Los viajes jareditas y su enseñanza

Origen de los jareditas y sus anales

Antes de tratar las enseñanzas de los viajes jareditas, es conveniente recordar los orígenes de su nación y el hallazgo de sus registros.

Tenemos constancia que los jareditas fueron la primera migración al nuevo mundo, descrita en los registros de Mormón. Después de 29 generaciones e innumerables batallas, solo quedó Coriántumr. La siguiente migración, desde Jerusalén fué la de Lehi, 1500 años después de Jared y 600 años A.C. Se les conocerá como nefitas. Cuando llegaron a las playas, el pueblo jaredita había desaparecido.

Los viajes jareditas
Cronología del Libro de Mormón (Click aumentar)

Pocos años después de la llegada de Lehi, desembarca Mulek, hijo de Sedequias.

Alrededor del año 279 A.C, el pueblo nefita, bajo la dirección de Mosíah I (padre de Benjamín y abuelo de Mosíah II) “salieron de la tierra de Nefi” o la tierra de su desembarco (Omni 1:13). En su periplo por el desierto,hallaron a los descendientes de Mulek en una ciudad llamada Zarahemla. No tenían anales y su idioma se había corrompido. Los mulekitas informan a Mosíah I que conocieron a Coriántumr, quien “vivió con ellos por el término de nueve lunas” (21) Ambos pueblos se unen en uno solo, tomando el nombre de nefitas.
Mosíah I recibió una piedra grande con grabados jareditas, pero solo daba algunos detalles de aquel pueblo (Omni 1:21-22)

Las 24 planchas

En el año 188 A.C, siendo nefitas y mulekitas una sola nación, Zeniff se aventura a salir de Zarahemla con algunos seguidores. Querían volver y tomar posesión de la tierra de Nefi, de donde partió Mosíah I. Su relato podemos verlo en Mosíah 922.
Setenta años más tarde, el pueblo de Zeniff está esclavizado por los lamanitas. Gobernado hasta la fecha por Limhi, hijo de Noé, regresa a Zarahemla. Liberados por Ammón, quien los encontró y convirtió al evangelio, éste recibe del rey Limhi 24 planchas de oro con grabados. Fueron halladas en un intento fallido de Limhi para contactar con los nefitas, buscaban ansiosamente la ayuda nefita para liberarse del yugo lamanita.
Esas 24 planchas grabadas, componen el libro de Eter. El fué un profeta jaredita que registró el final de su civilización.

La migración jaredita

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He aquí el pueblo es uno

En el capítulo 10 de Génesis nos dice acerca la descendencia de Noé, “Estos son los hijos de Cam por sus familias, por sus lenguas, en sus tierras, en sus naciones.” (20) repitiéndose la misma observación en la descendencia de los demás hijos. Concluye el capítulo 10 afirmando “y de estos fueron divididas las naciones en la tierra después del diluvio.” (32) La cronología de los hecho, como pueden ver, esta cambiada. En el capítulo 11, donde se produce la confusión de lenguas, estaría antes que el 10.

Para entender el libro de Éter, hay que comprender por qué salieron del reino de Nimrod, de la ciudad de Babel en la tierra de Sinar.(8-10) y la clave de eso lo encontramos en Génesis 11:6-7

“Y dijo Jehová: He aquí el pueblo es uno, y todos estos tienen un solo lenguaje; y han comenzado a edificar, y ahora nada los hará desistir de lo que han pensado hacer. Ahora, pues, descendamos y confundamos allí su lengua…”

Sin embargo las intenciones de los descendientes de Noé eran otras. “Vamos, edifiquémonos una ciudad y una torre cuya cúspide llegue al cielo; y hagámonos un nombre, no sea que seamos esparcidos sobre la faz de toda la tierra.” (11:4)

El motivo

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¿Por qué jehová deseaba dispersarlos?

La auténtica razón por la que Jehová los dispersa es “He aquí el pueblo es uno” y el medio para conseguirlo es “han comenzado a edificar” es decir la ciudad y su torre.
En una interpretación literal, el Señor confundió su lenguaje. Pero también en un gran proyecto como el que se propusieron, es difícil entenderse y coordinarse. Incluso puede que no hablasen la lengua de la unidad. Esa que se confunde cuando las ambiciones y protagonismos hacen naufragar el propósito emprendido.

¿Por qué jehová deseaba dispersarlos? un movimiento contrario al actual, de recogimiento.
Ellos querían tener un nombre y ser una sola nación. ¿Dónde está lo malo en ese deseo? En realidad, no creo que haya nada malo. Simplemente el necesita variedad para sus planes. Tal como enseña Lehi si “…todas las cosas [fuesen] un solo conjunto…un solo cuerpo, habría de permanecer como muerto…” (2 Nefi 2:11) Las naciones y sus lenguas proveen el movimiento en los mecanismos de la historia. Así como las especies y sus variedades brindan un ecosistema para la vida. Las naciones sobre la tierra son igualmente continentes que tienen sus movimientos y deriva en sus planes.

El nacimiento de la nación jaredita

Jared pide a su hermano que abogue ante el Señor por ellos “Suplica al Señor que no nos confunda de modo que no entendamos nuestras palabras.” (Éter 1:34) es un interés propio, el de la familia. Pero Jared continúa “Suplica de nuevo al Señor, pues tal vez aparte su ira de aquellos que son nuestros amigos…” (36). Entonces el Señor hace algo más “tuvo compasión de sus amigos y de las familias de ellos también” (37) Esta extensión del interés de ambos, desemboca en la última súplica de Jared. “…suplícale que nos indique a dónde hemos de ir. ¿Y quién sabe si el Señor no nos llevará a una región que sea la más favorecida de toda la tierra?” (38)

El Señor acuerda llevarlos a una tierra de promisión y hacer de ellos “una nación grande”. Sin embargo no realiza con Jared el pacto que hizo con Abraham. Aunque en sus propósitos estaba la fundación de su casa, para vertebrar su plan, eso no anula su actividad en otros lugares y con otras gentes.

El deseo de Jared, no es tan refinado como el de Abraham, quien deseaba ser un padre de muchas naciones y también “ser el poseedor de gran conocimiento” buscando una “legalidad”cuando dice “el derecho al cual yo debía ser ordenado”. Pero también la situación de Jared es más urgente y sus decisiones más apremiantes. Pensar como hizo Jared en familia y amigos, y solicitar al Señor un destino común, denota mucha fe y liderazgo de su parte.
Confiar en el Señor cuando el mundo de Babel se derrumba.

El modelo de aprendizaje

Si observamos, tanto en los viajes jareditas, o los de Lehi, Abraham o Moisés el Señor siempre usa un desierto para formar a su pueblo. Incluso con los santos de esta dispensación, la iglesia peregrinó por valles y desiertos. Y  él los guiaba en una nube en el caso de Jared y Moisés, con una Liahona en el caso de Lehi o con la inspiración de sus lideres tal como Abraham o José Smith. Pero¿por qué atravesar desiertos de arena o de grandes aguas?

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Mosíah I traduce la piedra jaredita

Podemos encontrar una respuesta al leer en el sueño de Lehi “pues he aquí, me pareció ver en mi sueño un desierto obscuro y lúgubre.” (1 Nefi 8:4) Ésta es  la naturaleza del mundo sin la guía de Dios. Un mundo caído, imparcial con nuestros deseos o necesidades. La propia consistencia del terreno y la naturaleza de su clima lo hacen así. No es una visión pesimista la que tiene Lehi. Después de andar muchas horas en ese lugar, ya no solo le parecía sino que “vi que me hallaba en un desierto obscuro y lúgubre.”(7)

Esa naturaleza inhóspita del desierto, a cualquier hora del día, es una buena escuela para entender que “No podéis decir que sois aun como el polvo de la tierra” (Mosíah 2:25). Aún cuando fuimos creados de ese polvo, “he aquí, este pertenece a quien nos creó.” Aquellos constructores de torres de ladrillo, debían aprender acerca de ese polvo que amasaban.

Llevados a la esperanza

En ese entorno de aprendizaje es más fácil “implorarle al Señor que [tenga] misericordia de [nosotros], de acuerdo con la multitud de sus tiernas misericordias.” (1 Nefi 8:8) Lehi fué llevado, mientras exploraba ese paisaje lúgubre, a implorar su misericordia. Así en los momentos más oscuros el profeta José exclama “Oh Dios, ¿en dónde estás?” (DyC 121:1) dando paso así a una gran revelación (121)
Los viajes jareditas son una lupa de aumento de la naturaleza del alma ante el mundo. Explorando nuestro desierto personal también somos llevados al gran conocimiento que buscaba Abraham. Pero sólo después que aceptamos la orografía del mundo, comprendemos los sabios consejos de Benjamín, “Podeis decir algo de vosotros mismos Os respondo: No…” (Mosíah 2: 25) Jared sabía que el Señor era la única esperanza.

El tiempo de aprendizaje.

Los viajes de los jareditas
Ésta también atraviesa desiertos y parajes verdes

El viaje de Lehi por el desierto fue de ocho años. El de Israel cuarenta, a causa de su rebeldía. José Smith al igual que Moisés no pisó la tierra de promisión o de recogimiento. Y la iglesia tuvo que esperar hasta Julio de 1847 para entrar en el valle salado. El templo de Nauvoo realizó ordenanzas durante cuarenta días antes de ser destruido por el populacho y más tarde por un tornado. Pero no fue sino hasta Abril de 1877, con la dedicación del tercer templo en Saint George, que la iglesia realiza su misión de una manera estable y en una casa debidamente construida.

El Señor contesta al hermano de Jared “…Y así obraré contigo, porque me has suplicado todo este largo tiempo.” (1:43). A ese largo tiempo hay que añadirle el viaje hasta el valle de Nimrod (2:1), de allí al desierto (2:6). Atravesaron un mar interior después de construir barcos. Atravesaron otro desierto hasta llegar a las playas “hasta ese gran mar que separa las tierras” (2:13). En las playas de Moriáncumer vivieron inactivos durante cuatro años.

Esos tiempos en las mudanzas jareditas son como los tiempos del alma. Ésta también atraviesa desiertos y parajes verdes. En ese tránsito reconoce sus propia forma y experimenta al andar, la naturaleza oscura y lúgubre del terreno. Y tal como Benjamín mostraba “dándoos aliento para que podáis vivir, moveros y obrar según vuestra propia voluntad, y aun sustentándoos momento tras momento” (Mosíah 2:21) verbos todos pertenecientes al viaje del alma por un desierto.

El viaje del alma

Los viajes jareditas
Maestro, ¿no tienes cuidado que perecemos?

Por lo tanto vencer al mundo por la fe es soportar sus contrastes y trabajos sin perder la visión de la tierra prometida. Aún sin saber dónde está o cómo llegar.
En la imagen de portada vemos la tempestad sobre Tiberíades estando los apóstoles y Jesús en una barca. Ese pequeño viaje sometió a sus pasajeros a la misma pregunta que gravitaba sobre Jared y su familia, “Maestro, ¿no tienes cuidado que perecemos?” (Marcos 4:38) Esa escena detallada en los evangelios no trasciende por la llegada a tierra ni lo que hicieron una vez allí. La enseñanza está en el durante, en el propio viaje.

En otro entorno, Alma compara el crecimiento de la fe a una semilla. En definitiva, los tiempos del evangelio no son los que el mundo propone.
La restauración y sus ordenanzas empezaron a desplegarse en 1820 y aun estamos viendo su forma y desarrollo. Siendo el orden de la restauración perteneciente al reino de los seres vivos y no al mineral.
De esa forma su plan nos embarca en un largo trayecto. Donde cada paso es una enseñanza para el alma y donde no importa tanto el destino como el camino.

Los viajes jareditas

Los viajes jareditas
aprendemos la paciencia

En los viajes de los jareditas, aprendemos la paciencia y la constancia en proyectos a lo largo del tiempo. Sin embargo, nosotros vivimos en un mundo donde se busca la extinción del tiempo. Solo se habla de él para explicar su reducción en todos los ámbitos. El tiempo es un divisor que evalúa toda actividad humana. Cuanto más pequeño es, más satisfechos estamos por el resultado. Resulta ahora, que el tiempo es en nuestro mundo es el mayor contratiempo.

Pero en los viajes jareditas es un término importante. También en el plan de salvación forma parte necesaria ya que “le fue concedido al hombre un tiempo para que se arrepintiera” (Alma 42:4)  Ahora, al reducirlo en nuestros viajes y en la obtención de nuestros deseos, nos cuesta comprender que “sin tener un tiempo para arrepentirse…habría sido vana la palabra de Dios” (5).
En el viaje de Lehi y su familia pasaron ocho años en el desierto (1 Nefi 17:4) esa dilatación del tiempo, cuando se trataba de llegar a un lugar, puede parecer fustrante para el hombre actual. Pero al parecer es necesario en la fragua y el templado de sus proyectos. En todos los viajes fundacionales de sus pueblos hay tiempos y viajes. A semejanza también de nuestra juventud, que busca en la misión el viaje y tiempo fundacional de su alma.

Aprendiendo a esperar

Los viajes de los jareditas
Cuatro años para no conseguir nada.

Antes de que mi hijo David se fuera su misión a Inglaterra, plante 10 plantas para hacer un seto en la parte trasera del patio. Yo esperaba decir a su vuelta ¡Mira como ha pasado el tiempo!. pero después de su vuelta de la misión tenían el mismo tamaño. Así que ni le mencioné el asunto.
Entonces las cavé, las podé, las aboné con estiércol de caballo. Me empleé a fondo con ellas. Pero no había resultado. No sabía que más hacer. Dos años después las arranque y sólo guardo el ejemplar que ven ahí.
Cuatro años para no conseguir nada.

Cuando los jareditas llegaron a las playas de Moriancumer “a la conclusión de los cuatro años, el Señor vino otra vez al hermano de Jared, y estaba en una nube, y habló con él.” (2:14) El Señor le recriminó a Jared “porque no se había acordado de invocar el nombre del Señor” y después de hablar con el durante tres horas en la nube, concluyó diciendo“Poneos a trabajar y construid barcos…” (2:16)
El tratar con los tiempos del Señor, en este caso en un jardín caído, nos obliga a replantearnos las cosas. La calidad de nuestros deseos y nuestra disposición a conseguirlos. Nos propone la paciencia como el cincelado del tiempo.  A un esfuerzo no tan intenso como persistente.

Los tiempos desechados

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Chifleras

Los tiempos celestiales son largos, así como los astronómicos o los agrícolas. Al parecer, la paciencia abunda en los cielos y en las familias con buenos padres. La familia también es un trayecto de largo tiempo y por caminos insospechados. Ahora, que todos los caminos están trazados en la tierra, aprendemos de los jareditas a navegar y atravesar desiertos.
Por eso, a veces, los que no aprenden de los jareditas, desmayan en el camino. Se apresuran y desfallece su ánimo.

Así que después de quitarlas volví a plantar unas chifleras, que ahora van creciendo, en comparación a los cuatro años anteriores bastante rápido.

Próximo artículo
Mi madre Jana” Mi madre de antes de nacer se llama Jana. Ella es una reina poderosa. Gobierna sobre muchos mundos. Todos ellos vienen a rendirle adoración. Una vez fui a verla porque tenía una petición.

2 Comments

  1. Hola David gracias por el articulo, de ahi la divinidad de las pruebas es necesario pasar por el horno de la afliccion para moldearnos como personas en nuestro camino de vuelta a casa.
    Un saludo desde el barrio de Toledo

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