martes, mayo 21, 2024
InicioPlan de salvaciónNuestro giro temporal en el plan de salvación

Nuestro giro temporal en el plan de salvación

Todo lo que nos sume en la ignorancia del alma, queda al descubierto por la palabra cortante de nuestro sumo sacerdote que es Jesucristo.

Hace poco estudiando Ven sígueme, encontré una charla del Elder Dale G. Renlund del consejo de los doce, donde invitaba a perseverara hasta el fin en la doctrina de Cristo. En esa charla se mencionaba nuestro giro temporal en el plan de salvación, movimiento del que hemos hablado mucho en Teáncum, el giro eterno.
Coincidiendo con él en lo importante de éste, hoy aplico el giro del plan de salvación en el movimiento del alma en su conversión permanente.

Si meditamos en ello, el movimiento de cualquier objeto en el espacio, es algo misterioso. Pienso con cierta frecuencia en esto y hay algo que se me escapa, algo oculto.
Pero concebir movimiento y giro nos plantea un misterio mayor. En esa clase, se trasiega tiempo y espacio constantemente, se experimentan fuerzas de forma permanente, el volumen de experiencia en un mismo trayecto es mayor. Es un movimiento complejo que requiere un mayor conocimiento. Es el movimiento elegido por la vida en el DNA para transportar su información al futuro.
Desarrollé esta idea en 2022 en su aspecto macro

Hoy veremos ese mismo movimiento en nuestras vidas como discípulos de Cristo.

El movimiento lineal y uniforme de Lucifer.

Dios reveló la propuesta de Lucifer en pocas palabras.

«Heme aquí, envíame a mí. Seré tu hijo y redimiré a todo el género humano, de modo que no se perderá ni una sola alma, y de seguro lo haré; dame, pues, tu honra.»
Moisés 4:1

Si observamos, la propuesta de Lucifer, es un movimiento rectilíneo. Envíame, seré, redimiré, haré y dame. Toda la acción es en primera persona, él como único actor. Este ímpetu lineal, tiene para nosotros un plan de movimiento uniforme no acelerado. En ese tipo de movimiento, el viajero, pierde toda sensación de movimiento, ya que el relativo de su entorno es de la misma naturaleza. Por lo tanto su sensación es estática.

Son los mundos uniformes, sin libertad. La igualdad impuesta favorece el estancamiento, oscurece el alma. A cambio de que no se pierda ni una sola alma, constriñe el albedrío de ellas.
El movimiento del plan de Lucifer, no nos permite girar hacia nuestros antepasados. No podemos volver nuestro corazón porque las coordenadas de su viaje no permiten movimientos humanos.

Nuestro giro temporal
Un presente efímero

No solo la propuesta, sino el movimiento asociado a ella es contrario al de los cielos. En el movimiento rectilíneo de Lucifer, no hay toma de decisiones. Dirección, velocidad y sentido en la vida es un único vector que no comprende espacio alguno, es una existencia unidimensional para el alma.

En el plan de Lucifer, la conciencia de pasado no existe porque no hay perspectiva para observarlo. Al igual que a través de la ventanilla de un tren, solo observamos un presente efímero a medida que aumenta la velocidad. En los trayectos lineales solo tenemos conciencia del estrecho presente de nuestra ventanilla.

Sin embargo la divinidad y su misterio es diferente.

«Porque Dios no anda por vías torcidas, ni se vuelve a la derecha ni a la izquierda, ni se aparta de lo que ha dicho; por tanto, sus sendas son rectas y su vía es un giro eterno.» (DyC 3:2)

A diferencia el giro proporciona una conciencia permanente del movimiento, una visión clara del pasado y previsión del futuro. Abarca volumen en el tiempo y por lo tanto aumento de conocimiento. Es el movimiento de la divinidad.

Nuestro giro temporal en el plan de salvación

En el giro la geometría se expande, aumentan las dimensiones. Podemos observarlo al experimentar el pasado y el futuro cuando el tren gira en una curva. Entonces surge en ese giro del espacio-tiempo un paisaje más detallado. Al mirar por la ventanilla podemos ver el final del tren, el paisaje anterior donde estuvimos e incluso el futuro a dónde nos dirigimos.

 

En nuestro presente, la volatilidad de la memoria familiar, el olvido de nuestros antepasados, la desecación de la familia sugiere que el movimiento del alma moderna está perdiendo el centro de su giro natural. El egoísmo creciente fomenta el avance del interés personal reduciendo el espacio de experiencia al yo, al movimiento uniforme y rectilíneo.
La crisis creciente en el número de familias, reduce el interés en dejar una herencia material y espiritual.
Las familias demandan una amplitud de nuestro interés que traspasa el presente, nos introducen en dimensiones nuevas.

Las llaves de Elías permiten la curvatura de nuestro presente hacia aquellos de los vagones de atrás y lo hace con poder no solo con interés. Obrando por ellos ascendemos en nuestra órbita en Cristo.

Nuestro giro temporal

Percibir el giro personal que nos proporciona el evangelio, requiere abstraernos nuevamente de la visión natural de las cosas.
El plan de salvación incluye la fe en Jesucristo, arrepentimiento, bautismo, el don del Espíritu Santo y perseverar hasta el fin. En apariencia es una senda recta que iniciamos con nuestro bautismo y seguimos hasta el fin. Pero al elevarnos por encima de las apariencias vemos su curvatura así como la de la tierra desde lo alto de una montaña.

«Y mientras comían, tomó Jesús el pan, y lo bendijo, y lo partió y dio a sus discípulos, y dijo: Tomad, comed; esto es mi cuerpo.
Y tomando la copa, y habiendo dado gracias, les dio, diciendo: Bebed de ella todos;
porque esto es mi sangre del nuevo convenio, que por muchos es derramada para remisión de los pecados.»
Mat. 26:26-28

Al instaurar la Santa Cena como ordenanza recordatoria de su sacrificio, introduce el giro de nuestra memoria hacia la revisión de nuestra conducta. Es de nuevo la renovación de nuestro compromiso bautismal en el pan y el agua. Ese giro semanal perseverando en el arrepentimiento y el perdón con fe en Cristo, añade una geometría diferente en comparación a una vida lineal que vive día a día un presente sin oración ni arrepentimiento.

La doctrina descuidada.

Cuando el Salvador declaró

«De cierto os digo que entre los que nacen de mujer no se ha levantado otro mayor que Juan el Bautista; pero el más pequeño en el reino de los cielos, mayor es que él.»
Mat. 11:7

Fue el mayor, entre otras cosas, porque ningún declaró el arrepentimiento y el bautismo con tanta intensidad como él. No había otra doctrina que fuese preparatoria para el advenimiento del Mesías. En los desiertos solitarios donde meditaba, recibió este conocimiento de los cielos.

Nuestro giro temporal

Hoy día el mensaje es el mismo. A veces la riqueza de nuestras ropas doctrinales nos hacen perder de vista cuál es el fundamento diario de nuestra conducta.

La práctica del arrepentimiento no seduce al intelecto, es tan sencilla de entender que nos disuade de dedicarle tiempo. No es rentable para una exposición brillante y en superficie se queda corta en un discurso de 10 minutos. Predicar o hablar del arrepentimiento nos desarma de frases complejas, de ideas atractivas o brillantes. Por experiencia le digo, estimado lector, que hablar de él con frecuencia, nos cataloga como predicador a caballo, sombrero negro y una biblia en la alforja.

En cierta ocasión, en un curso de formación en mi empresa, el tema era la gestión de conflictos en el trabajo. Se dijeron cosas interesantes y alce la mano. Mencione el arrepentimiento y el perdón (su otra cara) como solución a los conflictos que generemos o recibamos.
La totalidad de los asistentes me miraron incrédulos, algunos afearon mi comentario y lo tildaron de extremista. Comprendí que asumían el arrepentimiento como un fracaso o una humillación personal.

Se buscaba una salida reparadora al conflicto sin pasar por él arrepentimiento y el perdón. Me di cuenta que la técnica de gestión de esos conflictos, contenía la defensa de la propia postura. Al final el resultado era una contención de daños pero no la sanación de heridas.

La doctrina de Cristo

La vida lineal del hombre natural, le impide girar su cabeza para mirar al pasado con arrepentimiento. Entiende que es una pérdida de tiempo porque el pasado no tiene remedio y está seguro que es una pérdida tratar de cambiarlo.
El auténtico milagro de la doctrina de Cristo es que el vence la muerte del alma y del cuerpo, pero también doblega las escenas petrificadas en el tiempo.

A veces no soportamos «el horrendo espectáculo de nuestra propia culpa» Mosíah 3:25, en esta vida. Entonces preferimos no mirar y olvidar. El ciclo del evangelio nos lleva a ese momento doloroso, a enfrentarlo y describirlo en palabras. Eso es orar. Entonces tenemos que tomar nuestra alma y llegar a sus coyunturas.

«He aquí, yo soy Dios; escuchad mi palabra que es viva y poderosa, más cortante que una espada de dos filos, que penetra hasta partir las coyunturas y los tuétanos; por consiguiente, prestad atención a mis palabras.» DyC 6:2

Nuestro giro temporal en el plan de salvación

Por qué nos amonesta a escuchar sus palabras y a recibirlas como espada que corta y penetra.
Al igual que el sacerdote despiezaba el holocausto, accediendo a su anatomía oculta, su palabra rompe al hombre natural y desvela el interior del alma. Sí, para todo aquel que considera el arrepentimiento como parte del giro eterno en el plan de salvación.

De esa forma, la ignorancia en la intención de nuestros hechos, el desconocimiento de la fuente de nuestras palabras, la inconsciencia del efecto de nuestros pasos, esa desmemoria diaria que acaba en el sueño nocturno. Todo lo que nos sume en la ignorancia del alma, queda al descubierto por la palabra cortante de nuestro sumo sacerdote que es Jesucristo. En el altar del arrepentimiento, con fe en su sumo sacerdocio, somos consumidos por el fuego de su Espíritu.

La estación de giro

Al escuchar a Elder Renlund, encontré la pieza que me faltaba en esa curvatura personal. La Santa Cena es el momento donde se cierra el ciclo de creación de siete días, tiempo donde giramos teniendo fe en Cristo, arrepintiéndonos, ejerciendo el perdón. Cada ciclo semanal debería elevarnos un poco más que el anterior pero con frecuencia nos juzgamos con dureza.

A veces mapeamos nuestro progreso como si fuese un plan de ventas, de entrenamiento o de estudios. He llegado a la conclusión de que solo podemos añadir perseverancia y que el crecimiento vendrá por su misericordia.

¿Y quién de vosotros podrá, con afanarse, añadir a su estatura un codo?
Pues si no podéis hacer ni aun lo que es menos, ¿por qué os preocupáis por lo demás?
Lucas 12:25

Nuestro giro temporal

Afanarnos en nuestra perfección o añadirle un codo más, es una tarea agotadora. Pero seguir el giro de la doctrina de Cristo es una delicia. En apariencia no promete resultados rápidos y constatables, pero ejercer el arrepentimiento y el perdón disciplinan el alma en la observación de sus coyunturas, tuétanos y huesos.

Ese autoconocimiento es necesario para aceptar su palabra viva y poderosa como escultora de nuestra alma.
Una vez aceptamos su doctrina como guía de nuestra conducta, no solo como conocimiento, entonces aparece el mundo como «un campo grande y espacioso…» 1 Nefi 8:9 Entonces, al igual que Lehi, nos afanamos en el descubrimiento y no en el juicio como hacían los del edificio.
El conocimiento de nuestra propia alma, que nos da el arrepentimiento, acorta la medida con que con la que medimos a nuestro prójimo DyC 1:10 No puede ser de otra forma al comprobar que somos como el polvo por lo tanto

[..le somos deudores; y lo somos y lo seremos para siempre jamás; así pues, ¿de qué tenemos que jactarnos? ]
Mosíah 2:24

Enojarnos, criticar, juzgar sin conocimiento, llegan a ser pesadas cargas para orarlas cada día. En el ciclo virtuoso de su doctrina, cuando erramos en ellas, somos conscientes al momento, ya no se pierden en el bullicio de una mente natural que ve el presente efímero por una ventanilla.

Nuestro giro temporal en el plan de Dios

Ejercitamos en la doctrina de Cristo, nos facilita oler las palabras de nuestra boca, notar el latido oculto de nuestras intenciones y descubrir cada coyuntura que participa de las acciones diarias. Salvados así de la ignorancia sobre nosotros mismos, se despliega la genealogía de los hechos de nuestra alma. Así podemos orar con toda ella, porque la presentamos en sus coyunturas y tuétanos, quebrantada y contrita.
El que baja hasta allí se da cuenta que, lejos de ser un lugar lúgubre, hay luz porque Él…

«ascendió a lo alto, como también descendió debajo de todo, por lo que comprendió todas las cosas, a fin de que estuviese en todas las cosas y a través de todas las cosas, la luz de la verdad» DyC 88:6

La gravedad de su evangelio

Zygmunt Bauman en su obra «Modernidad líquida» nos describe la falta de sustentación que existe en nuestro mundo a causa de la carencia de cimientos sobre valores estables. Compara la necesidad del movimiento continuo en todo ámbito de la vida y el anhelo de adquirir con la necesidad de alguien que patina sobre una delgada capa de hielo, si se para se hundirá.

Artículo relacionado

Nuestro giro temporal

En ese giro del evangelio, del que tomamos conciencia semanalmente, experimentamos una gravedad generada por su movimiento en nuestra alma. En esa gravedad [nuestra confianza se fortalece en la presencia de Dios] DyC 121:45. Esto es, asentamos nuestro pie en superficie firme. Pero hay que observar que es una gravedad dinámica, esa sustentación bajo nuestros pies, que hace que aumente nuestra confianza es proporcional a nuestro giro temporal en los principios del evangelio. Fe en Jesucristo para arrepentimiento, el perdón y la compañía del Espíritu Santo.

La inacción o una ruta en el evangelio sin giro, esto es, sin profundizar en el ejercicio del arrepentimiento, sin tomar la Santa Cena como colofón a nuestro esfuerzo semanal, provoca que flotemos al igual que una estación espacial sin giro sobre su eje. Genera una sensación de presente efímero, es decir el paso del tiempo sin nuevos paisajes. Quedaremos a merced de cualquier movimiento, no [para actuar por nosotros mismos, sino para que se actúe sobre nosotros] 2 Nefi 2:26

Entonces cobra mayor sentido el segundo mandamiento

«Y el segundo es semejante a este: Amarás a tu prójimo como a ti mismo.»
Mat. 22:39

Sumidos en el ciclo de su doctrina empezamos a cambiar ese amor hacia uno mismo que confundimos con el apego a nuestra supervivencia y la conservación del ego con un conocimiento más profundo de nuestra conducta y naturaleza. Empezamos a conocernos como Él nos conoce y en cierta forma a apreciarnos como Él nos quiere.
La aceptación de toda nuestra alma y su sombra nos ayuda a aceptar la de los demás y su sombra.

La influencia del Espíritu Santo

En esa inercia hay pocas ganas y poco tiempo en ver la paja ajena. Sumidos en la extraordinaria aventura de la salvación, aceptamos que su Iglesia, nuestro barrio o rama seguirá su curso sin necesidad de nuestro desvelo por el buen o mal desempeño de nuestro Obispo o líderes de estaca, por el uso de las ofrendas, por el estado de los jardines o quien nos saluda o no.

Conociendo nuestra genealogía personal hasta llegar al polvo, constatando la paciencia que emplea el Señor diariamente con nosotros, experimentando cada nueva oportunidad que nos ofrece, entonces es un juego de niños hacer lo mismo con los demás. El segundo mandamiento ya no es una meta porque baja junto a la doctrina del sacerdocio como rocío del cielo.

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí

Ultimas publicaciones