La gloria celestial y su software

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La gloria celestial

La gloria celestial y su software, que es la ley, rige sobre todos los demás reinos y principados.
Una semejanza del principio de gloria y su jerarquía podemos verlo en la mecánica.
En 1886 se inició una revolución en el pensamiento al concebir un transporte ajeno a la tracción animal. La fabricación del automóvil generó una revolución en el concepto de libertad de movimientos. El mundo se reducía en tamaño bajo nuestros pies.

Al principio, a un mecánico le era imposible concebir un motor más perfecto fuera de las leyes de la mecánica. Podía perfeccionar sus componentes, pero su propio entorno y materiales creaban una demarcación a su actividad. Sus posibilidades estaban siempre dentro de una esfera. La esfera del motor de explosión.
Más adelante la electrónica como germen de un sistema nervioso industrial, creció en todos los espacios de ésta.
En el caso de la automoción, la electrónica tiene dominio sobre las leyes de la mecánica. Toda la mecánica se expande bajo su influencia,  se vivifica y perfecciona. Podemos decir que es vivificada “por una porción de la gloria [electrónica]” (DyC 88:30) Recibirá entonces de ella, sí, una plenitud (29). Hasta el punto que se levantan motores a semejanza de los anteriores pero perfeccionados al incluir nuevas posibilidades.

La centralita que vivifica

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Renault 18

Recuerdo ver desaparecer el delco y sus cables conectados a las bujías y ver una centralita electrónica en su lugar. No podía imaginar algo mejor que eso. Yo tenía entonces un Renault 18 GTS; compre un kit de encendido y distribución electrónica. Lo instale y pensé que el consumo se reducía… algo y la potencia… parecía que aumentaba. Al menos quería creerlo cuando pensaba en lo que me costó.

Pero algo ocurría con seguridad en mi vehículo. Al poner la radio escuchaba de fondo un zumbido agudo provocado por la centralita. Era molesto, no tenía claro las ventajas pero esa interferencia me tranquilizaba. Ahí estaban los electrones, recorriendo mi automóvil. ¡Estaba a la última!

Hoy vemos, que al regir sobre la mecánica y la electrónica, las leyes de la informática, las anteriores se perfeccionan aún más. Hasta el punto que son motores inteligentes, y nos gusta pensar que toman decisiones inteligentes.
A diferencia de mí, aquellos que disfrutan el modelo de alta gama, están rodeados de luz y verdad. Es una conducción asistida por inteligencia.  Mayor control y discernimiento, de lo que sucede en el tráfico. Un consumo de carburante inteligente. Parabrisas inteligente. Disciernen cada lugar de la tierra en una superficie “de vidrio”. Ideas impensables en la esfera inicial de la automoción.

La luz que vivifica los cuerpos

La gloria de los automóviles y la nuestra vuestra gloria será aquella por medio de la cual vuestro cuerpo sea vivificado” (28)No sabemos  cómo será el efecto de la gloria celestial en un cuerpo. Pero sí conocemos cual es el efecto de una gloria telestial en un cuerpo caído, es decir sujeto a la muerte y puede que no parezca impresionante, pero si es importante de observar.

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La luz que brilla

Nuestra vida biológica es vivificada por una porción de la luz de Cristo que baña  a este mundo telestial caído. La luz y la verdad vivifican a la materia caída y forman los cuerpos y seres en sus variedades. La diferencia de inteligencia y de seres es causada por la diferente porción de luz que reside en los seres o más bien, en la luz que los diferentes seres son capaces de soportar.

La luz que brilla vivifica nuestro cuepor y recibe una porción mayor que otros cuerpos, por ejemplo más que los primates. Tiene más luz y conocimiento en su organización hasta llegar a ser templos. Hasta poder albergar una naturaleza de luz semejante a la del Padre. Por eso dice la escritura… “Vosotros sois templos” (2 Cor 6;16), también leemos en Moisés “He aquí, el hombre ha llegado a ser como uno de nosotros, conociendo el bien y el mal” (Moisés 4:28)

El cuerpo lleno de luz

La luz que vivifica de forma creciente hace que … “el cuerpo lleno de luz comprende todas las cosas” (67) A medida que aumenta la luz de Cristo, la organización del ADN se refina y atiende a luces mayores. Los cuerpos se hacen más complejos y comprenden más cosas. Hasta el punto de preguntarse ¿qué hacen aquí?

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Una plenitud de gozo

Por eso la luz de Cristo vivifica nuestro cuerpo aun en este mundo caído, sopla en ellos el aliento de vida.  Por lo que podemos decir que la luz de la verdad cambia los cuerpos y los vivifica cada uno con un “porción de gloria” diferente.
A partir del estado presente, podemos recibir más luz y verdad y aumentar en la [comprensión] de todas las cosas, pero no  recibimos cambios en nuestro cuerpo, seguimos con el mismo, no saltamos a otro estado de gloria. Hay un límite en nuestro crecimiento.

 

El obedecer juntos, nuestro espíritu y nuestro cuerpo, una ley celestial, eleva a  ambos para que “espíritu y elemento, inseparablemente unidos, reciben una plenitud de gozo.” (DyC 93:33)
No sé cómo es el gozo de los elementos, supongo que no podemos reproducir eso en nuestra imaginación. Somos biológicos y espirituales. Digamos que de otra escala. Pero lo que está claro es que “la luz que existe en todas las cosas, que da vida a todas las cosas…” (13) no estamos solos en la experiencia de existir.

 

El software celestial

En la resurrección, el “software” celestial o como  se enseña en la sección 88, “vivificados por una porción” (30), hará que toda la biología y mecánica de los cuerpos se vivifique a un punto en que, ahora con las posibilidades en la esfera de un reino telestial caído, no podemos comprender. Limitación semejante a la esfera de la mecánica en 1886.
Simplemente porque la gloria celestial y sus leyes están fuera de nuestro marco de entendimiento. Al igual que la informática lo estaba hace un siglo. Pero ciertamente tendremos un cuerpo a semejanza del nuestro, pero organizado por muchas capas de leyes superiores a las que conocemos.

La gloria celestial
Recibirán el mismo cuerpo

Por eso a partir de la materia de nuestro “chasis” espiritual,  la porción de gloria que recibamos nos hará capaces de generar la “carrocería” y elementos de una forma mucho más avanzada, de lo que imaginamos. Conocemos uno de esos avances: no estaremos vivificados por la sangre. Y conocemos algunos detalles, “Aquellos que son de un espíritu celestial recibirán el mismo cuerpo que fue el cuerpo natural” (28) No lo dice en los otros reinos, lo dice solo de los cuerpos celestiales.

El grano de arena en el interior de la ostra, que con el tiempo crece hasta ser una perla. Ahora ese grano de materia espiritual, que siempre ha existido, crece aceleradamente hasta ser un cuerpo espiritual.

Ahora estudiemos las condiciones de nuestro reino para entender el principio de la resurrección que se muestra en la sección 88.

Nuestro reino como referencia

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Vivificados por la tierra

Si meditamos en las condiciones del reino en el que vivimos, podemos llegar a esta sencilla conclusión. Nuestro cuerpo es vivificado por una porción de gloria de este reino telestial caído. Esta tierra es capaz  de vivificar las criaturas que engendra.
Tambien esta tierra nos deja morir¿Por qué? No podría contestar a esta pregunta porque no soy biólogo. Pero si puedo formularla de otra manera: ¿Podría el mundo natural hacer las cosas mejor de lo que las hace?

Creo que sí. Por ejemplo, si nuestros cuerpos supieran hacer lo que hacen las salamandras, lograríamos regenerar nuestras extremidades amputadas por traumatismos. Pero no podemos. Sería muy necesario regenerar órganos internos, pero parece que solo el hígado, la piel y algunos más pueden. Habría una larga lista de quejas al fabricante.

La naturaleza sí podría ser más perfecta, pero no sabe. Aun así, la tierra, con las leyes de que dispone, hace maravillas. Sin embargo, somos hijos siempre insatisfechos porque podemos imaginar más y más. Pero la tierra no sabe hacerlo mejor. Ella solo hace cuerpos mortales ¿por qué?  Porque aunque…“la tierra obedece la ley de un reino celestial” (25) ella soporta como llamamiento, un estado telestial caído. Así como Cristo soportó este mundo sin haber caído en él.

La lenta mecánica telestial

Desde el principio podemos ver: “por tanto, yo, Dios el Señor, lo sacaré del Jardín de Edén para que labre la tierra de la cual fue tomado;” (Moisés 4:29) Después de la caída, el hombre se dirige hacia una tierra que se comporta con la lenta mecánica de un reino telestial caído. Mucho más atrasado que en el jardín situado en ella. ¡Hasta el punto de que tiene que ser labrada para entregar su fruto!

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para guardar el camino

Para evitar  el acceso a ese árbol de la vida, disfrutado anteriormente, como medida de seguridad pasiva se puso una espada encendida y como medida activa querubines, “y coloqué al oriente del Jardín de Edén querubines y una espada encendida, la cual daba vueltas por todos lados, para guardar el camino del árbol de la vida.” (Moisés 4:31)

El conocimiento del camino hacia el árbol de la vida y la vigencia de sus leyes está vedado tanto para el hombre como para la tierra. Y hay mucho interés, por lo que vemos, en que no se encuentre.
Podemos hacer cambios beneficiosos, en la genética de los alimentos, en nuestra genética. Incluso ya estamos regenerando tejido de la médula espinal. Pero no podemos crear comportamientos nuevos en la materia ya que estamos inmersos en el marco legal vigente de las leyes telestiales. Nuestra “mecánica” biológica tienen su propia esfera que la contiene. El conocimiento, o el camino hacia otras leyes superiores, está en un árbol guardado con mucho celo.

 

El sostén de la vida

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momento tras momento

Estar vivos con este cuerpo caído, no por ser habitual, deja de ser un milagro. El rey Benjamín me hace volver a esa época de mi infancia donde me sentía de cristal.  No sentía estabilidad en mi cuerpo sino una posibilidad constante de morir. Esos miedos infantiles dejaron de estar presentes con el tiempo.

Después volví a tenerlos con mis hijos. Durmiendo en su cuna, antes de acostarme, me acercaba y escuchaba su respiración. Entonces podía volver a la cama. ¡Sentía que la vida es tan frágil! Me aterraba que dejasen de respirar.
Benjamín nos dice “…os está preservando día tras día, dándoos aliento para que podáis vivir, moveros y obrar según vuestra propia voluntad, y aun sustentándoos momento tras momento.” (Mosíah 2:21)

A veces en ese momento tras momento somos conscientes de éste hecho. En esos raros instantes de la infancia o de la vida adulta, presentimos que nuestra existencia es un don. Carece  de la consistencia y la seguridad de una roca sobre el suelo. La luz de Cristo sostiene ese equilibrio que nos separa de la muerte. Sí, en mi infancia lo intuí, temía caer de un momento a otro. Benjamín insiste mucho en esta idea, preservando día tras día.

Vivificados por una porción

El pan nuestro, el del día tras día, el que él nos da y que sale de la tierra, nos mantiene alejados de la muerte. Nuestro cuerpo reclama obedecer sin dilación la ley de supervivencia. Podríamos decir que nuestro cuerpo resucita cada día de la muerte a causa de nuestra obediencia a una ley telestial básica momento tras momento y recibimos un cuerpo renovado cada día de nuestra madre tierra.

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La hierba no es poca cosa

Asistimos de esta forma a lo que sería parte de esa hoja de olivo no revelada, o lo que es ser vivificado por una porción de una gloria telestial en un mundo caído. Aquí somos vivificados por una porción de la gloria de este mundo momento tras momento y día tras día.
Y la gloria que recibimos es la del hombre en este mundo, que ciertamente es como la hierba del campo, pero la hierba no es poca cosa aquí.

Leer esto es muy fácil, pero verlo con ojos nuevos es difícil. Benjamín lo sabía e intento enseñar a su pueblo la fragilidad de nuestro estado y nuestra dependencia de la luz de Cristo para ser vivificados, “… ¿Podéis decir algo de vosotros mismos? Os respondo: No. No podéis decir que sois aun como el polvo de la tierra; sin embargo fuisteis creados  del polvo de la tierra…
Benjamín no nos da tregua cuando concluye…”mas he aquí, éste pertenece a quien os creó” (Mosíah 2:25)

Los modelos de cuerpos

Al final, cada color atrae a sus insectos, cada música a quien le gusta o la luz a quien la sigue. Cada abeja irá a su panal.  Cada gloria vivificará a aquellos que han obedecido sus leyes y estos crecerán hasta ser cuerpos espirituales. Dicen que en un abrir y cerrar de ojos y no en nueve meses. Tecnología celestial.

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Un cielo tangible

Y esto es lo difícil de entender, en un mundo, donde el efecto de la rectitud no es proporcional a los resultados. 
              Los cuerpos glorificados son un logro de la gloria celestial, o lo que me gusta llamar tecnología celestial. Cuando se lee Doctrinas y Convenios llevando un enfoque “restaurado”, lejos de los conceptos apóstatas de la maldad de la materia, podemos verlo claramente.  “Por consiguiente, son cuerpos terrestres y no son cuerpos celestiales, y difieren en gloria como la luna difiere del sol.” (DyC 76:78).

Aquí está diferenciando distintos modelos de cuerpos, y uso la palabra modelos intencionadamente, para resaltar que la palabra cuerpo, en las nuevas escrituras, tiene unas intenciones muy claras de acercarnos a la realidad de un cielo tangible. Su complejidad y diversidad es mayor que la que conocemos aquí.

Un cuerpo lleno de luz

En la sección 88:67 vemos el cuerpo como un receptor de conocimiento y no una fuente de corrupción “Y si vuestra mira está puesta únicamente en mi gloria, vuestro cuerpo entero será lleno de luz y no habrá tinieblas en vosotros; y el cuerpo lleno de luz comprende todas las cosas.” No dice un espíritu sino un cuerpo. Siendo éste la medida del hombre futuro, la verdadera entidad espiritual. Un espíritu inmortal solidificado en un cuerpo glorificado. La “cristalización” del espíritu en un estado material vivificado.
Una visión distinta al concepto platónico y luego adoptado por el cristiano, del cuerpo como cárcel del alma.

El vientre del plan de salvación

El nuevo y sempiterno convenio del matrimonio que se presenta en la sección 132, nos enseña otra capacidad de los cuerpos o seres celestiales.

“…para su exaltación en los mundos eternos, a fin de que engendren las almas de los hombres; pues en esto se perpetúa la obra de mi Padre, a fin de que él sea glorificado.” (DyC 132:63)

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En los mundos eternos

Los cuerpos vivificados por la gloria celestial, engendran espíritus no cuerpos glorificados, porque no pueden generar lo que para ellos fue dado mediante la obediencia a una ley y por porción de gloria.
La generación de un cuerpo exaltado ha sido realizada en el vientre de un plan de salvación vasto y extenso. En realidad es una gestación y un nacer de nuevo en una matriz, distinta a la de una mujer. Pero también una madre.

Esa pareja celestial no puede otorgarles cuerpos semejantes a los suyos. Porque los suyos son fruto de convenios y logros, no por pendiente natural. Pero esa pareja celestial  sí engendra espíritus, cuya materia no le es ajena, pues siempre lo han sido y ahora tienen las llaves. Ahora ellos deben crear “un mundo donde éstos puedan morar”. ¡Qué gran plan!

Los que queden

Los que no estén preparados para recibir uno de los múltiples reinos de gloria. Esos reinos acrecentados. Mundos “urbanizados” lejos del caos, con luz añadida a lo que es el estado básico de existencia. Éstos “serán vivificados también; sin embargo, volverán otra vez a su propio lugar para gozar de lo que están dispuestos a recibir, porque no quisieron gozar de lo que pudieron haber recibido.”(32)
Al igual que los del reino telestial, son vivificados también por  la gloria telestial, pero no recibirán una plenitud de esa gloria.

Condición necesaria para ser vivificado es recibir una porción de gloria, la necesaria para vivificar el cuerpo, es decir una “bocanada” de ella. Una vez que esa porción realiza su trabajo en nuestro cuerpo, entonces recibimos la plenitud.
Esto es semejante al recién nacido que aspira por primera vez y oxigena su cuerpo. A partir de ese momento recibe la plenitud de la atmósfera de la tierra. Pero primero tiene que tener contacto y ser vivificado por una porción de esa atmósfera, dando una vida autónoma y diferente a la que tenía momentos antes.   Y eso ocurre casi en un abrir y cerrar de ojos. Pasa de ser vivificado exclusivamente por su madre a serlo también por otra madre. Pero antes, necesita un cuerpo que soporte la gloria de nuestro mundo

Una bocanada telestial

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Volverán a su propio lugar

Aquellos a los que se refiere el versículo 32, que quedan, serán vivificados con una “bocanada” telestial, pero no participaran de su atmósfera. Es un retroceso repentino al contrario que el nacimiento que es salto súbito. Así lo aclara al decir “volverán otra vez a su propio lugar” y lo que “será su gusano que no muere” consistirá en un conocimiento grabado a fuego en ellos el de saber “lo que están dispuestos a recibir, porque no quisieron gozar de lo que pudieron haber recibido”

Hasta ahí llegan los beneficios de la expiación, hasta ahí llega la victoria de Cristo.
Irán con un cuerpo a un mundo sin gloria. Partirán a un lugar sustraído de toda influencia divina, un lugar de saldo cero, sin aporte exterior. Marcharán al mínimo común divisor de la existencia, a un plan base de subsistencia. Irán a un lugar más allá de los ocho mil donde los escaladores mueren lentamente, porque no hay atmósfera. Pero ellos no morirán.
Sin embargo aún será un lugar ya que “volverán a su propio lugar” y “…no hay espacio en el cual no haya reino” (37) Lo que aporten en ese espacio, la clase de mundo o reino que resulte, será a partir de un estado carente de luz porque  “[han traspasado la  ley], y no se rige por la ley, antes procura ser una ley a sí mismo.”(35)

Aspira y se despide

Una situación semejante al destierro romano, peor que la muerte para un ciudadano de la gran urbe. Vivir y ser educado en Roma, participar de su avance, sus leyes, su grandeza, vivificado por todo esto. Estar en la cima de occidente viendo a sus hombres más insignes, sabiendo que no hay nada mayor en todo el mundo. Para luego ser echado fuera, desterrado a la oscuridad de las tribus bárbaras.

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Reino telestial

Sin leyes, las cuales traspasó, en la pobreza que nunca conoció, sin magistrados a los que engañó. En el frío del Norte que nunca sintió. Solamente con la posesión de su cuerpo. Conservándolo por  una  gracia concedida por la misma ley que vilipendio.

Siendo su tormento el conocimiento claro y seguro de haber perdido su ciudadanía celestial a causa de sí mismo, siendo tan fácil la vía ahora que todo se aclara. Ahora llorando la patria querida y el hogar de la infancia. Recordando claramente la casa del Padre y de cómo malgastó la herencia del albedrío. La joya en su dedo que vendió por nada en el segundo estado. Aun esta la marca en su piel.
El dolor avivado por ese aliento telestial que le ha hecho probar en la punta de su lengua lo que ha perdido. Esa porción por gracia que le ha provisto de un cuerpo, la única ventaja que porta al lugar donde va. Aspira y se despide para siempre de una atmósfera de gloria que  inflama en su interior el fuego de la culpa.

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