció mi corazón. No tuve que luchar mucho, fue algo sencillo y natural: creí porque sentí. Sigue sin ser impresionante para alguien que busque pruebas, pero para mí fue suficiente.

En esos tiempos de adolescencia, mi relación con las escrituras era la de un herbívoro. Ingería grandes cantidades de lectura como si de ello dependiera mi crecimiento. Pastaba por la escrituras y quería saber hasta dónde llegaban aquellos nuevos prados que había encontrado. Nunca había tratado con sentimientos de ese tipo. La digestión de todo aquello, se producía en algún lugar del que no era consciente, y sus efectos no digo que fuesen supuestos,  pero no eran del todo visibles.

En mi gastado ejemplar del Libro de Mormón, de tapa blanda y azul, con el ángel Moroni ocupando su portada, anotaba en la primera página una línea cada vez que terminaba de leerlo. A medida que iba leyendo, la colección de rayas iba en aumento y yo me sentía orgulloso. Pensaba llenar toda la página de líneas. Lo mostraba a menudo  a los demás. Me gustaba que me considerasen… una especie de sabio… (Tenía 15 años, sean comprensivos) En esas edades a uno le gusta impresionar, yo pensaba que aquello era un buen argumento para conseguirlo. Y esas líneas eran como plumas en mi cabeza.
Aunque en realidad mi logro era comparable a realizar  cien flexiones con las planchas de bronce sobre mi espalda. No es que me hicieran sabio pero sí fortalecían mi músculo lector.

Un esqueleto fuerte y sano

Como puede suponer el lector, en ese tiempo podría haberme quedado sentado sobre el versículo 1 de 1Nefi 11 hasta el final en Cumora y levantarme tal como me senté. No obstante, quizás, habiendo pasado todos por esta etapa, la del crecimiento, puedo decir en mi defensa, que la construcción de un esqueleto sano y fuerte requiere más de una buena alimentación que de mucha reflexión. Y yo estaba acumulando, al menos, un vocabulario, guardado en el neocortex de un cerebro adolescente abrumado por las preguntas de una época.

Las escrituras y Nefi
Sevilla 1978 José Luis y yo (al fondo)

La década de los 70 fue difícil, tenía que combatir diariamente con un enjambre de filosofías hostiles con mi recién adquirida fe.
Yo vivía en el extrarradio de la ciudad de Sevilla. En esas zonas los jóvenes estaban rodeados de movimientos sociales emergentes, todos ellos de izquierda. El ambiente estaba cargado de ideas extremistas que gozaban de gran prestigio y aceptación. Y el evangelio parecía… ¡tan sencillo y tan ingenuo! Podía percibir esas ideas como masas compactas de evidencias científicas. A su lado mis pensamientos parecían “…pequeños, y eran ligeros sobre las aguas, así como la ligereza de un ave sobre el agua.” (Eter 2:16)

Es difícil de aceptar sobre todo para alguien que se tornaba poco a poco en un occidental convencido, convivir con lo que no sabía, sin dejar de ser lo que era. Realmente el camino es estrecho y poco transitado.

Los desafíos de Nefi

Nefi enfrentaba el sentido común, lógico y pragmático de sus hermanos. Realmente estar allí por las razones que aducía Lehi, era algo difícil de aceptar para alguien de Jerusalén. Y estar en los 70 en la iglesia restaurada, era como residir en el desierto y justificarlo de forma lógica a los ciudadanos de una cómoda urbe.

Las escrituras y Nefi
difícil de aceptar para alguien de Jerusalén

El mundo no tolera los contornos precisos en cuestiones religiosas o morales. Porque la “fe no es tener un conocimiento perfecto de las cosas” (Alma 32:21) A medida que hemos abandonado nuestra relación con la tierra y la fe que ésta nos enseña, nos hemos relacionado cada vez más con ese edificio grande y espacioso donde ninguna bisagra chirria.

Estamos lejos de la confianza en la siembra y la incertidumbre de las cosechas. Por ejemplo al adquirir unas vacaciones, un coche nuevo o un teléfono móvil, perseguimos una imagen exacta y enfocada de nuestro deseo. No hay que sembrar ni esperar. Averiguamos el tiempo de envío, el momento en que ocurre cada cosa hasta que recibimos lo solicitado.

El lenguaje que leemos  en las escrituras en general dan mucho detalle del precio pero no tanto del premio. El cual podemos imaginar y calcular. Pero no conocerlo en una panorámica en 360º. No nos dan un conocimiento perfecto.
A Lehi se le prometió una tierra de promisión. Pero no pudo detallar nada más a sus hijos, “… dijo él, a pesar de nuestras aflicciones, hemos obtenido una tierra de promisión, una tierra escogida sobre todas las demás…” (2 Nefi 1:5).

Sí, Lehi, ¿pero dónde está esa tierra? Solo tienes un desierto. En cambio sabemos el precio que pagamos día a día en este desierto.

Creer que la gran ciudad de Jerusalén iba a ser destruida, es fácil de decir. Pero ¿Lo creeríamos nosotros al ver sus murallas y su templo? Nefi convivía con lo imposible.

Sentados en nuestra piedra reflexionando

Si queremos obtener algo más de 1 Nefi 11:1, tendremos que aprender, como Nefi,  que hay un precio de esfuerzo y que el premio es como “El viento que sopla por donde quiere, y oyes su sonido; pero no sabes de dónde viene ni a dónde va…” (Juan 3:8) a diferencia en el mundo, nadie compraría nada con esa garantía.

Cuando serví en la misión España-Madrid, allá por el año 1980… DC, las escrituras fueron para mí sobre todo un refugio y un consuelo. La dureza de la calle, se veía compensada por la calidez que sentía en su lectura. No recuerdo tanto los conceptos aprendidos como el consuelo recibido en esos días. Las leía mientras almorzaba, por la mañana y por la noche. Los que hayan estado en esa situación, recordarán la sensación de estar asistidos y confortados por esa “compañía”.

En aquellos días memorice la sección 93. Hay música en esos versículos, no solo su mensaje sino danza, hay deleite. En las calles de Torrejón de Ardoz. Mientras los Phantom F-4 de la base militar de Torrejón, tronaban en el cielo, las palabras “…soy la luz verdadera que ilumina a todo hombre que viene al mundo” parecían susurrar dándonos aliento.

El oso hibernando

Las escrituras y Nefi
El oso hibernando

Cuando terminé la misión, hice el servicio militar, obligatorio en esos años en España. Estuve en la marina dieciocho meses. Conocí a la que ahora es mi esposa Nati. Me casé, tuve dos hijos, Alma y David. Mi velocidad de crucero aumentó en esos años en que las necesidades del hogar y la familia demandaron todos mis recursos y  mi tiempo. Poco tiempo para leer. El necesario para preparar discursos y clases.

Mi relación con las escrituras fue académica, técnica y conceptual. Digamos que extraía conocimiento de forma correcta y ordenada. Mantenían mi nivel de recursos aceptablemente.
Esa situación, de oso hibernando, nos retiene a muchos durante demasiado tiempo. No es que  no deseemos, no es que no creamos,  ni nos sentemos. Simplemente no dedicamos tiempo a reflexionar. Estamos demasiado ocupados haciendo un arco de madera y flechas de palos rectos para cazar el sustento que nuestra familia.

Olvidamos como el hermano de Jared que no hemos llegado a las playas para permanecer en ellas.

Nuestro descenso

Ciertamente nuestra órbita y descenso hacia las escrituras puede ser larga y llena de momentos ingrávidos. No así la de Nefi, quien desde un primer momento afinó sus decisiones hacia la bondad y los misterios de Dios. Sin embargo en la trayectoria de todo miembro de la iglesia, es necesario sentarnos a reflexionar y creer que podemos saber.

Las escrituras y Nefi
Una corrección en mi ángulo de entrada

En mi vida hubo una corrección en mi ángulo de entrada, ocurrió algo en mi edad madura. Creo que sucede en la vida de toda persona sea  o no creyente. Una oportunidad, a veces dolorosa,  o un alto en el camino que te hace pensar y replantearte las cosas. En mi caso fue un llamamiento en el sacerdocio y en mi estaca.  Después de un tiempo fui relevado. Pero ya nada fue igual.

Por alguna razón que desconozco, se me permitió experimentar  gratuitamente, como un nuevo converso, un acercamiento especial sobre lo que siempre había leído una y otra vez. Tuve la sensación de que las escrituras tenían detrás una anchura altura y profundidad que nunca había sospechado.  Empecé a percibir el relieve de sus palabras. Experimenté la impresión de que las frases y sus significados eran señales de grandes espacios de conocimiento.
Supe que había que tomar todo muy en serio

Las escrituras no solo son expresiones casi poéticas de principios simples y sencillos. Son reales, en el sentido formal de la palabra. Y esto que se lee tan fácil y que se da por entendido. No lo entendemos de forma cabal hasta cierto momento.

El contacto con la superficie

Las escrituras y Nefi
Es necesario llegar a cierto vacío del alma

La idea de tomar algo en serio, aplicada al estudio de  las escrituras, parece sencilla de entender, de hecho son tres palabras comunes, pero no lo es, no es fácil. Si nos paramos a reflexionar como Nefi, esa idea nos enrola en una travesía en la fe. Tomamos en serio palabras que vemos y que describen cosas que no vemos. Al considerar seriamente esas palabras, empezamos a creerlas verdaderas. De esa forma demostramos,  a lo que hay detrás de ellas, que estamos preparados para recibir lo que no se ve.
Sin embargo a menudo nuestra disposición a leer no incluye nuestro corazón, sino nuestra razón. Y usamos para leerlas, la postura intelectual que diariamente nos acompaña en nuestra jornada, sea esta cazar, recolectar, viajar o preservar la vida.

Es necesario llegar a cierto vacío del alma, para salir a cazar sin encordar nuestro arco. Para salir a buscar las preguntas de nuestra alma.

Así lo hizo Enós recordando las palabras de su padre fallecido.

La colocación de la persona ante las escrituras es vital para acceder a su interior. De la misma forma que para atravesar  la atmósfera terrestre, es necesario un ángulo correcto. Para introducirse al interior de ellas es necesaria una actitud y disposición especiales.  Desde esos días y hasta ahora no he podido estudiarlas o leerlas sin tener a mano un papel y un lápiz. Dedicando mucho tiempo al importante espacio vacío de sus renglones, es decir a lo que no dicen. Es necesario abandonar por un tiempo esa disposición natural de tratar con este mundo;  para adoptar la condición necesaria y presentarnos ante ellas.

Las libélulas.

Las escrituras y Nefi
Uno tiene que colocarse exactamente detrás

Todo esto me recuerda una escena de mi infancia.
Cuando tenía diez años, salíamos mis amigos y yo a cazar libélulas. Las atábamos con hilo y las lanzábamos al aire como cuadrigas romanas.
Para cazar libélulas, se ha de hacer sin ruido. Uno tiene que colocarse exactamente detrás, en línea con el eje de su cuerpo, de lo contrario te ven. Te paras a un metro de ellas y vas extendiendo tu mano lentamente con el pulgar levantado hasta atrapar la cola. Si eres capaz de extender tu cuerpo en la mitad del espacio, has hecho lo más difícil.

A veces imagino un versículo como algo extraordinario al que has de acercarte en su perpendicular, con sumo cuidado, casi con reverencia. A medida que lo haces así, vas viendo matices que nunca habías considerado.  Llegas a no querer nada más que eso. A no tener ambición de nada más que acercarte y observar. No fuerzas su significado con ideas preconcebidas, sino que te atrapa la hermosa construcción de su lenguaje. Puedes disfrutar parado a su lado, sin deseos de seguir adelante, y reconocer la puerta de un misterio. Empiezas a entender qué quería decir Nefi con la palabra deleitarse.

El deseo de acreditar nuestras ideas en lo que leemos es un estorbo.

Necesitamos recibir lo inesperado de las palabras que leemos. Dejar abierta la puerta a la imaginación y al oído interior  y poner en observación, la semántica del lenguaje que siempre hemos conocido.

La condensación de las escrituras

Las escrituras y Nefi
sino que se deleitaba

Escudriñar las escrituras es una construcción que se realiza a mitad de camino entre la lectura y su comprensión.  Hay un flujo sutil de conocimiento detrás de ellas que es independiente de nuestra lógica. Podemos mirar una y otra vez en DyC 93:1 y sentir la misma frescura y sorpresa en su interior. Siempre somos bienvenidos a ese lugar, porque detrás hay muchas moradas para cualquier momento en que lo visitemos.

Es, en esa época, en la que disfrutaba y emocionaba leer a Isaías en 2 Nefi o en la Biblia. En el pasado, esa parte de las escrituras me resultaba pesada y tediosa. Nefi  se tomó el trabajo de copiarlas en unas planchas nuevas  y especiales, ahora comprendo por qué se [deleitaba] en sus palabras.

Él no empleaba el termino comprender, sino que se deleitaba;  más bien habla de una actividad contemplativa o de un placer del ánimo. Nefi no iba al bosque a extraer madera, sino a deleitarse en el bosque. Yo también lo hacía. ¿Por qué? Porque había dejado de preocuparme si iba a cazar la libélula, porque había dejado de preocuparme el entender a Isaías. Me contentaba con reflexionar mientras me acercaba a lo que nunca iba a abarcar en su totalidad, a mecerme en su lenguaje y palabras.

El placer estético

Hay un placer estético en escudriñarlas. La palabra estética está vinculada por los griegos a la percepción de la belleza, y realmente hay belleza en ellas. Como la que encontramos en Alma 36, incluso un quiasmo, cuya parte central es la conversión de Alma hijo. Hay belleza en sus formas. Pero esa belleza está debajo de una delgada capa que muchas veces nos desalienta.

Escudriñar las escrituras no consiste en buscar petróleo, no es una tarea invasiva ni agresiva. Puede serlo si lo deseamos.  Pero no se trata de perforar con nuestra razón y lógica, esa capa lingüística de papel. Es algo, más bien,  como pasear por una playa y mirar lo que arrastran las olas. Por más que caminemos, una y otra vez, siempre habrá nuevas cosas. No tratamos de entender por qué están ahí. Más bien nos admiramos de que estén sin esperarlas. A esto le llamo un estudio personal, quizás una de las cosas más íntimas que podemos tener, exenta de ambiciones, y llena de espíritu contemplativo.

La amistad de las escrituras

La percepción de la realidad no es prescrita por un orden, ni vienen sus impresiones una detrás de otra, sino que lo hacen en paralelo, todo a la vez. El cerebro, hace un gran trabajo al componer un panorama coherente. El conocimiento que viene de las escrituras es de la misma clase. No hay ningún lugar en ellas que hable exclusivamente de algo, como un manual de mecánica. Su conocimiento fluye como la vida que nos rodea, sin un esquema organizado porque es vivo. Se requiere del lector  una gran capacidad de percibir y discernir la luz que alumbra en ellas. Es por el espíritu que se encuentra en ellas ese caudal de conocimiento.

Un paseo no es un día de compras en el supermercado. Y a menudo nuestra relación con las escrituras es mercantil. Vamos a ellas para extraer cosas que nos hacen falta para hacer algo. Puede ser una clase, un discurso o un mensaje. Y ciertamente eso es correcto.
Pero  visitar a una persona por el placer de su compañía, facilita más  la amistad,  que acostumbrarnos a visitarla sólo cuando nos faltan herramientas, harina o si pudiese dejarnos una llave para arreglar el lavabo.

A las escrituras podemos considerarlas como alguien.

 

 

           

 

 

6 Comments

  1. Siempre será difícil luchar con las enrevesada filosofías que el mundo nos ofrece, la simplicidad de decir yo creo porque así lo siento es un reto en un lugar donde hay que demostrarlo todo científica y psicológicamente.
    Pienso que el tema de las escrituras es como una conversación, a veces no dejas hablar a tu interlocutor, debatiendo constantemente, otras sólo escuchas, y como tu dices, no fuerzas el significado de las palabras con ideas preconcebidas.
    Un artículo con un gran contenido.

  2. ” Olvidamos, como el hermano de Jared, que no hemos llegado a las playas para permanecer en ellas”.
    Me ha encantado esta parte y cómo continuas abriendo las posibilidades y los espacios tan amplios que están ahí, tras las escrituras y en ocasiones no vemos.
    Gracias por este magnifico artículo, un abrazo David!!!!

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