En este artículo, sobre las ordenanzas del sacerdocio, me planteo meditar en la sección 84 en forma de acordes. Tocaré el lenguaje, no en una composición completa, sino relajadamente. Estimado lector, acompáñeme sin más pretensión que disfrutar de algunas melodías sencillas que emanan de las escrituras al rasgarlas con suavemente con nuestra mente. Maravilla de escuchar lo que salen de sus cuerdas.
El sacerdocio y el linaje
En Teáncum camino en las lindes para pisar relieves del terreno poco transitados. Mas bien que marchar en el centro doctrinal, donde está la seguridad de lo conocido, me siento más ligero en los flancos donde contemplo la nada a mi izquierda y una mejor perspectiva de la restauración a mi derecha. Prefiero un buen interrogante a una respuesta no solicitada.
Por eso, en toda expedición es necesaria la asistencia de excéntricos exploradores que, como gotas, salpican fuera de la corriente.
En la sección 84 de DyC encuentro que el desplazamiento del sacerdocio por el tiempo es a través del soporte familiar. Nosotros, como miembros de la Iglesia, tenemos fuertemente arraigada la familia, pero la idea tradicional nos dificulta ver más allá. No es que haya que cambiarla sino dejarla que se extienda sobre los bordes de nuestra cultura. Es lo que encuentro en los versículos 7-16.
Nosotros, los hijos de Moisés y Aaron, la descendencia de Abraham recibimos el sacerdocio que ellos tuvieron. ¿Por que no recibirlo por concesión o por mérito intelectual como en otras confesiones? ¿Por qué el Señor menciona su genealogía? Hay una intención clara de vincularlo a una herencia. Herencia viene del latín haerentia, las cosas que están unidas o adheridas (etimología)
Por profecía e imposición de manos
El acto de imponer las manos sobre la cabeza, como hizo Juan con José y Oliverio y posteriormente Pedro, Santiago y Juan, es un acto significativo. Es adherir, pegar, fijar, asociarse, en un sentido muy profundo. Yo diría que las palabras engarzar o ensamblar ilustran el hecho y dan más significado. La herencia genética y el sacerdocio engarzan a las personas primero en esta vida y segundo después de ella.

Por eso el sacerdocio en la restauración no es concedido por licencia, título o estudios, sino por linaje.
Cuando nos bautizamos y recibimos las ordenanzas del sacerdocio, no es solo para formar parte de la membresia de una Iglesia. Estamos integrándonos en un linaje y adquirimos el derecho de herencia. Somos hijos de Moisés y Aaron, la descendencia de Abraham y nuestra casa la de Israel. Llevamos su anillo en nuestros convenios y nuestras ropas son la del sacerdocio. La historia del linaje de Abraham en camino a la tierra prometida es la nuestra.
La misión del sacerdocio no es solo ministrar y enseñar la doctrina sino construir una red familiar viva de poder que trasciende la muerte.
El Señor entre todas las uniones o asociaciones que pueden vincular a las personas, ha escogido el linaje o vínculo familiar como portador de su sacerdocio a través del tiempo.
En la sección 84, el Señor habla indistintamente de vivos y muertos. El sacerdocio que recibimos es heredado. Está adherido a nosotros y a nuestro cuerpo. Esto es tan cierto, que hace falta un cuerpo vicario para que lo reciban los muertos.
Las ordenanzas del sacerdocio
El linaje del sacerdocio y ser descendiente de Abraham, nos hace partícipes del pabellón oculto 121:1 y de las ordenanzas del sacerdocio a este lado.
«Y Abraham recibió el sacerdocio de manos de Melquisedec, que a su vez lo recibió por medio del linaje de sus padres, hasta Noé,»
DyC 84:14
Aunque reconoce que «Habiéndose apartado mis padres de su rectitud y de los santos mandamientos» 5 eso no invalidaba su derecho al sacerdocio a través de sus padres, porque era transmitido por sangre no por dignidad.

Un linaje es una cadena de descendientes que portan historia, color, belleza y cima. Los linajes son filamentos que atraviesan el tiempo y el espacio conservando sus propiedades. Abraham recibió el sacerdocio de Melquisedec, porque guardo los anales que confirmaban su derecho
«Pero el Señor mi Dios preservó en mis propias manos los anales de los padres, sí, los patriarcas, concernientes al derecho del sacerdocio;»
Abraham 1:31
Nosotros cuando vinimos a esta tierra, lo hicimos dentro de un linaje asignado, no escogido sino por llamamiento. Nuestro parentesco anterior era directo de nuestros Padres Celestiales. En el presente navegamos en un linaje que lucha por perpetuarse en el tiempo, por estar. Considerándonos, no solo como indivíduos, sino como eslabones de algo más grande, nuestro cometido no solo es sobrevivir sino que también lo haga nuestro linaje o descendencia.
¿Lo ves estimado lector? Pasa tus dedos por las cuerdas de sus vidas en los versículos 5 al 14, con suavidad, lentamente… son acordes. Sí, sus vidas, luchan por vencer el tiempo y llevar lo que son más allá de la muerte. Sequías, hambre, guerras y ellos calladamente portando su herencia, las ordenanzas del sacerdocio.
Esta conciencia de la existencia cada vez se va diluyendo más en el egoísmo creciente de nuestro tiempo y forma parte de la maldición que pende sobre la tierra mencionada por Malaquías. El peligro de que haya personas sin padres, madres o hijos. La no pertenencia al linaje que transmite las ordenanzas del sacerdocio, nos deja sin piedras que pisar para atravesar el Estigia.
Los hijos de Moisés y Aarón
El evangelio no es tan antiguo como la tierra. La vida, para perpetuarse en ella, utiliza la herencia. Es la solución para vencer el tiempo que todo lo arrasa. La herencia y su linaje transporta la vida vegetal o animal a través de los eones y burla la disolución que trae la muerte.

El sacerdocio inoculado en nuestra historia por el Padre Celestial, usa la herencia como forma de perpetuarse en el tiempo. De esa forma, aquellos que lo reciben, emparentan no solo por sangre sino por vínculo a sus padres espirituales. Su viaje es semejante a la memoria que es la estrategia de la vida para atesorar el conocimiento.
y los hijos de Moisés y de Aarón, cuyos hijos sois vosotros, serán llenos de la gloria del Señor sobre el monte de Sion en la casa del Señor;
DyC 84:32
Al ser hijos de Moisés y Aarón y al ser descendencia de Abraham cuando realizamos sus convenios en el templo, añadimos a nuestro linaje, el «gen» del sacerdocio.
Así, de esa forma, nuestros descendientes al igual que Abraham, podrán reclamar su derecho al sacerdocio, aun cuando nosotros hayamos sido como Taré, abandonando los convenios.
Soy de la creencia, que todos aquellos que se apartan del evangelio, siguen perteneciendo a la casa de Israel, no por gracia sino por derecho, son príncipes errantes.
Nuestra mentalidad de 0 y 1, activo/inactivo, funciona/no funciona, no se aplica a la herencia ni al linaje. Incluso Taré fue fundamental para que Abraham accediera al derecho de los padres.
La complexión de los santos
Esto que digo, nosotros lo percibimos sin identificarlo con la herencia o pertenencia a un linaje. Lo observamos como decisiones aisladas de individuos que deciden bautizarse y ser miembros de una iglesia.

Pero en realidad, es una acto de consecuencias más extensas. Es la decisión de pertenecer a un linaje y recibir su herencia. Siendo la herencia la mercancía que el linaje transporta en su periplo por el tiempo. Al igual que el color de los ojos, perpetuas en tí mismo y en tu familia el linaje del sacerdocio, que se remonta al inicio del mundo.
Esos jóvenes díscolos, aquellos rebeldes o los que desfallecen podrán abandonar su actividad pero no podrán escapar de lo que son. Porque el evangelio y sus ordenanzas forman parte de su herencia, junto a su estatura y complexión.
Es la esperanza de los que aman y esperan el momento donde vuelvan en sí, y se despierte eso que llevan y que son.
Los que son fieles
Las ordenanzas del sacerdocio, que también son una herencia corporal, emula a la herencia genética. Nuestros genes, cuando las condiciones externas son apropiadas, activan su carga génica en el cuerpo.
El sacerdocio hace lo mismo cuando nuestra obediencia y deseos activan la conducción de la luz hasta el cuerpo.
Porque quienes son fieles hasta obtener estos dos sacerdocios de los cuales he hablado, y magnifican su llamamiento, son santificados por el Espíritu para la renovación de sus cuerpos.
DyC 84:33

Puede entenderse que la renovación de los cuerpos se refiere a la resurrección, sin embargo esta renovación tal como dice la escritura tiene efectos físicos.
«Y si vuestra mira está puesta únicamente en mi gloria, vuestro cuerpo entero será lleno de luz y no habrá tinieblas en vosotros; y el cuerpo lleno de luz comprende todas las cosas.»
DyC 88:67
Ambas escrituras coinciden en apreciar la intención del Señor cuando usa palabras como linaje, padres, herencia, herederos, cuerpos etc. Demasiadas veces vemos metáforas donde lo más sencillo es lo más probable, tal como enseña la navaja de Ockham.
Por eso, cuando leemos «como una estrella es diferente de otra en gloria, así difieren uno y otro en gloria en el mundo telestial;» DyC 76:98, esto me recuerda lo que nos enseña Élder Neal A. Maxwell
«El servir, el estudiar, el orar y el adorar a Dios son los cuatro puntos fundamentales para completar “lo que falte a [nuestra] fe” “Para que vuestro ánimo no se canse hasta desmayar”
“Para que vuestro ánimo no se canse hasta desmayar” Élder Neal A. Maxwell
Imagino a cada uno de nosotros en esta vida, titilando con fulgores varios. Corresponden estas oscilaciones a nuestro ir y venir en el estudio, el servicio, la oración y el adorar a Dios.
El poder de la divinidad
Así que, en sus ordenanzas se manifiesta el poder de la divinidad.
DyC 84:20
Y sin sus ordenanzas y la autoridad del sacerdocio, el poder de la divinidad no se manifiesta a los hombres en la carne;

Creo que a todos nos gustaría que el poder de la divinidad se manifestara de forma más clara y contundente. A veces mi imaginación es capaz de construir escenas dignas del cine donde queda patente el poder de la divinidad.
Cuando el profeta clamaba a Dios desde la cárcel, pedía justicia para los santos de sus opresores. Se expresaba de esta manera
Permite que tu enojo se encienda en contra de nuestros enemigos; y en el furor de tu corazón, vénganos de nuestras injurias con tu espada.
DyC 121:5
Lo que sugiere una intervención rápida y ejemplarizante. Venganza con la espada, con muerte y destrucción. El Señor no le recriminó por sus peticiones, estaban más que justificadas. Pero el poder de su espada se manifiesta de forma muy distinta a sus expectativas. En su respuesta está la muestra de su poder.
¡ay de ellos!; por haber ofendido a mis pequeñitos serán vedados de las ordenanzas de mi casa…
DyC 121:19
No tendrán derecho al sacerdocio, ni su posteridad después de ellos de generación en generación.
En Liberty
Si yo hubiese estado en la cárcel de Liberty, esa respuesta, me habría sabido a poco. Mi reacción quizás hubiera sido como la de Jacobo y Juan.
Enviados éstos a preparar el recibimiento de Jesús en una aldea samaritana, no fueron bien recibidos ya que adivinaron que se dirigían a Jerusalén. Su petición es semejante a la del profeta.
Y al ver esto sus discípulos Jacobo y Juan, le dijeron: Señor, ¿quieres que mandemos que descienda fuego del cielo, como hizo Elías, y los consuma?
Lucas 9:54
La respuesta del Señor fue «el Hijo del Hombre no ha venido para destruir las almas de los hombres, sino para salvarlas.» 56
Ser vedados de las ordenanzas del sacerdocio en su Casa, es un castigo mayor que ser consumidos por fuego del cielo. Y esto es extraño a los sentidos ya que en apariencia el peso específico de ese castigo es ínfimo en nuestra vida.

Lo comprendemos mejor en esta fórmula γ=V/W, donde Y es el peso específico, resultado del cociente entre V que es el peso en Kg del cuerpo a calcular y W su volumen en metros cúbicos.
Por ejemplo, el peso específico del plomo es 111 N/m3 y la madera de roble 8,8 N/m³, vean la diferencia.
El peso específico que encontramos en la declaración de DyC 121:19 en relación al volumen de la vida que los enemigos de la iglesia creían tener, es engañoso.
A ellos les parecía que las ordenanzas del sacerdocio (V) eran humo, simples rituales de muy poco peso. En contraste, la vida (W) sugiere un gran volumen, lo visible, el poder lo tangible. El resultado para ellos era un despreciable peso específico (Y) de ese castigo declarado en DyC 121. Por lo tanto ser vedados de sus ordenanzas, para ellos, no variaba en nada el valor final.
El volumen de la eternidad
Sin embargo, para el volumen de la eternidad el valor de sus ordenanzas es incalculable en magnitud. Lo que da a esa declaración del Señor un peso abrumador.
Las ordenanzas son actos legales en nuestro lado del velo. Componen la última piedra que pisamos al abandonar esta vida. No hay nada en este mundo que sugiera un plan urbanizado para pasar el velo, a excepción de las ordenanzas en la restauración. Utilizo la palabra urbanizado con toda intención. Urbanizar viene del latín urbe, ciudad y el sufijo izar convertir. El significado es convertir en ciudad.

Las ordenanzas municipales tienen como objeto mantener el orden, la convivencia y el urbanismo en un entorno común. Conservar la urbe nos distancia del caos. En esas ordenanzas municipales se manifiesta el poder municipal, delegado por la ciudadanía.
Las ordenanzas del sacerdocio de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, consideran nuestra vida un ramal de la siguiente, sus normas urbanísticas tiene vigencia después. Esas ordenanzas compactan nuestra fe y comportamiento en vistas a la ciudadanía en las urbes del reino de los cielos.
En sus ordenanzas se manifiesta
Por supuesto hay otras creencias y disciplinas que nos preparan para la muerte, como la práctica del bardo tibetano o la fe en otras confesiones. Sin embargo la urbanización y los recursos empleados por la restauración en la continuación de la vida después del velo no tiene parangón en el planeta. No solo en número sino en consistencia doctrinal. La doctrina de la restauración es autoestable, no necesita refuerzos ni sostén. Por eso el Señor considera que
la iglesia se sostenga independiente de todas las otras criaturas bajo el mundo celestial;
DyC 78:14
En la actualidad tenemos 202 templos si se suma los que hay en fase de construcción o anunciados hay 367 y la progresión sigue a un ritmo acelerado.

Sin embargo esta gráfica, en realidad no solo muestra la construcción de templos, sino sobre todo, cómo las ordenanzas del sacerdocio se extienden por toda la tierra. Es la manifestación del poder de la divinidad.
Ciertamente a ojos extraños puede parecer paradójico que se emplee tantos recursos en aspectos que no dan peso específico ante los ojos del mundo. Siempre hay quienes sugieren que esos medios se podrían emplear en cosas más necesarias.
Sin embargo el Señor ha dispuesto un sendero claro en su Casa y su urbanismo requiere el adoquinado que facilite el paso a todos aquellos que acepten sus ordenanzas a ambos lados del velo.
Los escépticos podrán decir que todo es como humo, pero no podrán negar la coherencia de la doctrina con los hechos.
La simetría entre las ordenanzas del sacerdocio a ambos lados del velo es una enseñanza única de la Iglesia de Jesucristo. Se podrá debatir sobre su significado o validez, pero ninguna otra iglesia en el mundo ha generado estas preguntas, pues nadie concibió estas cosas que ojo no vio ni oído oyó hasta que Jesucristo las reveló a los santos de los últimos días.


En realidad La Restauración de Todas las Cosas va a tener una culminación. Va a ser cuando termine de ser restaurado todo lo perdido y agregado todo lo nuevo que el Señor se haya dispuesto recuperar para el bien de la humanidad. Para la Iglesia por un lado y para el Reino político que se levantará sobre las naciones del mundo por el otro. Este poder real se está por restaurar y es un sacerdocio que corre paralelamente por afuera de la Iglesia y es el derecho de los reyes y se transmite por sangre. (Jeremías 33: 15-22)
https://losmormonesyelreydavid.blogspot.com/2015/05/temas-tratar.html?m=1
Un saludo Miguel, la restauración no tiene fin, siempre hay más agua de la que puedes sacar.
Buen artículo hno David, siempre se aprenden cosas nuevas con, como has dicho al principio son doctrina que están a lis bordes de camino donde no esta transitado. Muchas gracias por esta investidura de conocimiento. Una saludo