3 piedras de tropiezo hacia Cristo

1. Falta de comprensión de la situación.

3 piedras de tropiezo hacia Cristo
Oré intensamente para recibir ayuda divina

Hay situaciones en la vida donde uno tiene una clara comprensión del peligro en que se encuentra. He vivido algunas cuando volaba en ala delta. Todas causadas por un error en mi apreciación de las condiciones de vuelo. Al menos en dos de ellas oré intensamente para recibir ayuda divina (Liahona 10/1995) pues no veía otra que pudiera salvarme.
A fecha de hoy estamos pendiente de los muchachos tailandeses atrapados en una gruta a cuatro km de distancia de la entrada. En ésta como en otras situaciones somos conscientes del peligro cuando estamos en él.

Tener una falta de comprensión en momentos críticos es un agravante del peligro. Nos impide entender la necesidad de un rescate. Los apegos emocionales a veces pueden ser fatales. Valorar más nuestra propiedad amenazada por un incendio o un tornado, que nuestra vida, puede hacernos tomar decisiones equivocadas.
Una cuerda o una mano tendida en ese momento, puede ser rechazada por innecesaria o por no solicitada. Entonces el nivel de oxígeno espiritual baja lentamente sin alerta alguna y va entorpeciendo el discernimiento de lo bueno y lo malo.
Todos estamos atrapados en dos muertes, pero no percibimos nuestra situación, ni la necesidad de rescate.

La mayor dificultad

Quizás, estimado lector, usted y yo suframos esa misma situación sin percibirla. Nos encontramos en una huida hacia delante. El tiempo nos pisa los talones y la muerte será la galeria cerrada donde todos llegaremos. Sin embargo la mayoría no concibe un plan de rescate y aceptamos resignados el final. Nos hemos acostumbrado tanto al desierto oscuro y lúgubre que escuchar acerca de un plan de salvación, propone a nuestras coyunturas los movimientos olvidados de la fe y la esperanza, Concebirlos de nuevo ensancha nuestro corazón dolorosamente como el vientre de la parturienta.

Por eso la mayor dificultad en aceptar al Salvador es no percibir nuestra situación desesperada.

“¡Oh cuán grande es la bondad de nuestro Dios, que prepara un medio para que escapemos de las garras de este terrible monstruo; sí, ese monstruo, muerte e infierno, que llamo la muerte del cuerpo, y también la muerte del espíritu!” (2 Nefi 9:10)

3 piedras de tropiezo hacia Cristo
yo soy la luz verdadera que ilumina a todo hombre que viene al mundo

Ahora, mientras simulamos una juventud dilatada. Mientras la orografia de nuestro cuerpo nos sugiere recapitular y hacer balance, el mundo nos urge a correr hacia los incesantes deseos que fluyen a nuestro alrededor. Lo efímero del placer recibido, nos lanza de una roca a otra con una fuerza subterránea.
Pero el Salvador nos dice: “…yo soy la luz verdadera que ilumina a todo hombre que viene al mundo;” (DyC 93:2) y por el contrario, sus movimientos son suaves porque “la doctrina del sacerdocio [destila] sobre [nuestra[ alma como rocío del cielo.” (DyC 121:45)

Aún en la más terrible oscuridad, alguien como Alma, experimentado en abismos nos aconseja

“sí, imploradle misericordia, porque es poderoso para salvar.” (Alma 34:18)

El nos salva de la sombra de la muerte, la que inclina nuestra alma hacia la desesperanza, la que acumula nuestros pecados en la espalda, esa sombra que nos dice “Hijo de hombre adórame” (Mo. 1:12). Pero a veces su redención está tras un desierto oscuro y lúgubre. Entonces recelamos y preferimos la carne de Egipto a la libertad de su redención.

2. No escuchar la voz interior

3 piedras de tropiezo hacia Cristo
Ese movimiento natural de las multitudes hacia la felicidad no es aprendido

En el sueño de Lehi podemos leer “Y vi innumerables concursos de gentes, muchas de las cuales se estaban apremiando a fin de llegar al sendero que conducía al árbol al lado del cual me hallaba.” (1 Nefi 8:21)
Ese movimiento natural de las multitudes hacia la felicidad o hacia el árbol, no es aprendido, venimos con el. Es del género que dirige a las pequeñas tortugas hacia el mar sin verlo. Es un ímpetu en todo lo vivo el dirigirse hacia el gozo y anidar en él.
La semilla de la luz de Cristo brota en cualquier época y lugar. Desde las cavernas hasta hoy. Nos orienta hacia él, la luz del mundo. Pero ese Norte espiritual, nombrado de muchas formas y pintado de infinitos estilos, puede ser perturbado. Podemos dejar de escucharlo.

La creencia en Dios, así como la inteligencia “no ha sido creada ni hecha, ni tampoco lo puede ser” (DyC 93:29). La fe  en un creador, está trenzada en su obra y en las mentes originales, sin enseñanzas contrarias. Sin embargo la incredulidad es una creencia a la que se llega por empeño, después de un proceso racional.
Jehová nos dice:

“…todos vosotros que encendéis fuego y que os rodeáis de chispas, andad a la luz de vuestro fuego y de las chispas que encendísteis” (Isaías 50:11)

Aquellos rodeados por esas chispas encendidas, “están sin Cristo y sin Dios en el mundo; y son echados de un lado para otro como paja que se lleva el viento.” (Mormón 5:16). Apagan la luz que los iluminaba cuando vinieron al mundo, cizañados por el enemigo la consideran demasiado simple.

Los engranajes antiguos…

3 piedras de tropiezo hacia Cristo
el sonido de los engranajes antiguos

Las multitudes de las que habla Lehi, aquellas que buscan el árbol de la vida, son las personas que siguen su voz interior, no las conclusiones de un razonamiento. Ellos perciben el sonido de los engranajes antiguos que pusieron los dioses en nuestro interior. Esa esfera de bronce fino de ahí dentro, nos dirige hacia el Norte celestial. Y lo hace de una forma “suave y apacible [y] a través de todas las cosas susurra y penetra, y a menudo hace estremecer …” (DyC 85:6)

Hoy, esa habilidad de escuchar se ahoga en el afán de este siglo. La orientación hacia la luz que acompañaba a los muertos en su sepultura en forma de utensilios para la siguiente vida, ahora, esa voz interior “…parte cayó entre espinos; y crecieron los espinos y la ahogaron, y no dio fruto.” (Mrc. 4:7).
Así, enfrentado a la muerte, el hombre lucha por su vida, pero se sabe derrotado. Algunos con estoicismo y otros sin asistencia no tienen las palabras ni pensamientos antiguos.  Rodeado de las chispas que él mismo encendió, el hombre descreído, que abandona las voces de sus antepasados, en cambio, escucha cualquier ruido y lo asume como un profundo saber.

…que hablan de paz

Pero una parte de esa voz “cayó en buena tierra, y dio fruto que brotó y creció; y dio a treinta, y a sesenta y a ciento por uno” (8) y a todos los que se acogen a su brazo, su misericordia acompaña.
Sí, la restauración proporciona a todo el que se allegue al Salvador las ordenanzas y convenios en lugar de las premonitorias armas y alimentos que acompañaban a los difuntos.

Esos engranajes antiguos, acoplados antes de la fundación del mundo, nos proveen de la investidura para pasar el velo. Con estoicismo y con esperanza. Con una plenitud, a la que acompaña la misma voz interior que en la antigüedad.
Esa voz interior que “[habla] paz a tu mente en cuanto al asunto” (DyC 6:23)

3. Valoración parcial del Salvador

Una gran dificultad para aceptar a Cristo es que vivimos en un entorno donde hay respuestas para todo. Y si no la tenemos buscamos en el pozo de sabiduría de las redes. Por eso la mayoría de nosotros no llegamos al valioso punto de la incertidumbre. Si nos acercamos a él tomamos la respuesta más cercana y cerramos la cuestión. Por eso nos rodeamos de chispas de certezas.

3 piedras de tropiezo hacia Cristo
Valoración parcial de Cristo

Viví en primera fila la valoración truncada de Cristo. Desde que tuve contacto con oriente a través del Tao te King, del Bhagavad Gita, o en la práctica del Hatha Yoga, siempre me preocupó la equivalencia educada y correcta que se asignaba a Cristo y a Buda. Como actitud de convivencia, no me parecía mal. Pero una vez a solas no comprendía esa igualdad sonriente y educada. Una cosa son las relaciones sociales y el respeto mutuo y otra mi almohada por la noche.
Todas estas lecturas y prácticas despertaron en mí aspectos muy positivos, pero eran ramas entroncadas en un árbol extraño. Eran árboles distintos al olivo cultivado de la casa de Israel.

El evangelio y con más intensidad en la restauración, nos sitúa ante Dios con un  vínculo familiar. No solo es creador sino padre.
El budismo no es teista, el hombre se salva a sí mismo de la rueda de la reencarnación mediante técnicas de meditación y eliminando el deseo. Evitando el Karma de las malas acciones y la ignorancia. El ser humano no tiene un identidad concreta, transporta una porción de conciencia que renace en cada vida para su perfección.

Una época de sincretismo

Hubo una época sobre todo en los 70-80 que estas filosofías, sin un Dios en su doctrina, fueron seguidas con más o menos intensidad por muchos. No era extraño encontrar a creyentes en la reencarnación y que sin embargo no tenían idea de budismo o Hinduismo. Era una reacción de rechazo a la tradición cristiana que no supo dar respuesta a la crisis de fe producida por la revolución tecnológica y cultural de ese tiempo.

3 piedras de tropiezo hacia Cristo
El Karma, con su teoría de acción-reacción

La apariencia “técnica” y atea. La descripción detallada de los procesos mentales y espirituales de esas filosofías daban una pátina de cientifismo que casaba a la perfección con el mundo explicado de la ciencia. El término energía sustituía a Dios y la palabra conciencia a el alma. Ambas palabras estaban presentes en la física y en la sicología que en todas sus ramas sustituía la guía religiosa anterior. El Karma, con su teoría de acción-reacción de nuestros actos congeniaba con el principio de conservación de la energía.

Los logros de sus prácticas son notables. Yo mismo los experimenté. No obstante sus caminos y destinos no tienen nada en común con el cristianismo. Y esto que digo es una declaración malsonante para los miembros de la iglesia de lo políticamente correcto. Ella que enseña que todo está bien, que todo es igual. Sí, esa enérgica invitación a la ignorancia.

Los vientos empezaron a soplar hacia la equiparación. Un afán por crear una aleación con todas las creencias. Sin embargo yo no entendía la avidez por una equivalencia entre Jesucristo con otras figuras religiosas. Me recuerda este asunto el mito de Procusto.

Procusto

3 piedras de tropiezo hacia Cristo
Procusto

Procusto era hijo de Poseidón en la mitología griega. Tenía una casa donde daba alojamiento a los viajeros. Los ataba a una cama. Si el viajero era más grande que la cama, serraba los miembros que sobresalían. Si era más corto lo descoyuntaba hasta hacerlo coincidir con la cama. Tenía una ajustable, de modo que ningún huésped coincidía con el tamaño del lecho. Todos habían de pasar por el suplicio.

Igualar el mensaje de salvación de Cristo con otras creencias es la labor de Procusto. Jesucristo es único en todo su mensaje. No tiene equivalentes ni comparables. Con la restauración, los contornos del evangelio resaltan aun más. Etiquetarlo como un producto más del pensamiento, como una filosofía màs, es cercenar su mensaje para que quepa en una mente políticamente correcta. Sí, en esa iglesia de lo políticamente correcto. Esa cama obligatoria para todo ser viviente de este mundo, yugo de hierro sobre nuestro cuello.

Algunas consideraciones

Independientemente que creamos o no, el mensaje del Salvador per se es valioso.

  • Jesús es el único ser de este mundo que ha resucitado voluntariamente de los muertos. No existe otro hecho como éste.
    “Por eso me ama el Padre, porque yo pongo mi vida, para volverla a tomar.” (Juan 10:17)
  • Nadie aparte de él, ha declarado que es el camino, la verdad y la vida del mundo.
    “Yo soy el camino, y la verdad y la vida; nadie viene al Padre sino por mí.” (Juan 14:6)
  • Es el único en afirmar que su padre literal es Dios.
    “Yo soy la vid verdadera, y mi Padre es el labrador.” (Juan 15:1)
  • Nadie en este mundo ha sufrido el dolor de nuestros pecados. Ni nadie ha dicho liberar al pecador mediante su sangre expiatoria.
    “Porque he aquí, yo, Dios, he padecido estas cosas por todos, para que no padezcan, si se arrepienten; ” (DyC 19:16)
  • Jesús afirma “yo soy”. Nuestra identidad persiste después de la muerte. Otras religiones abandonan la identidad propia en una corriente de conciencia universal. Como gotas uniéndose al mar.
    “Así dice el Señor vuestro Dios, Jesucristo, el Gran Yo Soy, “ (DyC 38:1)
  • La igualdad ante Dios proclamada por Cristo funda el concepto de igualdad de todos los hombres ante la ley.
    “y él invita a todos ellos a que vengan a él y participen de su bondad; y a nadie de los que a él vienen desecha” (2 Nefi 26:33
  • Su ministerio es el cumplimiento de profecías anteriores. Su vida encaja en un plan vasto y extenso con un relato coherente. Cristo no es un suceso espontáneo, sino la piedra angular de un plan de salvación.
    “la redención viene por mí, y en mí se ha cumplido la ley de Moisés.” (3 Nefi 9:17)
  • La expiación de Cristo es una singularidad. Poco entendida y aun menos valorada.

El realce y crecimiento que la restauración añade al cristianismo no voy a comentarlo aquí. Es demasiado extenso, sería una pretensión inútil desarrollarlo en este artículo.

Los rescatados

3 piedras de tropiezo hacia Cristo
Samarn Kunan

En este momento que escribo, todos los jóvenes han sido rescatados del complejo de cuevas de  Tham Luang donde estaban condenados a muerte. Ha sido un rescate épico, realizado por héroes.
Uno de ellos,  Samarn Kunan, de religión budista, de 38 años perdió la vida por falta de oxígeno, cuando regresaba de llevarlo a los jóvenes. Cuando Samarn llegó a lugar donde estaban los muchachos y su entrenador:

  1. Ellos comprendían su situación desesperada.
  2. Supieron escuchar la invitación a la salvación que les propusieron.
  3. Dieron valor al esfuerzo que Samarn y su equipo ofrecían. Entendían que no había otra oferta como esa.

Una vez fuera los jóvenes hicieron una ceremonia de agradecimiento por el sacrificio de este hombre e hicieron votos de ser buenas personas el resto de sus vidas.
Hubiera sido incomprensible una actitud diferente. Sin embargo, el mayor problema, nuestra falta de comprensión acerca de nuestra situación, arrastra tras de sí las decisiones equivocadas.

Alma en Tham Luang

3 piedras hacia Cristo
Alma es reprendido por un ángel

Un joven Alma, nos relata su experiencia de salvación al rebasar las tres piedras de tropiezo hacia Cristo. ¿Puede identificarlas estimado lector?

“…mientras así me agobiaba este tormento, mientras me atribulaba el recuerdo de mis muchos pecados, he aquí, también me acordé de haber oído a mi padre profetizar al pueblo concerniente a la venida de un Jesucristo, un Hijo de Dios, para expiar los pecados del mundo.
Y al concentrarse mi mente en este pensamiento, clamé dentro de mi corazón: ¡Oh Jesús, Hijo de Dios, ten misericordia de mí que estoy en la hiel de amargura, y ceñido con las eternas cadenas de la muerte!
Y he aquí que cuando pensé esto, ya no me pude acordar más de mis dolores; sí, dejó de atormentarme el recuerdo de mis pecados.” (Alma 36:17-19)

Próximo artículo
La propagación de la luz de Cristo” Algunas reflexiones de cómo la luz de Cristo llena la inmensidad del espacio y a la vez llega a nuestra propia alma

Be the first to comment

Deja un comentario