La luz de Cristo y su propagación

Naturaleza de la luz

La luz de Cristo y su propagación
Hemos de comprenderla cuando la vemos.

Para acercarnos a la luz de Cristo y su propagación, hemos de comprenderla cuando la vemos.
Cuando estudiaba en la escuela, desde muy temprano, nos enseñaron la teoría ondulatoria y la corpuscular de la luz. Una explicaba que la luz tenía una naturaleza ondulatoria, se propagaba en forma de ondas, como el sonido o como las ondas que se producen al tirar una piedra en el agua de un estanque. La otra teoría describía a la luz como partículas o corpúsculos que viajaban en línea recta por el espacio  y se comportaba de forma semejante a las bolas de billar.

Cuando un cuerpo se interponía ante una fuente de luz, producía  una zona de sombra, como si ésta fueran proyectiles interceptados. Pero también se producían zonas de penumbra y eso era más bien el efecto de ondas. La luz se comportaba de una manera extraña, confirmando las dos teorías, pero presentando problemas en ambas. La luz presentaba fenómenos de interferencia y difracción propio de las ondas. A la vez fenómenos de reflexión perteneciente a las partículas.

Maxwell

La luz de Cristo y su propagación
James C. Maxwell

James C. Maxwell en 1865 demostró que  las ondas luminosas son un espectro limitado de las electromagnéticas.
Pero el efecto fotoeléctrico planteaba de nuevo la pregunta ¿Cómo puede interactuar una onda con un objeto material? En 1905 Albert Einstein propone al fotón como cuanto de energía que interactúa con la materia y logra arrancarle los electrones.
De esa forma se volvió al mismo debate que en el siglo XVIII, pero en un nivel más sofisticado. La luz se comportaba como onda electromagnética en los fenómenos de interferencia y difracción y como una partícula, el fotón,  en los fotoeléctricos. En 1924, Louis de Broglie aúna amabas explicaciones a satisfacción de todos.

Este es el modelo actual que aceptamos. La luz tiene una naturaleza dual, comportándose según la situación de una forma u otra.
Y eso le da la propiedad fenomenal de iluminar, aun cuando hay obstáculos. De hacerlo a una velocidad extraordinaria, dando así a la vida un panorama “a tiempo real” de todo lo le es propio a sus intereses.

La luz de Cristo y su propagación

La luz de Cristo, también tiene sus propiedades, podemos ver una de ellas en esta escritura leída anteriormente-

“…quien ascendió a lo alto, como también descendió debajo de todo, por lo que comprendió todas las cosas, a fin de que estuviese en todas las cosas y a través de todas las cosas, la luz de la verdad” (DyC 88:6)

La luz de Cristo y su propagación
Para él no hay obstáculos

Para él no hay obstáculos. Su luz llega a todos los lugares del Universo, de la misma forma que una onda en un estanque llega a cualquier lugar de él. No hay eclipses ni muros. Se propaga como un potente sonido que llegara hasta cada rincón de la creación. Podemos  decir que se propaga como una onda” la cual procede de la presencia de Dios para llenar la inmensidad del espacio,” (12) y ahí, en su presencia,  tenemos su foco radiante y como característica de su onda, llena la inmensidad del espacio.

En 1924, Louis de Broglie concluye en esto: “Toda la materia presenta características tanto ondulatorias como corpusculares comportándose de uno u otro modo dependiendo del experimento específico” Las ondas de la materia no pueden detectarse pues su longitud de onda es inversamente proporcional a su masa, es decir a mayor masa menor longitud de onda.
Por eso, no es extraño que de la presencia de Dios parta la luz que brilla “…para llenar la inmensidad del espacio,” (88:12) como una onda y que  penetre “a través de todas las cosas” (88:6) como una partícula. Tampoco debe parecernos extraño que no la detectemos pues, “no lo podemos ver; pero cuando nuestros cuerpos sean purificados, veremos que todo es materia.” (131:7-8)

La materia espiritual

No pretendo establecer una similitud total entre ambas cosas, solo intento usar nuestros elementos, los de nuestra época, para entender mejor. De la misma forma que en las escrituras se usan semillas de mostaza, campos de olivo y un valle al que se le llama Lemuel para enseñar a un hijo rebelde a ser “¡…firme, constante e inmutable en guardar los mandamientos del Señor!” (1 Nefi 2:10).

Este increíble evangelio restaurado, termina con la batalla artificial entre la espiritualidad intangible que el neoplatonismo introdujo en el cristianismo y el materialismo crudo de nuestra época racionalista. “No hay tal cosa como materia inmaterial. Todo espíritu es materia, pero es más refinado o puro, y sólo los ojos más puros pueden discernirlo;” (DyC 131:7). El evangelio nos habla de la espiritualidad de la materia.
Como hemos visto, ese comportamiento como onda, le hace llegar a todos sitios. Más allá de los espigones de cualquier puerto hasta tocar cada rincón del Universo. Y lo que es más a cada espacio del alma, por oscuro que sea.

Llega a los espacios oscuros

La luz de Cristo y su propagación
dibujaban mariposas

Pienso en la segunda guerra mundial, como uno de los espacios más oscuros que un rayo de luz puede atravesar. En ese tiempo conocemos  los estados más tenebrosos del alma humana de nuestra era.  Algunos de estos sitios oscuros se hallaron en los campos de concentración del régimen nazi.
La doctora Elisabeth Kubler constató  que incluso allí, niños que iban a morir al día siguiente dibujaban mariposas en las paredes de los barracones. Presintiendo su transformación próxima de crisálida a una hermosa mariposa. Para alzarse de la oscuridad hacia un nuevo cielo.
Sí, la luz de Cristo se propaga a todo lugar y a toda alma que no cierre sus ojos a ella. Y penetra todas las cosas. Nadie puede decirle…”si tú supieras”, porque él ya ha estado allí y ha iluminado a cada alma y a cada espacio.

Hasta el ghetto

Un niño de ese lugar horrible,  Pavel Friedmann escribe un poema en el ghetto de Terezín en 1942, habla de su última mariposa.

La última, precisamente, la última.
De un amarillo tan brillante.
Quizás si las lágrimas del sol
tocarán la piedra blanca…
tan, tan amarilla
volaba, se movía ligeramente hacia lo alto
se fue, seguramente quería dar al mundo
un beso de despedida.
Hace siete semanas que vivo aquí
encerrado en este ghetto
pero he encontrado a mi gente aquí
me llaman las florecillas
y la blanca rama del castaño del patio.
No he visto más mariposas.
Aquella fue la última.
Las mariposas no viven aquí,
En el ghetto.

También en una cárcel, en Liberty en 1839, el profeta José no podía ponerse en pie totalmente debido al lugar donde estaba. Sin embargo se alzó muy alto al recibir esa maravillosa sección, la 121. Termina con esta profunda frase “…tu dominio será un dominio eterno, y sin ser compelido fluirá hacia ti para siempre jamás.” (46)

La luz que vivifica

La luz de Cristo y su propagación
da vida a todas las cosas

da vida a todas las cosasOtra propiedad de su luz, además de llegar a todo lugar, es que penetra en todo lo que lo habita. El profeta José Smith nos describe su impresión. “Sí, así dice la voz suave y apacible que a través de todas las cosas susurra y penetra, y a menudo hace estremecer mis huesos…” (DyC 85:6). De esta forma semejante a la teoría corpuscular, es capaz de interactuar con los elementos “la luz que existe en todas las cosas, que , que es la ley por la cual se gobiernan todas las cosas...” (DyC 88:13). Esta luz no solo da vida, sino pautas de comportamiento. Al igual que el fotón arranca un electrón a la placa fotovoltaica, la luz de Cristo induce en la materia la vida y  propone su conducta.

Esta acción de su luz en las escrituras se le llama vivificar. Esta palabra procede del latín vivificāre, (infundir vitalidad o energía a alguien o algo). Por eso, como dice Mormón, sin la luz de Cristo,”…ninguna cosa buena podía llegar a ellos” (Moroni 7:24). Entendiendo en esto también, que lo bueno ya existía, solo que sin Cristo no podemos recibirlo ni interactuar con ello.
Esta propiedad de estar “en todas las cosas y a través de todas las cosas” (6) es una cualidad más además de la de “llenar la inmensidad del espacio” (12). Estos dos aspectos, semejantes a las propiedades de la luz corpuscular que interactúa con la materia y como onda que se propaga al infinito que vimos al principio, me muestra  la increíble precisión de las escrituras cuando “… habla de las cosas como realmente son” (Jacob 4:13).

Si escucha la voz del Espíritu

La luz de Cristo y su propagación
Te daré de mi Espíritu, el cual iluminará tu mente

Cuando esta luz actúa sobre nosotros, como enseñaba el rey Benjamín “ os está preservando día tras día, dándoos aliento para que podáis vivir, moveros y obrar según vuestra propia voluntad, y aun sustentándoos momento tras momento…” (Mosíah 2:21). Además de eso,  tiene poder para penetrar en el interior de nuestra alma y realizar cambios “Te daré de mi Espíritu, el cual iluminará tu mente y llenará tu alma de gozo;” (DyC 11:13).
Pero por parte de nosotros tiene que haber una actitud de recepción a esa luz. Nosotros tenemos el poder de cerrar nuestra mente a esa luz porque, “el Espíritu da luz a todo hombre que viene al mundo; y el Espíritu ilumina a todo hombre en el mundo que escucha la voz del Espíritu.” (DyC 84:46).

Muchas veces no entendemos por qué no se nos ha dotado de un sentido, además de la vista, el olfato etc. para poder detectar esa luz de forma natural. En el evangelio restaurado, entendemos que esa búsqueda es una elección, y esa elección no se apoya en los demás sentidos. El profeta Alma relaciona una vez más la fe con el trabajo agrícola, que requiere fe. “…mirando hacia adelante con el ojo de la fe a su fruto, nunca podréis recoger el fruto del árbol de la vida.” (Alma 32:40). Una fe semejante a decir en un lugar oscuro y desordenado “hágase la luz”.


La luz en sus palabras

En su propagación por la inmensidad del espacio, al final llega a cada uno de nosotros.

“Y la luz que brilla, que os alumbra, viene por medio de aquel que ilumina vuestros ojos, y es la misma luz que vivifica vuestro entendimiento,” (DyC 88:11).

La luz de Cristo y su propagación
Y la luz que brilla, que os alumbra

                Estas palabras del Salvador son en sí mismas valiosas por su estética. Merece el esfuerzo memorizarlas por su belleza y por su enseñanza. Pero tan sólo por su belleza ya es suficiente motivo para hacerlo. Creo incluso que a través de ella, aprendemos más que de su estudio.

Si nos dejamos llevar por el recorrido de las palabras y su mensaje, aun sin escudriñarlas, notamos el poder de traspasar nuestra alma por medio de aquel que ilumina.
Hablando de su atractivo, este versículo es poderoso, está lleno de acción, con sus cinco verbos bien armonizados. Fijémonos. La acción se presenta a semejanza de un rayo de luz. Todo su desarrollo en una sola frase es como un rayo de luz que parte de su origen y fluye sin interrupción hasta que llega al lector. Y añadiría en este fluir, el verbo llenar del versículo 12. brilla, alumbra, viene, ilumina y vivifica
Lo primero que llama la atención es la constancia en mencionar la luz que brilla, ya hemos hablado de esto antes.  Ese brillo tiene que ver con nosotros.

La luz que alumbra

La luz de Cristo y su propagación
La luz no se hace luz en nuestro interior sino hasta que él nos alumbra.

Hoy día sabemos que hay muchas  luces que brillan y que sólo algunas de ellas nos alumbran. Siempre me sorprendió la visión del Universo que nos dan los modernos telescopios orbitales. Éstos trabajan a longitudes de onda que nosotros no vemos como son,  microondas, infrarrojo,  rayos x,  rayos gamma, etc. Todas ellas nos muestran un Universo distinto al que vemos. Brillan pero no alumbran nuestros ojos.

La luz de Cristo brilla y nos alumbra. La palabra luz viene del latín lux (luz, luminosidad) alumbrar viene del latín illumināre (llenar de luz y claridad algo). La diferencia entre estas dos palabras es importante. La palabra alumbrar viene con una intención y no solo una propiedad como la palabra luz.  La luz no se hace luz en nuestro interior sino hasta que él nos alumbra.
Cuando hacemos algo y nos falta luz, decimos a alguien “alúmbrame aquí”. Damos a entender que necesitamos una luz particular para nuestros ojos. La que nos permite entender qué tenemos delante.
También el Universo del infrarrojo no se hace luz en nuestra retina sino a través del telescopio orbital Planck lanzado el 14 Mayo de 2009. Éste alumbra en nuestra mente, imágenes del periodo inicial del Universo detectando su radiación infrarroja.

Nuestros ojos

Nosotros no necesitamos añadir instrumentos a nuestros ojos para ver aquello que necesitamos para vivir. La luz que brilla, Cristo,  ilumina “…el sol, y es la luz del sol, y el poder por el cual fue hecho.” (DyC 88:7) “… como también la luz de las estrellas, y el poder por el cual fueron hechas.” (9) y en nosotros alumbra. O lo que es lo mismo nos da claridad. Esta palabra viene del latín clarus (llama la atención, evidente, bañado de luz, que se distingue bien).
Por lo que su luz nos alumbra para tener claridad en ver el mundo y sus objetos. Nos ilumina en distinguir las cosas evidentes de nuestro interés sobre este mundo.

Ilumina nuestro cuerpo

La luz de Cristo y su propagación
Porque el Señor Dios ilumina el entendimiento

Incluso ilumina a las células de nuestro cuerpo. Compuestas de materia inerte, sin embargo están vivas. Su membrana exterior las hace individuales y distinguidas del resto. Tienen luz y conocimiento en su interior, se esfuerzan por mantener el orden y escapar de la muerte, subsisten en el tiempo. Al contrario de la materia exterior que cada vez tiende a su máximo desorden. Esa célula se eleva y exclama “no dentro de mí” ella tiende al máximo orden mientras vive. Ella al igual que las estrellas y al igual que nosotros también recibe a la luz que brilla, alumbra, viene, ilumina y vivifica. En su interior hay claridad.

      Considerando este mundo celular como un reino, las palabras, “Y a cada reino se le ha dado una ley; y para cada ley también hay ciertos límites y condiciones.”(DyC 88:38) cobran un significado más amplio. Y para nosotros, si tenemos claridad en nuestra mente podemos afirmar, “He aquí, todos éstos son reinos, y el hombre que ha visto a cualquiera o al menor de ellos, ha visto a Dios obrando en su majestad y poder.” (47)

Nefi es un profeta amante de la claridad, palabra no muy usada por los judíos de Jerusalén, “Porque mi alma se deleita en la claridad… Porque el Señor Dios ilumina el entendimiento…”  (2 Nefi 31:3).  Isaías nos habla de esa luz que como un rayo, brilla, alumbra, viene, ilumina y vivifica.

“El sol nunca más te servirá de luz para el día, ni el resplandor de la luna te alumbrará, sino que Jehová te será luz eterna, y el Dios tuyo, tu gloria.” (Isaías 60:19).

La misma luz que está en el Sol, que lo vivifica, la misma que compartimos con él sí y que nos vivifica a nosotros.

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