El árbol de la vida frente al gran edificio

El arbol de la vida

En el paisaje que se despliega ante Lehi, muchos ven antes un edificio a gran altura sobre la tierra que el árbol de la vida. Todo depende de que reconozcamos en ese desierto y como responde nuestra alma a ello. Puede ser un lugar oscuro y lúgubre donde volverse a Dios o un lugar para hacer buenos negocios con aquellos de peor vista que nosotros. Al parecer Lehi, era negociante en Jerusalén, pero no por eso dejaba de percibir la oscuridad a su alrededor.

Lehi al igual que Enós implora primero por él, necesita encontrar un camino antes de guiar a otros. Estamos viendo, por lo tanto, a un individuo no a una familia. El propio Lehi es suficiente motivo para orar por sí mismo. Antes de rogar por una familia es necesario ser una persona que busca a Dios.
Lehi pide misericordia al andar en oscuridad durante horas. No se entrega a la desesperación porque cree en un Dios de clemencia, un Dios personal y no un ente o una energía. Su fe está cultivada y le invita a la oración.

En nuestros días la creencia moderna en algo superior se asemeja a una superstición científica. Volvemos así a los ídolos de antaño, no de piedra sino de átomos. Siendo que los átomos son tan piadosos como las piedras, los idólatras modernos, se rodean de cábalas. Palabrean con universos y dimensiones, cuerdas y agujeros de gusano. Intentan llenar el vacío de un Dios clemente con la inclemencia de una espiritualidad tecno.

En un apartamiento

En cierta ocasión siendo un joven consejero del Pte. Linares en el distrito de España-Málaga, me encontraba participando en el apartamiento de un hermano a un llamamiento. Hacía calor y empecé a marearme, pero no quería interrumpir. De pronto todo se volvió oscuro y mientras caía al suelo, me dirigí a Dios y le pregunté: ¿No te da pena de mí?

El arbol de la vida
en esa profunda oscuridad

A quién se puede hacer esa pregunta en este mundo sino a él. Los hermanos fueron muy amables conmigo, pero yo estaba avergonzado.
No sé cómo pude articular esa pregunta en menos de un segundo, a mí me pareció mucho más. Pero en esa profunda oscuridad no podía más que implorar misericordia.
Y ahora todavía le pregunto ¿Acaso Señor no te dio pena ver cómo me derrumbaba sin fuerzas, mientras hacía algo justo?

No hace falta andar muchas horas en la oscuridad, con solo tener la tensión un poco baja, nos damos cuenta que como enseñaba Benjamín No. No podéis decir que sois aun como el polvo de la tierra (Mosíah 2:25)
Pero es difícil saber esto cuando tu cuerpo se transparenta al tener buena salud, somos como una voluntad encarnada en un cuerpo perfecto. Sin embargo, no debemos preocuparnos todo está solucionado en el plan de salvación. Ahora ya no pierdo el conocimiento, pero mido casi un centímetro menos.

Agradecido

Estoy ahora, agradecido con mi vida y apenado por las faltas que orbitan sobre ella. Pero quizás al igual que usted, amigo lector, hayamos encontrado ese árbol de la vida antes que el edificio. No tanto por nuestra buena vista en el desierto, como por cierta debilidad de espíritu que nos hace reconocer nuestra dependencia [día tras día, de su aliento para que podamos vivir, movernos y obrar según nuestra propia voluntad, y aun sustentándoos momento tras momento] (21)
Sé que esto quizás no sea muy útil para el coaching ejecutivo. Pero me siento libre de decir lo que quiera porque no aspiro a nada de renombre. Eso da cierta ligereza en la palabra.

Caminando por un sueño

Caminando por el sueño de Lehi, me di cuenta de que todo estaba presente. El campo espacioso, el río, el edificio la barra…todo estaba ahí. Solo que Lehi no lo percibía. Lo tenía delante, pero sin verlo. Me pasa a mí cuando busco las gafas. Las tengo puestas.

El arbol de la vida
Movimientos en la visión

El Señor en sus tiernas misericordias, aviva los ojos de su entendimiento para que Lehi organice todos esos elementos en una visión coherente. Pasa de ser un sueño a “en otras palabras, he visto una visión” (2). El evangelio y su plan de salvación nos presentan el mundo en un relato legible. Y en ese relato hemos de tomar decisiones.
Dígame, estimado lector, sin nadie a quien implorar mientras caes al suelo sin sentido ¿Qué se puede hacer en esa oscuridad? Podemos aceptar que no hay nada y pensar que esa oscuridad será nuestro fin a la postre. Pero qué atractivo tiene vivir en ese mundo despojado de esperanza, escombrado de deseos vacíos y promesas vanas.

Nos quieren hacer ver los creyentes en los divinos átomos y en la santa energía, que es muy romántico y profundo disolverse en el Universo y volver a ser parte de la naturaleza como fermiones anónimos. Dicen esto, como si viesen a lo lejos la visión de un paraíso.
Desde joven nunca puedo verlo… y me esforcé, pero no lo conseguía.
¿Quién quiere en vez de salvación un plan de depresión tan sombrío y triste como ese? Reconozco que decir esto no es objetivo, la realidad no se adapta a peticiones privadas. Pero por qué entonces esa realidad evolucionista, que nos dicen, nos permite concebir lo trascendente, ¿acaso se necesita para la supervivencia? ¿es una broma cruel?

Cuando Lehi perdió el sentido, mientras caía hacia la oscuridad, decidió buscar las tiernas misericordias de un Dios vivo.

El árbol de la vida frente al gran edificio

Cuando pienso en Lehi y ese desierto oscuro, me pregunto ¿Qué motivo hay para ser honrado en ese desierto? ¿Qué me haría levantarme cada mañana y no engañar a mi prójimo? ¿Qué esperanza de justicia tendría? ¿Cómo andar sobre esa fina capa de hielo, que es nuestro mundo, que cruje al paso y que nos obliga a deslizarnos sin cesar para no caer?

El arbol de la vida
El rio de aguas sucias

Entonces Lehi recuerda al Dios de sus padres, esa investidura de la memoria hoy cada vez más fina. Y así como Alma, implora por su propia alma.
Al ver el árbol, que es el amor de Dios que se derrama, Lehi elige una trayectoria recta. Y no ve nada más. Su atención y conocimiento es de punto a punto, de tipo masculino, solo se vuelve circular cuando se acuerda de su familia.
La familia asienta su percepción en áreas mayores que su propio interés. Por eso, después de comer el fruto, mira en derredor para encontrarla. Saríah, por el contrario, centra la posición de su familia a su alrededor, su conocimiento es femenino, circular y amplio.

Una de las principales estrategias del denso vapor de tinieblas que nos ciega, es desdibujar la posición y movimientos de los actores en esta vida.
Es por eso, que, el plan de salvación, es antes una visión de conjunto. Una visión que escandaliza a muchos y deleita a unos pocos. Todos podemos elegir nuestra propia configuración de desierto, pero nadie puede escoger los resultados en su vida.

El gran edificio.

El arbol de la vida
ofrece una forma de vivir

Lehi no encuentra el gran edificio sino cuando mira a otros que se avergüenzan de comer. Me recuerda a ese entusiasmo del iniciado que, aunque sea sano, ciega un poco.
Si comparamos las posiciones de ambos grupos, los del árbol y los del edificio. Vemos diferencias.
En el edificio, hay ocupantes estáticos que están contenidos en él. En el árbol hay caminantes que se mueven hacia éste como el punto de referencia, pero nada los contiene, tienen libertad absoluta de movimientos. Y su movimiento se caracteriza por un empeño notable en estar bajo sus ramas.

Cuando era un joven miembro de la iglesia, mis compañeros de clase me decían que estaba reprimido, encerrado en mis creencias y que estas me limitaban pues eran prohibiciones. Ellos eran más libres. A mi todo eso me molestaba bastante, en realidad me enfadaba… porque en el fondo pensaba que tenían razón.

El gran y espacioso edificio, ofrece una forma de vivir usando una extraña arquitectura para contener las almas de los hombres. En su interior se confunden la falta de pudor en las costumbres, en las palabras y los gestos, con la libertad. No parece que el ingenio de su construcción corresponda a sus inquilinos, más bien frívolos y groseros, que a unos hábiles constructores. Da la misma sensación cuando se considera la diferencia creciente entre el edificio imponente del conocimiento humano y la banalidad con que sus habitantes afrontan la política, el adelgazamiento del alma y la creciente rudeza del lenguaje y los gestos.

Su etiqueta

Sus grandes ventanales sociales

Aunque es espacioso, el edificio limita los movimientos. Por lo que en definitiva lo que a ellos les parece una elección en realidad es un movimiento calculado en la superficie de sus estancias. Todas las posiciones y movimientos de esa gran multitud están restringidos a lo que el edificio permite.  La voluntad choca con esas paredes asumidas como horizonte. El lector puede darse cuenta de lo que digo si discrepa en grado mínimo del mainstream que nos rodea. En realidad, el gran edificio es una espaciosa prisión del albedrío.

La arquitectura interior de las almas de sus ocupantes es una extensión de los muros. Sus grandes ventanales sociales, por donde se expresan de forma ruidosa favorece el sarcasmo, el vocerío y el escarnio. Sus formas de expresión gestuales son pobres de contenido, pero de gran alcance. Sin darnos cuenta, el gran edificio del mundo impone su etiqueta de comportamiento, que solo exige llevar unas hojas de higuera. Con esa pobreza de ropas, moldea las conciencias del hombre desnudo, para que solo perciba allí abajo, un árbol vulgar al que señalar.
El edificio es anterior al árbol. Ha escogido su ubicación solo para escarnecer a los que comen o intentan hacerlo.

Bajo el árbol de la vida

arbol de la vida
“un gozo inmenso”

Llama la atención en la escena del árbol la ausencia de urbanismo. No hay nada, solo el fruto y los que comen de él. Escena demasiado simple para atraer la atención. Sin embargo, Lehi nos habla de “un gozo inmenso” palabra que solo usa una vez.
Frente a Lehi, la multitud de personas “ancianas como jóvenes, hombres así como mujeres” (1 Nefi 8:27) del edificio de enfrente, se describen como individuos. La arquitectura, esta vez interior del alma de Lehi, se expande. Cuando los del edificio se orientan a la fractura familiar, él, que come el fruto, “mira en derredor” (13) para encontrarla.
No es difícil descubrir esta misma escena en el crecimiento constante de la vida en soledad, cada vez más personas están solas en medio de la multitud.

Si observamos la visión de Lehi con cuidado, en realidad quienes se transforman interiormente son los que caminan. Son estos los que experimentan las etapas de la vida y su efecto interior en un relato coherente. Desde que salen “de un campo grande y espacioso a semejanza de un mundo” (20), buscan, se aferran, son cegados, reciben burlas, peligran de caer al río, andan por el tacto en la barra, buscan el árbol, prueban su fruto y experimentan una profunda transformación. En definitiva, son los que viven en el campo espacioso, con más intensidad y los que extraen más conclusiones de su periplo vital y yo diría que iniciático en el conocimiento.

Los habitantes del edificio son estáticos, sus puntos de vista no les proporcionan vida interior. Están no solo limitados por las paredes, sino cautivados por una forma única de ver el mundo. La presión de esa multitud forma un solo cauce, anula cualquier resistencia, conduce la voluntad.

La gran multitud

A diferencia en el edificio, todos visten igual, con ropa fina. No hay diferencias entre las generaciones. Hay una uniformidad en expresiones y formas, que da a entender algo. El alejamiento de la investidura de conocimiento entregada en el jardín, la túnica de pieles. No hay padres, ni madres ni hijos ni abuelos. Todos son una multitud.
Y dígame estimado lector, ¿acaso no vemos esta escena desde nuestra posición? ¿Nos damos cuenta que esa visión de Lehi fue preservada para nosotros? ¿Cuál es su lugar en ella? ¿Dónde está usted, estimado amigo u amiga? ¿Nos damos cuenta que el mundo tiende a convertirnos en una multitud? ¿A “vestirnos” todos igual?

 

Los templos de Jesucristo

En los templos de Jesucristo, entramos como individuos al igual que Lehi entró en su visión desde un desierto oscuro. Pero salimos como familias, porque al probar el fruto de sus ordenanzas miramos a nuestro derredor, extendiendo nuestro interés hasta muchas generaciones.
La visión de Lehi, es la de nuestro tiempo. Demasiado extensa para entenderlo todo de una vez. Aquellos primeros dedos que me señalaron en mi juventud, me molestaron incluso me hicieron dudar. Pero no me avergoncé.
Mis estimados amigos y lectores desconocidos. Es mejor que escojamos al Dios vivo porque mientras caía en aquella habitación, cuando mis manos se separaron de las de mis compañeros en la ordenanza y mis rodillas se doblaron. En esa oscuridad pregunté ¿no te da pena de mí? A nadie más pude dirigirme en ese lugar. Solo al Dios de las tiernas misericordias.

Artículos del proyecto «El sueño de Lehi»
(1) El sueño de Lehi, el caminante
(2) Las entrañables misericordias en el sueño de Lehi
(3) Árbol de la vida, el padre y la madre en el sueño de Lehi
(4) Mapa del sueño de Lehi caminando hacia el árbol
(5) La barra de hierro y el sendero en el sueño de Lehi
(6) El edificio grande y espacioso en el sueño de Lehi
(7) El árbol de la vida frente al gran edificio

 

 

 

 

 

 

 

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