El salvador en el concilio de los cielos

Segunda parte del concilio de los cielos. Este artículo es un extracto de la novela “Los palacios de Kólob“. En este momento El Salvador en el concilio de los cielos  va a tomar la palabra. Aribel (Lucifer) se ha propuesto para ser el Unigénito, destruyendo el libre albedrío del plan de salvación.

El silencio parecía ser una sustancia espesa que hubiese inundado aquél gigantesco escenario. Al fin podía verse al defensor de las casas, que se ofrecía como pedestal para soportar el extraordinario desafío de la estrella de dolor.

Escultor de premisas

The savior in the council
No sabe cómo enfrentarlo

Yahavhe había sido hasta ahora alguien brillante, como todos ellos, pero transparente a la gloria y notoriedad. Su casa, Libel-Toban oficiaba en la estabilidad de la vida, la defensa ante el vacío de fuera, en definitiva la continuidad de la voluntad ante las fuerzas de la disolución, que de manera permanente lo asedian todo. De ahí que Yahavhe fuese un notable y único escultor de premisas. Sin cambiarlas, sabía cómo presentarlas en cualquier esfera de creación para que fuesen aceptables a cada inteligencia según su nivel. De ahí la universal lucha por la supervivencia, que obedece a un conocimiento mudo y oculto del valor propio ante el vacío o la nada.

La inteligencia pura del oscuro océano tiembla ante el vacío, no sabe cómo enfrentarlo. Por eso los pactos con los linajes conducen a su fertilidad, de tal forma que la vida se expande en sus infinitas variedades, más allá de sus límites llenando la inmensidad del espacio.
Yahavhe, por decirlo así, ayudaba a que las tímidas y simples inteligencias creyeran que, obedeciendo esas premisas, podrían inundar una pequeña esfera de ese espacio agreste, colmándolo con la luz que portaban.

El ser oficiante de la cúpula Norte le permitía conocer de cerca todo el torbellino de conocimiento y vida que converge desde las puntas de aquella estrella hacía el centro, en la cúpula y de ahí, en una gestación compartida por innumerables escuelas, secciones y equipos alteradores y oficiantes encaminar esas iniciativas hacía las oscuras playas.

El maestro escrutador

El Salvador en el concilio
Maestro escrutador de las tres direcciones

Como maestro escrutador de las tres direcciones era notable en su previsión del devenir, es decir de las consecuencias que había en la intervención de las casas. Algo así como el efecto mariposa, pero a una escala mucho mayor.

Él, de acuerdo con los otros tres oficiantes de la cúpula, sus escuelas y equipos, ordenaban aquél tráfico ingente de iniciativas y conseguían que el orden imperase en esos ríos caudalosos de vida que desembocaban en la cúpula central, la morada brillante.
Para este llamamiento era condición necesaria ser maestro escrutador de las tres direcciones y muy pocos tenían esa capacidad entre los primeros. Hijo predilecto, era un título reservado para aquellos, que por sus servicios, habían ganado la consideración de los seres densos y eso no era nada fácil. A propuesta de éstos se presentaban a las casas. Una vez sopesado sus méritos otorgaban este galardón que concedía a sus poseedores privilegios, como acceder libremente a las oscuras playas o poder oficiar temporalmente como preceptivo sin forma.

Yahavhe, ocupo el lugar que anteriormente lo hiciera Aribel y tomó la palabra.

El ofrecimiento

— Gran Gnolaum, padre mío, soy Yahavhe, mi madre es Libel–Toban. Fue su hermoso rostro lo primero que vi en este mundo. De su mano aprendí a conocer la luz de nuestro linaje y la sabiduría de mi padre. Yo contemplé las vastas soledades de Kólob junto a mis hermanos mayores y de ellos aprendí obediencia.
Iré a los lugares densos. Pagaré al oscuro el precio del rescate, contentaré su demanda de justicia y los términos del pacto. Cumpliré tu voluntad, y la voluntad de las casas y tuyo será el poder y la honra.

El Salvador en el concilio de los cielos
Gran Gnolaum, padre mío, soy Yahavhe

Su breve exposición correspondía al hecho de que el plan de redención era conocido por todos, el único elemento desconocido era quién iba a ejecutarlo. Y eso ya estaba desvelado. Nadie de los que presidian el concilio hizo ademan de preguntar algo. No así Aribel, usando su derecho a hablar en cualquier asamblea como uno de los primeros e hijo predilecto.

— Permite expresarte mi admiración por tu disposición, querido hermano, sólo te pregunto una cosa ¿cuál será el costo de esa hazaña? ¿cuántos de los que hoy están presentes y que te escuchan este día se perderán para siempre?

La pregunta cargada de intención apelaba a los temores de los miles de millones, seguía en línea con la campaña que Aribel había iniciado tiempo atrás. Tocaba fibras ya de por sí sensibles. Aribel, considerando a Yahavhe, solamente un competente oficial, encerrado en sus trabajos, sin aspiraciones de altura esperaba la respuesta que todos escuchaban siempre “muchos se perderán”.
Y respondió.

— No se perderá ni uno mientras guarden su primer y segundo estado.

La conmoción

No se podría describir la conmoción que produjo en toda la audiencia presente estas palabras. Hasta el punto que se elevó un murmullo, como un pequeño rugido apagado. Incluso la presencia del Gran Gnolaum no pudo evitar que saliera de cada garganta la exclamación de la esperanza.

El Salvador en el concilio de los cielos
se elevó un murmullo, como un pequeño rugido apagado

Nadie pensaba en rebelarse en ningún estado. Eso suponía actuar en contra de la luz recibida. Guardar un estado, no era ya una cuestión de cantidad de perfecta obediencia, sino de no rebelarse a la luz o conocimiento que se poseyera. De aceptar el conocimiento recibido y de obrar en justicia. Eso lo cambiaba todo, pero cuanto más factible se presentaba la opción más alto era el precio que habría de pagarse.

Aribel se adelantó hacia donde estaba Yahavhe, quería ver de cerca al que se enfrentaba.
Decían sus seguidores, el movimiento de salvación,  que Aribel era el primero de todos, un secreto celosamente guardado por unos pocos. Decían que él fue el primero de todos, el maestro de todos, el precursor, la estrella de la mañana.
Y sin embargo ahí estaba aquel muchacho, diciendo cosas de un peso que desconocía, un peso que lo tumbaría como una espiga pretenciosa que dijera poder soportar  el peso de uno de los veinticuatro palacios de Kólob. Lo más increíble de todo es que Yahavhe apuraba el plan de las casas hasta sus últimas posibilidades. Pagaría el precio máximo para rescatar al máximo número. Pero el máximo no son todos. Y eso es lo que aprovecho en la réplica.

La réplica

— Guardar el primer estado… ya lo hacemos. Míranos estamos aquí…

El Salvador en el concilio de los cielos
El consejero del Sur, se adelantó y alzó su mano

Mientras hablaba, giraba lentamente mirando a la multitud, perdiendo así la compostura debida para el donde estaba. Aribel continuó hablando.

— … guardamos nuestro primer estado. ¿Guardar el segundo? ¿En los sitios densos te refieres? Bien ¿cómo haremos eso si no sabemos quiénes somos? A los ojos de cualquiera, en ese mundo, seremos sólo materia. ¿estará nuestro conocimiento disponible para todos en cada época? No, tu sabes que no. ¿Regresaremos todos aquí? No, tú lo sabes. ¿Cómo puedes decir: no se perderá ni uno, si esa decisión no es tuya? Ya sabes, la posición es tu eje. ¡Oh! Sí el libre albedrío, quién está contra él. ¿He dicho yo de destruirlo? No, solo propongo su uso controlado, así evitaremos que el dolor y el sufrimiento sean los auténticos ejes de la vida de nuestros hermanos, allí donde irán.

El consejero del Sur, se adelantó y alzó su mano reclamando silencio y habló

— Te recuerdo Aribel dónde estás. Esto no es un debate. Informamos al Gran Gnolaum, de nuestra proposición. Has expuesto claramente tu oferta, ahora escucharemos lo que Yahavhe tenga que decir

Aribel, guardó silencio, retrocedió un paso atrás, pero no volvió a su lugar. Las cosas estaban tensas en el auditorio. Yahavhe tomó la palabra.

El plan de las casas

— Cierto consejero del Sur, sin embargo sus preguntas quizás sean la de multitud de nuestros hermanos y si mi Padre me lo concede, podría aclararlas.

El Salvador en el concilio de los cielos
Nadie volverá al oscuro océano

Se volvió el consejero hacia la presencia central y asintió en la petición.

— Nadie volverá al oscuro océano— continuó Yahavhe— , nadie perderá la identidad que consiguió aquí. Ese es el plan de las casas y eso me propongo cumplir. Nuestra conciencia es la llama que asciende en la oscuridad para dar gloria a nuestro linaje y de paso brinda gozo a quien la porta. Eso ocurrirá. ¿De qué nos extrañamos?

Fuimos creciendo sabiendo que uno de nosotros pagaría para que esto fuera así. Ya sabíamos que la justicia del oscuro es implacable y dice “Aquel que desobedezca debe regresar a las oscuras aguas” Sabíamos que después del velo en nuestra memoria, muchos se perderían en caminos extraños, incluso prohibidos, allá en los lugares densos. Que habría oposición y dolor. Muerte, enfermedad, guerras. Nada de eso es nuevo para nosotros, pero esa es la escuela de los linajes, la fragua de los dioses, el horno de la inteligencia. Así lo ha sido siempre.

Aribel me pregunta ¿regresaremos todos? Y yo pregunto a la vez, regresaremos ¿a dónde? ¿Acaso todos estamos en Kólob en el mismo lugar? Conozco a multitudes que jamás acuden a las casas, que no pertenecen a una escuela, que sólo saben de oídas acerca de las disciplinas nobles. ¿Acaso vivimos todos en el mismo lugar aún cuando vivamos en un mismo mundo?

Los linajes

Los linajes no obligan a nadie a elevarse ni a descender. Cada inteligencia ocupa el lugar que desea. Las gotas del oscuro acuden a la llamada de los alteradores, pero sólo las que lo desean saltan a la espuma que es batida en el proyecto presentado. Una hermosa flor, lo es porque lo deseó, porque fue seducida por esa posibilidad. Y nosotros fuimos y ascendimos a la cúspide porque escuchamos y vimos a nuestros padres llamarnos desde su morada oculta y supimos que ese era nuestro nombre desde el principio, desde ese lugar oscuro y sin tiempo siempre esperamos su llamada.

El plan de las casas, proporciona a cada inteligencia la oportunidad de dominar y expandirse en lugares densos y allí ocupar el lugar que desee, sin importar el que ocupa aquí. Y de esa forma dominar los elementos con nuestra inteligencia que, ya en esos lugares, será un alma viviente.

Yahavhe, se detuvo un instante y miró hacia el suelo del auditorio.

Mi madre, Libel–Toban

El Salvador en el concilio de los cielos
me lo enseño mi madre, Libel–Toban

La expectación era general. Nunca habíamos escuchado una exposición tan sencilla y a la vez tan clara. Continuó hablando de forma segura y serena.

—  En cuanto al libre albedrío, permitidme que hable ahora como escrutador de las tres direcciones.
En cada  creación, su eje director se convierte en el campo de contienda. El libre albedrío será el campo de batalla en los lugares densos. Y eso nos será familiar, porque es en ese eje director, donde hemos crecido desde antes de ser formados. Es esa  libertad la que nos impulsó para ascender en la espuma. Debe haber una continuidad en ese movimiento, de lo contrario sobrevendrá un letargo en nuestro progreso. Lucharemos en los lugares densos por mantener el camino de nuestro primer estado y eso irá en sintonía con nuestra sustancia.

Si soy enviado, sé que tendré que beber una amarga copa, sí. Soportar el peso de la caída de un arco. Tendré que absorber esa onda de choque en el centro de la estrella de dolor. Expulsar las culpas de mis hermanos al exterior transformadas éstas en rico conocimiento para el oscuro. Conmover a misericordia a las inteligencias y que estas permitan el ascenso. Pero para eso fuimos preparados desde el principio. Se esperaba que uno de nosotros lo hiciera.

Yahavhe, hizo una pausa. Sopesando la enorme carga de la que estaba hablando. Y ahora un estremecimiento afloró en su expresión.

— …y yo tengo la esperanza que siendo de su misma carne en los lugares densos, siendo un hijo suyo según el cuerpo denso…eso será suficiente para soportarlo todo. Pues él es el más grande… así me lo enseño mi madre, Libel–Toban, y decidme, todos los que la conocéis… ¿quién podría mirar su rostro y dudar de las palabras de sus labios?

Enviaré al segundo

El Salvador en el concilio de los cielos
Hacían falta muchas agallas para proponerse

Una vez terminó de hablar se produjo un silencio elocuente. Nadie lo había conocido hasta ahora. Su nula notoriedad lo había hecho transparente a la mayoría, pero ahora se mostraba con toda su lucidez y determinación.          Hacían falta muchas agallas para proponerse como cordero para un sacrificio de ese tamaño. Uno para el que se hacía necesario un cuerpo especial, diferente al resto. Un cuerpo del linaje del mismísimo Gran Gnolaum. Pero era de tal calibre el precio a pagar y se conocía con tanto detalle la magnitud de la deuda que caló profundamente en muchos la imposibilidad de  llevara a cabo un plan que pivotaba en un solo grano de las arenas de Kólob.

El Consejero del Sur se adelantó de nuevo y tanto Aribel como Yahavhe, permanecieron en pie ante la presencia de toda la familia de Kólob.

— Ahora reclamo silencio, pues escucharemos la voz de aquel que nos trajo a la vida. Escucharemos la voz del Señor de los ejércitos de los cielos y de sus habitantes, quien dirá aquello que se hará.

Nunca he conseguido recordarle, pues el velo me lo impide. Pero si guardo en mi interior la voz dulce y apacible. Una voz madura y joven a la vez. Casi podría decir que humilde y penetrante que hizo arder mi alma como una antorcha. Nunca comprendí cómo no se disolvió cualquier discrepancia al escuchar sus palabras. Creo  que fue el  fuerte viento, que soplaba sobre Kólob, que avivaba otra llama en muchos pechos, la llama de la ambición, la del poder y la gloria.

No sé si se levantó a hablar, no recuerdo nada de ese momento solo le escuché una frase.

— Enviaré a mi amado Yahavhe, el salvará las obras de mis manos

El inicio de la contienda

Después de sus palabras las trompas irrumpieron con un fragor indescriptible, que hizo temblar a cada asistente al concilio. Fue como si una mano gigantesca sellará en el mismo suelo de aquel lugar la sentencia de su voluntad. Reverbero el centro del auditorio desde el foco hacia el círculo Madán. Todo se convirtió en una fuente de luz que se expandió hasta iluminar más que Kokaubean a todos los asistentes.

Aribel y Yahavhe se retiraron. Éste con la misma expresión que al llegar. Aquel igualmente, sin embargo sus puños, apretados, enviaban un mensaje diferente.

2 Comments

  1. Muy buenos sus artículos, muchas gracias, con ellos tengo una amplia visión de lo que fue nuestra vida antes de venir a la tierra, que Dios lo bendiga, saludos.

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