Detrás del velo, una casa de orden

detrás del velo

 

El reino de los cielos está, detrás del velo, una casa de orden. Esa casa, nos dice que nuestra vida es quizás un 5% de lo que hemos sido antes de nacer. Una milésima de lo que podemos llegar a ser. Nos enseñan que hay mucho más de  lo que dice Satanás quien nos llama diciendo…  “Moisés, hijo de hombre, adórame” (Moisés 1:12). Despojando a Moisés de su herencia “oscura” arrebatándole ese 95% desconocido y sagrado.  El Padre se presenta a Moisés y le dice…”He aquí, tú eres mi hijo…” (4)

Ese parentesco le hace partícipe del pabellón oculto y de sus ordenanzas. Da a la vida de Moisés las preguntas sagradas. Le da el conocimiento de no saber todo. Al contrario de los admitidos, en el grande y espacioso edificio, que tiene muy claro las cuestiones a señalar.
Los santos de los últimos días tenemos el pabellón oculto y su brillo. Satanás desea despojarnos de ese no saber diciéndonos  “Comed, bebed y divertíos, porque mañana moriremos; y nos irá bien.” (2 Nefi 28:7)   Haciendo de la herencia oscura que el Señor nos presenta al decir que somos sus hijos, un asunto para locos, tal como se decía de Enoc…he aquí ha venido un demente entre nosotros. (Moisés 6:38)

Detrás del velo

Detrás del velo
Ciudad celestial, Yong Yang Liang
Cuando leemos en DyC 132 “y heredaréis tronos, reinos, principados, potestades y dominios, toda altura y toda profundidad,” (19) debemos de seguir intentándolo. ¿Qué hemos de seguir intentando? No leer en vano.
Nos está describiendo la  estructura del otro lado. Son niveles de organización de su reino y diversidad de poderes. Un dominio establecido, glorioso y…urbanizado. Son materiales, físicos y tangibles. Están habitados y constituidos con propósitos. Son expansivos y complejos. Esa poderosa frase del (19)con sus cinco nombres comunes, no es usual ni coloquial. Tiene la intención de despertar en nosotros impresiones espaciales y urbanas.

¿Alguien espera pertenecer a un lugar así detrás del velo, solo porque se considere buena persona? Díganme, ¿hay alguna frontera en el mundo que se pueda atravesar solo porque declares tu buena intención, o tu condición de ser honrado? Si ese país existe, es posible que tras ese paso de frontera, esté todo por hacer, es casi seguro que ese lugar solo esté formado por una inmensa llanura sin principado que la gobierne, ni reino que legisle.

Podemos leer una semblanza de ese control para todos aquellos que son aceptados, “…y los ángeles y los dioses que están allí les dejarán pasar a su exaltación” (DyC 132:19) y por otra parte aquellos que no podrán pasar “…no se podrá aceptar allá, porque los ángeles y los dioses son nombrados para estar allí, y no podrán pasar más allá de ellos; de modo que, no pueden heredar mi gloria…” (18)

Las ordenanzas y leyes

Detrás del velo.
Pocos los escogidos. Yong Yang Liang
Cada nación tiene sus ordenanzas y leyes, para admitir un nuevo ciudadano. No tanto a su territorio como al capital de conocimiento, bienes y servicios acumulado por generaciones. Y si ese candidato no reúne los requisitos, no es admitido.  ¿Por qué creemos que el reino de los cielos es distinto? Detrás del velo, la invitación es clara, “heredaréis tronos, reinos, principados, potestades y dominios”. Con esa oferta, sus puertas deberían estar llenas de solicitudes. Sin embargo es necesario buscar a aquellos que estén listos entre todas las naciones. Por eso muchos son los llamados y pocos los escogidos.

Las ordenanzas, en la plenitud del sacerdocio, son actos legales frente al pabellón oculto. Son rúbricas rituales que sellan el momento y hora donde establecemos convenios.
Estos conceptos son fáciles de entender en nuestro entorno laboral o en nuestras obligaciones financieras o simplemente al viajar. Adquirimos compromisos financieros por décadas, pagando fielmente y sin embargo se devalúan el valor de los votos matrimoniales. A veces somos más leales a nuestros acreedores que a las personas de nuestro círculo íntimo.

Convenio vs contrato

Detrás del velo
un nuevo y sempiterno convenio. Yong Yang Liang
La palabra convenio procede de latín venire (venir) con el prefijo con se forma el verbo convenire, ir juntos a un mismo lugar. El Señor usa esta palabra.
Contrato viene del latín con (reunido, sacado junto) y tractus (arrastrado). Una diferencia importante entre estas dos palabras es que el contrato puede “arrastrar” a una de las partes a cumplir su compromiso. Cosa que en los convenios del evangelio no ocurre.

No hay consecuencias visibles cuando se rompe un convenio, porque estos pertenecen a su casa y no a este mundo. Sin embargo romper un contrato matrimonial o de otra clase, usualmente termina en obligaciones económicas o inacutación de bienes.
“Porque he aquí, te revelo un nuevo y sempiterno convenio; y si no lo cumples, serás condenado, porque nadie puede rechazar este convenio y entrar en mi gloria.” (DyC 132:4) como vemos, el resultado de no cumplirlo no es: serás obligado, como los contratos, sino serás condenado. Detrás del velo, la condenación consiste en no recibir la parte que corresponde al cumplir, entrar en [su] gloria.

La legalidad de los cielos

La plenitud del sacerdocio se basa en convenios y ordenanzas que pertenecen a su casa detrás del pabellón. El Señor amplía su casa extendiendo sus atrios y habitaciones fuera del velo, siendo los templos la vista que vemos en nuestra parte.

Detrás del velo
¿Se extrañan algunos por tanta legalidad?. Yong Yang Liang

¿Se extrañan algunos por tanta legalidad? ¿Por qué no solo paz y amor?
Recuerdo a mi abuelo contarme cómo se efectuaban los tratos de compras de tierra o ganado en su juventud. Se sentaban a una mesa el comprador y el vendedor, hablaban y se miraban a los ojos. Si uno de ellos no sostenía la mirada no era un hombre de palabra. Ajustaban un precio y ante testigos se daban la mano. La venta estaba realizada. Aún no había dinero, pero estrechar la mano, era un acto ritual que vinculaba la palabra y el honor de ambos. Una mejor oferta no rompía el trato, porque ya “se habían dado la mano”.

Ese acto era una especie de ordenanza y la validez de ella consistía en la lealtad al pacto, aunque fuese de una sola de las partes. La otra estaba obligada.

El Señor extiende la mano detrás del velo, hace convenio con nosotros y sellamos el acuerdo con la ordenanza.
El ser humano viste a sus actos con símbolos, de igual forma que viste su desnudez. El abandono de esta práctica en la actualidad ha sido sustituido por el papel, legislación y los intermediarios legales.

Así en la tierra

Legalizar los pactos, desde la antigüedad era una prueba de civilización.  Sin embargo hoy día retrocedemos, al no entender, por ejemplo, que el matrimonio es una decisión entre hombre y mujer de común acuerdo y de acuerdo con la sociedad. Ellos se aman y vivirán juntos desde ese momento. Y en su unión duradera, harán que el cuerpo social perdure. Y como testimonio de su decisión lo sellan frente a la autoridad civil mediante ordenanza y convenio matrimonial.
Esto da altura y profundidad a cualquier reino, a cualquier nación que lo sostenga. Y desechar esto nos traslada a la barbarie del pasado. Así en la tierra como en el cielo.

Detrás del velo
reinos, principados, potestades y dominios. Yong Yang Liang

¿Pensamos acaso que los habitantes de esos, reinos, principados, potestades y dominios, son del tipo: me da igual, no me importa, es lo mismo, qué más da?  ¿O de aquellos que ante cualquier requisito o exigencia, contestan diciendo paz y amor?

Cuando, usted y yo como padres, preparamos a nuestros hijos para que puedan ser admitidos en la universidad, seguro que ninguna de esas frases nos sirve. Y eso es así principalmente porque los queremos.
El evangelio restaurado, nos ha traído la plenitud del sacerdocio. Y esto la tremenda realidad del mundo al otro lado del pabellón. El cielo pavimentado, su legislación, derecho y frontera.

El pavimento de los cielos

Detrás del velo
un pavimento de oro puro del color del ámbar
Tenemos una descripción de ese pavimento,

“Vimos al Señor sobre el barandal del púlpito, delante de nosotros; y debajo de sus pies había un pavimento de oro puro del color del ámbar.” (DyC 110:2).

Al decir había un pavimento, quiere decir que alguien lo hizo. Ignoro qué clase de oro tiene el color del ámbar, la verdad es que suena bien. Yo tengo bajo mis pies un pavimento de cerámica de color rojizo. En ambos casos hay un cuerpo y alguien que hizo una labor de pavimentación.

¿Puede haber un cielo más concreto?

El evangelio restaurado y la doctrina del sacerdocio, nos enseñan que el reino detrás del velo no es una construcción etérea, llevamos todavía en nuestra mente algunas cadenas de la apostasía que no hemos abandonado. Demasiado aire en nuestros pensamientos.
Se ha revelado  de nuevo lo perdido, lo que nunca se imaginó. El reino celestial es una extraordinaria construcción del más sabio el que se llama a sí mismo… “Hombre de Santidad es mi nombre; Varón de Consejo me llamo; y Sin Fin y Eterno es también mi nombre.”

Próximo artículo

En el próximo artículo “La luz y la verdad. Su campo y bosón ” El concepto moderno de campo se adapta como un guante a la influencia de la luz y la verdad. La restauración abre grandes campos de coincidencia de ideas

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