martes, septiembre 28, 2021
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La caída de Adán y Eva y el principio de mínima acción

La caída de Adán y Eva en Edén contiene claves imprescindibles para entender el evangelio de Jesucristo. En ese jardín se inicia nuestro big bang espiritual, de allí parten todas las direcciones de la expansión del alma, pero necesariamente arrolladas y comprimidas. Por eso escudriñar la caída, requiere aportar energía en el empeño. Sus escenas son las partículas elementales del plan de salvación y por tanto alejadas del mundo cotidiano, donde estamos sumidos en la contemplación de los extensos hechos del presente. Penetrar hasta el Edén microscópico del pasado, requiere empeño en la visión de los detalles.

Estimado lector no pretendo hacerle la vida fácil. Si la verdad fuera evidente no habría que escudriñarla. Por eso en teancum busco las ideas nunca pensadas ni pronunciadas a riesgo de equivocarme. Prefiero eso a vivir en un modelo estacionario de conocimiento.

Algunas variaciones sobre la caída en Edén

En septiembre de 2018 hice un análisis de la caída  desde el punto de vista de las variaciones, usando la formula de variaciones con repetición VRnm= mn. Escogí tres factores: conocimiento (0) vida (1) y mandamiento (2) Estos aspectos en Edén proporcionaba un resultado de 27 posibles combinaciones en el desenlace. Incluir un factor más (3) como Lucifer eleva las variaciones a 256 posibilidades.
Analizábamos algunas de ellas y concluía que la forma en que se efectuó la caída es una elección del Padre Celestial entre múltiples configuraciones de caídas. La idea me vino durante una sesión en el templo, donde vi dos de ellas (que gran privilegio tenemos los santos de los últimos días)
Me planteo hoy añadir algunas ideas y reflexiones más sobre el asunto central de la caída, pero desde el punto de vista del movimiento en las acciones.

Lagrangiano de las caídas

La mecánica lagrangiana es equivalente a la mecánica de Newton que estudiamos en la escuela. Pero la primera tiene la ventaja de basarse en la energía total del sistema, que es una magnitud escalar, es decir un número. Facilita bastante el análisis de la trayectoria de los objetos.
En el caso presente atribuyo la energía del sistema, o la máxima energía a U que equivale a la presencia del Padre Celestial en la que todos estábamos antes de nacer.

Trayectoria de la caída de Lucifer.

Leemos en el evangelio de Lucas una interesante observación del Salvador. No había motivo para ella pues la hace a raíz de un comentario de sus apóstoles: «Señor, ¡aun los demonios se nos sujetan en tu nombre!» 

«Y les dijo: Yo veía a Satanás caer del cielo como un rayo.» (Lucas 10:18)

La caída de Adán y Eva
Lucifer realizo la trayectoria más corta

Estas palabras no surgieron a demanda de sus apóstoles. Creo que no fueron pronunciadas para ellos, las dijo para sí mismo, quizás con la mirada desenfocada evocando ese recuerdo.
Satanás fue precipitado o arrojado con un movimiento sin inercia, desde cero. Una caída libre regida por un lugar preparado de antemano, un lugar sin tiempo. Podemos analizar este movimiento y extraer interesantes conclusiones. Pero será en el contraste con la caída de Adán cuando entendamos aspectos escondido de la física de los cielos.

La primera caída de Lucifer

La palabra caída usada en las escrituras se usa en su sentido espiritual. Arrojados o echados de la presencia del Padre. Pero el Salvador nos revela un aspecto físico: caída como un rayo. Nos aclara la velocidad y tiempo del suceso, todo en las escrituras tiene una vertiente material, porque todo es materia.

Hay una ley universal que es la del principio de mínima acción. Nos dice que la naturaleza realiza sus cambios o movimientos con el mínimo gasto de materiales o de energía. Este principio también rige en el plan de salvación. Recoger los trozos de pan y peces después de su repartición nos da una idea del cuidado y economía en los medios.

La caída de Adán y Eva

Lucifer realizo la trayectoria más corta desde el cielo hasta el lugar preparado para él y sus seguidores. La energía potencial que tenia ante Dios, «un ángel de Dios que tenía autoridad delante de Dios,» (DyC 76:25) se transformó en un movimiento de caída (cinética) casi instantáneo. El lugar preparado carecía de tiempo, por eso no puedo hacer una representación del lagrangiano de Lucifer, ya que el tiempo de ese movimiento es cero.
Al ser el tiempo cero, la velocidad tiende a C, la velocidad de la luz. Los cielos no contemplan otro ante la rebelión que éste, un escenario donde no hay tiempo de ninguna acción de arrepentimiento.

Repentinamente

El y sus huestes fueron expuestos a un nivel cero de gloria, por eso, al caer como un rayo, vemos que, sin el reino del Padre, todo son tinieblas, no hay donde poner pie. No es que cayera con un movimiento acelerado como el producido por la atracción de la tierra (1G). Sino repentinamente  a «un lugar preparado para ellos desde el principio, el cual es el infierno.» (DyC 29:38) donde no es posible ni siquiera contemplar su impacto. Por eso su tiempo es cero, tal como comentamos en Los hijos de perdición, sección 76 (2ªparte) y lo es desde el mismo instante de su expulsión. A diferencia Adán recibe «un tiempo para que se arrepintiera; sí, un tiempo de probación, un tiempo para arrepentirse y servir a Dios.» (Alma 42:4)

Pero esta caída de los cielos no rompió totalmente las relaciones. Satanás podía acceder a Edén y realizar cierta misión encomendada o al menos tolerada y era ofrecer el árbol del conocimiento al género humano, podemos verlo en Génesis también. El jardín era un lugar de gran atención, Lucifer no burló la vigilancia, su presencia estaba asumida.

La segunda caída de Lucifer

Sin embargo «incitó el corazón de la serpiente» (Moisés 4:6) es decir, uso de la astucia y la mentira para realizar su encomienda.

«…la serpiente era más astuta que cualquiera de las bestias del campo que yo, Dios el Señor, había hecho. Y Satanás incitó el corazón de la serpiente (porque se había llevado a muchos en pos de él), y procuró también engañar a Eva»

La caída de Adán y Eva
incitó el corazón de la serpiente

Y eso no estaba en la entente que existía entre los cielos y él, a pesar de su caída. Por eso a menudo, es difícil entender que se le condenara por segunda vez (te arrastrarás y polvo comerás todos los días de tu vida…) al realizar algo para lo que estaba autorizado. Pero él no respetó el pacto sino que mintió, usó el corazón de la serpiente, el mismo corazón que perdió a la tercera parte de los cielos. No estaba autorizado para volver a hacerlo.

¿Por qué llegó a eso? ¿Por qué mintió y usó de la astucia de la serpiente?
Porque frente a él, no tenia a cualquiera, como posiblemente en otros lugares, en Edén  tenía a Miguel (Adán). Impregnado por su relación preexistente con el Verbo a través de otras creaciones de mundos, no era cualquiera. Resistió a Lucifer en todos sus embates.
Adán fue enviado a esta tierra para encabezar un dilema necesario, para un plan de salvación ciertamente trascendental.
Adán encabezó el género humano en una versión de la caída única en el universo, pero Satanás «no conocía la mente de Dios» (Moisés 4:6) y traspasó sus límites «intentando destruir el mundo».

A causa de esto se rompió toda relación, la entente quedó disuelta. Satanás se enemistó profundamente. Preparó una guerra encarnizada y sin límites.
Este alejamiento, aun más extremo de la luz y la verdad, y su elección por un odio feroz, fue su segunda caída.

La caída de Adán y Eva

Analizando el movimiento de caída de Adán y Eva, entenderemos todo mucho mejor.
Ellos no fueron arrojados desde el cielo. Fueron puestos en la tierra para un propósito. En su transgresión fueron expulsados de Edén y de la presencia del Padre, no con un movimiento de caída libre. Tratémoslo aplicándole el principio de mínima acción.
La caída de Adán y Eva fue un movimiento controlado y a una velocidad medida. Nada que ver con la caída de un rayo.

Expulsión de su presencia (U)

La curva roja representa la pérdida de la presencia del Padre en sus vidas. Ese potencial de estar en su presencia (U) en máximos en Edén, va desapareciendo poco a poco, no de golpe como en la caída de Lucifer.
Antes de salir se les proveyó del conocimiento de la salvación y de túnicas de pieles. Con esto recibieron cierto empuje para trazar una parábola en su movimiento de caída. No represento esa parábola de caída, sino la pérdida de la presencia (U) mencionada al principio.

La caída de Adán y Eva
Perdida de la presencia del Padre, fases de caída

«Y yo, Dios el Señor, hice túnicas de pieles para Adán y también para su esposa, y los vestí.» (Moisés 4:27)

Es una transición suave hacia el nuevo estado. Es una caída controlada y en fases. La energía potencial (U) de estar en su presencia va desapareciendo (curva roja) a medida que transitan en el estado caído. La investidura de conocimiento (túnicas de pieles) crece gradualmente a medida que caen.

El hilo de su voz

«Y Adán y Eva, su esposa, invocaron el nombre del Señor, y oyeron la voz del Señor que les hablaba en dirección del Jardín de Edén, y no lo vieron, porque se encontraban excluidos de su presencia.» (Moisés 5:4)

Esto ocurre después de tener hijos. Todavía no es completa la caída, porque aún se orientaban por la posición del jardín y escuchaban la voz del Padre desde allí, aun no se había cortado el cordón umbilical. No habían llegado a un impacto total en la superficie de un estado caído. Podemos observar en final de Moisés 4 y el capítulo 5, que el Señor les proveyó de un tiempo de sustentación, de «planeo» en la caída. Ese hilo de la voz desde el jardín, les da tiempo para posarse en la realidad agreste que les espera.

«Y les dio mandamientos de que adorasen al Señor su Dios y ofreciesen las primicias de sus rebaños como ofrenda» (5)

En éste versículo estamos casi al final de la curva roja, están preparados para entender y dejar de escuchar la voz de Dios, para ser completa su caída. Esta perdida de U o el potencial de estar en su presencia es semejante a la pérdida de potencial de un cuerpo que cae por efecto de la gravedad. Cuanto más baja menos reserva tiene para acelerar. Cuanto más tiempo transcurría fuera de Edén más se alejaba de la influencia directa del Padre.

«Y en ese día descendió sobre Adán el Espíritu Santo, que da testimonio del Padre y del Hijo, diciendo: Soy el Unigénito del Padre desde el principio, desde ahora y para siempre, para que así como has caído puedas ser redimido; y también todo el género humano, sí, cuantos quieran.» (9)

Aquí tocamos el eje de abscisas en la caída. Llegamos a esa certeza al escuchar «así como has caído» Toda comunicación con el padre se pierde y Adán y Eva dependen de la ministración de ángeles o del espíritu. Todo el potencial U se consumió y queda el movimiento creciente iniciado desde Edén.

Movimiento creciente en el estado caído (T)

Pero al igual que en la caída de un objeto, mientras baja su potencial U sube T su energía cinética y adquiere más velocidad hasta su impacto, la curva azul.
En las cercanías de Edén, mientras se alejan paulatinamente la presencia del Padre, Adán y Eva no están a la espera. Toman movimiento y velocidad en la nueva situación al mismo tiempo que se alejan del jardín. Es la curva azul del movimiento acelerado, veamos algunos de los puntos de esta curva.

La caída de Adán y Eva
Movimiento en el estado caído

«Y Adán conoció a su esposa, y de ella le nacieron hijos e hijas, y empezaron a multiplicarse y a henchir la tierra.» (2)

Hay un movimiento cada vez más veloz en el estado caído, de obediencia en un principio. Es la curva azul de un Adán activo y una Eva que extrae un conocimiento profundo de los hechos.

«Y de allí en adelante los hijos e hijas de Adán empezaron a separarse de dos en dos en la tierra, y a cultivarla y a cuidar rebaños; y también ellos engendraron hijos e hijas.» (3)

Cuando se consuma la caída es cuando Eva alcanza el conocimiento completo de lo que ha ocurrido. Entonces comprende la dinámica de la trayectoria, la interacción entre lo que pierden y lo que ganan, es el lagrangiano L=TU. Si Adán representa la fidelidad al mandamiento, la resistencia ante Lucifer que desemboca en el modelo de caída escogido antes. Eva encarna la comprensión del conjunto. Igual que Saríah en el sueño de Lehi abarca el conjunto. Podemos leerlo aquí

«Y Eva, su esposa, oyó todas estas cosas y se regocijó, diciendo: De no haber sido por nuestra transgresión, nunca habríamos tenido posteridad, ni hubiéramos conocido jamás el bien y el mal, ni el gozo de nuestra redención, ni la vida eterna que Dios concede a todos los que son obedientes.» (11)

En el versículo 11 es donde se produce la consumación de la caída, pues es cuando alcanzan su conocimiento. Es entonces que Lucifer comienza su batalla, versículo 13.

Dinámica de las escrituras

Es maravilloso lo que encontramos cuando visualizamos este conjunto de escrituras con su dinámica. Podemos ver la equivalencia de la trayectoria de caída de un objeto físico en el espacio con la salida de Adán y Eva desde la presencia del Padre. La dinámica desde Moisés 4 en el jardín hasta Moisés 5:9 es la misma y los conceptos son equivalentes. Pero todo está escondido en esas microescrituras que pasamos por alto. Nuestro espacio cotidiano no es el espacio de las escrituras, la revelación tiene dimensiones arrolladas y acceder a ellas requiere emplear una energía diferente a la empleada en la resolución de los problemas cotidianos.

Alma sabía leer en esas dimensiones.

«sí, y todas las cosas indican que hay un Dios, sí, aun la tierra y todo cuanto hay sobre ella, sí, y su movimiento, sí, y también todos los planetas que se mueven en su orden regular testifican que hay un Creador Supremo.» (Alma 30:44)

Alma usa el movimiento como evidencia del creador

Si nos fijamos en Alma, sin conocer las leyes de Newton, cita objetos y su movimiento y especifica un movimiento regular, no caótico. Lo menciona dos veces como testimonio del hacer divino. Pero pasamos esto por alto sin pararnos en los microconceptos. Nuestro espacio cotidiano es más grande y nuestra energía para discernir lo pequeño es insuficiente. No atribuimos al movimiento importancia alguna en los misterios de Dios. Sin embargo hay grandes extensiones de conocimiento comprimidos en espacios minúsculos en las escrituras.

Por eso mencioné al principio, que acercarse al evangelio microscópico, a sus elementos más diminutos, requiere más esfuerzo de nuestra parte y usar «la ciencia de los judíos y el idioma de los egipcios» (1 Nefi 1:2) es decir usar todo el conocimiento que el Señor ha entregado en nuestra dispensación. Es lo que hace Alma frente a Korihor usando todo el conocimiento de las cosmología de su tiempo.

Lagrangiano de la caída

En esta mecánica el lagrangiano de un sistema es igual a la energía cinética menos la potencial, L=TU
Al igual que en el artículo de Septiembre de 2018, usando variaciones, ahora me planteo ver la caída desde el punto de vista de la trayectoria más probable de caída.

Trayectorias de la caida
La caída de Adán y Eva

Los acontecimientos desde Edén en Moisés 4 hasta Moisés 5, son los que leemos. Pero ¿podrían haber ocurrido las cosas de otra forma? La respuesta es sí, incluso puedo adelantar que en más de 256 maneras distintas. En la figura de arriba represento 4 de ellas, S, S1, S2, S3.
Entonces ¿Por que las cosas fueron como fueron y no de otra manera? La respuesta es:  Porque esta es la manera más eficiente, con menor gasto de energía y tiempo. Porque el cuenta los pajarillos que caen a tierra y recoge los trozos de pan que han sobrado en canastas. Así es también, su obra, la naturaleza y su principio de mínima acción.

Sus medios pequeños

La caída de Adán y Eva
Lagrangiano de la caída

Cada escritura de las curvas azules y rojas representan la acción de la caída de Adán y Eva. Tanto en su perdida de potencial U (presencia del Padre) como en su ganancia cinética T (movimiento en el mundo caído).
En el eje de tiempo (horizontal) y de caída (vertical) coinciden asombrosamente con la mínima trayectoria de la caída de un cuerpo en el espacio. Lo más llamativo es que el área punteada que corresponde a la mínima acción refleja el extremo cuidado y acierto de cada acción del Padre Celestial en el plan de salvación. Este área punteada S es la trayectoria más corta y la mínima acción entre Edén y un estado caído con perspectiva de éxito. 

«Y el Señor Dios se vale de medios para realizar sus grandes y eternos designios; y por medios muy pequeños el Señor confunde a los sabios y realiza la salvación de muchas almas.» (Alma 37:7)

Aqui vemos al Creador usando tanto medios pequeños como sus menores trayectorias, los menores movimientos. La mínima acción que describe el lagrangiano de la caída, testifica del orden y sabiduría del Padre y su misericordia hacia la familia de Adán.
Acostumbrados a ver las escrituras cercanas a una revelación hermosa y literaria, no obstante escondidas en sus ribetes curvados, anidan extensiones magníficas de conocimiento. Si Alma, ante Korihor, presenta movimientos y sus propiedades para reconocer al Creador, quizás sus espacios escondidos y dimensiones este en los microtextos.

El espacio interior

¿Por que no son más explicitas, porque no desarrollan los misterios con claridad?
Al igual que el Universo censura algunas de sus dimensiones o el conocimiento de las singularidades, las escrituras comprimen lo que no es indispensable de nuestra vista. Pero no prohíben su descubrimiento.

Las escrituras nos inspiran o enseñan dependiendo de la forma en que circulan en nuestro interior. Así como el aire en un órgano, dependiendo de la forma del tubo, da una nota u otra. Por lo tanto su estudio y la geometría de nuestro interior, es clave para reconocer las notas que producen en nosotros.
No es tanto lo escrito y su lectura como su ejecución en nuestro interior.

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