Entrevista con Minión, antes del concilio de los cielos

Antes del concilio de los cielos, Kozam tiene una entrevista con Minión. Él es uno de los primeros hijos de Kolob. Es alguien poderoso y reconocido. Kozam está maravillado de tener esa ocasión de hablar con alguien así. Están citados junto a Osimlibna, el árbol del conocimiento, el mismo que tendría un llamamiento en Edén. Minión tiene un propuesta para Kozam atractiva pero arriesgada

Un primer contacto

Antes del concilio de los cielos
Gracias por venir Kozam

Me dirigí hacia la glorieta. No la vi la primera vez que me acompañó Corina, pero allí estaba cerca de Osimlibna. Traté de que no me pasar con él lo mismo que con las flores violeta, pero era difícil pasar por su lado y no contemplar en silencio a ese árbol. Minión estaba sentado mirando cómo me acercaba y estaba solo. Al entrar en el lugar de encuentro se levantó y estrecho mi mano sonriendo. Me sentí apabullado de esa muestra de consideración.

— Gracias por venir Kozam. Espero que no te haya causado inconvenientes mi invitación.

— Por favor, Minión para mi es un honor inesperado. Hace poco conocí a Aribel y ahora a ti. Muchos pasan un arco y solo ven de lejos a los primeros y yo en un día conozco a dos. Tengo motivos para reflexionar largo tiempo.

Minión me miró con detenimiento, asintiendo para sí mismo.

— Me han hablado de ti y no han exagerado. Eres osado y claro en tus ideas. No hay muchos como tú amigo mío. Dime cómo va tu experiencia entre nosotros, ¿echas de menos tu casa?

— Todo es nuevo para mí. Me estoy adaptando a mis nuevas tareas y si echo alguien de menos es a mi madre Jana.

— Si, las madres de Kólob…nadie como ellas ¿verdad? Dulces, cariñosas y a la vez poderosas y terribles.

Me desconcertó lo de terribles. Y Minión sabía detectar cualquier partícula elemental de una emoción en alguien que tuviese enfrente.

— ¿Te extraña?

— Pues… – no sabía qué contestar – no entiendo lo de terribles.

Minión sonreía de forma tranquila, como si viese a una oruga detenida ante un obstáculo

Las madres de Kólob.

Antes del concilio de los cielos
poderosas y terribles

— Veras recuerdo en el principio que mi madre Silam encargó a Albitel llevar una túnica viviente realizada en tejido de una rara especie que florecía cada pocos días. La prenda era de una hechura maravillosa, quien la portaba permanecía en la fragancia de sus diminutas flores, finas como cabellos, nunca perdía color, pues se renovaba permanentemente y sus tonos y fragancias cambiaban de un día a otro. La túnica era un regalo para el linaje exterior de Baraam, uno de los más antiguos y exaltados. Nosotros no dependíamos de ellos,  ni teníamos parentesco con su origen. Pero colindábamos en el acceso al oscuro mar de la materia. Podríamos decir que sacábamos agua del mismo pozo.

Nuestra madre Silam agradecía con esta túnica el intercambio de conocimientos y experiencia con ellos. La misión de Albitel, consistía en llevar este presente y regresar al día siguiente, después de aceptar la hospitalidad de la casa.

Cuando fue presentado ante los miembros principales de la casa de Baraam, Albitel quedo tan deslumbrado como una polilla ante la luz. A veces recordamos ese momento y nos reímos sin parar, él todavía sabe recomponer la misma expresión que tuvo su rostro ese día, pero hay que insistirle bastante en que lo haga. Te aseguro que es para no parar de reír.

Bien, nuestro Albitel se quedo tres días agasajado por nuestros amigos del linaje Baraam. Maravillado por la gloria de sus miembros. Por el afecto y atenciones de las amistades que hizo. Lo peculiar y extraño de sus criaturas. En definitiva se olvidó de regresar. Cuando regresó a presentar su informe intentó excusar la tardanza.  Aducía, nuestro Albitel,  que su prolongada estancia estaba calculada para crear  puentes de amistad en el futuro.

El error de Albitel

antes concilio cielos
el paraje más impersonal y solitario que puedas entender

Lo que pasó en realidad es que dejó en mal lugar a nuestra casa, pues el hecho de no obedecer puntualmente demostraba poca disciplina en alguien que representaba un linaje y la evidente maravilla que demostraba, de hecho su rostro era la viva descripción del portento ajeno,  pues disminuía nuestra propia gloria a los ojos de otros. Nuestra madre envió a un perceptivo con un mensaje sellado. Al abrirlo se le invitaba a no regresar hasta que se le fuera a buscar. Su sonrisa desapareció de inmediato al saber que sería acompañado por el mensajero hasta el oscuro borde del océano de la materia.

Sé que has estado en las oscuras playas y que has sentido la oscura mirada retándote a mostrar quién eres.  Te aseguro que eso no es nada comparado con el lugar en que dejaron a Albitel. En ese lugar no hay nada. Imagínate el lugar más solitario que puedas, pues aun ahí, no está solo.

Estás acompañado de inteligencias, pequeñas y simples, pero están ahí, componen el aire, las piedras, la arena… Albitel pasó de estar en un paraíso donde él era la novedad del momento;  a soportar  el paraje más impersonal y solitario que puedas entender. En el fondo de nuestra alma siempre hay una sed permanente de percibir, de interactuar con el exterior. Aún la persona más solitaria puede entablar una relación con el agua, el aire o la luz. Y sin saberlo no afrontará nunca la completa soledad. Esa sed de interactuar está implícita en nuestra naturaleza.

Su castigo

Albitel anduvo como un sediento durante mucho tiempo. No podía conversar ni consigo mismo, pues su espíritu se resecó como un sauce plantado en un pedregal. Aquel suceso fue para nosotros un recordatorio de lo que sucedería si desatendíamos nuestras obligaciones.

Cuando regresó, hubo que recomponerlo. Necesitó una reeducación, nada quedó intacto en el salvo su memoria. Cuando le preguntamos después sobre esa experiencia su semblante se transformaba en una expresión neutra, casi sin vida. Nunca más volvimos a hacerlo, ni él lo mencionó en ninguna ocasión.

Por qué me cuentas eso

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La divinidad se basa en la obediencia

Se produjo un silencio entre nosotros.  Nos rodeaba de  fondo el sonido de las ramas de Osimlibna al ser acariciadas por la brisa que soplaba. Intenté no mostrar mi aturdimiento ante esa historia, porque mientras la contaba yo había puesto rostro a Silam, el de mi madre Jana. No podía aceptar su imagen en esa historia, cruel desde mi punto de vista. Pero Minión era alguien que leía el alma y comprendió mi situación en todo detalle.

— Joven Kozam. La divinidad se basa en la obediencia. Hay muchos reinos, pero todos obedecen. Albitel tuvo que aprender esa lección.

—¿Por qué me cuentas esto?

Me miró satisfecho, como si fuese un neófito que realiza bien sus tareas.

— Esa es una pregunta correcta. Y merece una respuesta clara. Te he contado esta historia para que entiendas algo. Primero para que sepas que los linajes tienen dos caras la hermosa y la terrible. Y segundo, para que entiendas que la obediencia es crucial y la desobediencia, cuando llega el momento, se castiga de forma muy severa.

Minión manejaba los silencios de forma magistral, daba tiempo en ellos a analizar las ideas y eso es lo que yo estaba haciendo en ese momento al preguntar.

— Creo que hay un tercer motivo ¿no es así?

Sonrió de nuevo y supe que había acertado. Entonces señaló hacia Osimlibna.

— Creo que ya lo conoces ¿no es así?

— Sí, es una de las primeras cosas que vi al llegar a Silam.

Minión me miró serio pero con un reproche fingido.

— No le llames cosa y menos estando tan cerca.

El humor de Minión era difícil de detectar a veces. Y más aún en asuntos que yo desconocía.

Osimlibna

— Osimlibna es un ser exaltado, no se creó en el primer arco. Vino con ellos, los densos, antes de que Kólob existiera. Tiene forma de árbol pero no lo es en el sentido estricto de la palabra. Simplemente luchó por ser lo que es.

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Osimlibna es un ser exaltado

Yo no tenía necesidad de decir que no entendía, porque Minión escrutaba mi rostro y sabía si lo acompañaba en la exposición. De pronto su semblante se iluminó con una sonrisa de oreja a oreja. Una idea cruzó su mente, no es que yo también pudiera leer, pero algo sabía de emociones. Aun así no olvidaba que lo que fuera a hacer o decir componía la tercera razón que yo esperaba. Se levantó y me dijo que lo siguiera en silencio.

Nos dirigimos a la base de Osimlibna, ancha como diez personas tomándose de las manos. Y ante mi asombro Minión empezó a escalar por su tronco hacia las ramas. Mientras lo hacía reía de la forma más divertida y natural que recuerdo haber escuchado. Eso me impresionó más que el hecho de subir a un ser de esa naturaleza.

Si alguien me dijese que ha visto a uno de los setenta y dos sumos consejeros de Kólob, subirse al árbol Osimlibna y hacerlo riendo como un principiante el día de su primera salida a la terraza de la posición, hubiese creído que la locura se había introducido por una abertura de nuestro mundo. Pero ahí estaba y yo lo veía con mis ojos. Es más me decía que lo siguiera y eso lo consideré una orden. Si no lo enfocaba así, era como para pedir socorro. Sin pensar mucho lo que hacía comencé a subirme encima de un ser exaltado que ya existía antes de que yo tuviese un nombre. Como para salir corriendo.

En las ramas de Osimlibna

Nos detuvimos en lo alto de una de sus ramas donde sorprendentemente pudimos sentarnos sin ser fulminados.

—Mis hermanos y yo veníamos mucho aquí y hacíamos lo que ves ahora. Osimlibna es paciente y generoso. Nos decía que éramos sus pajarillos.

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La luz de Kokaubean se materializaba

Las hojas de ese árbol, eran densas con una presencia individual de cada una de ellas.  Formaban una sociedad compleja y laboriosa. La luz de Kokaubean se materializaba visiblemente al acercarse a ellas, como finos filamentos de una tela de araña. Toda la superficie de sus hojas estaba erizada de luz, como un pelaje de naturaleza vibrante y destellante. Cuando nuestros dedos entraban en contacto con las hojas, la luz nos recorría con un cosquilleo especial, inundándonos una calidez de pensamiento especial.

— Antes que vayamos a los lugares densos, Osimlibna ya estará allí, cargado de frutos. Cada fruto portará la posibilidad del conocimiento para los habitantes de los lugares densos y hará realidad la virtud del libre albedrio. Veras, sólo nosotros, los hijos del Gran Gnolaum, tendremos libertad, pero no será efectiva hasta que el fruto de Osimlibna nos introduzca en el conocimiento, mediante una forma especial de pensar. Sin su fruto nuestro libre albedrío no tendrá la posibilidad de convertirse en una libertad efectiva. Cuando comamos de ese fruto…

Solo entonces

Minión hizo una pausa y miró si yo estaba en el lugar correcto de su charla.

— … entonces y solo entonces, podremos decidir si quedarnos unos días con el linaje Baraam o renunciar a las maravillas que están ante nuestros ojos y regresar a nuestro deber. Y créeme no subestimes a Albitel, el es disciplinado hasta que dio con una prueba que pudo con su carácter. Ese lugar del que te hablé, donde estuvo mi hermano, es sólo un pequeño castigo para un hijo algo alocado en su juventud. Que usó su libertad de forma ingenua y teniendo total conocimiento de quién era.

Joven Kozam, no habrá excepciones. La desobediencia se castiga duramente, no puede haber excepciones, de lo contrario una sola de estas, levantaría en rebelión a todo el Cosmos.

Un puñado de arena

Osimlibna, ajeno en apariencia a nuestra conversación, murmuraba con miles de vocecillas creadas por la brisa de la tarde. Yo me sentía inquieto porque presentía que todas esas molestias que alguien como Minión se estaba tomando, era para pedirme algo. Y estaba a punto de hacerlo.

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sólo un puñado de arena en una playa podría regresar

— Muchos de nosotros estamos dispuestos a presentar un plan alternativo en el gran concilio. Lo hemos estudiado con detenimiento. Tenemos muchos apoyos y al decir muchos me refiero a casi la mitad de tus hermanos.

No podía creerlo. No era posible, eran demasiados. Minión notó mi alarma.

— … ya veo que te resulta difícil de creer. Pero sólo un puñado de arena en una playa podría regresar con éxito y eso lo presienten muchos. Con nuestro plan quizás un puñado se perdería. La diferencia la hace una nueva concepción de las premisas. Vamos a proponer su rotación y el enfoque pasará a ser la principal. El enfoque habría conseguido que Albitel hubiese regresado al día siguiente, el deber sería el eje de su vida, no el libre albedrío. Necesitaremos a algunos que recuerden todo para dirigir el plan, para ser nuestros dirigentes y tú has sido propuesto, Kozam, para ser uno de ellos.

— Pero hay un factor que no estás considerando Minión…

El sonreía cuando yo hablaba. Daba la impresión de no estar acostumbrado a recibir contestación por alguien de bajo rango. Yo no lo hacía por soberbia o jactancia. Era mi naturaleza y Minión lo sabía y le gustaba.

— … no has mencionado la decisión del Gran Gnolaum, podría ser diferente a vuestro plan.

— Si, Kozam, es una observación lógica. Pero aplícala tu mismo. Nosotros tenemos a la mitad de la población a nuestro favor, perdona casi la mitad algunos no aceptan dar su toque en la piedra de inscripción.

Apoyar la causa

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Nosotros iremos a su trono

Me dirigió una simpática mirada de reprimenda, como si hubiese pisado la flor de un jardín.

— Tocar la piedra no significa apoyar vuestra causa.

— Dar tu toque — dijo Minión —a la piedra de inscripción, significa: vivo en la incertidumbre y quiero escuchar algo nuevo que la elimine. Significa: quiero escuchar eso que necesito que alguien diga. A medida que se acerque el desprendimiento del arco muchos más se unirán. Nosotros iremos a su trono, al lugar donde el mora rodeado de sus seres densos, quienes le rinden obediencia y lealtad. Iremos y nos postraremos ante su presencia y uno de nosotros le dirá: “Envíame y traeré las obras de tus manos y no se perderá ni una de ellas. Porque son tus hijos, los traeré a todos de vuelta, ninguno se perderá”. Y todos lo escucharán. Y el corazón de la mayoría anhelará escuchar de sus labios las palabras que podrían ser. “Ve y haz conforme a lo dicho”

— ¿Cuándo se producirá la rotación en las premisas?

— Por eso te hemos elegido Kozam, podemos conocer a una persona por lo que no sabe, pocos en Kólob pueden permitirse no saber eso. La rotación se producirá a partir de ese momento. Pues para ello su poder nos será entregado, es decir las llaves del acceso al oscuro océano de la materia.

— ¿No parece eso una usurpación?

Minión empezó a reír, pero yo no pude hacerlo. Estaba asustado, me asombraba yo mismo de mis preguntas. La escena era de lo más irreal. Montados en una rama del más extraño árbol de Kólob y hablando de una usurpación del reino. No pude reír de puro miedo.

La nueva alteración

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¿Quién presentara la propuesta?

— Kozam, te repito iremos a su presencia y nos postraremos como hijos suyos y le propondremos nuestro plan. Un simple no, acabará con la usurpación. No es la primera que lo hacemos, infinidad de veces hemos presentado cambios, ideas, planes unos se han aceptado otros no. La palabra no, es familiar en nuestros oídos de la misma forma que sí, también lo es. Sabemos obedecer, Kozam, lo aprendimos de jóvenes.

— ¿Quién presentara la propuesta?

— Creo que ya lo sabes.

Era cierto, lo sabía. Lo supe desde que hablé con él. Emanaba seguridad y no se esforzaba por aparentarla. Su liderazgo era nato, una cualidad intrínseca nacida en las oscuras aguas y traída a través de la ventana hasta este instante de nuestra historia.

— ¿Qué queréis de mí?

No hubo risas ni rodeos. Minión me miró fijamente y en tono serio. Volvía a ser uno de los  presidentes de los doce de la casa de Silam. Uno de los setenta y dos sumos consejeros de Kólob. Un candidato al círculo Madán. Uno de los primeros.

— Mañana te esperan en las inmediaciones del segundo arco. Dirígete a la columnata de Pikamón, junto a la columna sensata. Pregunta por Melanto. Intentareis la alteración bajo las nuevas premisas.

Mi doble naturaleza

Sentí miedo, la sensación de un lazo acercándose a mi cuello. Un lazo fino y delicado, pero indestructible. Podía huir en ese momento, saltar de Osimlibna y perderme en la muchedumbre que circulaba por todas partes. Protegerme en mi grupo, en Corina. Aferrarme a ellos como las enredaderas lo hacen a los antiguos muros. O bien, marchar en línea recta a través de praderas, valles y montañas. Atravesar lagos donde nadie se haya reflejado. Buscar un lugar solitario y esperar los acontecimientos,  ser un factor nulo en toda aquella ecuación que pronto se despejaría. Pero aún hasta el lugar más remoto sentiría el aullido de la tierra en el nacimiento del arco.

Pero también había curiosidad dentro de mí,  deseos de explorar esa incógnita que se me presentaba de la mano de una persona de conocimiento.  Mi doble naturaleza me colocaba de nuevo en equilibrio sobre una rama.

Sin precedentes

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siempre hemos realizado cosas sin precedentes

Minión rompió mi equilibrio paralizante.

— Kozam, solo es una prueba. Puedes añadirla a tus experiencias.

— ¿Y si falla?

— No habrá ningún denso.

— ¿quién entonces?

— Uno de nosotros.

— No sé de ninguna prueba que se haya hecho anteriormente como esta. No hay precedentes.

Minión empezó a reír. Al parecer yo había dicho algo muy cómico, pero no sabía decir qué.

— No pienses que me burlo de ti. Nosotros siempre hemos realizado cosas sin precedentes. Nunca nos hemos parado a pensar si había o no precedentes en algo. Verás en los linajes que conozco no hay ninguno que permita el acceso al oscuro océano a escuelas que no sean fundadas directamente por las casas. Sólo nosotros permitimos a escuelas de fundación externa que lleguen a las oscuras playas. Un día nos preguntamos si no sería mejor alentar la creación con la posibilidad de que todos pudieran llegar hasta el final… ¿sabes quién propuso la idea?…

Se divertía con la pregunta y yo me intrigaba en los detalles de su conocimiento. Me encogí de hombros.

— Fue Diantha, de la casa Camí–Olea. Nos habló de la excesiva rigidez en el acceso a la creación a través de la ventana. Y nos propuso algo sin precedentes no solo en nuestro linaje sino en muchos otros. Tuvimos que presentar un plan de control para toda esta iniciativa. La sala de la prueba, fue una de nuestras medidas. Fue aprobado, algo sin precedentes en los anteriores arcos. Las casas estaban satisfechas con nuestra iniciativa, nos ganamos no sólo la confianza de los densos que ofician en los palacios de nuestro padre sino su respeto. Realmente Kozam todos nosotros somos los constructores de nuestro propio destino.

— Alterar bajo otras premisas, si, realmente algo sin precedentes…

Nuevos caminos

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… algo en lo que tú podrás formar parte

Y me miró sonriente con ojos brillantes. Un brillo penetrante, capaz de incendiar al más frío de los temperamentos en Kólob.

— … algo en lo que tú podrás formar parte.

Deseaba conocer nuevos caminos, cambié de casa, algo con pocos precedentes. Lo llevaba dentro de mí. Si localizaba un detalle extraño en cualquier paisaje, muchas veces abandonaba lo que iba a hacer hasta no comprobar de qué se trataba. A veces era exasperante para quien me acompañaba. Tuve que ir hasta la primera terraza para comprobar por mí mismo la soledad de su paisaje. Y ahora sabía que intentaría ver qué había dentro de esa oquedad que Minión me había señalado con su dedo.

— ¿por qué yo?

Minión señaló las pequeñas ramas de Osimlibna que se mecían acariciadas por la brisa.

— Por tu flexibilidad. No eres rígido en las premisas, puedes concebir otras posibilidades.

Si alguien de mi equipo me hubiese dicho esas mismas palabras, en ese día, hubiesen sido mortificantes. Porque no había ninguna de ellas que fuese aceptable en un alterador.  Flexible, otras posibilidades,  falto de rigor. Esas palabras de Minión, rompieron dentro de mí algunas paredes maestras en las que siempre se habían apoyado cosas importantes.  Cierto que había tenido problemas de convicción. Pero eran problemas. Elevar estos a virtudes suponía una inversión súbita de todo lo que conocía. Y como de costumbre me inundaron sensaciones contradictorias, por una parte el sentimiento de abandonar mis principios y por otra el halago de emprender algo sin precedentes en la historia de nuestro mundo.

— Tengo miedo de fallar de nuevo. Ya lo hice la última vez, estuve a punto de caer.

El toque maestro

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Entonces reconocí ese toque maestro

Minión acercó lentamente su mano izquierda hacia mí y la puso sobre mi hombro derecho. Entonces reconocí ese toque maestro, de equilibrio y seguridad. El estuvo allí, en las oscuras playas y no pude verlo. Toban lo sabía y no me dijo nada. Me estremecí al comprobar hasta qué grado podían moverse y alterar el normal curso de las cosas. Aún hasta un maestro de sala, un ser denso, admitía una irregularidad de ese calibre. La presencia de alguien ajeno al equipo y permitir un toque de atención en el hombro de alguien que está siendo observado por el oscuro y que está apunto de desfallecer.

En ese momento empecé a confiar en él y a concebir la nueva propuesta como algo posible o en el peor de los casos como un intento honrado de mejorar las cosas. Lo miré asombrado y observé su expresión calmada e integrada en sus poderes. Una persona completa y resuelta.

Abandonamos aquél lugar y dando la espalda a Osimlibna me encaminé al encuentro con Corina. Mientras, sentía como iba disminuyendo el suave empuje, que por oleadas, emanaba ese ser exaltado en forma de árbol.

Caminé despacio y reflexionando en el cambio de estructura que se había producido en mí. No sentía dolor en la cirugía que se había producido en mi alma y me preguntaba en qué acabaría todo esto. Deseaba poder mirar a través de un agujero cómo sería todo una vez se cerraran todas las puertas.

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